Francisco José Espada, alternatIva por la puerta del triunfo

alternativa
Alternativa de Espada. (Foto Josevi)

MAL JUEGO DE LOS TOROS DE EL TAJO, SIN APENAS OPCIONES PARA MORANTE DE LA PUEBLA Y JOSÉ MARÍA MANZANARES

Francisco José Espada se doctoró en la plaza de toros de Cuenca con un triunfo por firmeza y disposición. Desde 1976 no se había concedido una alternativa en el coso conquense. El torero de Fuenlabrada agradó al público conquense, que supo valorar las ganas del joven por agradar. Morante de la Puebla pudo dejar algunos detalles tanto con la capa como con la muleta, mientras que José María Manzanares recogió el cariño del público tras dos faenas meritorias.

Plaza de toros de Cuenca. Tercera de la Feria de San Julián. Algo más de tres cuartos de plaza en tarde agradable. La mejor entrada hasta ahora. Se lidiaron seis toros de El Tajo, bien presentados, aunque de poco juego en líneas generales, desrazados y vanos, con la leve excepción de segundo y sexto. Cuatro fueron pitados en el arrastre. Peso de los toros: 492, 490, 486, 559, 453 y 488.

Morante de la Puebla (burdeos y oro), cuatro pinchazos sin soltar y estocada: división de opiniones;  dos pinchazos y tres descabellos: división de opiniones.

José María Manzanares (catafalco y azabache), pinchazo sin soltar, estocada y dos descabellos:  ovación con saludos tras aviso; dos pinchazos y estocada: ovación.

Francisco José Espada (carmín y oro), que tomó la alternativa, estocada tendida: oreja; estocada tendida: oreja con fuerte petición de la segunda. Bronca a la presidencia por no concederla con buen criterio.

Presidió el festejo Emiliano García. Tomó la alternativa Francisco José Espada, de manos de Morante de la Puebla y con José Mari Manzanares de testigo, con el toro “Duque”, número 95, de 492 kilos, del hierro de El Tajo, haciendo el paseíllo montera en mano en su presentación en Cuenca.

Espada reciibe la alternatuva de manos de Morante, en presencia de Manzanares. (Foto: Josevi)
Espada reciibe la alternatuva de manos de Morante, en presencia de Manzanares. (Foto: Josevi)

ESPADA CERTERA Y APLOMO TORERO

Era uno de los carteles de la Feria, pues junto al atractivo de la alternativa de un novillero triunfador en Las Ventas se unían los compañeros de terna: Morante de la Puebla, con su tour artístico si el toro embiste y José María Manzanares, serio y artista, con su terno de luto de toda la temporada por la muerte de su padre. Y los toros de Joselito, que no el de Talavera, aunque cerca de Talavera, con nombre del Tajo. Expectación y decepción que sólo salvo el toricantano Espada con sus ganas y el mejor lotecillo del pésimo encierro que mandó Joselito a Cuenca. Las caras de Morante y Manzanares lo decían todo, ante las expectantes caras de los aficionados que casi llenaban los tendidos, gradas y andanadas.

Desplante de Espada. (Foto Julio Palencia)
Desplante de Espada. (Foto Julio Palencia)

Abrió plaza el nuevo doctor en Tauromaquia, Francisco Espada, que mostró serenidad, gusto y saber estar, midiendo terrenos y pausando los tiempos. El recibo a la verónica lo hizo con lentitud y gustándose. Tras la intervención del piquero y de los banderilleros, llegó el momento de la ceremonia: Morante pronunció unas palabras al toricantano y le entregó muleta y espada entre abrazos de padrino y testigo. Espada brindó su primera faena de matador a su apoderado César Jiménez, el torero con quien el 15 de septiembre toreará mano a mano en Fuenlabrada.

El torero de Fuenlabrada dejó buenos detalles. (Julio Palencia)
El torero de Fuenlabrada dejó buenos detalles. (Julio Palencia)

Francisco José Espada, con una pasmosa serenidad en su estreno de matador, supo sacarle todo el partido a “Duque”, de incierta embestida y poco colaborador. Comenzó por alto a pies juntillas, y en series cortas a base de arrimón construyó una faena de torero con cabeza pase a ser novel. Cuidó la embestida y mostró sereno valor. La espada resultó tendida, pero eficaz, y la petición del público fue atendida con la primera oreja de la tarde.

Hasta el sexto ya no se cortaría la segunda, pues la corrida se fue para abajo por la flojedad y falta de raza de los toros. El que cerró plaza, “Lodazal” (mismo nombre que el cuarto), fue el más potable del flojo juego ganadero. Espada tenía en sus manos la puerta grande y la empezó a abrir con bellos lances a la verónica y el remate de la media revolera lenta y parsimoniosa. Para un cartel.

En el tercio de varas Espada recibió un aviso del toro a modo de colada, pero el de Fuenlabrada nunca se arredró y tras brindar su faena al público, que estaba con él, inició templando la flámula por alto. Luego, una faena bien construida, sobre ambas manos, midiendo los tiempos y los terrenos. Calidad y enjundia en los pases, rapidez en los cambios de mano y valentía a raudales. Los olés y la música combinaban entre los redondos, algún natural y los pases de pecho, además de los circulares cambiados en un palmo de terreno. La estocada caída fue certera y los pañuelos afloraron.

Espada, protagonista de la tarde, a hombros. (Julio Palencia)
Espada, protagonista de la tarde, a hombros. (Julio Palencia)

Una oreja, con insistente petición de la segunda que no se concedió, quizá porque la puerta grande estaba asegurada. Correcta actuación presidencial, que dejaba al descubierto los regalos orejiles del día anterior, de ahí la petición del respetable. El toricantano había salvado la tarde y ello lo agradecía el aficionado.

Morante de la Puebla fue silbado de una manera un tanto injusta cuando se retiraba de la plaza. Suyos fueron algunos pocos inolvidables pasajes de la corrida, que quedan para la retina del toreo lento con buen gusto. Le tocó en suerte, vamos, en mala suerte, el peor lote. Las lentas verónica con que recibió a su primero, con poso y reposo, eran de paladar torero, cerradas con la media de cartel.

Devolución de estoque y muleta del doctorando.
Devolución de estoque y muleta del doctorando. (Foto Josevi)

Tras el puyazo, un quite con dos chicuelinas apretadas y un remate por alto perdiendo el capote. Se repitió la ceremonia de la entrega de trastos, en este caso del nuevo matador Espada a su padrino Morante, entre palabras y abrazos.

Presto con la flámula, Morante de la Puebla sacó de las tablas a “Calandrio”, que cantó como la calandria, su canción de manso, pero topa. El sevillano ejecutó algunos pases despaciosos, buscando la repetición de la tanda, pero el toro vano no repetía, sólo ofrecía peligro. Morante no es de los que esperan ni desesperan, y viendo que el agua del Tajo no era potable se fue a por la tizona entre el enfado del público, que no de los aficionados, y cómo además se puso pesado con los aceros las opiniones de dividieron.

Morante dejó pinceladas de su toreria. (Julio Palencia)
Morante dejó pinceladas de su toreria. (Julio Palencia)

En el cuarto, “Lodazal”, con el mismo nombre del sexto, Morante dibujó unas bellas verónicas cerradas con una artística revolera, que merecían clamorosos olés que impidieron el bocadillo. Se puede merendar entre los tercios de varas y banderillas para saborear lo que se ha ido a ver: torear. Claro que “Lodazal” no estaba para muchos pases, Morante se afligió por lo que tenía delante, pese a los deseos del público que coreaba esperanzados los primeros pases, y pronto se fue a por la espada sin más probaturas. Como también falló con los aceros la pitada fue en aumento entre algunos aplausos para el torero de la Puebla, de cara seria y disgustado.

José María Manzanares pudo lucirse con el tercero, “Estanquero”, que se salvó del desastre ganadero. Más que recibirlo con verónicas lucidas Manzanares bregó con el capote para darle aire y fijeza. La buena vara, con aplausos para el piquero, ahormó al toro al que Manzanares metió en el cajón de su muleta en tandas de derechazos con hondura y empaque; probó al natural, pero “Estanquero” no tenía tabaco para esa mano y Manzanares volvió a torear en redondo en otras series cerradas con el de pecho, aunque sin alardes. No daba el toro para más y Manzanares perdió el triunfo al pinchar mal y se le obligó a saludar.

José María Manzanares. (Foto Julio Palencia)
José María Manzanares en una tanda por la derecha. (Foto Julio Palencia)

En el quinto, el torero alicantino al que es difícil verle esbozar una sonrisa, Manzanares dejó cuatro verónicas de buen gusto y una artística revolera. Por “Negligente” atendía el toro de Joselito que recibió un puyazo trasero y además dio media vuelta campanera. Entre la flojead y sosería del toro y la apatía de Manzanares, que sacó algunos pases para justificar su presencia en el ruedo, transcurrió una insulsa lidia ante un toro sin transmisión. Los pinchazos desdibujaron aún más la labor del alicantino, que fue ovacionado pese a todo.

Al final, entre broncas a la presidencia, por el “detalle” con Espada, Morante y Manzanares se fueron con más ruido que nueces, y a  Francisco José Espada se lo llevaron por la puerta grande. Esa misma tarde López Simón indultaba un toro del Tajo y la Reina en Cieza. ¡Qué cosas!

 

 

 

 

 

 

 

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