Una inundación, con doce fallecidos, vistió de luto y lodo a Motilla en 1921

Inundacion en el Riato en 2004.
Inundacion en el Riato en 2004.

(ESPACIO EMITIDO EL MARTES 22 DE SEPTIEMBRE DE 2015 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN. (En facebook, Hoy por hoy Ser Cuenca, 22-09-2015)

 Se cumplen estos días noventa y cuatro años de las trágicas inundaciones sufridas en numerosas provincias de España entre los días 18 al 21 de septiembre de 1921, que costó la vida de más de treinta personas. La provincia de Cuenca no fue ajena a esos días de fuertes tormentas, que se centraron en la Manchuela conquense. Por el fuerte temporal se desbordó el río Valdemembra, anegando las calles de Motilla del Palancar, con tanta magnitud, que se cobró la vida de doce vecinos, de ellos siete niños, además de la destrucción de numerosas viviendas, y la muerte de cerca de un millar de cabezas de ganado, arrastradas por el agua y el lodo.

 Manzanas y calles enteras de los barrios pobres de Motilla del Palancar y Quintanar del Rey, y en menor escala de Villanueva de la Jara y Almodóvar del Pinar, aparecían destruidas. Según los datos aportados por la Jefatura de Obras Públicas, pasaban de 300 las casas hundidas o amenazadas de ruina.

En esas mismas fechas las tropas españolas tomaban Nador en la “guerra de Africa” y todas las noticias se centraban en el conflicto bélico, si bien los noticiarios tenían que ser filtrados por la censura previa. Las riadas, con esas 30 víctimas en España, además de desprendimientos de tierras y trenes detenidos, ocupaban un segundo plano. Hoy en Páginas de mi Desván, recordamos con José Vicente Ávila, aquella tragedia vivida en la Manchuela conquense, que vistió de luto y lodo a Motilla del Palancar, con esa brutal cifra de doce fallecidos, siete de ellos menores de edad.

 Debió ser impresionante, teniendo en cuenta los medios con los que se contaban entonces. Lo más impactante fue el número de muertos, pues si en España el número era de treinta casi la mitad eran de Motilla, en este caso doce, que yo creo recordar que es la cifra más alta en inundaciones, pues los treinta muertos por ahogamiento en el río Júcar, cerca de Valdeganga, fue debido a la caída del autobús que hacía el servicio Cunca-La Roda. Y aunque en nuestra provincia son varios los ríos que pasan por ella, no existen noticias de sucesos con tantas víctimas mortales como las que se produjeron en Motilla, aunque sí ha habido muchas inundaciones a lo largo del tiempo, y no hay más que recordar precisamente la ocurrida en Motilla del Palancar a primeros de septiembre de 2004 que inundó el Riato con todos los puestos de feria montados y anegados, por lo que hubo que suspender las fiestas.

La inundación en el Riato en la Feria de Motilla de 2004.
La inundación en el Riato en la Feria de Motilla de 2004.

-¿Cuándo se originó la tormenta que dio paso al desbordamiento del río Valdemembra y con ello las inundaciones en Motilla y pueblos cercanos?

 Pues según comentaban los corresponsales Turégano y Ángel Díaz desde Motilla del Palancar, a través del telégrafo, tanto para la prensa provincial como para la nacional, todo comenzó en torno a las cinco de la tarde del domingo 18, con una furiosa tormenta que convirtió las calles de la localidad en auténticos ríos, y no hay más que tener en cuenta el nombre de su calle principal, el Riato, en el centro de la población, y además como veremos más adelante, el término municipal está expuesto a inundaciones por dos cursos de agua. Lo que sí podemos destacar es que aquella tarde noche, los vecinos de Motilla y los de Quintanar del Rey, Villanueva de la Jara y Almodóvar del Pinar tuvieron que afrontar con sus pocos medios la catástrofe que se les vino encima, pues eran escasos y las comunicaciones muy lentas. Aterrados por el barro y el lodo, y por la furia del agua, algunos perecieron y otros muchos vecinos, con ayuda de la Guardia Civil, pudieron salvar sus vidas, muchos de ellos subidos en los tejados.

 -Una vez consumada la tragedia, qué medios puso la autoridad correspondiente para ayudar a estos pueblos.

-Según publicó la prensa de la época, tanto provincial como nacional, en sus ediciones del 20 al 22 de septiembre, tanto el gobernador civil de la provincia, el valenciano José Camaña, que se había posesionado del Gobierno Civil, una semana antes, desde su destino anterior en Lérida, como el diputado provincial del partido de Motilla, Manuel Casanova, pidideron ayuda al Gobierno. El corresponsal Turégano telegrafiaba el lunes al periódico “El  Día de Cuenca” contando la catástrofe ocurrida. El lunes no había prensa y las primeras noticias se dieron a conocer el martes 20 de septiembre, aunque a nivel nacional no se hizo en grandes caracteres hasta el día siguiente: “Grandes daños en Motilla del Palancar”, recogía ABC el dia 21, que databa la cifra de muertos en once y treinta heridos. El día 19 de septiembre se puso en marcha una expedición desde Cuenca, encabezada por el gobernador civil, para viajar a Motilla del Palancar con no pocas dificultades.

La Catalana dejó uno de sus coches para que viajasen las autoridades y prensa
La Catalana dejó uno de sus coches para que viajasen las autoridades y prensa

 -Suponemos que no era fácil el viaje por aquellas carreteras poco asfaltadas, con tramos inundados, y quizá con escasos medios automovilísticos.

Tan escasos que el gran problema era contar con un coche, pues en el año 1921 sólo había en la provincia unos 150 vehículos matriculados. “Eran las doce de la mañana y no teníamos coche para ir a Motilla”, relataba el que fuera genial periodista, Julián de Velasco Toledo, conocido como el “Tío Corujo”, que así firmó la crónica del suceso bajo el título “La inundación de Motilla del Palancar”. Escribía El Tío Corujo que Obras Públicas ofreció una moto y el recién llegado gobernador civil, José Camaña, no contaba aún con coche. Fue la empresa “La Catalana”, a través de su administrador, señor Verde, la que puso “un coche grande de viajeros; en el auto montamos D. José Camaña, gobernador civil; el teniente coronel de la Guardia Civil, señor Aguilar; el señor Verde y el que estos renglones traza”. El coche salió a las dos de la tarde y llegó a Motilla pasadas las cinco y media. El paisaje era desolador. “Sólo la buena pericia del conductor nos libró, repetidas veces, de quedarnos en pleno campo”, relataba Julián de Velasco.

 -Vamos, que no fue un camino de rosas, sino de auténticas espinas para acudir a comprobar la tragedia.

“Llovía torrencialmente cuando salimos de Cuenca”, apuntaba El Tío Corujo. Yo hubiese deseado que nos hubiese acompañado el jefe de Obras Públicas, a la sazón un señor de Madrid, para que hubiese visto cómo estaba la carretera, llena de profundos baches, de arenales montañosos y sitios de verdadero peligro para el viajero. La carretera era un cantarral intransitable. Pasamos por Arcas, Villar del Saz y el verdoso pinar de la Caserna. Son las cuatro de la tarde y el cielo entoldado y oscuro adelanta la noche. Ni un pastor, ni un carro, ni un caminante…. En Venta Tea hacemos un alto e inquirimos la primeras noticias. También los moradores de ese solitario parador creyeron perecer ante el tremendo aguacero que se les vino encima”.

Antogua carretera de Las Cabrillas, en su tramo por Saelices-Requena, pasando por Motilla.
Antigua carretera de Las Cabrillas, en su tramo por Saelices-Requena, pasando por Motilla. (Biblioteca Nacional)

 -La primera parada era obligatoria en Almodóvar, naturalmente. ¿Qué se encontraron allí?

Escribe El Tío Corujo que “cuando asomamos el alto de Almodóvar el recostado pueblo presenta un aspecto desconsolador: tapias caídas, barrizales, escombros y barriles arrastrados por las aguas. El juez Escribano informa que afortunadamente no ha habido víctimas, pero que las cosechas y la vega han quedado destrozadas. Se solicita ayuda al gobernador y se le hace ver al periodista que se inicie una cuenta para los damnificados. Y es que Paco, la colaboración de los medios, tanto entonces, como ahora, siempre han sido indispensable. Bueno antes de que se ne pase tengo que comentar, como nota curiosa, que en la primera página de “El Día de Cuenca”, del martes 20 aparece un suelto que decía en letra del cuerpo 18: “Lea usted en segunda plana la catástrofe en Motilla del Palancar”, lo que viene a indicar que la primera página ya estaba confeccionada.

-Este es un dato curioso, para entender la lectura de aquellos periódicos un siglo después…

El periódico conquense constaba de cuatro hojas, pues se editaba los martes y viernes y en este caso la noticia de la tragedia había que insertarla si o si. Entonces no había linotipias en la imprenta y las columnas de las páginas se componían a mano por los cajistas, con lo que el trabajo era tan lento como minucioso, desde el telégrafo hasta la composición, con originales incluso escritos a mano. Esto es obligado recordarlo cuando se trata de valorar cómo se podían elaborar ese tipo de noticias en los periódicos editados en tipografía.

Paso del Cabriel
El Cabriel a su paso por Las Cabrillas. (Biblioteca Nacional)

 -Tras el paso por Almodóvar la llegada a Motilla del Palancar se harían interminable por querer llegar cuanto antes, verdad?

Pues mira Paco, en Motilla del Palancar esperaban las autoridades y el pueblo en masa, deseoso de ser consolado y ayudado. El Tío Corujo relataba que llegaron pasadas las cinco y media, es decir, tres horas y media desde la salida, eso sí “avivando la marcha a riesgo de perecer en ella”. Contaba que “el aspecto de estas gentes aterradas es tristísimo, no repuestas aún de la espectacular hecatombe, que ha llenado de luto y miseria numerosos hogares. Aclaraba que Motilla del Palancar está situada en una llanada peligrosa y tiene tres solapados enemigos: Riato alto, Riato bajo y un arroyuelo que no llena un vaso de agua en todo tiempo, llamado Valdemembra, pero que cuando se desborda es peligroso, Curiosamente, hace un par de años, en 2013, Alberto Martínez Escribano, master en Planificación y Gestión de Riesgos Naturales, presentó en la Universidad de Alicante el trabajo titulado “Análisis del riesgo de inundación en Motilla del Palancar, en el que incide en ese peligo del río Valdemembra y de una cuenca pequeña y redondeada, sin cauce definido, que desagua hacia el río a través del Riato.

 -Vamos ya con la tragedia en sí, originada por la tormenta, que empezó a caer el domingo 18 de septiembre.

 –El aguacero había comenzado sobre las cinco de la tarde y en principio no se le dio importancia, porque los labradores esperaban el líquido elemento como “agua de mayo”.  Pero como relataba Julián de Velasco, el turbión cayó como una descomunal tormenta. Las barranqueras del lado de Gabaldón recogían las lluvias y en el camino de Campillo de Altobuey se formó una balsa de más de seis kilómetros. A las nueve de la noche, ya sin luz, se obstruyó el puente, y las aguas vertiginosamente entraron en la barriada baja de la villa motillana. Fue la iniciación del pánico en las calles de la Virgen, Sandoval, Cruz Blanca, Comisario, Cosico, Cardos, Loma y San Sebastián. Agua, barro y lodo se llevan por delante a personas, mulas, carros, graneros, y hasta 600 ovejas muertas aparecen en una corraliza…”

 -Y los motillanos solos ante la catástrofe que se les venía encima, con esa riada desbocada, ayudados por los escasos medios de la Guardia Civil.

Escribía el “Tío Corujo” , inmerso en la tristeza del paisaje que tenía ante: “subidos en carros, árboles y balcones, los vecinos de la población no inundada acudieron prestos a salvar vidas. Hubo una persona que, cumpliendo con su obligación, se erigió en un héroe: el capitán de la Guardia Civil, Juan Montaves Ruiz, montado a caballo, realizó proezas inenarrables, escribía Julián de Velasco. “Con el agua a la brida recorrió todo el perímetro local inundado, salvando a la grupa a mujeres y niños”. Las casas se hundían. El pánico era total, además de la falta de luz. Angel Diez contaba en ABC que “los habitantes refugiados en los tejados pedían angustiosamente auxilio; Un formidable estruendo apagó súbitamente el vocerío: treinta casas se habían hundido con estrépito, quedando sus habitantes sepultados bajo los escombros. Aun así, la acción de la Benemérita y los voluntarios logró salvar al menos unas veinte vidas, según se relataba.

Antiguo telégrafo Motilla. quetiempo.es
Antiguo telégrafo Motilla. quetiempo.es

 -Tras las primeras inquietantes noticias, al final la cifra de fallecidos se elevaba a doce, que pudieron haber sido algunos más.

Según el relato periodístico, en el cementerio de Motilla del Palancar el ambiente era macabro. Las muertes eran por ahogamiento y aplastamiento. Dentro del dramatismo cabe apuntar que entre los escombros de una de las casas hundidas “fue encontrado el cadáver de un pobre anciano que aparecía abrazado a dos de sus nietecitos”, señalaba Ángel Diez. La lista de los fallecidos, si te parece, Paco,  la citamos para recordar sus nombres y rendirles el sentido homenaje, pues la edad de las víctimas aún eleva mucho más el dolor de aquella terrible tragedia:

 Juan Navarro Navarro, de 75 años.

Juan Martínez González, de 60.

Juan Martínez Cejalvo, de 28.

Leopoldo de la Peña, de ocho años.

Milagros Martínez, de cuatro años.

Francisca Monedero, de un mes.

Luisa de la Peña, de 15 días.

Cirila Villalba Serrano, de 50 años.

Dolores Serrano Villalba, de 32 años.

Nicanora Martínez, de cinco años.

Luis Villalba, de 14 años.

Nicasio Martínez Serrano, de dos años.

 -La fuerte tormenta dejó también graves secuelas en Villanueva de la Jara y Quintanar del Rey, aunque sin víctimas.

Asi es. Como dato curioso, el jareño Aristóbulo Bueno envió desde Madrid un amplio escrito a “El Día de Cuenca” en el que venía a incidir sobre la casualidad cronológica de fatales consecuencias, de dos fechas para la historia de Villanueva de la Jara: el 21 de septiembre de 1706 y el 21 de septiembre de 1921. En la primera fecha, escribía Aristóbulo, las “tropas aliadas” (holandeses, ingleses y lusitanos), invaden el pueblo de gloriosa memoria, y santificado por las huellas de Teresa de Jesús, saqueando los hogares de los honrosos ciudadanos. Sus templos, con la excepción del Convento de las Carmelitas Descalzas, fundado por la Santa en 1580, fueron profanados y esquilmados. En el Siglo XX, precisamente en el mismo mes y casi en los mismos días, una catástrofe del líquido elemento, impasible ante el dolor de los sufridos moradores de Villanueva de la Jara, irrumpe furiosa en las viviendas de éstos. Nadie puede oponerse a un empuje arrollador. Sólo queda la resignación por el espantoso siniestro”.

 -¿Y qué se decía de lo ocurrido con la enfurecida tormenta en Qintanar del Rey?

Pues se escribía que “no menos triste y doloroso es el estado en que ha quedado este pueblo, calculándose las pérdidas sufridas en más de 300.000 pesetas, varias familias humildes se han quedado en la miseria, sin hogar, sin ropas para cubrirse, y sin frutos, pues los que no han sido arrastrados por las aguas, yacen entre los escombros completamente inaprovechables. Una calle entera, llamada Callejón de los Tintes, habitada por modestísimas familias, ha sido totalmente destruida. En suma 66 casas destruidas; una fábrica de alcohol, un depósito de piñones y varias bodeguillas quedaron arrasadas. De las siete a las once de la noche el miedo se apoderó de los quintanareños viendo que las aguas cubrían más de un kilómetro de extensión y dos metros de altura.

El Día de Cuenca, septiembre 1921.
El Día de Cuenca, septiembre 1921.

 -Suponemos que tanto desde Motilla y los restantes pueblos se solicitarían las pertinentes ayudas.

Asi es.  Se formó una Comisión y se pidió ayuda a los pudientes y la Cruz de Beneficenia para el capitán Juan Montaves. El diputado por Motilla, Manuel Casanova y la Comisión local, visitaron al ministro de Fomento, José Maestre, que llevaba un mes en el Gobierno, y envió 50.000 pesetas. El Consejo de Ministros que presidía Antonio Maura acordó las ayudas el mismo día 21 de septiembre. A los periódicos de Cuenca llegaba este angustioso telegrama: “Invocando humanitarios sentimientos le ruega fomente en columnas periódico su digna dirección suscripción provincial para enjugar lágrimas de este desgraciado vecindario. Esperamos mucho de su valioso concurso, anticipándole efusivas gracias. La Comisión de Salvamento”. La prensa nacional dedicaba sus primeras páginas a la guerra de Africa y muchos soldados conquenses luchaban allí y para ellos se había abierto una “colecta provincial” que rondaba las cien mil pesetas. De ahí que se pidiese la ayuda y colaboración para los damnificados. Hay por cierto una reacción dramática y lirica, sobre la guerra y la tragedia de Motilla, que podemos comentar si te parece, Paco.

 -Naturalmente, porque ello nos puede poner en antecedentes o pensamientos menos conocidos.

-Ya hemos comentado que los más de 30 fallecidos en España (doce en Motilla), eran noticia de páginas interiores, porque la guerra de Africa y la situación de Melilla, por desgracia, eran noticia, y ese año, tanto en Cuenca como en muchos pueblos, se suspendieron las fiestas. Llama la atención este llanto poético de Luis de Tapia, publicado en “La Libertad”, de Madrid, con ese toque de atención sobre el olvido de los pueblos debido a la guerra. Si te parece lo recitamos al alimón como cierre o epitafio:

 ¡Densa nube cenicienta

se rompe en fiera tormenta!…

¡No cesa de diluviar!…

¡Sin cauce, el río revienta!…

¡Motilla del Palancar!

 ¡El pueblo que sufrió un día

sequía, ardiente e impía,

hoy ve sus casas flotar!…

¡Inundación o sequía!…

¡Motilla del Palancar!

 ¡Símbolo palpable y llano

del rústico pueblo hispano

en olvido secular!

¡Abandono soberano!…

¡Motilla del Palancar!

 ¡Pueblo más moro que el moro

con el que gastamos oro

que aquí había que gastar!….

¡La lluvia vierte su lloro!…

¡Motilla del Palancar!

 ¡Mi nación dinero entierra

en conquistar, por la guerra,

pobres tierras tras el mar!…

¡Y, en tanto, pierde su tierra

Motilla del Palancar!

images motilla

 ¿Cuándo callaréis, clarines

guerreros?… ¿Cuàndo a sus fines

propios el oro ira a dar?

¿Cuándo tendrá mil jardines

en sus áridos confines

Motilla del Palancar?

 

Vaya de nuevo nuestro recuerdo en esta fecha para las víctimas de tan terrible suceso ac acaecido hace 94 años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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