Pregón de las fiestas de Valdecabras 1994, en honor de San Roque

Domingo, 14 de agosto de 1994. Lugar: Plaza de Valdecabras

Buenas noches:

Vaya por delante mi agradecimiento para el alcalde pedáneo de Valdecabras, Bienvenido del Moral, y para el presidente de la Asociación de Vecinos, Benjamín Serrano, por haberme dado la oportunidad de pregonar las fiestas de esta entrañable localidad serrana, tan encantadora como el paisaje encantado que la rodea. Y digo esto, queridos amigos de Valdecabras, porque si en verdad he tenido la ocasión de pregonar las fiestas de distintas barriadas de Cuenca, cada una con sus especiales características, acercarse a Valdecabras por San Roque es adentrarse y convivir con la fiesta de la sencillez, la del corazón y la amabilidad.

Pero es que además de contar con estas cualidades humanas, que hacen sentirse al forastero como en casa, venir a Valdecabras es como imbuirse en la magia y el misterio. Cuando nuestro amigo Juanjo me entregaba el programa de actos, de estas fiestas del 94, en el que aparece la añeja fotografía de la portada, de nuestros pastores serranos, de esos hombres recios y rudos de Valdecabras, que soportaron los rigores de crudo invierno o los calores del bree verano serrano, me venían a la memoria aquellos personajes de la Sierra que quedaron plasmados en los bronces de Marco Pérez, con una frase tan histórica como real: “el alma de Castilla es el silencio”.

Esa fotografía pastoril junto a la misma Ciudad Encantada de Valdecabras, viene a ser un homenaje a los hombres que se curtieron en estas tierras de rocas, pinos, y agua: gancheros, leñadores, pastores, hacheros, gentes en suma del campo, de la Serranía.

¿Qué puede decir el pregonero  de esta tierra mágica y humilde, acogedora y sorprendente, cuando ya la han cantado las mejores plumas que en su día descubrieron que Valdecabras era un barrio de Europa?  Casi ochenta años antes de que España entrase en el Mercado Común, Valdecabras ya estaba en las citas europeas. Y si no, valgan estos dos datos.

Juan Giménez de Aguilar, uno de los personajes conquenses más importantes de este siglo, que fue profesor de Ciencias Naturales del Instituto de Cuenca, amén de prolífico escritor, y defensor del patrimonio conquense, escribía entre otras cosas, en un folleto titulado “La Ciudad Encantada” (colección de artículos de propaganda y con vistas de los Callejones de Valdecabras y Las Majadas), editado en 1916: “Las Hoces del Júcar y de Valdecabras, la Fuente de los Aserradores, maravilloso juego de aguas –que no haría mal papel en el Real Sitio de La Granja—y las grutas y cavernas de los Murciélagos, de la Mora, de Los Perros y de la Canaleja, el valle del Cambrón y el panorama de la Ceja de Uña, hacen del humilde pueblo de Valdecabras, uno de los más privilegiados lugares de Europa”.

LA FUENTE DONDE BEBÍA LA PRINCESA ANA DE AUSTRIA

En las “Noticias Conquenses” de 1878, Torres Mena, al hablar de fuentes y acueductos, señala que “por el agua más delicada de Europa se tuvo la de la fuente del “Herro de Concejo”, que mana en el término de Valdecabras, con un caudal que se calcula en cinco litros por segundo. De esta fuente bebía, según Baltasar Porreño, la princesa doña Ana de Austria, y de ella se la hacía llevar a París luego que marchó allá para compartir el trono de Francia con Luis XIII. Este mismo dato lo confirma Pedro Pruneda en su Crónica de la Provincia de Cuenca de 1869.

La Sierra de Cuenca cobra un inusitado esplendor con sus hoces y barrancos, en este valle de cabras, nombre que la toponimia conquense de Heliodoro Cordente le adjudica a Valdecabras, como aldea pastoril. El mayorazgo de Valdecabras fue fundado en 1530 por doña Inés de Barrientos, esposa de Luis Carrillo de Albornoz, mayorazgo que fue dotado con las villas de Valdecabras, Las Majadas y Portilla. Cuenta Heliodoro Cordente un curioso proceso inquisitorial del siglo XVIII sobre un extraño personaje al que llamaban El Lobero de Castejón, que en alguna ocasión se hospedó en Valdecabras, en casa de Juan Soliva. Se le acusó de nigromante, pues le adjudicaban fantásticos episodios ocurridos con los lobos a través de pactos con el diablo.

HISTORIAS DE HACHEROS Y LEÑADORES

Quizá la magia del paisaje, con sus pétreas figuras imaginarias, podría dar pábulo a cualquier historia al calor de la lumbre baja. Historias de pastores, gancheros y hacheros. Como aquel hachero de Valdecabras, que cortaba pinos con la misma fuerza y facilidad que los gancheros arrastraban la maderada por el Júcar, camino de San Antón o El Sargal. Ambrosio se llamaba el serrano hachero que cuando demostró ante la tropa cómo se cortaba la pinada para hacer una trinchera allá en Filipinas, codo a codo con mi bisabuelo Clemente  y el Héroe de Baler, natural de Osa de la Vega, tuvo que explicar su origen serrano de Valdecabras.

Y como el sargento de turno le tomaba a guasa aquello de ser de Valdecabras y ser más rápido con el hacha que con un motosierra, le preguntó con sordina:

–¿Pero usted dónde ha aprendido a cortar pinos, Ambrosio?

–Y el Ambrosio, que era muy “tirao pá lante”, además de buen mozo, le devolvió al sargento la respuesta:

–Ha aprendido a cortar pinos en el Sahara.

–Pero hombre de Dios, le contestó el chusquero. Si aquello es un desierto. Allí no hay pinos.

–Claro, no hay pinos ahora, replicó el Ambrosio. ¿Pero y antes?

No se les puede tomar el pelo a los serranos, que ya lo hizo un humorista de brocha gorda, en el siglo pasado, llamado Gregorio Francisco de Sales, y casi sale trasquilado por el juicio que hizo sobre la Alcarria, Mancha y Sierra.

EL BARRIO DE LA CIUDAD ENCANTADA

Esta tierra es noble y nadie se siente forastero. En Valdecabras sigue mandando la Naturaleza como en la propia Cuenca a la que se anexionó en la década de los 70. Es el barrio de la Ciudad Encantada o, dicho más propiamente, Valdecabras es la Ciudad Encantada. Pero también lo bello, como las rosas, tiene sus espinas. Y es de sobra sabido, porque los vecinos lo han reivindicado en numerosas ocasiones, y el Ayuntamiento de Cuenca debe seguir adelante en sus razonamientos, que los terrenos de labrantío del Monte Terrazgo de Valdecabras pertenecen a los vecinos, tras la cesión de los herederos de Valmediano. La propiedad particular y el vecindario mantienen ese pulso que en estos tiempos parece un tanto arcaico. Ojalá pronto se resuelva esta situación en beneficio de quienes trabajan estas tierras: las gentes de Valdecabras.

Raúl Torres, cronista de Cuenca, como otrora la fue Giménez de Aguilar, y amigo de quien les habla, describe en su Viaje a Valdecabras por el camino del mar de piedra, como un “antiguo resto medieval; los tejados marrones, pardos, con legajos vedes de nogueras, olmos, manzanos en flor y la caravana chopera que acompaña al río silente, serpenteando entre covachas y riscas. Valdecabras en soledad graciosa, muestra la pared noreste dura y pura de la iglesia, que enseña por dentro a la luz de candiles y rendijas de sol, tanto misterio”.

EL RETABLO DE VALDECABRAS

Y tanto misterio, diría yo, con ese Retablo que es orgullo.de Valdecabras y de toda Cuenca. Una joya del arte conquense del siglo XVI, que durante muchos años pasó desapercibida.

Pedro Miguel Ibáñez Martínez, que ha realizado un gran trabajo sobre la Pintura Conquense de ese Siglo, ha sido uno de los impulsores de la recuperación de este Retablo, que fue restaurado hace pocos años por el Taller Diocesano, bajo la dirección de May Pérez. El Retablo que alberga la parroquia de la Presentación, donde se honra a San Roque, fue “descubierto”, (pues al parecer había pasado inadvertido durante muchos años), con motivo de una visita que hizo al pueblo de Valdecabras, en 1965, el entonces ministro de Información y Turismo, Fraga Iribarne, con ocasión de inaugurar un Teleclub.

Imagínense el alboroto que se formó con tan importante obra de los pintores conquenses Gonzalo de Castro, Martín Gómez El Viejo y Pedro de Castro. La profesora de Magisterio, doña Gloria Martínez, dio la voz de alarma en “Ofensiva” el 12 de noviembre de 1965, dando a conocer el contrato de realización del retablo, que Pedro Miguel Ibáñez data de 1534.

Doña Inés de Barrientos encargó el retablo para la Villa de Valdecabras, en el que la figura principal sería la Virgen de la Asunción que mañana celebramos. Los pintores cobrarían 70.000 maravedíes, pagados en cuatro partes: la primera al comenzar la obra; la segunda para Todos los Santos; la tercera para Pascua Florida y la cuarta para San Miguel. En Valdecabras tuvieron posada y lumbre para poder comer y dormir. “Pocas cosas hay más fascinantes que adentrarse en un retablo de la entidad del de Valdecabras (dice el doctor en Historia, Pedro Miguel Ibáñez), auténtico microsomas de formas y colores. Nos encontramos ante una de las joyas del arte conquense del siglo XVI”.

Lo que el ojo no ve en la Ciudad Encantada de Valdecabras o en la iglesia de la Presentación, o entre las calles cuestudas y silenciosas de este bello paraje serrano, está en sus cuevas para disfrute de los amantes de la espeleología: las cuevas de los Aserradores, Morciguillos, del Simarro o del Boquerón, por citar algunas, muestran la riqueza de las estalactitas. Fuentes y arrollos, pinos y plantas medicinales.

ANUAL CITA POR SAN ROQUE

Estamos en Valdecabras, que se viste de fiesta cada quincena de agosto, para honrar a San Roque, patrón de tantos pueblos sencillos pero laboriosos como Valdecabras, con sus casas arracimadas a la parroquia, casi mirando a la cercana capital que le abrió sus brazos. Antes, a la Ciudad Encantada se iba, y se va,  regularmente por Villalba, y ahora se hace también por Valdecabras, que es su terreno natural. Y las circunstancias de las obras en el Casco Antiguo de Cuenca han motivado que a la Plaza Mayor se suba “por Valdecabras”, según el dicho popular, que es el que queda.

Por Valdecabras quizá pasó Viriato para morir en el Tormo Alto, según la leyenda. Y por aquí seguirían pasando personajes que dejarán huella. Y gentes sencillas, antes con su borriquillo o el motocarro. Como Julián Quejido “El Cojillo”, con su acordeón en el desvencijado camioncete, capaz de sortear los caminos de cabras. La música de acordeón de “El cojillo” anuncia algún baile por la matazón, alguna boda o bautizo, con su estribillo de “a bailar, a bailar, a bailar”, y cómo no, la patente de turno: o un cordero, o al pilón…

Fiestas de Valdecabras del 94. Benjamín Serrano está feliz porque la juventud ha recibido el testigo de la fiesta. El alcalde pedáneo, Bienvenido del Moral nos da la bienvenida como su nombre indica, porque hogaño han vuelto los hijos de Valdecabras, ausentes por la emigración. Pero aquí están por San Roque junto con sus gentes. Y en este final del pregón, la felicitación para esta jovencísima Corte de Honor, que forma parte del futuro de Valdecabras. Y para todos vosotros, que la felicidad que ahora os embarga continúe en vuestras fiestas, ¡y siempre!

¡Viva San Roque!

¡Viva Valdecabras!

Valdecabras (Cuenca), 14 de agosto de 1994

José Vicente Ávila Martínez

 

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