Cambios

Cambiar la hora es ya una costumbre, que hacemos dos veces al año: en el último fin de semana de marzo en el que adelantamos los relojes en 60 minutos y en el último fin de semana de octubre en el que los relojes se retrasan esa hora adelantada en primavera. Ayer fue por tanto el día más corto del año, con temperatura deliciosa que invitaba al paseo dominical, aunque por aquello de perder una hora de sueño el personal no madrugó. Repasando periódicos observamos que fue en 1974 cuando España se adaptó a este cambio horario con el fin de contar con más horas de luz y propiciar el ahorro energético.

14 DE ABRIL DE 1974: CAMBIO HORARIO

Sorprendía un poco a los conquenses en aquel  14 de abril de 1974, Domingo de Resurrección,  ese primer cambio de hora en el que las opiniones se dividían para todos los gustos en una encuesta que pudimos  hacer en el desaparecido “Diario de Cuenca”. Había alguna reticencia con el cambio, aunque la opinión era favorable. Ya hacia 1930 se cambiaba la hora…

MISERERE DE TURBAS

Releyendo estos papeles de 1974 nos encontramos con una entrevista que mantenía con Francisco Bermejo Bustos, que era en aquel año de 1974 asesor-religioso presidente de la Junta de Cofradías. Los titulares invitaban al optimismo: “En las Hermandades existe más ilusión que nunca”. “El secreto de la continuidad de nuestra Semana Santa está en el grado de fe y formación de los individuos que la integran”. “No queremos quitar las Turbas, sino conservar su pureza”. Por aquellos años se había dejado de interpretar el Miserere en las procesiones por falta de grupos que lo hiciesen.

Bermejo contactó con Alberto Vera –fallecido hace pocos meses– y gracias a su Coro se volvió a cantar el Miserere al paso de las procesiones en San Felipe y en la entonces llamada Plaza de Cánovas. Desde hace por tanto, 30 años, se canta el Miserere en San Felipe y fue adquiriendo carta de naturaleza, de forma especial y emotiva, el Miserere de la procesión “Camino del Calvario”, roto en los últimos compases por las Turbas, con lo que adquiere mayor emoción si cabe.

Leemos estos días que es intención de la Junta de Cofradías que el Miserere se cante en la subida en el “Camino del Calvario”. Puede que haya razones de cierto peso para pensar en el cambio, pero nos da la impresión de que se están propiciando demasiados cambios en una Semana Santa que, no se olvide, desde hace 26 años está Declarada de Interés Turístico Internacional. (En Ciudad Real y Toledo han echado este año las campanas al vuelo porque han logrado el título de “Interés Nacional”). No siempre los cambios son acertados.

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LA PLACA DE LA CALLE DE CERVANTES

Para cambio positivo el que está experimentando el edificio conocido como de Telefónica, que se asoma a Carretería entre las calles de Cervantes y Avenida de Castilla-La Mancha, que fue construido hacia 1930. Se ha aumentado un piso y en el remate se ha colocado un reloj, además de iluminar todo el conjunto. Además, ya luce la placa de la calle de Cervantes de hace cien años, que el año pasado no pudo verse por las obras, en el IV Centenario del Quijote. Lástima que nuestro cervantista Astrana Marín se haya quedado sin su nombre en un colegio, ahora que se cumplen los 50 años del Jardín de los Poetas. ¡Vaya cambios!

José Vicente ÁVILA. El Día de Cuenca, 27 de marzo de 2006

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