PintaCuenca

Desde hace seis años, en el primer sábado de la llegada del verano, la Plaza Mayor de Cuenca y todo su conjunto, se convierte en aula de pintura donde decenas de artistas plásticos dan rienda suelta a su creatividad en lo que se conoce como Certamen de Pintura Rápida “Ciudad de Cuenca”, que organiza Caja Castilla-La Mancha y que nosotros llamamos PinturaCuenca. Seis ediciones han venido a prestigiar un certamen conocido en toda España, cita obligada ya para pintores de todas las edades y de todas las modalidades, pues el arte no tiene límites, aunque el paisaje de Cuenca pueda limitar el fondo de cada cuadro. Pero claro, un paisaje  tan subyugante, tan encantador, tan arrebatadoramente mágico, es tema más que obligado, apropiado.

Nada menos que 276 pintores se repartieron por plazas, calles, callejas y rincones de esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad, sin contar a Óscar Pinar, a quien vemos a diario pintando por las curvas del Escardillo o por la calle de Solera. Óscar Pinar no es de pintura rápida, sino de pintura reposada, del día a día de las horas de un cuadro hecho con esa ternura de ver nacer un hijo, en el que ha puesto toda su “alma”. Calor y color.

Por ello, el Certamen de Pintura Rápida ha alcanzado ese alto número de participantes, no sólo por los premios que pueda otorgar CCM como entidad organizadora, sino por el prestigio  que supone pintar en una ciudad de arte y de artistas. Así vimos este sábado la Plaza Mayor, que ya de por sí era un cuadro en conjunto, con ese mural paisajístico que cuelga del balcón del Ayuntamiento, anunciando que celebramos los diez años de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Y en la propia plaza, la exposición ambulante de las 276 obras que ofrecían las mil y una perspectivas de la ciudad, en sus amaneceres, atardeceres, en pleno día de luz y color y en la noche cerrada. Porque cuando el certamen terminó y se entregaron los premios, la granizada que cayó en pocos minutos ofreció otro cuadro de miles de puntos blancos, con el fondo de las luces de la ciudad.

Pintura y música con los sonidos de las dulzainas de Tiruraina, animando la fiesta del óleo y de la acuarela, mientras los turistas bailaban las serranillas. Luego, en el otoño, tendremos la Selección de esta edición.

EL SOLSTICIO DE VERANO

Coincidiendo con este certamen de PinturaCuenca, las fiestas del solsticio de verano, que son las fiestas íntimas del Casco Antiguo, ponían también su acento curiosamente, con un inicial concurso de redacción y pintura para los niños, que explicaron con sus pinceles la relación entre el Casco Antiguo y sus ríos. Júcar y Huécar bien merecen la atención de los pequeños para llevarlos a sus lienzos con esas imágenes más familiares de las Casas Colgadas, de la Torre de Mangana, la Catedral o el Ayuntamiento.

Fiestas del solsticio de verano en el Casco con teatro, música, cuentacuentos, suelta de barquitos de papel con vela  en la Piedra del Caballo y algo tan importante como las visitas guiadas al Casco Antiguo, que incluso muchos conquenses no conocen en su dimensión.

Y fiesta para la Hermandad de la Santa Cena, que este domingo después del Corpus  celebraba su función religiosa bajo al Arco de Jamete, una de las joyas del arte catedralicio. En diciembre tendremos en Cuenca Congreso Nacional de la Cena y no sólo para cenar, sino para fortalecer lazos cofrades de una hermandad joven y fructífera.

José Vicente AVILA. El Día de Cuenca, 26-06-2006

 

 

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