Los aguafuertes del gallego Castro Gil llevaron Cuenca a París en 1926

Rodolfo Llopis, que se encontraba en la capital parisina, se hizo eco en “El Día de Cuenca”,  de hace noventa años, de unas obras poco conocidas entonces –entre ellas varias de Cuenca– de uno de los mejores pintores de Europa en su género

Por José Vicente AVILA

“Cuenca en París. Con este titular, Rodolfo Lopis, que por entonces era profesor de la Escuela de Magisterio de Cuenca y concejal socialista del Ayuntamiento de la ciudad, escribía una crónica literaria de la Exposición que presentaba en París, en la última quincena de enero y primera de febrero de 1926, el grabador y aguafuertista gallego Manuel Castro Gil, que presentaba obras de Castilla, Galicia, París, Reims, Versalles, Bruselas, Gante y Brujas.

Manuel  Castro Gil había nacido en Lugo en 1890 y murió en Madrid a los 73 años, el 4 de abril de 1963. Trabajó en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y además de profesor de la Escuela de Bellas Artes y catedrático de la Escuela de Artes Gráficas, poseía la Medalla de Oro al Trabajo.

Según el “Almanaque Gallego”, y en referencia a su Exposición en París, señalaba que “el año pictórico se inicia para Galicia con el triunfo ruidoso de su aguafuertista Manuel Castro Gil. La crítica francesa le elogió ampliamente y sin reservas, consagrándolo como el más grande de Europa en su difícil género”.

“SI QUIERE VER COSAS DE CUENCA VENGA A MI EXPOSICIÓN”

“En París, sí, en París. Hace unos días encontré en el Bulevard Saint Michel, frente al Luxemburgo, a un artista español, al aguafuertista Castro-Gil, que me invitó a la inauguración de su exposición. “Si quiere usted ver cosas de Cuenca -me dijo-venga a mi exposición”, escribia Rodolfo Llopis en “El Día de Cuenca” del 9 de febrero de 1926. “En efecto -señala Llopis- en el elegante edificio que tiene la “Asociation Paris Amerique Latins” y en el Bulevar de la Madeleine, en el salón de fiestas, encontramos a infinidad de artistas, literatos, periodistas y lo más selecto de la colonia hispano-americana que contemplaban admirativamente las obras que exponía Castro-Gil, con aguarfuertes de España, principalmente de Castilla”.

"Casa del obispo". La Esfera.
“Casa del obispo”. La Esfera.

“Tratándose de evocar a Castilla no podía faltar Cuenca. Y, naturalmente, no falta. En aquella brillante exposición había cinco cosas de Cuenca: “La Hoz del Júcar”, “La casa del obispo”, magnífico trozo de la Hoz del Huécar que coge ese morro que hay junto al puente y que sirve de cimiento al palacio episcopal. Hay además otra cosa del Júcar, la Puerta de San Juan, aunque vista de tal modo, que no hay árboles, pero sí un trozo de río. Presenta unos dibujos más, igualmente interesantes de Cuenca.

CUENCA ES MUY DIFÍCIL DE PINTAR”

El profesor de la Escuela de Magisterio, que pocos años después sería director general de Primera Enseñanza durante la República, e impulsor de la Escuela de Magisterio de Cuenca, que fue derribada hace unos años,  tras la construcción del nuevo edificio en el Campus Universitario, se encontraba en esas fechas en París. Admirado Llopis por la pintura de Castro Gil, y sobre todo por esos cuadros conquenses que tenían mayor relevancia en la Exposición de una ciudad tan ligada con el Arte como París, mostraba en su escrito el intelectual y político socialista, buen conocedor del paisaje conquense:   “Cuenca tiene mucho carácter. Se presta grandemente para hacer aguafuertes. Más que para pintarla, Cuenca es muy difícil de pintar. Son pocos los que aciertan a impregnar sus cuadros de esa melancolía que a todas horas tiene ese bárbaro primitivo paisaje conquense. Ese “iterismo” en cambio le va muy bien al aguafuerte. Los que presenta Castro-Gil en su exposición son buena prueba de lo que digo.

Rodolfo Llopis, profesor de la Escuela de Magisterio de Cuenca y concejal del Ayuntamiento en esa época.
Rodolfo Llopis, profesor de la Escuela de Magisterio de Cuenca y concejal del Ayuntamiento en esa época.

Afirmaba Llopis: “El artista ha sabido ver algunos trozos de la ciudad, algunos momentos de su vida. Algunos, no todos, naturalmente, pues Cuenca, su paisaje, su ambiente, a pesar de sus apariencias de quietud que reviste, para mi manera de ver es de lo más dinámico que pueda darse. El paisaje de Cuenca se parece mucho a los ríos que la circundan, que siendo siempre los mismos ríos, no llevan nunca a las mismas aguas. El paisaje de Cuenca también es siempre el mismo, y, sin embargo, siempre es diferente”.

En fin, alegrémonos de ver que Cuenca se difunde por el mundo. Alegrémonos de saber que artistas como Castro-Gil lanzan en pleno París siluetas de Cuenca, y completemos nuestra satisfacción pensando que son muchos los que han adquirido reproducciones de los aguafuertes que hacen referencia a la ciudad”.

Rodolfo Llopis, que firmaba su crónica con “Paris y enero de 1926”, describía el espíritu castellano que impregnaba la exposición de un artista que conoce perfectamente todos los secretos de su arte y concluía: “Todo ello demuestra, aparte el valor artístico del dibujo, que desde luego se encuentra en todas las obras de Castro Gil, la cantidad de emoción que encierran esas viejas casas que se asoman a las hoces, esos ríos, esos cerros, esas plazoletas, esos rincones que parecen hechos para evocar o para soñar”.

LA CASA DEL OBISPO EN “LA ESFERA”

¿Cuándo visitó Cuenca el grabador lucense? Posiblemente en 1922, pues en esos años era colaborador de la revista “La Esfera”, en la que publicó numerosos dibujos con su técnica del aguafuerte. Uno de ellos los título “Cuenca, 1922”. Así, en el nùmero 421 de la referida revista, aparece publicado el dibujo “La casa del Obispo”, para ilustrar una doble página dedicada a Cuenca, en la serie “Capitales Española”, con un texto de José Sanz y Díaz, en la que aparecen tres fotografías de Campos, una del interior de la Catedral con sus airosas columnas, otra del Arca de plata de San Julián y una tercera de los portapaces de Becerril. Pero en realidad impresiona “La casa del obispo”, por esa voluminosidad saliente de la roca, entre las Casas Colgadas y la Catedral.

(Este texto, ahora ampliado, fue publicado en “El Día de Cuenca” el 28-01-2010, en la serie “Intrahistoria Conquense)

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