Lección magistral de Pérez Calleja sobre Fausto Culebras en Gascueña

La localidad conquense de Gascueña ha recordado una vez más a uno de sus hijos ilustres, como lo es el escultor Fausto Cuebras. En los pasados días de agosto en los que muchos pueblos de Cuenca han celebrado su anual fiesta, en Gascueña han tenido Semana Cultural y en ella se habló largo y tendido de Fausto, el artista que dejó su vida en la otra Cuenca, la de Ecuador. La conferencia fue del investigador conquense Israel José Pérez Calleja, todo un erudito en una juventud de anticipada madurez para el estudio. De su charla, José Miguel Carretero, que no necesita presentación, escribió una croniquilla de altos vuelos sintetizando la sabiduría expresada, que EL DÍA publicó en su edición del 3 de septiembre, y que reproducimos por su interés.

«Culminando los actos de la V Semana Cultural organizada por el Ayuntamiento de Gascueña, esta conquense Villa de la flor de lis honró de la mejor manera posible a su hijo más preclaro en genio creador: Fausto Culebras. Para ello contó con quien, sin duda, por hechos concluyentes, es ya su principal estudioso: el joven historiador Israel José Pérez Calleja.

Había expectación en el pueblo natal de quien fuese bautizado por nombre Faustino y luego por renombre, obra y gracia de su mentor Muelas, Fausto para el Arte. Por ello se llenó, como merecen los grandes eventos (y éste a fe que lo sería), la curiosa y alargada vieja Ermita de San Isidro, pregonando evocaciones mercedarias en su mobiliario noble y, en este feliz día, a gascón tan singular, por raro y excelente en su persona y cosecha artística.

Presentado por la Alcaldesa (y ahora Diputada Provincial de Cultura) María del Rosal Martínez, Israel nos emocionó a todos. Fue capaz de mantener una tensa e intensa tensión, sin tregua, durante una larga hora y cuarto, que se hizo corta para un auditorio primero sorprendido y pronto, y del todo, entregado. Sobremanera consiguió lo más difícil y el verdadero objetivo: descubrir a Fausto, no ya entre los ajenos, sino incluso entre quienes le fuesen más próximos por vecindad común y compartido, coetáneo y presente.

UNA FIGURA A RECUPERAR

Y es que en esto, entre los conquenses, a veces memoriosos y otras no tanto, hay muchísimo por hacer, recuperar, reivindicar, poner en valor y, al fin, disfrutar. Todos y juntos. El de Fausto Culebras es, acaso, el más clamoroso de los ejemplos. Y en eso llegó Israel, no de nuevas, pues son ya varios sus laboriosos trabajos publicados y expuestos acerca del universal artista alcarreño (el último para un Congreso Nacional sobre Historia y Arte Cofrade en León, en este 2011). Y nos supo poner en situación.

Así, la semblanza vital (1900-1959) del malogrado artista (ese “salir de España para morir en Cuenca” que acuñase Chirveches, cuando el óbito de Faustino, hace ya cumplido medio siglo, en Quito, Ecuador), fue y quedó enriquecida con nuevos datos y documentos inéditos, bien hallados y mejor ofrendados sin reserva: la ciencia, laborada con paciencia, es para ser expuesta y compartida, siempre citando fuente y no escatimando elogios. Lección sobre lección. Humildad que muestra grandeza. Y decencia universitaria a la eterna usanza.

Combinando palabras –a miles- e imágenes –a cientos-, echándoles pasión a unas y a otras (con la mano amiga magistral de José Antonio Barrasa Esteban en varios tratamientos fotográficos), el conferenciante nos mostró, sí, a un Fausto conocido, el escultor menudo de gigantescas formas y magnos monumentos, pero también al Fausto, igual, tal vez mejor, relievista avanzadísimo; al pintor prodigioso y pródigo en calidad y calidez; al retratista perspicaz, psicólogo a la alta altura de muy pocos elegidos. Y es que Culebras lo era. Lo fue y lo es, inmortal en su Arte. Bien aplicable para él resulta aquella brillantez hecha frase de Luis Calvo en señalada ocasión: “Lo que amas bien es tu única herencia”.

LA «GENERACIÓN DE FAUSTO»
No tuvo hijos, al menos conocidos, Fausto. Pero sí reconocidos discípulos, a los que, con justicia y encomio, supo Israel José dedicar un certero apartado que es toda una declaración de principios sobre la bien llamada “generación de Fausto”: Amador Motos, Antonio Abad Gil, Pedro Mercedes, “Tete” Manzanet, Óscar Pinar. Casi nada. Casi todo.

Y sin casi: del todo novedosas fueron varias aportaciones con que Israel José Pérez Calleja nos obsequió a los privilegiados presentes acerca de la infeliz relación entre el artista de Gascueña y la Semana Santa conquense capitalina: esa “historia que no pudo ser”. Más allá de los bocetos y de las figuras, ya para siempre a medio hacer, de la Santa Cena, o de los reveses de la primera posguerra, o de los Pasos nonatos, hay otras historias “fáusticas” (de Culebras, no de Goethe) por contar, escribir y describir, a partir de tomarse, como Israel, la amorosa molestia de escudriñar libros –empezando por los de actas- y documentos: buscar para encontrar. Y bueno es recordar el correcto “modus operandi” en tema entre nosotros tan propicio a inventivas febriles o a ese tocar de oído que sólo debería valer para el tarareo de las marchas.

Huele a tesis doctoral, aunque Israel tenga avanzada otra sobre el pensador Savater. Desde luego, a cosecha en ciernes, de la que ya probamos las primicias en una memorable atardecida bajo los oteros de Gascueña. José Vicente Ávila, el mejor amigo de todo lo conquense, soñador y altruista, lo hubiera vuelto a titular “Fausto acontecimiento”. Y lo hará, así que pase algún tiempo (menos de los cinco años lorquianos), cuando la luz vea ese voluminoso volumen, corregido y aumentado, que Fausto Culebras merece e Israel José, con esmero e ilusiones de orfebre, prepara, como anda él, a pasos agigantados».

José Miguel Carretero Escribano (EL DIA, 3 de septiembre de 2011).

 

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