Los madereros presentaron un ultimátum por la falta de vagones

LA AMENAZA DE CERRAR LOS ASERRADEROS DEL 27 DE FEBRERO DE 1921

Nada nuevo hay bajo el sol ferroviario de la provincia de Cuenca en lo que respecta al transporte de mercancías, pues si en  estos tiempos que corren la línea Madrid-Cuenca-Valencia sigue estando  apartada y olvidada para esa “nueva” red de transporte entre las dos grandes capitales de provincia por la línea más recta y corta, en el siglo pasado, de mayor razonamiento por la escasez de camiones y carreteras en condiciones y de contar con el amplio volumen de acarreo de madera, las cosas fueron más o menos igual, para deparar con el paso del tiempo el cierre total del transporte de mercancías por los railes de la provincia de Cuenca.

Hubo incluso muchos años en los que existió un tren mixto de pasajeros y mercancías, para hacer aún más variopinta la historia del ferrocarril conquense, e incluso en uno de los accidentes ferroviarios como el del túnel de Los Palancares, el tren que se quedó sin fuerza era de pasajeros y mercancías.

LA INDUSTRIA DE LA MADERA

La historia que les contamos, de lo que era ya un aviso de la paulatina supresión de las mercancías, ocurrió entre los días 21 al 27 de febrero de 1921. La industria de la madera era la más importante fuente de ingresos de Cuenca. Los gancheros bajaban la madera por el Júcar hasta el puente de San Antón y El Sargal, y de ahí se llevaban los troncos a las fábricas de aserrar, que eran numerosas desde La Ventilla hasta pasada la estación del ferrocarril. Allí se apilaban costeros y láminas que se trasladaban a los vagones del tren de mercancías que hacía el servicio entre Madrid y Cuenca, pues el tramo de Utiel no se inauguró hasta 1947.

Antiguo aserradero y fábrica de maderas municipal, junto a las tapias de la estación.
Antiguo aserradero y fábrica de maderas municipal, junto a las tapias de la estación.

El transporte ferroviario por esta zona centro los ejercía la Compañía MZA (Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante), y pese a que Cuenca contaba con varias empresas madereras, encabezadas por los herederos de Juan Correcher, que servían “maderas de Cuenca para construcción, cajas-envases, traviesas de ferrocarril y postes”, el transporte dejaba mucho que desear y cada vez el tren de mercancías llevaba menos vagones para embarcar la madera.

Cansados de denunciar esa falta de vagones, los madereros conquenses presentaron el 21 de febrero de 1921 un ultimátum al gobernador civil, Tomás Retamero, manifestando que si la compañía ferroviaria no traía más vagones a la estación de Cuenca, cerrarían las fábricas antes del día 27 de febrero.

¡VAGONES, SEÑOR MINISTRO!”

El ambiente se caldeó y en “El Día de Cuenca” del 22 de febrero, y bajo el título “¡Vagones, Sr. Ministro!”, escribía J.M.: “ Cansados de tanta chacota y jugarreta como un día y otro vienen sufriendo los patronos maderos, todos por igual, de ver almacenadas sus existencias fabricadas o en rollo, sin posibilidad de transporte ferroviario, han decidido, y ya era hora, notificar en oficio al Sr. Gobernador civil, Sr. Retamero –y yo lo he visto sobre la mesa de su despacho–, el cierre total de sus fábricas con el despido consiguiente de los obreros, si para antes del 27 del corriente, el ministro de Fomento no ha obligado a la Compañía M.Z.A. a normalizar con vagones suficientes, las facturaciones paralizadas. Este ultimátum severo y decisivo, quizá sea el único medio viable y pronto, para herrar o quitar el banco de una vez”.

Colocando el dedo sobre la llaga y alertando sobre las consecuencias, añadía el periodista: “El conflicto entra de lleno en una fase, que ha de pesar en el ánimo del ministro y de las autoridades, porque la vida proletariada de Cuenca es la industria maderera. Paralizada ésta, vendría la emigración de la población obrera en un éxodo calamitoso. Yo sé que tenemos un sincero gobernador, que ha adelgazado el hilo telegráfico diciendo:  ¡¡Vagones Sr. Ministro, vagones!!  Esto tiene un límite bien cercano por cierto”.

Se había preparado para el 24 de febrero una manifestación con las fuerzas vivas, pero en una nota, el Ayuntamiento venía a decir que el asunto estaba solucionado: “Tengo el honor de poner en su conocimiento que se ha desistido de celebrar la manifestación proyectada para el día de hoy, por haber desaparecido las causas que motivaron el acuerdo de celebrarla”.

“El Tío Corujo” (Julián de Velasco, director de “El Día”, lo dejó claro en sus ripios “De La Ventilla a Mangana” en tres líneas:

Señores, no somos nada; / a la Corte a por vagones / y os cortó el ardor Espada”.

Luis Espada era el ministro de Fomento y cesó el 13 de marzo. Los vagones volvieron a la estación, pero por pocos años…

Dibujo de Basiliso Martìnez, de 1928, en Postales Conquenses
Dibujo de Basiliso Martìnez, de 1928, en Postales Conquenses

LA ESTACIÓN, LUGAR PARA EL PASEO EN AQUELLOS AÑOS

El dibujo que hizo Basiliso Martínez Pérez en 1928, para sus Postales Conquenses, bien define la soledad de la Estación de Ferrocarril, que más que para ir a coger el tren, era lugar propicio para el paseo en las tardes de invierno “arreglando el pais”. Los trenes fueron pasando, incluso automotores y talgos, pero la línea Madrid-Valencia por Cuenca, completada hace 64 años, no tuvo ese empuje necesario para el transporte de mercancías. Escribía Basiliso: “En los días apacibles y despejados, todos se dan cita en la vía férrea, y allí acuden en masa, a gozar de las delicias del tiempo…  a este lugar que pudiéramos llamar sin hipérbole alguna “Feria de las vanidades”. Extraño lugar ahora.

Publicado en EL DIA DE CUENCA, el 26 de febrero de 2012

 

 

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