13 de abril de 1902: El día que cayó la torre catedralicia y murieron cuatro jóvenes

La fecha del 13 de abril de 1902 está marcada con orla de luto en el Libro de la Historia de Cuenca, pues ese día  se hundió la Torre del Giraldo de la Catedral, que se cobró además la vida de cuatro jóvenes. Entre los escombros se pudieron rescatar a dos niños 48 horas después de la tragedia. Cada 13 de abril, que a veces coincide con los días de la Semana Santa, se suele recordar esta luctuosa efemérides que hizo cambiar incluso, en los años de su restauración-reconstrucción, la fachada catedralicia. Cuando se cumplen 114 años de aquella fecha fatídica para Cuenca recuperamos la página publicada en “El Día de Cuenca” el martes 13 de abril de 2010.

“El 13 de abril de 1902 la ciudad de Cuenca vivió uno de los peores días de su historia, pues se produjo el hundimiento de la Torre del Giraldo de la Catedral, que se cobró la vida de cuatro jóvenes (María Antón, hija del campanero, 22 años; José López, 11 años; Segundo de León, 10 años y Reyes López, 9, si bien entre la pirámide de escombros y dos días después del hundimiento, fueron rescatados vivos los niños Alejandro Mena y Gregorio López.

En EL DÍA ya publiqué en 1991 un extenso trabajo de seis páginas en la serie “Páginas de mi Desván”, sobre “el suceso del siglo”, aportando algunos datos menos conocidos entonces, que se han ido ampliando felizmente con la digitalización de los archivos de la Biblioteca Nacional y de la Biblioteca Regional, así como de la Universidad de Castilla-La Mancha, que permite a los investigadores poder incluir nuevos datos o avalar con más detalle algunos de los publicados.

torre
El Día, 13-04-2010

Como nota anecdótica de aquel fatídico domingo 13 de abril de 1902, cabe señalar que apareció el número 1 de “Juventud, Semanario de Literatura y Noticias”, que entre sus notas reseñaba el anuncio de la celebración de una junta general en el Salón de Retratos del Palacio Episcopal de los caballeros de San Vicente de Paúl, que no pudo llevarse a cabo, y la exposición de fotografías del joven fotógrafo Jesús Enero, que quizá haría las últimas fotos de la Catedral antes del hundimiento, si bien la nota más llamativa firmada por “Mundano” era la que decía: “Extrañará a muchos que hayamos elegido el día 13 para la aparición de nuestro periódico. Jóvenes de los siglos XIX y XX, y además buenos cristianos no podemos hacer caso de ciertas supersticiones. ¡Ante el número 13! están las insuperables fuerzas de DIOS y LA CIENCIA”.

ERAN LAS DIEZ Y MEDIA…

No hubo fuerza insuperable que evitase la caída de la torre de las campanas a primeras horas de la mañana cuando el repique campanil anunciaba el comienzo del novenario al Sagrado Corazón de Jesús” en su capilla. Concluidas las horas canónicas el estruendo se hizo sentir en la ciudad pasadas las diez y media de la mañana. La tragedia estaba consumada con la pérdida de la torre y la vida de cuatro criaturas. En pleno fragor de las horas interminables de los días siguientes, fuerzas del Ejército y de voluntarios consiguieron rescatar a los dos niños atrapados entre los escombros, a los que salvó una escalera. Alegría entre la tristeza. Tremendo.

La Prensa nacional se hizo eco de la tragedia ocurrida en Cuenca, calificada posteriormente como “el suceso del siglo” y hasta en el Congreso de los Diputados se debatió el suceso, tanto para buscar las ayudas necesarias como para reconocer que la tragedia se podía haber evitado, pues en el año 1888 el Obispo y el Cabildo de Cuenca habían instruido un expediente haciendo constar que la Catedral amenazaba ruina y que las obras necesarias ascendían a 100.000 pesetas”. Antaño casi como hogaño… El hundimiento de la Torre del Giraldo sirvió para que la Catedral de Cuenca fuese declarada Monumento Nacional el 24 de agosto, dado que su estilo anglonormando era único en España.

La aguja de la Torre del Giraldo destacaba en la Ciudad Alta
La aguja de la Torre del Giraldo destacaba en la Ciudad Alta

LA ESBELTA AGUJA

En el periódico “El Progreso Conquense”, Eusebio Chuts, escribía que “la desgracia ha tendido una vez más sus fatídicas alas sobre esta desventurada tierra, inundando el corazón y el alma de los conquenses de duelo y tristeza. La Giralda, hermosa y majestuosa torre, digno coronamiento de nuestra magnífica Catedral, hundióse ayer mañana. La que durante cinco siglos ha sostenido erguida y arrogante, fuertes batallas con los elementos, cayó sobre su misma base…”.

El Boletín Oficial del Obispado, en un amplio informe, comenzaba el triste relato que vivió el obispo Sangüesa, con estas palabras: “La hermosa torre que se alzaba sobre los calados y ojivas de la Basílica conquense se ha derruido; aquella esbelta aguja, que por tantas centurias ha desafiado al tiempo, semejando al rendido gladiador, se ha desplomado cansada de tanto luchar contra todos los elementos y ha cedido a los embates de sus de sus constantes enemigos; aquel coloso de piedra que ha visto nacer y pasar tantas generaciones, yace hoy por los suelos; el Giraldo que ya parecía añeja institución del pueblo conquense, ha desaparecido para siempre…”.

Han pasado 108 años y la Catedral de Cuenca, tan admirada y nunca terminada en su restauración, sigue pidiendo en su esbeltez una torre airosa que dé prestancia a la verticalidad de la ciudad”.

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