Quien no torea el 15 de agosto…

«Quien no torea el 15 de agosto ni es torero ni es “na”, se decía en el mundillo taurino. Esta frase, que se suele repetir en el mundillo taurino, temporada tras temporada, cobra toda su dimensión en un día como el de hoy, de la Fiesta de la Virgen de la Asunción y de tantas advocaciones marianas, con toda España inmersa en la ruleta festiva. La vieja piel de toro se rejuvenece en un rosario de celebraciones en el que los festejos taurinos tienen el mayor protagonismo. Plazas de obra, portátiles y de talanqueras abren sus puertas en la tarde de los mil paseíllos. Este día pasarán del medio centenar, algunos de ellos en Castilla-La Mancha.

Los toreros tienen su cita el 15 de agosto. Los vestidos de luces lucen en las pasarelas circulares de las plazas de toros, a esos de las cinco y las siete de la tarde, que con el cambio horario la mágica hora ha quedado para el otoño o la primavera. En verano, sol y moscas. Abanicos y palmas, sombreros, gorras y viseras.

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«EL BIZCO PARDALES», PICADOR DE RESERVA…

Antaño faltaban banderilleros y picadores para completar tantas tardes de toros. De ahí la vieja historia de “El Bizco Pardales”, que fue picador en la mina y por aquello del oficio le convencieron para actuar de picador de reserva un 15 de agosto. No quería el “bizco” salir con el jamelgo de ojos tapados, pero cien duros y dos chatos de vino le convencieron, además del “si no te va a pasar nada, pues vas de reserva”.

Parecía otro “El Bizco” con el castoreño, pero a las primeras de cambio, el toro se fue al picador reserva y el jamelgo y ”El Pardales” cayeron de bruces en la arena, en tremenda costalada. Con las prisas, los monosabios montaron al “Bizco” del revés, de espaldas a la cabeza del jaco. Uno de los monosabios quiso tranquilizar al asustado debutante con el castoreño diciendo en voz alta: “¡Tranquilo, Bizco, que no ha pasado nada!”.

Y “El Bizco Pardales”, mirando con el ojo bueno el lomo del equino contestó como alma que lleva el diablo: “¡Qué no ha pasao ná! ¡Pero si le ha arrancao la cabeza¡”. Dicen las malas lenguas que cuando se quitó los calzones en la posada, manchados de tierra y cagueta, comentó con un resoplido : “¡Vaya peso que me he quitado de encima!”.

CHICUELITO

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