Manzanares abrió la puerta grande con la espada y Perera se la cerró

La hora del paseíllo, Foto Julio Palencia.
La hora del paseíllo, Foto Julio Palencia.

CHICUELITO

“¡Los toreros! Ellos han sido los verdaderos reyes de las ferias septembrinas. Toda la expectación se centraba en sus nombres…”, escribía Federico Muelas, Federico de Cuenca, en plenas fiestas de San Julián, el 5 de septiembre de 1951, en el artículo titulado “Entonces… las ferias y fiestas de San Julián”, que recoge el libro “El articulista de periódicos”. Palabras que sesenta y cinco años después tienen vigencia, pues los toreros siguen siendo los reyes de la feria de agosto, con los primeros espadas en los carteles de Cuenca, el sueño de Federico, que también levantó su voz para que se llevase a cabo el monumento a nuestro Chicuelo II, nombre que 56 años después llevará el trofeo que el Ayuntamiento otorgará al triunfador de la feria de San Julián que, si no ocurre ninguna sorpresa, debe ir a las manos de Miguel Ángel Perera.

Perera volvió ayer a Cuenca para suplir la ausencia obligada del peruano Roca Rey, que tampoco estará en Bilbao, aunque los vendedores de humo y propagadores de rumores ya le daban haciendo el paseíllo en el Bocho, “que tiene más categoría que Cuenca”, alegaban los que se apuntan al carro del derrotismo, intentando minimizar el éxito del ciclo conquense.

José María Manzanares con un apèndice. / Julio Palencia.
José María Manzanares con un apèndice. / Julio Palencia.

Lo primero que debemos decir, centrándonos en el titular, es que en la corrida de este miércoles 23 la espada le abrió la puerta grande a Manzanares, con dos faenitas aseadas y se la cerró Perera, tras su excelente labor, por fallar con los aceros. El Fandi, que lleva viniendo a Cuenca desde 2004, dejó un par de banderillas digno de diploma olímpico de Río, por la carrera suya y la del toro en los cien metros, y poco más, aunque material tenía.

De los toros salmantinos se Montalvo se esperaba más. Mucho volumen, pero poco juego. Y claro, después de días en los que las reses han embestido y se han dejado torear, nos hemos encontrado con una corrida más basta y desigual, si tenemos en cuenta el peso del que abrió plaza, casi 600 kilos, con el cuarto, de 458, ambos en el lote del granadino Fandila.

El Fandi somete en el renate. / Foto Julio Palencia.
El Fandi somete en el remate. / Foto Julio Palencia.

Abrió plaza precisamente “El Fandi” con el “Ramillete” de 592 kilos, lo que motivó el runruneo de los tendidos. Un aficionado con gracia dijo que “esta bascula debe tener dos medidas: la de vender o la de comprar”. ¡Ea! El toro tenía ese ramillete de kilos que marcaba la pizarra y el granadino lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas, verónicas vistosas y hasta una chicuelina y la media de cierto nivel. El toro sacó astillas del burladero del siete y el picador apenas si metió la vara, una vez que El Fandi lo puso en su jurisdicción con chicuelinas al paso. Hizo un quite por lopecinas vistoso y pronto cogió los garapullos, que es su suerte preferida. El primer par los clavó a toro pasado; en el segundo se asomó al balcón de las Casas Colgadas y en el tercero colocó el par del violín con pasmosa facilidad.

Carlos Herrera en el palco del 8. /Foto Josevi
Carlos Herrera en el palco del 8. /Foto Josevi

La faena en conjunto, que brindó al público, iba para triunfo, pero cuando El Fandi coge la muleta le cuesta lidiar, aunque el toro tenía movilidad, iba y venía, a la flámula que le ofrecía el torero granadino, en series sobre ambas manos, pero sin transmisión, y con poco eco en los tendidos. El vestido de Fandila, muy bonito, afirmo. Después de tantos pases llegó la suerte suprema que se quedó en pinchazo, media y descabello. El público, siempre cariñoso, le obligó a saludar, y él, con la mano vino a decir: “en el otro”.

 Fandi durante la faena./ Foto Julio Palencia.
Fandi durante la faena./ Foto Julio Palencia.

El otro fue el cuarto, “Tacaño” hasta en el peso. Poco que destacar en los lances de recibo, con el público hincando el diente y Fandila clavando banderillas al son de “España cañí”. Mejoró El Fandi en su particular tercio, que es donde más brilla. El toro de Montalvo se movía con velocidad y se fue con ganas hacia al maestro banderillero que colocó un buen par; el segundo fue de poder a poder, entre una gran ovación, y el tercer fue como una carrera olímpica entre toro y torero. Ganó Fandi la partida y el público se lo premió.

Comenzó el granadino su faena con doblones para domeñar a su enemigo y ya en las tandas de pases la faena quedó un tanto aseada, sin llegar al público, pese a los molinetes, desplante de rodillas y un artístico abaniqueo. La estocada caída surtió efectos rápidos y se le premio con una oreja.

Artística revolera de Manzanares./ Foto Julio Palencia.
Artística revolera de Manzanares./ Foto Julio Palencia.

José María Manzanares hizo lo justo, que pudo ser más, pero nadie puede negarle que fue el triunfador de la tarde en trofeos. En su primero, “Transmisor”, hubo más transmisión por parte del alicantino, que lo recibió a la verónica para llevarlo casi al centro del platillo y rematar con una revolera. Tres pares de banderillas, destacando el tercero, y ya tenemos al triunfador de San Isidro iniciando su labor muleteril. En tandas por la derecha ligó algunos pases con ese concepto del toreo que es implícito en Manzanares, pero sin esa rotundidad de otras tardes. Con la zurda dejó algún natural de relieve, y poco más, para completar una faena aseada de fino torero. Mató recibiendo y la fea estocada le privó de las dos orejas. Una para dar la vuelta al ruedo.

Manzanares dejó retazos de su fino toreo. / Foto Julio Palencia.
Manzanares dejó retazos de su fino toreo. / Foto Julio Palencia.

En el quinto, “Melonero” lanceó a la verónica con clase. Ya se sabe que los melones son como los toros, y este “Melonero” era agridulce, aunque se empleó con el caballo. Manzanares no brindó tampoco esta faena en la que sacó tandas poco continuadas ante un toro que se quedaba, que apenas colaboraba. El alicantino supo suplir defectos con series cortas, sublimando su toreo en los pases de pecho, pues el pico de la muleta hacía el resto. La estocada en lo alto, aunque caída, que hizo tardar la muerte de “Melonero” le valió otra oreja al diestro alicantino para salir a hombros.

Perera hizo lo mejor de la tarde. / Foto Julio Palencia.
Perera hizo lo mejor de la tarde. / Foto Julio Palencia.

El verdadero triunfador de la tarde, en la balanza de las faenas, fue Miguel Ángel Perera, recibido entre ovaciones. Desde el primer momento se le vio con ganas para recibir por verónicas a “Placentero”, al que después de un puyacito le hizo un quite por tafalleras y una revolera de altos vuelos. El extremeño triunfante del domingo brindó su faena al respetable y tras una serie de derechazos dictó una nueva lección sobre el temple en el toreo. Las tandas, tanto por la derecha como al natural, tuvieron el empaque del temple y mando, llevando Perera al hilo de su muleta al toro de Montalvo. Placer de torear a “Placentero”, pero éste ya no quería más pases y es cuando Perera cambió la lección torera por el arrimón. Intramuscular, que diría Julio Rebenaque. Pero a Perera le fallaron los aceros, y tras pinchazo y estocada caída se le premió con una oreja. No era para menos.

Poderoso Perera. / Foto Julio Palencia.
Poderoso Perera. / Foto Julio Palencia.

En el sexto, “Enemigo”, Perera tenía en sus manos la llave de la puerta grande, que por cierto es la espada. Se aceleró un poco el extremeño en los lances de recibo, y tras la intervención del piquero y de los banderilleros con dos pares, se cambió el tercio con un toque tan floreado como aplaudido. Miguel Ángel Perera volvió a mostrar su concepto del toreo de mando y temple, con suavidad y armonía en varias tandas, incluidos los circulares, hasta que comprendió que “Enemigo” no era su amigo para el lucimiento, y a base de porfiar y de otro arrimón arriesgando, completó una faena de ganas de triunfo. La suerte suprema le fue esquiva y tras pinchazo sin soltar, otro hondo y descabello, con aviso de por medio, el público le hizo saludar con una tremenda ovación.

Foto Julio Palencia.
Foto Julio Palencia.

A José María Manzanares se lo llevaron hacia la puerta grande y Miguel Ángel Perera se fue entre ovaciones, pero sabiendo que es el gran triunfador de la Feria de Cuenca 2016, a falta de la corrida de rejones. Para David Fandila “El Fandi”, cariñosos aplausos. Ya lo dijo Federico Muelas, “los toreros son los reyes de la feria”.

¡Ah!, y una recomendación: tengan cuidado con las carteras, que hay otros “reyes de la feria” más finos que el coral. Estos días hacen su “agosto”.

LA FICHA ARTÍSTICA

Plaza de Toros de Cuenca. Martes, 23 de agosto 2016. Quinto festejo de la feria de San Julián. Tres cuartos de entrada largos. Otra tarde de calor hasta en la sombra y no digamos en la solanera, donde las sombrillas mitigan el solitrón. El riego automático se puso en marcha tras el tercer toro, que da paso breve al bocadillo. Preside como cada tarde Emiliano García.

Seis toros de Montalvo, de Salamanca, desiguales de presentación. Manejables para la lidia, pero con poca transmisión, poco propicios para el lucimiento, salvo alguna excepción. Peso: 592, 545, 535, 458, 514 y 476 kilos.

David Fandila “El Fandi” (celeste y oro), ovación con saludos y una oreja.

José María Manzanares (azul marino y oro), oreja y oreja.

Miguel Ángel Perera  (celeste y oro), oreja y ovación.

Mari Carmen Martìnez-Bordiú en el callejón. / Foto Julio Palencia
Mari Carmen Martìnez-Bordiú en el callejón. / Foto Julio Palencia

Como cada tarde de feria, mucho ambiente en los tendidos, y entre las caras conocidas, la presencia en un burladero del callejón de María del Carmen Martínez-Bordiú, “la nietísima” y del conocido periodista radiofónico, Carlos Herrera, a quien se le pudo ver en distintos palcos, como el día anterior también asistió el conocido periodista deportivo Iñaki Cano.

 

 

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