Cuenca dorada y adorada (y II*)

El Otoño conquense va desgranando sus días con temperaturas primaverales. En este repaso literario a través de esta “Cuenca dorada (y adorada) de la estación otoñal nos lleva desde el Ventano del Diablo al Tormo Alto en la poesía de Federico García Lorca, que pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca: ¿Te gustó la ciudad que gota a gota / labró el agua en el centro de los pinos? / ¿Viste sueños y rostros y caminos / y muros de dolor que el aire azota? / ¿Viste la grieta azul de luna rota / que el Júcar moja de cristal y trinos? / ¿Han besado tus dedos los espinos / que coronan de amor piedra remota?”

Cuenca, “la de los altos chopos”, recordaba el otro Federico, el poeta de Cuenca, “la de los ahilados chopos que la cercan. Chopos de tan delgada línea que el viento fuerte resbala en su delgadez, como un filo, sin poderlos tensar. Chopos como encapuchados, como líricos penitentes, incendiados en litúrgicos oros al otoño”. “Cuenca, cogollo de España, la llamó Ortega y Gasset. Eugenio D ‘ Ors habló de la magia y Pedro de Lorenzo sintió pasión de vértigo: “Cuenca es la voluntad suspendida. Cuenca preciosa, tal una piedra en engarce de luz pura, narcisa de su joyal”.

Foto Josevi
Foto Josevi

“Borbotón de los entresijos de la Sierra Ibérica”, según Unamuno y patética para César González Ruano, el prosista de Cuenca: “En el rompeolas de la geografía española no existe ciudad más patética a mi entender que Cuenca”. Explicó el escritor que no era un patetismo triste, sino “aquello que agita el ánimo infundiéndole afectos vehementes, cuyo principal de ellos es el de la melancolía. Y este escritor no encuentra nada más digno ni más hermoso que lo melancólico”.

Gentil y Abstracta para Camilo José Cela y Fantástica para Benjamín Palencia, quien dos años antes de su muerte me decía en una entrevista: “Cuenca para mí es una ciudad fantástica porque parece un fondo de los que ha pintado Leonardo Da Vinci en el fondo de sus grandes retratos. Cuenca es fantástica en el sentido de la arquitectura, pues parece que la Naturaleza ha hecho a Cuenca”.

José Luis Muñoz Ramírez, en “Calles de Cuenca” nos habla del esfuerzo colectivo que dio forma a esta ciudad, “surgida como de la nada en un día cualquiera de la Edad Media. Maravilla urbanística, insólito laberinto en el que no es posible perder la senda, cajón de misterios en cada recoveco del camino, siempre descubierto en cada nueva andadura”. Por fortuna, añade Muñoz Ramírez, “Cuenca es una ciudad que se presta a la interpretación personal”.

Foto: Josevi
Foto: Josevi

Mario Vargas Llosa descubrió a Cuenca en el Otoño, después de 30 años de espera. El escritor peruano nos decía impresionado: “Cuenca tiene un paisaje un poco místico; aquí siente uno una especie de impulso, de elevación hacia la altura. Es un contraste muy conmovedor el paisaje de Cuenca con esa cosa tan rotunda, tan fuerte y tan áspera de la piedra con las notas de verdor que ponen los árboles y el río.  Realmente, creo que Cuenca es uno de los casos en los que el mito y la leyenda están a la altura de la realidad”.

A la deslumbrante estación otoñal le da Florencio Martínez Ruiz sobresaliente cum laude: “Decir las aspiraciones de Cuenca desde la mágica estación del Otoño es una ocasión única, pero sobre todo, si la lección se imparte aquí, teniendo delante el desfile de los chopos y los frisos de las rocas, es decir, la lección práctica, hecha carne y sueño. Es imprescindible venir a Cuenca para cursarla y doctorarse en ella”.

(*) Cuenca dorada (y adorada). El Otoño. Guión de José Vicente Ávila. Con la serie de las cuatro estaciones nos sumamos al décimo Aniversario de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

EL DIA DE CUENCA, 13 de noviembre de 2006

 

 

Un comentario en “Cuenca dorada y adorada (y II*)

  1. Por primera vez he entrado en tu blog y me parece muy muy interesante. Te doy mi enhorabuena y lo disfrutaré en muchas ocasiones. Gracias José Vicente . Un fuerte abrazo desde Valencia.

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