La Guía de la Semana Santa de Cuenca (de José Luis Muñoz), presentada por José Miguel Carretero

portada

Una de las grandes noticias en el mundo nazareno de Cuenca, durante esta Cuaresma, ha sido la aparición de la Guía de la Semana Santa de Cuenca, de José Luis Muñoz, que viene a aportar a la historia de la Pasión según Cuenca un auténtico libro de consulta, tanto para los turistas que visitan la ciudad como para los propios conquenses y nazarenos. Ante tanta publicación siempre bienvenida, sobre las diferentes hermandades, editadas por ellas mismas, y de otros libros importantes como el de Pedro Miguel Ibáñez, sobre los antecedentes de la Semana Santa, se hacía necesaria esta Guía tan ilustrada y trabajada, pues no existía hasta ahora una publicación con tantos datos recogidos en sus 336 páginas, en una edición muy similar a la del Diccionario de andar por casa (Callejero de Cuenca), que editó igualmente José Luis Muñoz  a través de Ediciones Olcades.

La primera incursión de José Luis Muñoz Ramírez (compañero en mis tiempos en “Diario de Cuenca” y en otras aventuras como El Banzo, Gaceta Conquense y Olcades-Temas de Cuenca, además de amigo y casi vecino) en la temática nazarena fue en el año 1976 publicando el librito “Semana Santa de Cuenca” (declarada de Interés Turístico Nacional), con textos de Luis Calvo, José Angel García, Jesús de las Heras y Juan Ruiz Garro, además de las fotografías de Carlos Albendea, Julián Martínez y el omnipresente José Luis Pinós. Aquella publicación era la primera que abarcaba toda la temática semanasantera, pues alguna otra anterior (Angel Martínez Soriano o Julián López) sólo trataba de pinceladas históricas de las cofradías.

Fue un gran primer trabajo aquel librito de 1976, valiente y arriesgado en tiempos un tanto complicados y de cierto pasotismo hacia el mundo nazareno conquense, y cuarenta y un años después, José Luis Muñoz, con un amplio bagaje de libros publicados sobre Cuenca, con rigor en los datos y pulcritud en la presentación, nos sorprende –es un decir— con esta Guía de la Semana Santa, que es todo un compendio de nuestra celebración, que ya no puede faltar en la biblioteca de cualquier nazareno que se precie y en todas las librerías para que los visitantes tengan una mejor herramienta que les haga entender y quizá comprender cómo es nuestra Semana Santa, pues como dejó escrito González Ruano, cuando se ve por primera vez ya no se le confunde con ninguna otra.

La Guía tiene diez apartados: Introducción (pag. 7). Un breve apunte histórico (pag. 13). Historia de las cofradías (pag. 55. La escenografía procesional conquense (151). Itinerario de las procesiones (195). Los grandes temas de la Semana Santa de Cuenca (263): El Cabildo de Caballeros y Escuderos, Las Turbas, El Miserere, El Museo de la Semana Santa, la Semana de Música Religiosa y la Gastrononía (287). Las iglesias semanasanteras (291). Vocabulario semanasantero (311) y Bibliografía básica.

TARJETA INVITACIÓN

El libro fue presentado en la Sala Marco Pérez del Museo de la Semana Santa de Cuenca y sede de la Junta de Cofradías, con asistencia del presidente del ente nazareno, Jorge Sánchez Albenda y numeroso público, destacando la presencia de miembros de la Real Academia Conquense de Artes y Letras, a la que pertenece José Luis Muñoz. Sánchez Albendea se congratuló de la edición de esta Guía y felicitó a José Luis Muñoz por esta gran aportación a la Semana Santa. El autor explicó el contenido y de su obra y cuál era su cometido y José Miguel Carretero, todo un experto del acontecer histórico, pasado y presente, de nuestra Semana Santa, hizo una presentación de la Guía y el análisis pormenorizado.

EXPLICACIÓN DE JOSÉ LUIS MUÑOZ RAMÍREZ

 Buenas tardes a todos y muchas gracias por estar aquí.

Gracias, en primer lugar, al presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, por aceptar que la presentación de este libro tenga lugar en este espacio tan emblemático.

Gracias a las autoridades locales que han podido encontrar un hueco en su siempre apretada agenda para acercarse hasta este Museo de la Semana Santa de Cuenca y asistir en directo al nacimiento de un nuevo libro.

Gracias a los miembros de cofradías y hermandades, a simpatizantes de la Semana Santa de Cuenca, a seguidores en general de las cosas de Cuenca, a los amigos, a miembros de la Real Academia que han querido acompañarme en este acto.

Y gracias, sobre todo y de una manera especial, muy afectuosamente especial, a José Miguel Carretero, que ha aceptado ser el presentador de este libro. Generalmente, yo no suelo hacer presentaciones de mis libros, porque me da mucho pudor estar aquí, delante de tanta gente y oír que alguien, el presentador, habla de mí, se supone que bien y eso, de verdad, me da mucha vergüenza. Pero en este caso, por tratarse de un tema tan especial, de tanta trascendencia, he podido superar mis recelos y aquí estoy, con el libro aquí delante y un poco inquieto por saber qué va a decir José Miguel Carretero, con total libertad y con su buen criterio y conocimiento del tema. Pero diga lo que diga, yo le doy muy sinceramente las gracias por haber aceptado este encargo.

Realmente, yo podría estarme callado y dejar que él lo dijera todo, pero me parece que el autor de un libro tiene la obligación moral de explicar qué ha querido hacer, especialmente si el libro se titula Guía de la Semana Santa de Cuenca. Conviene, creo yo, aclarar qué he pretendido hacer, con el fin de que nadie se llame a engaño y encuentre lo que quizá no esperaba,

Sobre la Semana Santa de Cuenca se han escrito, todos ustedes lo saben bien, cientos de libros y miles de artículos periodísticos. Hay ya muchas cofradías que tienen su propia historia, individualizada. Hay docenas de libros que recogen fotografías, antiguas o modernas. Hay muchísimo libros de poemas. Por supuesto, están también el programa oficial que edita la Junta de Cofradías. Entonces, podríamos preguntarnos, ¿qué es lo que falta o qué cosa diferente puede aportar otro libro nuevo?

Lo que falta, desde mi punto de vista, es un libro total, general, que abarque el conjunto de la Semana Santa. No solo una cofradía, no solo poemas, no solo fotografías, sino un texto, ilustrado, desde luego, que abarque y exponga todos los matices internos de una organización tan compleja como es la Semana Santa de Cuenca. Eso es lo que he pretendido hacer y si lo he conseguido, ese es el libro que está hoy aquí, delante de todos nosotros.

Mi objetivo ha sido hacer lo que dice el título: una Guía, que yo deseo que haya salido completa y muy informativa, sobre lo que es, lo que hay, lo que se puede encontrar, cómo funciona, la Semana Santa de Cuenca, en su conjunto, al completo.

SSanta 1976

En este punto, yo tengo que volver la vista atrás para recordar a varios queridos amigos, algunos de ellos ya desaparecidos. En un tiempo muy lejano, el año 1976, cuando éramos jóvenes y animosos, nos planteamos un propósito similar al que hoy estoy comentando aquí. Decíamos entonces, en la introducción, a aquel pequeño volumen: “No se ha hecho nunca un trabajo exhaustivo, sistemático, de recopilación y estudio de la naturaleza, carácter, formas y matices, de la Semana Santa de Cuenca”.

Lo intentamos entonces, conmigo, Luis Calvo, José Ángel García, Jesús de las Heras y Juan Ruiz Garro, con fotografías de Carlos Albendea, Julián Martínez y José Luis Pinós y maqueta de Julián Cerdán. Fue un intento, imperfecto, pero primerizo sobre lo que ahora yo, en solitario, he pretendido hacer. Aquí, y desde la distancia, saludo y recuerdo a amigos muertos, Luis Calvo, Julián Martínez y Julián Cerdán.

Este libro es una guía y supongo que todo el mundo sabe cuál es el exacto significado de ese término. El diccionario de la Academia lo dice de una manera tan sencilla como expresiva: “Persona que muestra a los turistas  las cosas dignas de ser vistas en una ciudad, un museo, etc.” y que se completa con una definición posterior: “Lista de ciertas cosas, en forma de libro, que proporciona los datos  que interesan sobre esas cosas”. Por su propio carácter, las guías van destinadas especialmente a los visitantes de un lugar, a esa especie humana que llamamos genéricamente “turistas” y que, cuando actuamos como tal, buscamos casi siempre la ayuda de un libro que nos acompañe durante la visita a una ciudad, un espacio natural, un museo, un parque temático o lo que sea que ha llamado nuestra atención.

Ese fue mi primer objetivo, el planteamiento inicial de este libro: ayudar a los turistas, informar a quienes visitan Cuenca, bien en las fechas concretas de Semana Santa o en cualquier momento y sientan interés o curiosidad por saber qué es eso tan importante de lo que siempre se habla cuando se menciona el nombre de Cuenca.

Aunque yo creo que soy una persona suficientemente conocida, me voy a permitir un pequeño apunte personal, porque seguramente todos no me conocen. He ejercido el periodismo en esta ciudad durante 50 años, además de otras ocupaciones. Como periodista, presumo de haber sido, en todo ese tiempo, un observador permanente de la vida local, de los sucesos, las costumbres, los hechos, las personas. Cincuenta años viendo las procesiones de Semana Santa, yendo a actos vinculados con las cofradías, hablando con quienes saben y entienden, escribiendo artículos y reportajes, da para mucho y es eso lo que ahora he querido sistematizar, ordenar y exponer en forma de libro. Porque en todo ese tiempo he sido también oyente atento de cosas que decían y dicen los visitantes, cuestiones que les llaman la atención, detalles que no comprenden, preguntas que se hacen. A todo eso he querido dar respuestas con este libro.

Pero hay una ambición más y eso sí se ha convertido para mí en un desafío personal. He pensado mucho en los propios protagonistas locales, los miles de personas que están implicadas en la organización, el montaje y el desarrollo de la Semana Santa, o sea, los cofrades y nazarenos, casi siempre muy pendientes de cuestiones internas, de su propia hermandad, vinculados a su propio paso. Y pensando en ellos, en todos, aspiro a ofrecer un libro total, que abarca el conjunto de la Semana Santa, con una visión de conjunto que vaya más allá de la vida interna específica de la hermandad.

Guia SSanta

Y todo ello, desde luego, inmerso en lo que, para mí, es de una naturaleza fundamental, esencial: el escenario de las calles y el paisaje de Cuenca, la vinculación íntima, entrañable, de las procesiones de Semana Santa con el espacio físico en que se desarrollan.

Ya no diré más, sino salvo que, después de haber escrito o participado en 40 libros, este nace a la vida envuelto en una profunda inquietud personal. Me gustaría haber acertado en el propósito y en el desarrollo. Me gustaría haber hecho un trabajo útil, de los que merecen la pena. Y ahora, desde esa inquietud, me someto al primer juicio crítico, el que va a hacer José Miguel Carretero. Espero que sea benévolo y que no me juzgue con excesiva severidad. En cualquier caso, como dije antes, mi gratitud hace él es total. Y hacia ustedes, por estar aquí.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “GUÍA DE LA SEMANA SANTA DE CUENCA”, POR JOSÉ MIGUEL CARRETERO

       Buenas noches a todos los presentes, autoridades, hermanas y hermanos, señoras y señores.

Con el permiso de nuestro Presidente de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca, mi querido hermano Don Jorge Sánchez Albendea, y por encargo, para mí ilusionante y muy honroso, del autor de la obra que hoy aquí nos reúne, voy a decir unas palabras acerca del libro y, por y para ello, referentes a su escritor.

Resultaría un pretencioso sinsentido entre nosotros presentar a José Luis Muñoz Ramírez, en su Ciudad que es Cuenca, en su Barrio, a escasas tres tiradas de banzo de su bonita casa de Alfonso VIII, y en este edificio que es el hogar común de los nazarenos de Cuenca.

Y además, si intentásemos resumir tan siquiera algo de lo muchísimo que José Luis es, significa, lleva hecho y sigue haciendo por esta tierra nuestra y suya, necesitaríamos, sólo para empezar, tarde, noche y madrugada, rompiendo cualquier protocolo horario.

Superaríamos, de largo, en espacio y en tiempo, aquellas casi eternas disertaciones de Federico Muelas, bien retratadas, a modo de epigrama en forma de villancico, por Eladio Cabañero; recordemos: “En el portal de Belén, habla Federico Muelas; cuando termina de hablar, las zagalas son abuelas”.

No llegaremos a tanto. Y menos porque debo cumplir el pudoroso ruego de este señor tan poco amigo de parafernalias elogiosas. No las precisa, pero preciso es actuar en conciencia y con justicia. Así es que, José Luis, te tendrás que aguantar por este rato; pero no temas, porque será leve y, además, el que dice la verdad ni peca ni miente.

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Abrimos con la evidencia esencial de nuestro hombre, su profesión de fe: el periodismo. Ésa, en efecto, es su fe de vida y estado y de ella deriva, en hora buena, lo demás: escritor, gestor y, el más difícil todavía, editor. Ya iremos adjetivando, pero antes proclamamos el otro ingrediente, para nuestra suerte, extraordinario: José Luis es conquense.

Lo de menos es si naciese allende el Júcar, o allende el mar. Lo más de lo más, y cómo, es que aquí eligió estar y ser, en un enamoramiento vital, definitivo, con las bodas de oro bien que celebradas y que siga: y que sigue.

Ya me hubiera gustado ser educando suyo en el Colegio Menor, que así llegó, como lo fuesen algunos de mis mejores compañeros de Instituto en tiempos de escaseces, meriendas pobres y esperanzas ricas. O haberlo visto ejercer de actor teatral y director intrépido en la Plaza de la Merced, año sesenta y seis del siglo veinte, estrenando un auto sacramental de Carlos De la Rica, casi nada, titulado “La salvación del hombre”.

Yo lo conocí, más de una década después, en el periódico, “Diario de Cuenca”, que ya no estaba donde el antiguo “Ofensiva” a la revuelta de Carretería junto a San Esteban, sino en el edificio nuevo y flamante de la Calle Astrana Marín, ahora González Palencia, buenos nombres los dos, inaugurado un día de San Julián de Enero, año setenta y siete, demasiado efímero para tan buen uso, luego, con azares de por medio, convertido en la Comisaría que es hoy y mañana vayamos a saber lo que nos queda por ver o tentar.

En aquella redacción para mí fascinante, con Alpuente en los teletipos y Greciet dirigiendo, se hallaban muy a la derecha, es un decir, Jesús Sotos y Valero. Y en el centro, tirando hacia la izquierda, es un situar, se alzaba la mesa de José Luis, con el cristal protector bajo el cual mostraba y guarecía una entera colección de pegatinas de todos los partidos políticos de entonces, que alguno queda o casi.

Entrar allí era como hacerlo en un sanctasanctórum o en el vestuario de uno de los equipos grandes, lleno de figuras y talento, que eso me parecía y mantengo. Y así le puse cara, gafas y barba negra al Muñoz a quien leía. Porque luego había y hay otro, y aquí nos pasa como en Semana Santa, que tenemos dos Huertos, dos Verónicas, dos Esperanzas; añadimos: dos Joseluismuñoces.

Uno es el de la radio, el de los discos, el de la voz cálida que susurra y acaricia. El otro es éste, el de la prensa impresa con el sudor de su tinta, el de los libros espléndidos, el de la marca Olcades, que es la marca Cuenca. Es claro, sin más distancias que tres horas en tren, de Cuenca a Valladolid, el parangón del escritor y periodista con Delibes: aquel gran Don Miguel en “El Norte de Castilla” y el Muñoz nuestro, siempre en cuarto creciente, en esta Castilla más al sur, más preterida aún, pero, al fin, su preferida.

Prensa y radio. Había entre nosotros un tercer hombre, primero e impar, que aunaba por edad y por galones la jefatura del prestigio en ambos medios: Luis Calvo Cortijo. Íntimo de Muñoz y compañero de singladuras ciertas con incierto porvenir, mas rematadas con éxito.

Virgen de las Angustias. / Foto Gregorio Cubillo (*)
Virgen de las Angustias. / Foto Gregorio Cubillo (*)

Ahora contamos y avanzo, por lo que estamos: Luis se las sabía todas de la Semana Santa. Por fuera y por dentro: infinidad de programas emitidos y, en el ciclo, cofrade. Lo recuerdo revestido de Los Espejos y en las Turbas. Y sobre todo un Miércoles Santo, de capataz de banceros del Prendimiento: aquí mismo, detrás y debajo, en las estrechuras del Peso; el Paso detenido, sin músicas; él de blanco y de blanco, con la cruz de corazones. No se le ocurrió golpear con su cetro de bola en el banzo, ni menos en las andas maravillosas de nogal talladas por su tío Nemesio, casado con Pepita Cortijo, y por Modesto. Y en medio de un gran silencio sonó, resonó, rectoral, radiofónica, algo nasal, sintonizada, la voz suya: “¡Vamos, señores!”. Y la oliva se alzó. Eran los años setenta.

Y en el centro de esa década sucedieron cosas; vaya si pasaron. Junio del setenta y cinco: primer número de “El Banzo”, revista conquense; Editor-Director: José Luis Muñoz. Una osadía y un milagro. Y el título, por todos los conceptos, una definición. Aquí os muestro esta colección encuadernada mía, regalo de mi hermano Ramón Gómez Couso. Imprescindible entonces y ahora. Por cierto: ya en ese número uno hay una entrevista a Marco Pérez, que en la gloria está y en su Sala, con su retrato, estamos. Y nos dice Don Luis: “No hay derecho a que se toleren algunas de las casas de la calle de San Pedro”. Puntos suspensivos.

Fue, en fin, el bautismo de fuego, el triple salto no mortal: vital; la eclosión de José Luis más allá de la prensa diaria, para arriesgarse, y de qué manera y en qué momento, por cuenta propia.

Foto de José Luis Pinós del Libro Semana Santa de Cuenca. La PLaza Mayor con coches y poca gente. Esta imagen es ahora impensable, con la Plaza abarrotada.
Foto de José Luis Pinós del Libro Semana Santa de Cuenca, de 1976. La PLaza Mayor con coches y poca gente. Esta imagen es ahora impensable, con la Plaza abarrotada cada Domingo de Ramos.

A los pocos meses, año setenta y seis, llegaron casi a la vez dos libros emblemáticos, clarísima declaración de intenciones y, yendo a más y al fondo, de amores. El segundo, verdadero mito: “Tierra de Cuenca”, textos de Muñoz y fotos de un jovencísimo José Luis Pinós Ramírez, compartido hasta el apellido por parte materna.

Pero es que el primero, y así consta en el elenco ahora larguísimo hasta el asombro, es esta pequeña joyita que os estoy mostrando. Su título: “Semana Santa de Cuenca”, con el subtítulo “Declarada de Interés Turístico Nacional” (lo que era entonces y todavía no se ponía en el cartel oficial). Textos de Muñoz, Calvo, José Ángel García, Jesús De las Heras y Juan Ruiz Garro; fotos de Carlos Albendea, Julián Martínez Pérez y Pinós, esto es, una santísima trinidad, sin desmerecer a otros y muy buenos fotógrafos antiguos, modernos y por venir.

Compramos aquel, este, librito, con humana devoción; los más jóvenes, era mi caso y en mi casa, casi lo devoramos exclamando un ¡por fin!, porque como bien reza, es un escribir, el primer titular del interior, página cinco, estábamos ante “Un mundo inexplorado”. Hace de ello cuarenta y un años.

Volvemos al Muñoz de la prensa, sin irnos de la Semana Santa. Porque periclitado aquel diario local en el que algunos comenzamos a publicar textos, incipientes y algo insolentes, llegó el apagón ominoso y tremendo: la Cuenca sin periódico. José Luis se remangó y, en seguida, nació “Gaceta Conquense”, otro hito, otro reto, el mismo rito. Esta vez, un semanario, con una cabecera que recordaba la de “El País” y con mucha miga, sabroso y sustancioso. Una suerte, la mía, haber colaborado allí muy de cuando en vez; por supuesto sin censura alguna, sin tacha o trampa, sin tocarme jamás ni una coma a los originales.

Farol Descendimiento. Foto Gregorio Cubillo (*)
Farol Descendimiento. Foto Gregorio Cubillo (*)

Los extras nazarenos de la Gaceta, primaverales y en flor, fueron el no va más: batieron propio récord de tirada año tras año, hasta precisar, a la carrera y agotados, segunda edición, cinco mil ejemplares totales, con una calidad altísima en contenidos y formas, y firmas. Ahí fue pieza clave, compañero de viaje y catedrático de máximo prestigio en la materia, José Vicente Ávila Martínez, el hombre amable, infatigable, pequeño gran sabio, que lleva pregonando urbi et orbi, va para medio siglo, nuestra Semana Santa y este año lo hará además desde el altar de San Miguel.

Queda la gloria inmarchitable y un aroma a verdad. Y el callado clamor de lo que escrito está.

Luego José Luis siguió a lo suyo, que es lo nuestro. Gestando y pariendo libros, con dolor y con amor. Echándole valor sin precio al quijotesco empeño de editar, de seguir, de insistir. Con su propia revista “Olcades”, nunca guadiana y siempre manantial; con su muy querido Diego Jesús Jiménez en “Diálogo de la Lengua”; impulsando, en haces de luz de un mismo sol, las colecciones de su personal sello, que ahora mismo en activo son cuatro, como los puntos cardinales en una rara brújula que apunta perennemente a Cuenca: sus imágenes, sus temas, sus tierras, sus cosas y sus gentes.

José Luis Muñoz en la redacción de "Diario de Cuenca" en una tertulia. Foto Pinós.
José Luis Muñoz en la redacción de “Diario de Cuenca” en una tertulia. Foto Pinós.

Y por descontado, que contado ha de quedar, sin renunciar a su quehacer de columnista, a esa aventura, venturosa y difícil, apremiante y hermosa, de escribir al límite del cierre, en tiempo de descuento, ese su texto nuestro de cada día. Y además, con calidad y calidez, bueno como el pan recién horneado: que sale hoy.

Eso hizo y hace, en todos los terrenos, ajenos y fragosos; trece años en “El Día de Cuenca”, de rival a huésped, con su columna diaria bajo un título que ahora es leyenda: “Sunset boulevard”, magistral como esa película homónima de cine negro, mucho flashback y buena música, que comienza mostrando el bordillo de una acera; vamos, que muy al caso. Y, en el presente, en “La Tribuna de Cuenca”, cada sábado en los kioscos, compartiendo medio con Domínguez Millán, Miguel Romero o Pepe Monreal.

Así es que, en esto, con verdad absoluta y sin irreverencia alguna, José Luis perdura atado a la columna, él tan acostumbrado a romper las amarras y las olas.

Pasaremos en un vértigo, a muy alta altura, otras circunstancias suyas que también más y mejor lo enfocan: sus múltiples servicios a Cuenca desde el Ayuntamiento, que veinte años no es nada pero sus obras muchas y en ese fecundo tiempo sí que pude llamarle, funcionarios ambos, “querido compañero y sin embargo amigo”, frase favorita mía copiada del gran Alfonso Sánchez; o su constancia, con el mejor premio, de mantener vivo y coleando el Cine Club Chaplin. Por fin, para sumar al séptimo arte los otros seis y acaso los que llegan, su condición de Académico de la Conquense de Artes y Letras.

Paso a paso avanzamos, porque llegan sonando, a ritmo de latido, esos tambores leales que siempre vuelven sin jamás haberse ido, paradoja y certeza. Es lo que nos ha convocado, a lo que hemos venido, porque José Luis, nunca lejos sino bien cerca, bien al lado, vuelve a vueltas con la Semana Santa, objeto, sujeto, verbo y predicado de este libro, del último como lo fue del primero; no separados, unidos por un hilván dorado de cuarenta y un años. Que son la misma entraña, el mismo fulgor; el mismo amor.

Foto: Gregorio Cubillo.
Foto: Gregorio Cubillo. (*)

En nuestras manos tenemos, primicial, palpitante, esta necesaria “Guía de la Semana Santa de Cuenca”, marca de la casa, nada secreta y del todo pública, sin santo y seña y llena de señas y de santos.

A ella nos acercamos con los cinco sentidos, empezando por el tacto, agradable, familiar, atractivo. Es un manual, en las mejores acepciones de la palabra según el diccionario de la lengua, esto es: libro en que se compendia lo más sustancial de una materia, fácil de manejar y fácil de entender.

Suena muy bien. Y sueña. Huele a imprenta. Y veremos a qué sabe.

Mirando la ficha técnica, salta a la vista un valor añadido: Diseño, La Red Creativa. Porque tras ese nombre se halla un hombre, Emilio Palacios, otro lujo que tenemos los conquenses. Es el mismo que, con las mismas, lo propio hace con la revista oficial “Cuenca Nazarena” de esta santa casa. Y aprovecho para afirmar algo notorio: esta publicación de nuestra Junta brilla y descuella sobre las semejantes que editan nuestras competentes competencias del sur y del norte.

Así es que Palacios, bien en forma y en vena, ha hecho su parte magnífica, desde la tipografía con serifa, esto es, con gracias o pequeños adornos en los caracteres, pasando por los márgenes adecuados y los remates clásicos para facilitar la lectura, rompiendo a veces con líneas rectas dándole su sitio y su importancia a las fotografías. Y es que en comunicación visual todo cuenta. Y aquí son, contadas y numeradas, trescientas veintitrés páginas en estucado brillo de ciento cincuenta gramos, que resaltan la imagen y la palabra y, por doquier, el bello tono del morado pasional.

Y sin dejar la estética, vamos al contenido. El índice, más que indiciario, es del todo revelador y sugerente: lo seguimos, de su mano, para recorrer la obra.

Foto Gregorio Cubillo. (*)
Foto Gregorio Cubillo. (*)

Abre con una Introducción que es una certera exposición de motivos. Enfoco y subrayo en amarillo, color de mi túnica del Viernes, esto que dice el autor: “En una Cofradía todos son iguales, todos asumen idénticos derechos y deberes. Su funcionamiento interno es puramente democrático.”.

Si es que esto es una verdad como un templo de los que nos rodean. Loadas sean, pues, nuestras Hermandades, maestras de la democracia antes de que la hubiera en España por primera vez. Y también cuando después no la hubo. En ellas aprendimos los de mi generación, desde niños, lo que significaba tener derecho a hablar; estar en el uso de la palabra; poder plantear propuestas. Que las decisiones se tomaban por votación. Que todos los votos valían lo mismo. Que lo que sacase más votos es lo que se acordaba, lo que se hacía; lo que “iba a Misa”. Que no siempre ganaban los que mandaban. Y que éstos podían ser cambiados.

Sigue Muñoz con un más que apunte histórico general, yendo de lo universal a lo conquense, del ayer al hoy mismo, hasta avanzando el ya inmediato futuro para el Sábado de Gloria.

Y pasa, no de puntillas sino recreándose a sus anchas una a una, por todas las Hermandades, cada cual en su sitio, con su historia, sus hechos y sus nombres. Muy a la usanza conquense, José Luis aplica la regla no escrita, por él descrita, de la cronología. Y lo hace además doblemente. Primero, de un modo innovador, por antigüedad, en tres sucesivos grupos: las que tienen más edad, siglos la mayoría, aunque todas sean igual de Venerables; las fundadas inmediatamente después de la guerra fratricida y las creadas en tiempos modernos.

Foto Gregorio Cubillo (*)
Foto Gregorio Cubillo (*)

Y luego, para desarrollar, completa y ampliamente, de arriba abajo, de principio a fin, las Procesiones y sus itinerarios, lo hace conforme al canon: día a día y por su orden, de Ramos a Pascua; desfile a desfile; y, en cada uno, Paso a Paso.

Y en medio de este doble repaso, sobresale un capítulo espacioso titulado “La escenografía procesional conquense”, muy bien desarrollado y cuidadísimo, en el que no falta detalle, y actualizado al máximo. Aquí exprime José Luis su sensibilidad ante la “dimensión exterior, espectacular, teatral, de la Semana Santa”. Lucido y lúcido la presenta al que se acerca a Cuenca por vez primera en el mejor momento, cuando ésta abre sus pétalos, rosa de Pasión, para mostrar escenas y escenario, rotunda y verdadera en cuerpo y alma.

Pero es que a nosotros, a los de aquí, con él hombro con hombro, leyéndolo nos pone en situación, para juntos andar otra vez esta senda de ilusiones de cada primavera, de cada espera, la misma en apariencia y siempre nueva y sinigual: la Cuaresma, la subasta, la puesta, las procesiones infantiles, los conciertos, el cartel, el pregón, el vestir a la Virgen; que ya llega.

Cristo de la Agonía. / Foto Gregorio Cubillo (*
Cristo de la Agonía. / Foto Gregorio Cubillo (*

Y se mete, y nos mete, a la hora de la verdad, en los lugares óptimos, en el instante exacto, en la secuencia justa. Y así enumera y narra: la salida, la alegría de los Domingos, San Andrés, el Medinaceli en San Felipe, la curva de la Audiencia, el Peso, el Miserere, San Antón, los Monumentos del Jueves, el cromatismo en Carretería, la Plaza Mayor, Las Angustias el Viernes, los Tintes, El Encuentro. No se deja ni la decoración urbana: los reposteros, mosaicos y esculturas; de todo dando fe.

Ya sabemos que José Luis es valiente y no se corta, ni para contar las cosas, que para eso es periodista, ni para opinar, que para ello es libre y pluma autorizada: se lo ha ganado a pulso, como su decanato. De modo que, por su real gana, no elude lo que él llama “Los grandes temas”, empezando por lo más difícil, a saber: el Cabildo de Caballeros y Las Turbas. Llega y no se pasa, y no pisa. Y posa su mirada en los hechos como fueron, como son; explicados en familia y enseñando a quien no sepa pero quiera aprender.

Luego, salvadas las espinas y sin salirse del jardín y del guión, el paseo es más tranquilo, igual de ameno. Y nos lleva al Miserere de nuestras devociones, nudo en la garganta de niños y de hombres. Y nos trae a este Museo en el que estamos, relatando su génesis y su contenido expositivo, animando a visitarlo. Y dedica su parte, muy precisa y muy docta, a la Semana de Música Religiosa, que Dios guarde y te salve, que no la toquéis, cual dijo Acacia de la otra igual de santa, de la misma.

Y remata con un sabroso apartado, a doble página, sobre gastronomía, que entra por los ojos y por el sabor de lo que fue y será. Pone de moda lo eterno y aplica el conquensismo en la palabra: “pronúnciese garbanzá”. Naturalmente: porque así  decimos, garbanzá, clariná. Aunque también llamamos al amanecer santo por su nombre: madrugada. Recordemos los versos: “En la fría madrugada, Cuenca los mira pasar”.

Foto Gregorio Cubillo (*
Foto Gregorio Cubillo (*

Se acerca el final, en volandas las hojas que se agotan, pero no las ideas. Y Muñoz, que tampoco se olvidó de darles su lugar y su tiempo a los rituales religiosos del Triduo Sacro, incluye un novedoso capítulo sobre “Las Iglesias de la Semana Santa”. Una a una las enseña: su historia, su arquitectura, su interior, sus Pasos. Y como es el primero, crea propio canon y las recorre en sentido descendente, desde San Pedro y la Catedral a Santa Ana, San Fernando y La Fuensanta. Y luego viaja al corazón: Viernes Santo en Las Angustias.

La Guía no se cierra, pero va ultimando. Un curioso y bien armado vocabulario semanasantatero, que empieza con almohadilla y termina con te de túnica, seguido de la bibliografía y las notas finales, ponen el colofón, el trío y la coda, a la melodía de las letras escritas.

El Salvador. / Foto Gregorio Cubillo (*
El Salvador. / Foto Gregorio Cubillo (*

Retratado queda lo visible y lo invisible. Para lo primero, en imágenes, son un primor las fotografías que ilustran, engalanan y enriquecen los textos del libro. Y aquí, como suele, desvela su faceta menos conocida, la de fotógrafo, el propio autor Muñoz. Lo hace, para este viaje que precisa las mejores alforjas, en muy buena compañía, la de Paolo Ocaña, con linaje nazareno y vista de lince, y sin que falte el escudero seguro, leal y magistral: Pinós.

Para lo segundo, eso que parece no verse pero es la esencia, está el espíritu de las palabras. Y las obras quedan. En su estética y en su ética.

Es verdad que José Luis Muñoz nos acerca de la mano al aspecto exterior de la Semana Santa, al espectáculo visual y sonoro, a las calles como soporte escénico y al decorado excepcional del paisaje. Que nos muestra en serena belleza una maravillosa realidad. Y para ello se sitúa fuera de la Procesión, espectador expectante. Pero no se queda ahí, frío como un témpano, como un carámbano. Que, caramba, no.

Porque el texto, más allá de las formas desde luego exquisitas, tiene alma, rezuma espíritu. Escrito está con mano firme y, a la vez, con íntimo temblor. Ahí te esperaba yo, querido amigo, seguro de encontrarte, ya sé que sin darte importancia a ti mismo, que al fin es una de las claves para entenderse y entendernos en este trance en todos los sentidos, colectivo y sublime.

Te has conmovido con emoción profunda. Con ese sentimiento que es personal y es transferible, aquí, en tu caso y en tu casa, en tu libro que nos guía.

Foto Gregorio Cubillo (*
Foto Gregorio Cubillo (*

Abro y repaso la lista de la Hermandad, venerable, de escritores conquenses sobre Semana Santa. Preferiría no decirte que te vas quedando de los más antiguos, casi el que más entre los de este lado, aunque te toque por eso gratis ser bancero de turno y hasta hermano mayor.

Estamos en ella de todos los colores, de toda clase y condición. Con diferente perspectiva sobre la Pasión compartida. Y así Antonio Pérez Valero la ve a través de su capuz; Pedro Miguel, Julián y muchos otros escrutando las actas de la historia; José Vicente desde su Cuencalvario; Lucas Aledón a vuelo de graja; Luis Calvo entonándonos su eterna canción íntima.

¿Y tú?. Pues te lo digo. Eres “nazareno de la orilla”, como ese chopo del inmortal poema, que algo también compartes con el árbol, impertérrito en los hielos del invierno y vestido de esperanza para la primavera.

Tú desde fuera, con tu procesión por dentro, mientras la nuestra pasa, a tu lado y del tuyo, como el río que nos lleva.

Y hoy, con este libro tuyo, para soñar leyendo.

Presentado queda. En hora buena.

Hermanas y hermanos; señoras y señores: “Guía de la Semana Santa de Cuenca”. José Luis Muñoz Ramírez.

Muchas gracias y buenas noches.

                                   José Miguel Carretero Escribano.

                                     Cuenca, 9 de Marzo de 2017.  

(*) Las fotografías que ilustran los textos de presentación del libro de José Miguel Carretero, sólo para este Blog, son  en homenaje a Gregorio Cubillo, fallecido recientemente).
 

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