Tarde triunfal en Illescas, con indulto y cartel de “no hay billetes”

Colocando el “cartel de no hay billetes”, el empresario de la plaza de toros de Cuenca y de Illescas (Toledo), Maximino Pérez, ha logrado su objetivo en el primer festejo de la Feria del Milagro de la localidad toledana, que cuenta con una flamante y moderna plaza de toros cubierta. El resultado del festejo no podía ser más triunfal, con un toro de José Vázquez indultado (“Fusilero”) y la salida a hombros, después de grandes faenas de Morante de la Puebla (dos orejas) y José María Manzanares (una oreja y dos orejas y rabo simbólicos), además del buen toreo de Pepe Luis Vázquez, que reaparecía y dio la vuelta al ruedo. Muchos famosos en los tendidos, entre ellos el escritor y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, a quien Manzanares brindó un toro. También se notó la presencia de numerosos aficionados conquenses.

 La crónica que ofrecemos es de Leo Cortijo, titulada “Por la gracia de Manzanares”, que extraemos de su cada vez más visitada web www.porelpitonderecho.com

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POR LA GRACIA DE MANZANARES

Leo Cortijo / POR EL PITÒN DERECHO

Está empezando a dejar de ser noticia el hecho de que José Vázquez indulte toros. La relación de amor que vive con las plazas que regenta el empresario Maximino Pérez no debe tener paragón en la historia del toreo. Illescas, como Cuenca ya ha hecho por partida doble, perdonó la vida a Fusilero. Otro retoño de la vacada madrileña que a partir de ahora padreará como lo hacen Carcelero o Escarcha, indultados en la ciudad de las Casas Colgadas. Ahora bien, este Fusilero tendrá un hándicap con respecto a sus hermanos. Y es que es un indulto que encuentra su principal razón de ser en la gracia de Manzanares. El alicantino se negó, tal cual, a matarlo.

Es cierto que el público lo pidió –al menos una parte importante– y que el animal era un dechado de buenas cualidades en la muleta. Pero también lo es que el presidente no quería concederlo. Es más, llegó a darle un aviso para que entrase a matar. Momento que Manzanares aprovechó para sentarse en el estribo y hacer claros gestos con la cabeza de que no. De que no lo mataba. Al usía, que se vio arrinconado, no le quedó otra que sacar el pañuelo naranja.

Manzanares toreó a placer. Foto: Julio Palencia
Manzanares toreó a placer. Foto: Julio Palencia

Todo esto llegó en el último capítulo de la tarde, como broche triunfal. La tauromaquia de José María Manzanares llevada a su máxima expresión. La ecuación, pues, resultó perfecta. Por un lado y desde el inicio, el de José Vázquez demostró lo que llevaba dentro, y es que suplió esa falta de casta, mordiente y poder, con una entrega absoluta en la muleta, con mucha calidad. Por otro, un toreo que compone la figura como ningún otro, que templa a las mil maravillas y cuyo trazo de muletazo parece eterno. Pero, al mismo tiempo, torea al hilo y no se enfrontila, retrasa la pierna de salida y no se ciñe en prácticamente todos sus muletazos.

Foto: Julio Palencia
Foto: Julio Palencia

Es cierto que ante este Fusilero hubo un plus en la versión manzanarista, y es que dibujó muletazos reseñables en los que la torería, la naturalidad en la cara del toro y el abandono del cuerpo, llamaron la atención en lo positivo. Manzanares torea como torea, y no hay más, pero esa versión más depurada llega a enamorar.

Con el primero de su lote, abanto y con la fuerza cogida con alfileres, solo encontró el acople en momentos puntuales y con la diestra, componiendo bien y templando mejor, pero con sus habituales carencias. Su trasteo ante un animal de buena condición se sumergió en cierta indiferencia, salvado eso sí con algún muletazo puntual, pero de mero acompañamiento.

Morante dejó su arte capotero. Foto: Julio Palencia
Morante dejó su arte capotero. Foto: Julio Palencia

Morante, como acostumbra. Una de cal y otra de arena. Pero ¡Ay Dios mío cómo fue la buena! La mejor versión del torero de La Puebla afloró con el segundo de la tarde, Estricto, que recibió palmas de salida. Morante hizo un monumento a la verónica en un saludo capotero de ensueño que puso la plaza patas arriba. Y por si una ración hubiera sido poca, otra más en el quite templadísimo y torerísimo. Inspiración absoluta. Entrega incondicional… El inicio por trincherazos y pases por bajo no pudo ser mejor y continuó la línea ascendente de la faena. El de José Vázquez fue un toro de bandera en los primeros compases, eso sí, sin apenas picar. En la segunda mitad y conforme el toro perdió gasolina, éste bajó el fuelle, pero aún así dejó algún natural en los que paró el tiempo. Auténticas obras de arte. Una obra que no terminó de ser perfecta porque la espada solo entró a la segunda. Como faena, de largo, la mejor de la tarde.

Foto: Julio Palencia
Foto: Julio Palencia

La cara mala llegó en el quinto capítulo, que ya empezó torcido cuando Esquivo fue devuelto tras un brutal encuentro con el picador, del que salieron dañados toro, caballo y casi picador. El Entusiasta sobrero que cubrió su sitio no debió gustar nada al sevillano, que encargó las labores capoteras a un sensacional Carretero. Tras mansear en varas y pasar de puntillas por banderillas, Morante montó su muleta con el estoque de verdad dispuesto a no dar ni uno. Macheteó por abajo, ayudó al toro para el final y mató, con muchas dificultades, a las primeras de cambio. Lo dicho, una de cal y otra de arena.

Pepe Luis Vázquez. Foto: Julio Palencia
Pepe Luis Vázquez. Foto: Julio Palencia

El gran protagonista de la tarde en un principio, Pepe Luis Vázquez, pasó de puntillas por el coso illescano. Y casi mejor, pues más vale la ausencia de noticias que las malas noticias. Se entonó brevemente en un quite con el que abrió tarde, que cumplió en el caballo más de lo que estaba establecido en el guión. Esa pelea pudo hacerle llegar sin demasiado fuelle a la muleta, que tomó como un bendito por su poca fuerza, sin humillar ni entregarse. Un Pepe Luis templado y torero hilvanó algunos muletazos de esencia torera… aunque a vuelapluma. Con su segundo, que recibió en varas más que todos sus hermanos juntos, tanteó y tanteó sin encontrar el acople de ninguna de las maneras. No lo vio claro y abrevió. Poco más que apuntar. Se le reconoce el gesto de querer volver y se admira y se recuerda todavía el gran torero que fue.

Foto: Julio Palencia
Morante, Manzanares y Vázquez, en el paseíllo. Foto: Julio Palencia
  • Plaza de toros de Illescas (Toledo). 1ª de la Feria del Milagro. Lleno de ‘No Hay Billetes’ en los tendidos. Se lidiaron seis toros de José Vázquez, el 5º de ellos como sobrero. Bien presentados en líneas generales. Noblón, descastado y blando el 1º; bueno en la muleta el 2º; blandito pero de buena condición el 3º; sin poder calificar el 4º; manso y descastado el 5º bis; e indultado el bueno en la muleta 6º, Fulisero.
  • LOS ESPADAS
  • Pepe Luis Vázquez: Vuelta al ruedo y ovación con saludos.
  • Morante de la Puebla: dos orejas y leves pitos tras aviso.
  • José María Manzanares: oreja y dos orejas y rabo simbólicos.

 

 

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