Desprendimientos en las Hoces que dejaron huella

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 14 DE MARZO DE 2017 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN

Se resiste el invierno a dejar paso a la llegada de la inminente primavera, pese a que en recientes fechas hemos tenido temperaturas casi veraniegas. Pero es en el invierno cuando la meteorología suele propiciar incidencias debido a la fuerza del viento, a las lluvias torrenciales y a las heladas que en algunos casos son excesivamente extremas, de manera especial en la Serranía conquense. Este martes, en Páginas de mi Desván, José Vicente Ávila nos propone que hablemos de estas incidencias que suelen ocurrir en meses invernales, bajo el título de “Desprendimientos en las Hoces que dejaron huella”, como por ejemplo el ocurrido el 23 de marzo de 1936 en la Hoz del Huécar, escenario que vivió otros hundimientos en los años 1947, éste con cuatro víctimas mortales, y 1965 en las Angustias, además del famoso desprendimiento en la Hoz del Júcar, a la altura de la Playa, de 1968 y de otras curiosas incidencias como los 23 grados bajo cero que hubo en su día en Tragacete o cuando el río Júcar amaneció helado en el puente de San Antón.

-Nos remontamos al mes de marzo de 1936 para dar a conocer un suceso poco conocido por el paso del tiempo.

-Fue el lunes 23 de marzo de 1936, recién estrenada la primavera, en unos días en que la “tormenta” podía llegar con la celebración de la Semana Santa, lo que motivó que el gobernador civil celebrase una reunión para asegurar que no se produjesen incidentes. Pero la verdadera tormenta llegó en  esa fecha referida del 23 de marzo en la que la ciudad de Cuenca sufrió un fuerte temporal de lluvia y nieve, centrado sobre todo en la Hoz del Huécar, en la que se produjeron desprendimientos de bloques de piedras desde el sitio conocido como el Hocino del Conde de Toreno, que posteriormente se llamaba Hocino de Kleiser y más tarde Hocino de Federico Muelas, como se dice en la actualidad, aunque en realidad pasó a ser el hocino de Saura, abandonado a su triste suerte, pues como bien sabes está prácticamente hundido. Curiosamente hacía seis años que se había producido otro gran desprendimiento de rocas que, según las noticias de entonces hablaban de “enormísimas piedras” las que cayeron.

Hocino del conde de Toreno, llamado de Kleiser, Federico Muelas y Saura. Hoy sólo quedan paredes y restos.
Hocino del conde de Toreno, llamado de Kleiser, Federico Muelas y Saura. Hoy sólo quedan paredes y restos.

-Vamos a conocer detalles de ese desprendimiento de piedras desde ese lugar que has citado como el del famoso y abandonado hocino.

-Si en 1930 ya se produjeron caídas de pequeños bloques de rocas, el nuevo desprendimiento del año 1936, cuatro años antes del comienzo de la guerra civil, supuso que quedase destrozado el acueducto de conducción de agua a la ciudad, dejando entonces a Cuenca varios días sin suministro de agua, lo que obligó a los vecinos a tener que recorrer grandes distancias para recoger el necesario líquido elemento, acarreando en cántaros con mulos y borricos. Decía la noticia que el Ayuntamiento, que se encontraba en difícil situación económica –vamos, nada nuevo bajo el sol— y parece un mal endémico, recurrió al Gobierno de la República para que el Estado pusiese remedio al gran problema originado. El llamamiento se hacía para que el agua potable pudiese llevarse al asilo, la cárcel y diferentes centros asistenciales, al tiempo de vigilar el estado sanitario. Al efecto el alcalde trabajaba con el inspector de Sanidad para poner remedio a tan importante problema.

Por lo que comentas, toda la ciudad se puso manos a la obra, tanto para acarrear agua como para ayudar en lo posible a quitar los bloques de piedra caída.

-Hubo una gran reacción, pese al difícil acceso, pues además de quedarse alguna piedra por el camino, el resto cayó sobre huertas y senderos. Se comentaba en la prensa que las mujeres, en grandes caravanas, buscaban el agua en manantiales cercanos a las Hoces del Júcar y del Huécar, y que como ya venía siendo costumbre, empleaban el agua de los dos ríos para fregar y el lavado de la ropa, sobre todo en el puente de San Martín, bajo las Casas Colgadas. Enfrente se veían las rocas caídas en la que los servicios municipales y voluntarios se afanaban en ir quitando. Once años más tarde, en diciembre de 1947, se produjeron otros desprendimientos en la Hoz del Huécar, en la zona de subida al Parador, donde cayeron grandes rocas que originaron varios sepultamientos de personas. En la provincia también se hizo notar el temporal de marzo de 1936, con lluvias torrenciales y nevadas, sobre todo en la Sierra, causando grandes daños a la agricultura. Se inundaron las vegas y se cortaron caminos, según publicaba la prensa nacional.

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-¿Cuánto tiempo se tardó para que la ciudadanía tuviese agua en sus casas?

-El periódico “El Defensor de Cuenca”, en su edición del 28 de marzo, seis días después de las torrenciales lluvias, informaba que “la avería sufrida en el canal de conducción de aguas a esta población, a consecuencia de la larga temporada de lluvias que llevamos, hizo que unas piedras del famoso bloque caído hace seis años, es decir el anterior desprendimiento de 1930, en el hocino del conde de Toreno, destrozara dicha conducción y quedase la ciudad sin el necesario líquido elemento. Las obras dirigidas por el arquitecto Alcántara, con los obreros municipales a sus órdenes, lograron que Cuenca tuviese agua con la mayor premura, habiendo sido solamente dos días los que ha escaseado el agua, aunque se procuró también servir al vecindario con los tanques del Ayuntamiento y Obras Públicas. Hay que tener en cuenta que en aquella época eran  muy pocas las casas que tenían agua corriente y había que ir a fuentes y pilones con cántaros y cubos.

Has comentado que tras este desprendimiento de 1936 se tienen noticias de otro suceso parecido en la zona de las Angustias.

-Aunque en los crudos inviernos se suelen producir pequeños desprendimientos con cierta asiduidad, el siguiente suceso de caída de rocas se produjo en el entorno de la ermita de la Virgen de las Angustias, sin que se produjesen víctimas, aunque pudo haberlas, dado que cayeron sobre la vivienda del santero. Ocurrió el 9 de noviembre de 1965. Bajando hacia las Angustias se aprecian unos dolmen de piedra o “tolmos” que son toda una referencia kárstica del singular paisaje y rincón de las Angustias, al que se llega tras bajar varias escalinatas. Martín Álvarez Chirveches hacía una somera explicación en su crónica en “Abc” para situar al lector ante el suceso: “La ermita de Nuestra Señora de las Angustias ocupa el eje de un paisaje que define todo lo que tiene de bello y agreste. Ahora, unos desprendimientos producidos en la mole rocosa que sobre la ermita se alza han originado gran preocupación entre los habitantes de la ciudad”. Y añadía: “Quizá por el tiempo y también por la persistencia de las lluvias, unos trozos de los “tormos”, que son como dosel del famoso santuario mariano, se desprendieron para proyectarse, si no sobre la ermita, sí sobre la vivienda que ocupa el santero”.

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Es decir, que las rocas cayeron desde el inicio de la bajada de las Angustias, por donde vemos esas gigantescas formas pétreas, que se asoman a la Hoz.

-Describía Álvarez Chirveches que piedras de tamaño más que regular cayeron sobre el tejado, abriendo brechas para llegar hasta el interior de las dependencia como si hubiesen caído proyectiles”. La mejor noticia es que la familia de santeros que cuidaba de la ermita no se encontraba en esos momentos en la cocina, que fue la zona más dañada. Se aconsejó a los santeros que dejasen la vivienda por unos días, hasta que se asegurase que no habría más peligros de derrumbes, y hasta allí se desplazaron el alcalde y el arquitecto municipal. Martín Álvarez terminaba su croniquilla con esta frase: “De momento no existe peligro inmediato para la ermita, donde se remansa el más expresivo paisaje de Cuenca y la devoción de los conquenses”.

De las efemérides conquenses que publica José Luis Muñoz en su web de “Olcades el rincón de las letras”, en la sección “Los días del pasado”, leemos que el 14 de diciembre de 1968 “Dos grandes bloques de piedra, desprendidos de las paredes de la hoz del Júcar, caen sobre el kilómetro 3 de la carretera de Tragacete quedando uno de ellos, el de mayor volumen, sobre la calzada, con interrupción del tráfico mientras que el otro impactó sobre la recién construida piscina de la Playa”.

Desde la zona marcada cayeron los bloques de piedra.
Desde la zona marcada cayeron los bloques de piedra en 1968. / Foto Josevi.

-Ese derrumbamiento de la madrugada del 14 de diciembre de 1968 lo pudimos escuchar los vecinos del Castillo, casi entre sueños. Nosotros teníamos la casa en el camino de San Isidro, y el derrumbamiento nos despertó en el silencio de la noche. Fue como un estruendo que nos sobresaltó, en una madrugada además de frío intenso. Ya con las luces del día pudimos ver la descarnadura de las rocas y los bloques de piedra que habían caído en la carretera y sobre la piscina de la playa, que se había estrenado ese verano y quedó destrozada. Se comentaba entonces que el gran desprendimiento había sido por los hielos. Y hace pocos años, y desde el farallón rocoso de enfrente, por el que tenemos el camino de San Isidro o de Valdecabras, cayeron dos grandes piedras que están sobre las laderas del camino andariego del Paseo del Júcar, cerca de la conocida como ribera de San Juan.

-Lo más importante es que de aquel gran desprendimiento no hubo víctimas y sólo os daños causados en la carretera y como decías de la flamante piscina de la Playa Artificial.

-Pues porque fue de madrugada y a esa hora no pasaban apenas coches, pues si la mole hubiera caído sobre alguno habría sido trágico. Se escribía en la prensa que “las filtraciones de aguas procedentes de la lluvia o embalsada entre las rocas, junto a los hielos pudieron ser la causa de estos desprendimientos”. Para que los lectores tuviesen conocimiento del lugar exacto de la caída de los bloques de piedra se citaba el kilómetro tres de la carretera de Tragacete y que las rocas habían caído desde la cima del monte por el que discurre el sendero o camino que conduce a la ermita de San Julián “El Tranquilo”. Una de las grandes moles quedó en la carretera, cortando la circulación en los dos sentidos durante casi un mes hasta que se pudo ir  rompiendo el bloque. El camino de San Isidro, que era poco más que un camino forestal y la ruta de Valdecabras, que era similar, se utilizaron para que circulasen los vehículos.

Imagen de la Hoz del Júcar muchos años antes del desprendimiento.
Imagen de la Hoz del Júcar muchos años antes del desprendimiento. Postal.

Ante el cariz del suceso, se informó de cuáles fueron las causas o se hizo una información más precisa para que la ciudadanía estuviese al tanto.

-La información más bien fue escasa y con decir que no habían daños personales ya bastaba, aunque las causas se debían a la meteorología, pues había llovido mucho en esas fechas y las madrugadas eran heladas. Para dar a entender los motivos de esos desprendimientos, que tenían su razón más fundamentada en el agua y las fuertes heladas, Álvarez Chirveches explicaba que “la formación geológica de las hoces conquenses dio lugar, en el transcurso del tiempo, a la impresionante silueta de los tormos y de las rocas que coronan los montes próximos a la ciudad, argumentando que las filtraciones de agua procedente de la lluvia o de la roca, los hielos y el viento, modelaron figuras caprichosas que componen un sorprendente museo (al aire libre, añadimos nosotros), desarrollado por los fuertes impulsos climatológicos climatológicos.

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-Vamos, que el mismo viento y el agua que modelan las rocas también puede destrozarlas con los hielos y deshielos….

-Es una buena explicación y así lo venía a entender el cronista para tener una razón sobre los desprendimientos: esa misma composición de las piedras da lugar a que muy de tarde en tarde se produzcan desprendimientos que deslizan monte abajo, arrasando lo que cogen en su camino”. Y recordaba, que un año antes, en 1967, pero en la Hoz del Huécar, frente a las Casas Colgadas, se había producido un alud rocoso en el lugar en el que una familia de etnia gitana había montado su campamento.

-Es decir, en el  mismo lugar en el que en diciembre de 1947 se produjo el fatal desprendimiento de rocas que se cobró varias vidas humanas, como ya comentamos en un programa dedicado a este suceso 

-Muy cerca de ese lugar, aunque en 1967 todo quedó en el susto. Como bien has dicho en su día hablamos largo y tendido de aquel luctuoso suceso bajo el título de “Un desprendimiento de rocas en la Hoz del Huécar se cobró cuatro víctimas en 1947”, que conmocionó a la ciudad, al quedar sepultadas, sin opciones de poder ser rescatadas. Se escribía entonces que  “un bloque de más de cinco mil toneladas obstruccionaba la carretera de Palomera, además de que un gran sector de la ciudad permaneció a oscuras todo el día a consecuencia del suceso. De milagro no hubo más víctimas, pues el bloque que cayó en la carretera derribó la caseta de arbitrios y los postes de la luz. El guarda había salido a pasear y se salvó, así como una pareja de novios que pudo salir corriendo en dirección al Portland, También se salvó el pintor catalán Jaime Serra, que era muy asiduo a pintar en esa zona. Pero la tragedia quedó marcada para siempre con esas cuatro víctimas”.

 Recuerdo que entonces comentábamos que la prensa refería que “el derrumbamiento de rocas en la margen izquierda de la Hoz del Huécar ha traído al recuerdo de los más viejos de la localidad otros derrumbamientos memorables, pero que no fueron trágicos”.

Y que son los que hoy estamos recordando, por ejemplo el de marzo de 1936, del que entonces no teníamos noticias. Uno de los expertos escribía al hilo de aquel luctuoso suceso de 1947 que las grandes piedras que tenemos en el lecho del río Júcar en la carretera de la Playa, entre ellas la Piedra del Caballo, estaban ahí por antiguos desprendimientos y hasta un técnico opinaba que en esta tierra nuestra el desprendimiento de rocas es un fenómeno frecuente”. Bueno, pues desde aquel desdichado suceso de 1947 hemos tenidos estos desprendimientos conocidos de 1965 en las Angustias; los de 1967 frente a las Casas Colgadas; el de 1968 que acabamos de comentar que destrozó la piscina de la Playa y algunos otros más recientes, como la caída de una roca hace unos años cerca de Las Grajas.

-Incluso en diciembre pasado hemos tenido un incidente de esta naturaleza, con una familia atrapada en la zona romana de Valeria.

-Las noticias nos decían que una familia, compuesta por dos adultos y dos menores, quedó bloqueada en el paraje cercano al yacimiento romano de Valeria. Se trataba de un desprendimiento de rocas que cortó el camino de acceso al lugar y, aunque afortunadamente no hubo daños personales, la familia no podía sacar el vehículo y tuvo que esperar hasta que las máquinas excavadoras allanasen el camino. Al parecer, las rocas y piedras se desprendieron de madrugada del cerro de Santa Catalina, lugar cercano a Valeria y muy cerca se encontraba aparcada la furgoneta de una familia granadina que había venido esa zona para hacer escalada. A raíz de esa noticia, que terminó felizmente para la familia de Granada, se comentó de nuevo que los desprendimientos son históricamente normales en las hoces de Cuenca.

"Ofensiva", 1958.
“Ofensiva”, 1958.

Nos decías que en esas efemérides curiosas en torno a la meteorología tenías algunos curiosos datos como los 23 grados bajo cero en Tragacete. ¿A qué fecha nos remontamos?

-Pues hasta el 24 de enero de 1958. Fue noticia de primera página en toda la prensa nacional y posiblemente internacional. Se informaba que en Tragacete el termómetro marcó 23 grados bajo cero, mínima récord en España. Se suspendieron todas las tareas agrícolas, las calles estaban desiertas y el vecindario en las casas al calor de las estufas y la lumbre baja. No se produjeron víctimas y lo que se agotó fue la leña, aunque con los montes tan cercanos no faltó el suministro. Como anécdota cabe decir que cuando llamaban al ayuntamiento para hablar con el alcalde tuvo que hacerlo el secretario, ya que el primer edil, Valentín Sevilla, se encontraba enfermo en cama desde hacía varios días. A Valentín Sevilla le conocí pues trabajó en el Servicio de Montes, el antiguo ICONA. Además del frío y de los desprendimientos, tenemos las nevadas.

Si mal no recuerdo, una de las nevadas más copiosas de los últimos años se produjo en diciembre de 2009, que fue muy comentada.

-Fue el 14 de diciembre de ese año que ya es histórico, pues un gran manto de nieve que cubrió más que de blanco la capital de la provincia y la Mancha, de tal manera, que hacía más de 30 años que no se veía una nevada tan copiosa, que llegó a alcanzar los 25 y 30 centímetros. En la Serranía, tan acostumbrados a ver nevar, apenas si se extrañaban de la cantidad de copos que cayeron en el adelantado invierno, con su acompañamiento de frío helador, que dejó en los termómetros temperaturas de hasta diez grados bajo cero. Esa nevada histórica fue recogida por los informativos de varias televisiones nacionales, con lo que las postales de la Cuenca blanca y la vertical silueta de la ciudad colgada entre copos  de nieve dieron la vuelta al mundo informativo. Pero la que fue nevada histórica fue la del 6 de febrero de 1606, pues cayó en Cuenca una nevada tan grande que causó muchos daños, duró largo tiempo y encareció la leña por la dificultad en transportarla y tan necesaria para estufas y lumbre baja. Y eso que los montes conquenses son un pararrayos para evitar grandes nevadas. A propósito de ello “El Consultor Conquense” de 1894 recoge algunos datos interesantes sobre la climatología de Cuenca, y de manera especial cómo los inmensos pinares que tenía la Sierra conquense evitaban las granizadas:

 “Hace algunos años, antes que las necesidades de las herrerías por un lado, y las cortas y rozas por otro, hubieran hecho desaparecer la mayor parte de los bosques de pinos que cubrían los montes, aunque frecuentes las tempestades, como es fácil concebir supuesta la evaporización activa que se produce durante los veranos en los valles, condensándose los vapores en las alturas, era casi desconocido el granizo en la provincia de Cuenca, y las lluvias de tempestades eran menos frecuentes que hoy”.

“Explicábase el hecho, no sólo por la existencia de los bosques, sino porque los pinos, con su gran altura y forma piramidal, y sus hojas prolongadas y terminadas en punta, obraban cual verdaderos pararrayos, destruyendo o neutralizando la electricidad atmosférica, pues habíase observado que una nube tempestuosa, si encontraba en su marcha un pinar de buena extensión, al salir de él, en lugar de piedra que antes arrojaba, sólo dejaba caer agua.

Hoy son sumamente frecuentes las granizadas en la provincia, y lo serán cada día más, llevando la ruina y la desolación a los labradores, si no se pone coto al sistema destructor que se sigue con los bosques de esta región, una de las muy contadas en España, donde todavía hay una riqueza forestal importante”.

Embalse de la Toba helado en enero de 2017. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)
Embalse de la Toba helado en enero de 2017. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

 Terminamos José, pues tenemos la llegada de la primavera a la vuelta de una semana, pero si la helada de Tragacete fue histórica, no es noticia el frío en nuestra capital y provincia, aunque sea al menos para curar los embutidos que por aquí se hacen.

-Para el frío tenemos el remedio del calor, y claro que sí, que cura los chorizos y los jamones. Bien conoces un dicho que decía que Cuenca sólo tenía dos estaciones: la del ferrocarril y la del invierno. Pero si de frío hablamos, con temperaturas tan bajas cada invierno, cabe recordar que el 15 de febrero de 1829 el río Júcar amaneció completamente helado hasta el punto de que los ganados pasaban sobre hielo de una a otra margen, y al decir del historiador Muñoz y Soliva, se tiraban piedras de cuartilla desde el puente de San Antón, sin que rompiesen el hielo. Bueno, y no sé si recordarás que este invierno hemos tenido algo parecido por algunas horas en el embalse de la Toba. En fin Paco, que hace unos días llegó el verano sin pasar por la primavera, y ahora hemos vuelto al invierno sin que la primavera diga aquí estoy, aunque los almendros en flor nos avisan de que la tenemos aquí mismo, sin colgar el abrigo.

 

 

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