Algunas pinceladas históricas de la Soledad del Puente y un Jueves Santo de granizo y morado

Por José Vicente Avila (Pregonero de la Semana Santa de Cuenca 2017)

El pasado sábado 11 de marzo se celebró en la parroquia de la Virgen de la Luz la anual Conferencia que cada año ofrece el Pregonero de la Semana Santa de Cuenca, durante el acto en el que la V.H. de la Soledad del Puente rinde homenaje a los hermanos más antiguos. Tras la presentación realizada por Francisco Ruiz, el pregonero de 2017, José Vicente Ávila, trazó “Algunas pinceladas históricas de la Soledad del Puente y un Jueves Santo de granizo y morado”, refiriéndose a la procesión de Paz y Caridad de 1998.

“Buenas noches:

Secretario de la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad del Puente, directivos y hermanos mayores. Aceptando vuestra invitación aquí estoy, como pregonero de la Semana Santa de 2017, para cumplir con vuestro calendario de actos con esta pequeña conferencia o charla nazarena, que no es un Pregón, claro, que he titulado “Algunas pinceladas históricas de la Soledad del Puente y un Jueves Santo de granizo y morado”… que se puso muy negro. Me sumo además al homenaje a los hermanos más antiguos de la Soledad y pido a los jóvenes que sigan su ejemplo, porque ellos trabajaron en pro de la Hermandad y de la Semana Santa, en tiempos más difíciles. Esta tarde tienen su premio y para ellos pido este aplauso.

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Se acaban de cumplir doscientos años, este 9 de marzo de 2017, desde que la iglesia de la Virgen de la Luz es propiedad del Ayuntamiento de Cuenca, con cesión al Obispado para el uso religioso, y ello debe ser un motivo de celebración para ahondar y conocer mejor la historia del Santuario de la Patrona de Cuenca, trayectoria bien recogida por Pedro Miguel Ibáñez y otros autores en el amplio Volumen titulado “La Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el barroco conquense”, además de ser sede de la mayoría de las imágenes que desfilan el Jueves Santo en la procesión de “Paz y Caridad”  de la Semana Santa de Cuenca.

 Fue el 9 de marzo de 1817 cuando la Corona española cedió la iglesia al Ayuntamiento, en suma a la ciudad. “El Rey Fernando VII firmó la correspondiente Real Orden disponiendo en ella la entrega de las llaves y enseres al Ayuntamiento que, en sesión del 9 de abril, comisionó al regidor Ignacio Rodríguez de Fonseca para hacerse cargo de esos bienes”.

Una vez realizadas las obras de reparación  de los daños sufridos por los franceses durante la guerra de la Independencia de 1808, la iglesia de la Virgen de la Luz, que fue entronizada muchos años después como parroquia, el 1 de junio de 1958, la mayoría de las imágenes que desfilan el Jueves Santo en la procesión de “Paz y Caridad fueron trasladadas a este templo.

 Como bien conocéis los hermanos de Nuestra Señora de la Soledad del Puente, la imagen existente se veneraba en la ermita de San Roque, junto a las tallas de Jesús con la Caña.

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La ermita de San Roque estaba situada entre la ladera del llamado Cerrillo de San Roque y el campo de San Francisco y fue destruida por los franceses. Las imágenes salvadas fueron trasladadas a la parroquia de San Esteban, que estaba situada a la derecha de la Puerta de Valencia, junto al Convento de las Bernardas, en la bajada de Santa Lucía, en ese dédalo de calles que van hasta la calle de San Vicente, Alonso de Ojeda y la calle del general Mola. Algunos restos de iglesia y convento se perfilan junto al cubo amurallado de la Puerta de Valencia, bajando por Santa Lucía.

Desamortizada y desaparecida la parroquia de San Esteban de este lugar que concentraban varias iglesias en torno a la parroquia de El Salvador, como las de San Vicente, Santo Domingo y la Esperancilla, la iglesia de San Francisco pasó a denominarse parroquia de San Esteban, templo derribado en 1960 sin pensar entonces que suponía todo un atentado al patrimonio religioso conquense, edificio que enlazaba muy bien con las Escuelas Aguirre, y desde 1970 actual parroquia de San Esteban.

Pues bien, fue en febrero de 1818 cuando las imágenes procedentes de la ermita de San Roque, tras unos diez años en la antigua iglesia San Esteban, pasaron a engrosar las capillas y hornacinas de la iglesia de la Virgen de la Luz, bajo la advocación genérica de Archicofradía de Paz y Caridad, sin perder cada hermandad su propia identidad. Entre esas imágenes y hermandades que llegaron a esta iglesia de San Antonio Abad, y desde 1958 como hemos dicho antes, parroquia de Nuestra Señora de la Luz, Patrona de Cuenca, estaban la Soledad del Puente, Jesús con la Caña, Jesús Orando en el Huerto, y Jesús Nazareno y la Vera Cruz y Sangre de Cristo.

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José Vicente Avila en la parroquia de la Virgen de la Luz.

Por tanto, para el próximo año 2018 ya tienen la mayoría de las Hermandades que conforman la procesión de “Paz y Caridad·, y por ende la Archicofradía, el motivo suficiente para celebrar los dos siglos de permanencia en esta iglesia, que además es patrimonio de los conquenses por esa cesión real.

Dos siglos dan para mucha historia, aunque en este caso vamos a hacer un paralelismo entre dos Semanas Santas, con cien años de diferencia, amén de incluir algunas otras curiosas historias o pinceladas referidas a Nuestra Señora de la Soledad, conocida como del Puente, como también se conocía con esa denominación de Virgen del Puente a Nuestra Señora de la Luz, y ello mueve a tener dudas si en la procesión de rogativas de 1847 salieron en procesión desde San Antón hasta la Catedral el Nazareno con la Cruz a cuestas (Jesús del Puente) y la Virgen del Puente (la Soledad) o nuestra  Patrona la de la Luz.

(Hago un paréntesis para decir que hace algunas fechas le envié a la Hermandad hermana, y valga la redundancia, de Jesús del Puente la portada de una “Novena de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas, que se venera por su congregación en la iglesia de San Antonio Abad, extramuros de esta ciudad, escrita por el padre Fr. Cristóbal Rosel, reimpresa a costa de un devoto individuo de la congregación (o sea, hermandad) en marzo de 1832).

SEMANA SANTA ESPLENDOROSA LA DE 1898

Vamos a situarnos en el año 1898. Los vientos de la guerra de Cuba, con presencia española, se notaban en el ambiente con la lógica preocupación. Llegaron las fechas procesionales, con el Jueves Santo el 7 de abril. El tiempo fue esplendoroso en los días de aquella Semana Santa de hace 119 años. Los fieles llenaron los templos para ganar la indulgencia plenaria y pedir por el fin de la guerra de Cuba. Las procesiones resultaron muy lucidas y concurridas, “y más ordenadas que en años pasados”, se decía en la prensa.

 En aquellos años de finales de siglo sólo existían cuatro procesiones en Cuenca, pues la del Silencio desfiló por vez primera el 19 de abril de 1905, y en la del mediodía en El Calvario sólo procesionaba el Cristo de la Luz (Vulgo de los Espejos).

    En la Semana Santa de 1898, el Jueves Santo salió de la iglesia de San Antón la procesión “de costumbre”, es decir, había nucha antigüedad, con las imágenes de Jesús en el Huerto, Jesús con la Caña, Jesús Nazareno y la Soledad. Al llegar el cortejo a la altura de las Cocheras (junto a la Audiencia) se incorporó desde la iglesia de Santo Domingo la imagen de Jesús Atado a la Columna, y en la calle del Peso, desde San Andrés, el Ecce-Homo, propiedad de Jacinto Pedraza, que por esas fechas era el testamentario de los señores Patronos de la memoria de D. Santos López, que subastó en el mes de abril seis casas de la Puerta de Valencia y del barrio del Castillo y una huerta en la Hoz del Huécar. Vamos, un señor con poderes.

Para completar la información breve de aquella Semana Santa, digamos que “a las seis de la mañana del Viernes Santo y de la parroquia de El Salvador, salió la procesión de la madrugada, con las imágenes de Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, con dirección a la Catedral, sin especificar el recorrido.

  A las diez de la mañana, también desde El Salvador, y en la misma dirección, salió la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, con su única imagen, y ya se dejaba entrever, entre líneas, que esta procesión “irá introduciendo reformas”. Cuatro años después, en 1902, y tras la firma de las Concordias, salía por vez primera la procesión “Los Misterios desarrollados en el Calvario, que dan origen a la actual, y que tiene algún protagonismo en las Hermandades de la Soledad del Puente y la Soledad de San Agustín, al portar entre ambas la imagen de la Virgen de las Angustias.

La Soledad sin palio. Foto Antonio Texeda.
La Soledad sin palio. Foto Antonio Texeda.

    La procesión del Santo Entierro desfiló a las cinco de la tarde desde la parroquia de El Salvador,  con las tallas del “Entierro de Nuestro Señor Jesucristo” y “María al pie de la Cruz”, con presencia de todas las autoridades, así como las Bandas de Música Municipal (dirigida por el maestro Agúndez, que había desfilado por vez primera en Semana Santa un año antes) y la de la Casa de Beneficencia, denominada Banda Provincial.

Como hemos referido antes, en la primera procesión en “El Calvario”, titulada “los Misterios desarrollados en el Calvario”, de 1902,  la imagen de la Virgen de las Angustias, que se veneraba en San Felipe, procedente de la ermita de San Jerónimo, y que estaba atribuida a Salcillo, aunque su escultor fue Isidro Carnicero Leguina, hijo del gran imaginero Alejandro Carnicero, fue llevada en hombros por hermanos de las cofradías de la Soledad del Puente y de la Soledad de San  Agustín, posiblemente en las andas de vuestra hermandad, que habían quedado libres el jueves, pues en principio la imagen la iban a llevar los esclavos de Nuestra Señora de las Angustias del Santuario de la Hoz del Júcar.

En 1905 los cofrades de las dos Hermandades de la Soledad volvieron a llevar la imagen de la Virgen de las Angustias, en este caso la que hizo Tomás Marqués, estrenada en 1904, año de la muerte del escultor Carnicero Leguina, pues la cofradía de la Virgen de las Angustias actual data del año 1925.

En los años 1929 y 1930 se publicó en un programita comercial de Semana Santa, que durante unos años hizo José María Poralés, con curiosos artículos nazarenos, aparecía entre los actos del Viernes Santo una procesión que partía a las diez de la noche desde San Antón, con la única imagen de la Soledad del Puente, formada exclusivamente por mujeres y que terminaba en la ermita de las Angustias.

JV Soledad fotos

JUEVES SANTO DE NIEVE, LLUVIA, VIENTO Y GRANIZO

Cien años después de aquel tiempo esplendoroso de 1898 llegamos a la Semana Santa en la que el mal tiempo fue protagonista. Estaba previsto que la procesión de “Paz y Caridad” de aquel Jueves Santo, que ya es historia, fuese ofrecida por primera vez a través de la 2 de TVE  y su canal internacional durante la bajada desde la Plaza Mayor, a su paso por las calles de Alfonso VIII y Andrés de Cabrera, pues además ese año la televisión pública ofrecido todos los Oficios desde nuestra Catedral, admirada en todo el mundo televisivo.

 La lluvia impidió aquella retransmisión, pues la procesión fue suspendida por el constante aguacero tras su ascenso de “correprisa” a la Plaza Mayor y Catedral. Esperamos que este año, que se anuncia de nuevo por la 2 de TVE y el Canal Internacional, y otros medios más novedosos, el tiempo colabore y nuestra procesión de Paz y Caridad asombre al mundo cuando ascienda por San Felipe y Alfonso VIII hasta la Plaza Mayor,  y por ende, asombre igualmente la talla de nuestra Soledad del Puente, obra de nuestro insigne escultor Luis Marco Pérez, y su forma de desfilar, cerrando el cortejo más antiguo de nuestra Semana Santa, junto al del Santo Entierro.

soledad sale

En aquel Jueves Santo de 1998, Tele Cuenca ofrecía en “falso directo”, es decir con montaje posterior de las imágenes grabadas a pie de calle, las procesiones de Semana Santa, que se emitían horas después. Dado que la procesión la hicimos en la subida, y digo hicimos porque la narración era mía, con el apoyo poético ese año del poeta Joaquín Racionero, situando las cámaras en el edificio del entonces Conservatorio de Música, actual sede de la UIMP, pudimos grabarla al completo con toda su secuencia de la lluvia, el granizo, la nieve y el final de la impotencia de la lluvia que arreciaba, con la imagen de la Virgen de la Soledad del Puente en la curva de la Audiencia, entre dudas de si seguir hacia arriba con peligro de deteriorar el palio y las andas, o de tomar la calle de Santo Domingo, como bien se hizo.

Narrando la procesión, cuando observé que los banceros iban en dirección a Santo Domingo, pensé y comenté que irían hacia El Salvador. Pero no, la Virgen fue llevada hasta su flamante nueva sede, que se había inaugurado y bendecido un mes antes.

Fue el sábado 7 de abril, con la presencia del obispo Ramón del Hoyo, a quien el directivo Francisco Recuenco le fue explicando las actividades que se iban a llevar a cabo y le mostraba una Exposición de fotografías que recogían la historia de la hermandad desde 1927 hasta 1972, el año que desfiló por vez primera con manto.

 Quién  iba a pensar que un mes después fue la propia Soledad quien se “acercase a ver” su sede”, pero por los imponderables del mal tiempo. De ese desfile de Paz y Caridad que la 2 de TVE no pudo ofrecer, quedan las imágenes para la historia de la televisión local y la voz de quien esta tarde les habla desde esta iglesia.

Aquella procesión que quedó rota a medio camino, me causó una gran impresión y al año siguiente montamos un vídeo con esas imágenes para el programa que hacíamos en Tele-Cuenca de “Banzos y Capirotes, además de aparecer el texto en el extra de Semana Santa de El Día de Cuenca de 1999, con el título de “Jueves Santo de granizo y morado”, con fotos que también son historia.

“Puede ser irrepetible. Un Jueves Santo como el de 1998 quizá autentifique el propio Camino del Calvario en tarde de truenos, relámpagos y granizo; la procesión de Paz y Caridad de 1998 se convirtió en el desfile penitencial del verdadero esfuerzo de nazarenos y banceros por sacar a la calle sus pasos, sus guiones y estandartes.

La procesión había salido como cada Jueves Santo de la parroquia de la Virgen de la Luz. En el interior de la iglesia la imagen morena de la Patrona de Cuenca iba despidiendo desde la verticalidad de su altar, que es Cuenca, uno a uno a los nueve pasos que integran el cortejo. Una despedida entre dos luces, bajo el rumor del Júcar, protegido por  los hilados chopos de la orilla de San Antón, nazarena de cada Jueves Santo.

La tarde se tornaba gris, el frío se dejaba sentir y el viento se encaprichaba de guiones y estandartes. La calle de Palafox, la primera cuesta del serpenteante recorrido, se convirtió en la Jerusalén viviente de atormentado dolor y de tormenta que barruntaba la suspensión del cortejo procesional.

Ascendía con cierta celeridad el Cristo de las Misericordias. Cristillo de Paz y Caridad, a hombros de los banceros de la Archicofradía; la talla de Marco Pérez, con toda su severidad, se mezclaba entre el vaivén de las hojas de los árboles, casi vestidos de primavera.

 Los sonidos de marchas procesionales ponían el acento nazareno en tarde de lluvia inminente. El Huerto de los Olivos, calle arriba penitente, sin prisa pero sin pausa: caen las primera gotas…

Tele-Cuenca retransmite el cortejo nazareno; túnicas moradas y amarillas de los hortelanos de la ribera del Júcar y de los canteros. Jesús Amarrado a la Columna, flagelado por el sayón y por la lluvia. Los banceros dan la lección del esfuerzo compartido; el viento se deja notar y la procesión sigue ascendiendo entre sones de bandas de música que también desafían a la meteorología.

Y de repente, en medio de la tormenta que arrecia, Jesús con la Caña. (Recordaba entonces en mi mente, aquella anécdota de un Jueves Santo cuando la procesión de Paz y Caridad desfilaba por la parte baja de la ciudad en su descenso desde la Puerta de Valencia. Rafael Núñez radiaba en directo la procesión para Radio Peninsular de Cuenca: “Carretería es un río humano… y al fondo aparece Jesús con la Caña….”)

Volvemos a la tarde de Jueves Santo de 1998. Túnicas y capuces escarlata que resaltan en la tarde mojada; impresiona ver la serena imagen tallada por Coullaut Valera, con la clámide o manto rojo al vuelo mostrando su desnudez mientras los banceros se esfuerzan por envolver la escultura entre fundas de plástico. Sencillamente emotivo. La imagen recobra aún mayor emoción dolorida. Gotas de sangre y agua.

Ecce-Homo de San Gil y San Antón en su Cincuentenario, mirando hacia los nubarrones negros y hacia Santo Domingo. La pequeña gran talla, salida de la gubia de Marco Pérez, se protege también entre plásticos, vigilada por sus lictores romanos. Arrecia la tormenta en la tarde nazarena, escampa y vuelve a diluviar.

Jesús Caído y la Verónica desfila también airoso en la tarde de perros de desbandada nazarena; túnicas y capirotes empapados: Rosana, camarera de la Verónica, enjuga el rostro de Jesús, la última obra de Leonardo Martínez Bueno. Los banceros de la Verónica siguen calle arriba, en hombros de la corriente que cantó el poeta: “Agua lenta del dolor, monte arriba penitente y en hombros de la corriente, crucificado el Amor…”

Con el Auxilio parece que va a escampar, continúa su andadura la procesión de Paz y Caridad por la calle de Palafox, camino de la Plaza Mayor, donde los pasos tendrán cobijo en la Catedral. Los banceros de Jesús del Puente saben lo que llevan bajo sus hombros, caminan pausadamente; los colores morados se matizan en uno solo.

 A ritmo de tambores militares, de truenos y relámpagos, la imagen del Nazareno que diseñase Capuz, se impone en cada esquina por las cuestudas calles. Es la verdadera procesión del dolor y la verdadera rabia contenida de los penitentes, por cuyas tulipas el agua forma un hilillo procesional.

Y como cada Jueves Santo, cierra la procesión de Paz y Caridad la Virgen de la Soledad del Puente bajo palio; los banceros de túnica morada y capuz negro llevan con sumo cuidado a su Virgen; asciendes despaciosamente desafiando el temporal, que vuelve a arreciar con fuerte viento. El árbol del amor mueve sus quietas ramas, y caen algunas hojas como en otoño.

El pregonero entregó unas fotos de la Soledad para la Hermandad.
El pregonero entregó unas fotos de la Soledad para la Hermandad.

 En la misma esquina de Palafox la lluvia recobra tal intensidad que al final la imagen de la Soledad, con el palio como paraguas, es llevada hasta la misma sede de su Hermandad en Santo Domingo. Parecía una premonición. El cortejo procesional había quedado interrumpido, con músicos y nazarenos en desbandada, y finalmente suspendido.

La Soledad, en su soledad de su sede, frente a Santo Domingo, casi recién inaugurada, arropada por centenares de hermanos abrumados, pero al mismo tiempo agradecidos de haber podido resguardar el “paso” de las inclemencias meteorológicas.

 Arriba en la Plaza, la catedral, que había abierto sus puertas al mundo a través de TVE, abría también sus puertas para que los “pasos” de Paz y Caridad que habían llegado tuviesen también un hueco en las naves catedralicias, cerca del altar de San Julián, en su Año Jubilar”.

Yo espero, como he referido antes, que este Jueves Santo se cumpla el aforismo cristiano de que “tres jueves hay en el año que relumbran más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”, y que con ello podamos, a través de TVE, ofrecer al orbe cristiano y al mundo, la mejor imagen de la Semana Santa de Cuenca, declarada de interés turístico desde hace cincuenta años, e internacional desde 1980. De entrada ya contamos con el buen hacer de todos los cofrades de las hermandades que conforman esta Archicofradía.

                                                                                                                Cuenca, 11 de marzo de 2017

JV y Paco

ENTREGA DE UN CUADRO DE LA SOLEDAD

El directivo de la Hermandad, Francisco Ruiz, entregó a José Vicente Avila un cuadro realizado por Tomás Bux relativo al 75 aniversario de la talla de la Soledad del Puente, realizada por el laureado escultor conquense Luis Marco Pérez.

El pregonero, a su vez, entregó a la Hermandad varias fotografías para la sede y poder ser publicadas en su Boletín, así como fotolitos de los que se emplearon para un Extra de la revista “Cuenca Agraria” en la que una de las imágenes de la portada era la de Nuestra Señora de la Soledad del Puente.

HOMENAJE A ANTIGUOS HERMANOS

La VH de la Soledad del Puente, que celebra el 75 Aniversario de la llegada de la talla a Cuenca y de su primer desfile en la Semana Santa de 1942, quería agradecer de alguna manera durante este acto todo ese esfuerzo desinteresado de estas personas con un sencillo pero merecido homenaje junto a la que es el verdadero motivo de toda nuestra vida nazarena: nuestra Madre, la Virgen de la Soledad del Puente, señala la Hermandad en su muro de faceboook. Estos hermanos se han dedicado por entero a la Hermandad, bien sea con su trabajo, con su acompañamiento en las filas como nazarenos de tulipa, portando a la Madre sobre sus hombros, o con su atenta mirada desde aceras o balcones. Un tiempo y una dedicación que puede haber pasado desapercibido para muchos de nosotros pero que ha colmado sus vidas de esperanza e ilusión hacia la Madre de todos nosotros.

La Hermandad les daba las gracias por engrandecer la Semana Santa convirtiéndoles por un día en el centro de las miradas del resto de nazarenos de la ciudad. Este año se ha rendido homenaje a los siguientes Hermanos y Hermanas:

María Ángeles Pérez Pérez, Alfonso Olivares de la Rosa, María del Mar Gallego Azcoitia, Bonifacio Vega Villalba, Rocío Gallego Azcoitia, Joaquín Martínez Culebras, María Amparo Gallego Azcoitia, Antonio Herrera Piqueras, Nuria Gallego Azcoitia y José Manuel García Valero.

Los hermanos mayoers de la Soledad con el pregonero-cionferenciante. (Fotos Hermandad)
Los hermanos mayores de la Soledad del Puente con el pregonero-conferenciante. (Fotos Hermandad)

Los Hermanos Mayores y miembros de la JdD de la Hermandad les hacían entrega de unos bonitos cuadros con una foto de la Virgen, unos cuadros con un pedazo del fleco del Manto de la Virgen, y para las Hermanas, también unas perfumadas orquídeas recordando el adorno floral que siempre acompaña a la Virgen.

El acto contaba, como viene siendo habitual, con un Cuarteto de Cuerda que interpretaba diversas obras musicales de gran belleza  que servían también como cierre a un entrañable acto que reconocía la labor de estas personas en la Hermandad, se informa en su muro.

 

 

 

 

 

 

 

 

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