Las hogueras del 2 de mayo, una tradición de Cuenca que se apaga

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 2 DE MAYO DE 2017 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN

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“¡Un chavico para la Vera Cruz¡”… Con esta frase, los niños y niñas conquenses pedían antaño la ayuda para las cruces y las hogueras de la noche del 2 de mayo, una tradición que se mantuvo en Cuenca durante muchos años, pero que por mor de los tiempos se va apagando. Precisamente estos días el Ayuntamiento ha hecho pública una nota, a modo de bando, en la que leemos literalmente que “la noche del 2 de mayo se celebra la Noche de las Hogueras, por lo que muchos vecinos se reunirán en torno a estos encendidos”. Al efecto, desde el Consistorio, a través del Servicio de Bomberos y Protección Civil, se dan a conocer una serie de recomendaciones para aquellas hogueras que cuenten con permiso municipal, en la que se dice que la pila de leña no podrá tener una altura superior a dos metros, amén de otras limitaciones,  y que los organizadores de la hoguera deben estar en posesión del seguro de Responsabilidad Civil.

Este martes en Páginas de mi Desván, y bajo el título “Las hogueras del 2 de mayo, una tradición de Cuenca que se apaga”, José Vicente Ávila nos va a recordar cómo se inició esta tradición y cómo se celebraban aquellas hogueras y cruces de mayo en los primeros días del quinto mes de mayo que acaba de llegar y la situación actual.

-Hace diez años, en 2007, publicaba en mi columna de los lunes de El Día que “cada 2 de mayo, al anochecer, la ciudad de Cuenca se cubre de hogueras. La tradición se mantiene viva, como las propias llamas de las hogueras de la Cruz de Mayo. Desde San Antón a Tiradores, desde el Castillo a las Quinientas, desde Bellavista a Villa Román, desde la Plaza de la Merced a San Martín, desde los Moralejos al Pozo de las Nieves, desde el Paseo de San Antonio a Villa Luz, o al Silo XXI y todas las nuevas barriadas, Cuenca arde por los cuatro costados. Durante los días previos, los mozalbetes, chicos y chicas, se han ido apropiando de leñas y maderas para cumplir con esta costumbre que se va pasando generación tras generación. Pues bien, en 2014 apenas si se encendieron cuatro hogueras y para este martes 2 de mayo no sabemos si se encenderá alguna, dadas las limitaciones impuestas.

-Esta tradición de la noche de hogueras como recalca el Ayuntamiento o de las hogueras del 2 de mayo, ¿de cuánto data?

-Como tantas costumbres se remonta a la noche de los tiempos. No obstante tiene su origen en la Fiesta de la Invención de la Santa Cruz, muy celebrada en el orbe cristiano, con especial incidencia en nuestra provincia, pues además en la capital existía la Hermandad de la Vera Cruz, recuperada, e incluso la iglesia de la Santa Cruz donde se celebraba la gran fiesta el 3 de mayo. En algunas décadas más reciente, incluso, se citaban las hogueras del 2 de mayo como la celebración del heroico levantamiento hispano en la Guerra de la Independencia. En Cuenca era costumbre que, al anochecer del día 2, la ciudad se cubriese de hogueras en las que se quemaban todos los útiles domésticos sobrantes y después, en las ascuas, se asaban patatas o se ponían en  unas parrillas la carne y sardinas para pasar la velada entre algún cántico del “mayo” cuando el “jarabe de uva” o sea el vino, hacía sus primeros efectos.

Cruces de mayo. (Descubriendo Cuenca)
Cruces de mayo. (Descubriendo Cuenca)

Estas tradiciones, como la que estamos recordando hoy con las cruces y hogueras del 2 de mayo se solían recoger en la prensa de cada época, suponemos por formar parte de ese costumbrismo local.

-Aparecían entre líneas sueltas de párrafos sin título alguno, lo que dificulta mucho esa labor de búsqueda. Encontramos, por ejemplo, una breve reseña del año 1927 en “El Día de Cuenca” en la que se puede leer: “Anoche se vieron muy animadas las calles con motivo de la fiesta de la Cruz, especialmente las de arriba, siendo muchas las hogueras que duraron hasta bastante avanzada la noche. ¿Pero tan barata está la leña?, se preguntaba el cronista”  Añadía el periódico que “el día 3 de mayo se celebraban en las distintas parroquias de Cuenca la bendición de campos, costumbre que se tiene siempre en el día de la Santa Cruz”. Pero respondiendo a tu pregunta sobre los orígenes, fíjate que texto más curioso aparecía en el bisemanario “Ofensiva” en 1945:

“Habrá que hacer una encuesta entre todos los conquenses para saber el motivo exacto de por qué, en este día segundo del mes de mayo, hay hogueras encendidas en las calles y plazas de nuestra ciudad, existen canciones y músicas, y, en todos los que viven en Cuenca, hay un contento y gozo como en ninguna otra época del año. Será por la entrada de mayo y porque los trigales tienen un marco de flores de variados colores, o porque mayo está dedicado a la Virgen María y en todas las iglesias se celebran los ejercicios marianos de las flores….

O por el aniversario de la gesta española de la Independencia y el fuego de las hogueras sirve para transmitir de año en año la mayor epopeya de todo un pueblo; o por ser las vísperas de la Cruz del hallazgo del Santo Madero, que sirvió para la Redención de los Hombres”, se escribía en el periódico de Cuenca para hallar la clave de la tradición.

Hoguera preparada en el espacio que habia en la subida a Mangana desde Zapaterías. Foto Pinós, 1989.
Hoguera preparada en el espacio que habia en la subida a Mangana desde Zapaterías. Foto José Luis  Pinós, 1989.

Parece que en algún tiempo se impuso poner orden en la costumbre de encender hogueras y al menos regularlas a través de Bandos municipales.

-Hubo épocas en las que hasta la propia Junta Provincial de Turismo, y hablamos de la década de los años cuarenta, no sólo quiso regular las costumbres sino que creó algunos premios e incentivos. En el año 1943 la citada Junta de Turismo publicaba con suficiente antelación, el 25 de marzo, y bajo el título “Festejos de la Cruz de Mayo” la convocatoria para el certamen, abundando en que “persistiendo en las labores de años anteriores esta Junta convoca los concursos de cruces, hogueras y rondallas. Las cruces, por ejemplo, sólo podían colocarse en la Plaza del Carmen, Plaza del Salvador, Barrio de San Antón, Calderón de la Barca, Parque de Canalejas (o sea, Parque de San Julián) y Alonso de Ojeda (vulgo Puerta de Valencia). Había tres premios, el primero de 300 pesetas y los siguientes de 200 y 100, y tenían que inscribirse antes del 16 de abril.

-¿Cómo se hacían esas cruces para poder optar a los premios?, ¿había alguna característica?

-Las cruces debían estar cubiertas de flores y perfectamente adornadas, y al efecto había un jurado. Los barrios concursantes, además de presentar la mejor cruz florida, debían designar también una madrina, es decir, una joven de 15 a 25 años, que debía “procurar el mayor esplendor de la cruz respectiva. Una vez conocido el número de cruces participantes las madrinas de cruces y hogueras se reunían el 20 de abril para designar a la Dama del Fuego y la Corte de Honor, que por cierto tenían un lugar preferente en todos los actos que se celebraban en esos primeros días de mayo. Se abonaban diez pesetas como inscripción para gastos de organización, con premios para las mejores hogueras.

-¿Existía alguna condición a tener en cuenta a la hora de premiar precisamente a la hoguera, y qué requisitos se pedían?, porque una lumbre no deja de ser una lumbre, claro.

-En el caso de las hogueras había también tres premios, el primero de 1.000 pesetas; el segundo 750  y el tercero de 500 pelas como se solía decir. También la Junta designaba los sitios del encendido de la lumbre: en la Plaza Mayor; en el comienzo de la calle Palafox, frente a la Audiencia, que entonces era el edifico actual de la UIMP; en el Puente de la Trinidad, frente al Instituto (actual Conservatorio de Música); en la Plazuela del Hospital de Santiago; en el ensanche de la calle Nueva, que era la del Agua; en la Plaza de los Carros; en Sánchez Vera, después del cruce con Colón; al final de Ramón y Cajal, donde entonces estaba el fielato; en la calle 18 de Julio, o sea, la de las Torres y en Alonso de Ojeda. Es decir, diez hogueras. La junta señalaba que “el tipismo de estas hogueras debe ser alentado y conservado de manera eficaz, y sobre el montón de leña debe procederse a establecer adornos con muñecos representando diversas escenas conquenses”.

Una de las rondallas de la década de los 40-50. Foto Luis Pascual.
Una de las rondallas de la década de los 40-50. Foto Luis Pascual.

-¿Qué podemos decir del concurso de rondallas para interpretar el mayo y canciones de ronda? ¿Qué criterios había?

-Con las rondallas el interés primordial era mantener el “mayo” y al efecto había dos premios, uno de 500 pesetas y el segundo de 250. Cada rondalla debía tener siete ejecutantes como mínimo: violín o flauta, bandurrias, mandolina, laúd, guitarras y cantantes. Tenían que entregar un listado con los componentes y comprometerse a rondar nueve noches, a partir del sábado de gloria. El Concurso de rondallas se celebraba el 3 de mayo y era costumbre cantar el “mayo” el 30 de abril a la Virgen de las Angustias y a la Virgen de la Luz, en sus respectivos Santuarios. Ahora el “mayo” a la Patrona se le canta desde las últimas décadas el 31 de mayo, víspera de la fiesta patronal. Cantores de aquella rondallas de la década de los cincuenta eran, entre otros, Nicolás Suárez, Jesús Ortega, Manuel Margeliza, Domingo Arias, Armando Martorell, Juan Belinchón, Julián Carrascosa, Antonio Mohorte, Carlos Álvaro Morillas, Antonio Cantero, Emilio Martorell, Antonio Serrano, Miguel Benito, Antonio Iniesta y cómo no, Adolfo Bravo, a los que seguirían Roque Martínez, los Velasco, José Miguel Culebras y tantos otros.

-Conocidos estos requisitos sí nos gustaría ahora conocer cómo se concedían esos premios

-Por ejemplo, en el año 1945, la Junta Provincial de Turismo convocó el Concurso de Cruces y Hogueras con un jurado presidido por Enrique Benítez, que actuaba de presidente y como secretario José Martínez Muñoz, que era el director del Museo Municipal; los vocales eran el escultor Fausto Culebras y el dibujante Miguel Zapata, padre de Zapata. Los premios fueron, por este orden, para las cruces instaladas en la Plaza de las Escuelas, calle de Calderón de la Barca, calle de San Vicente, así como un accésit a la colocada en el Puente de San Antón. El premio para las hogueras lo fueron el primero para la de la plaza de los Carros (“La entrada de Alfonso VIII en trolebús”), el segundo quedó desierto y el tercero fue para la hoguera de la calle Alonso de Ojeda en la que figuraba un “Hogar de la Serranía”. Era como una especie de derivación de las “Fallas” en la que ardían los elementos que habían configurado la escena representada.

-Bueno, José, ¿qué es eso de que Alfonso VIII entra en Cuenca en trolebús…?

-Muy ocurrente. Había que tratar temas conquenses según las bases. La hoguera ganadora que llevaba el título “La entrada de Alfonso VIII en trolebús” tenía como motivo de crítica abierta y “encendida” a la oferta que el Ayuntamiento había hecho de poner en marcha un “trolebús” “que ha de comunicar la parte alta con la parte baja de la capital; para darnos una idea, la “hoguera” era una especie de trolebús sobre el que aparece Alfonso VIII desenvainando la espada y mirando con ansias de conquista a la altura de la ciudad, puesta al fondo y bien presentada. Aparecen unas notas cómicas del guarda municipal deteniendo la marcha del trolebús y de un Stan Laurel y Hardy (el Gordo y el Flaco) conduciendo; bajo las ruedas, un anónimo atropellado. Unos cantares alusivos al motivo fueron objeto de regocijo y del comentario de la gente curiosa”. Además de la citada hoguera premiada, colocada en la plaza de los Carros, como una especie de “falla”, se presentaron otras con los títulos “Un pozo de petróleo en Cuenca” y “El Peñón de Gibraltar”. En el Carmen se colocó en una hoguera un telescopio en el que todos mitraban a la luna. Fue como un guiño medio siglo anticipado al Museo de las Ciencias.

Hoguera del 2 de mayo de 2014 en el Castillo. / Foto Josevi.
Hoguera del 2 de mayo de 2014 en el Castillo. / Foto Josevi.

No cabe duda de que todas estas tradiciones forman parte de la crónica costumbrista, que no faltaría en esos años.

-Sobre todo en una ciudad como la de Cuenca de la que salieron importantes firmas. En el año 1953, José Luis Coll escribía en su columna en el periódico de Cuenca:  “Mes de mayo. Mes primaveral, sol, y tardes con suave olor a tierra mojada después del aguacero. El mes de mayo es como un adolescente de sonrisa perenne, con ilusiones y sueños. Los chicos ya han preparado sus piras; ya están cansados de repetir su frase: “un palico pa la Vera Cruz”. Los muchachos tienen la ilusión de una noche. La pequeña población conquense,  se afana y se entusiasma durante los últimos días del mes de abril, para gozar, en una noche, de su obra. Y ya hemos visto, en la noche del día 2, las inmensas hogueras de la “calle nueva”, “Alfonso VIII”, “plaza de los carros”, “plaza del Salvador”…

El padre Martínez en su sección “Tipos y costumbres conquenses” recordaba en 1957 en “Ofensiva”: “Una de las antiguas tradiciones que tenía Cuenca en la noche del 2 de mayo era la de instalar altares de cruces en los distintos barrios y calles. Los chicos y chicas, ataviadas de serranas, pedían por las calles “el chavico de la Vera Cruz”. “La Santa Cruz fue en otros tiempos una de las solemnidades de carácter conquense más fuerte”.

Salvador Zanón Mercado, en sus  “Pinceladas de Cuenca”, dedicaba un espacio a “La Cruz de Mayo”: “La noche del 2 de mayo, apenas el sol haya traspuesto por detrás del Cerro del Telégrafo, me veré iluminada por las hogueras de la Cruz de Mayo que los muchachos preparan desde varios días. Piden leña por las casas y ¡un chavico para la Vera Cruz! Quieren hacer la mejor hoguera que la del barrio próximo. Cuando es posible hacer dos, el “infierno” con su “Judas” y todo, y la “gloria”, la dicha es completa. Al final, la hoguera de los chicos es para los grandes y al día siguiente las niñas levantan minúsculos altares con su cruz de mayo ataviadas de flores. Todos recaudan los chavicos para una posterior merienda…”

Además de las recomendaciones que hace el Ayuntamiento, durante muchos años se publicaban los Bandos del Alcalde sobre las hogueras.

-Efectivamente, el Ayuntamiento solía regular mediante Bandos el encendido de hogueras. Comentamos en resumen el Bando del 30 de abril de 1978, siendo alcalde de Cuenca Juan Alonso Villalobos-Merino, en el que decía: “Es norma de conducta de esta Alcaldía mantener vivas las costumbres y manifestaciones tradicionales que, a lo largo de los años, han venido desarrollándose en esta ciudad, incluso fomentándolas en la medida posible cuando éstas afecten, de un modo profundo, en la conciencia de los habitantes. Pero si ellas pueden producir daños o perturbar la tranquilidad de la población, es obligado también impedir que, al amparo  de una tradición o costumbre, se lleven a cabo actos o acciones que puedan lesionar o dañar a los demás convecinos.

Es de todos conocidos los perjuicios que se venían originando con el encendido de hogueras en la noche del 2 de mayo, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, pues aparte de peligro que supone la iniciación de algún incendio en edificios próximos al fuego, los que se derivan de la sustracción por parte de los chicos, de maderas y objetos combustibles almacenados en obras y lugares reservados, el deterioro del arbolado próximo, la rotura del piso o calzada donde se asienta la hoguera, la suciedad de las calles originada por la ceniza resultante, etc., etc.

Es por ello por lo que esta Alcaldía se ve obligada, una vez más, a prohibir que estas lumbres u hogueras se realicen dentro del casco urbano de la población. Sin embargo y teniendo en cuenta esta tradicional fiesta infantil, podrán colocarse en lugares un tanto alejados o en solares sin edificaciones próximas, tales como la Explanada de Sánchez Vera, solares situados detrás del Grupo Escolar de la calle de Cañete, San Antonio “El Largo”, San Isidro, detrás de los grupos de viviendas de Santa María de la Cabeza. etc., y siempre con el debido conocimiento de la Policía Municipal. Espera esta Alcaldía que todo el vecindario prestará su apreciable  colaboración para el mejor cumplimiento de las normas citadas, sancionándose severamente a los contraventores de las mismas”, señalaba Villalobos. Los Bandos los copiaban los distintos alcaldes con algún que otro giro.

-También en nuestros pueblos se celebra la Santa Cruz y se canta el “mayo” y canciones de ronda durante este mes.

-Y con mucho sentimiento, recuperando incluso el ropaje de nuestro folklore. En la provincia destacan, de manera especial, las fiestas de Villares del Saz, con la Invención de la Santa Cruz, que también se celebra en Salvacañete, Paracuellos (mayo a la Cruz), La Alberca de Záncara, La Cierva, Graja de Iniesta, La Huérguina, Huerta de la Obispalía, Las Majadas, Montalbo, San Lorenzo de la Parrilla (Jesús Desenterrado), Valdeganga de Cuenca, Vellisca, Villalgordo del Marquesado, Villar del Humo y Villar de Olalla, cada una con su propia peculiaridad.

 

 

 

Un comentario en “Las hogueras del 2 de mayo, una tradición de Cuenca que se apaga

  1. ¡ Qué pena que tantas tradiciones vayan desapareciendo ! Si le preguntas a muchos chavales de ahora, que tengan parecida edad a la que teníamos nosotros cuando celebrábamos las hogueras, no te saben dar ninguna respuesta. Y lo peor es que ya no podemos enseñárselo los “viejos”, porque no hay ni sitio en los barrios para celebrarlas. En cuanto al origen, es difícil saberlo, y yo huyo cuando de un hecho se barajan muchas hipótesis(como es el caso), señal de que no se tiene ninguna por cierta. Un saludo
    Julio

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