San Juan y Santa Quiteria, las dos fiestas ancestrales de Huete de entrañable rivalidad

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 9 DE MAYO DE 2017 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2017/05/09/ser_cuenca/1494327028_048752.html

 Mayo es el segundo mes más festero en la provincia de Cuenca, con 122 celebraciones, destacando sobremanera la fiesta de San Isidro labrador en 53 localidades, aunque son muchas más las que tienen romería en esa fecha, además de las fiestas ya celebradas en honor de la Santa Cruz en los primeros días del mes. Pero entre todo este ajetreo de músicas y procesiones que tienen lugar en nuestra provincia, brillan con luz propia dos fiestas declaradas de interés turístico regional en la Ciudad de la media Luna, en Huete, como son las de San Juan, para este fin de semana del 11 al 15 de mayo y de Santa Quiteria del 25 al 29. Este martes, en Páginas de mi Desván, José Vicente Ávila nos saca del baúl de sus recuerdos los primeros reportajes que hizo en torno a estas fiestas de Huete, en 1978 en “Diario de Cuenca”, con el título genérico en cada caso de “Galopeo juanista” y “Galopeo quiterio”. Contamos además con el testimonio sonoro de la grabación que hizo para su reportaje juanista, recogido en la página web sanjuanhuete.com, que fue para él una agradable sorpresa.

 Además de contarnos sus impresiones cómo vivió aquellas fiestas en Huete, José Vicente Avila aporta en este programa un testimonio muy valioso, que posiblemente no se conozca en la ciudad optense, como fue la presencia en Huete en el año 1925, tanto en las fiestas juanistas como en las de los quiterios, de Rodolfo Llopis, el histórico líder socialista, que fue ministro de Instrucción en la República, dando fe de ello con sendas crónicas en el diario madrileño “El Sol”, pues era el corresponsal en Cuenca.

Cuéntanos, José, aquella experiencia de viajar  a Huete junto a José Luis Pinós para plasmar en el periódico el espíritu festivo optense, pues vosotros os dedicabais más a las crómicas deportivas, según tengo entendido…

-Como bien sabes, en estas pequeñas provincias tocamos todos los palillos como bien sabes. En el año 1978 realicé en “Diario de Cuenca” una serie de reportajes a doble página bajo el genérico título de “Ancestral folk conquense”, acompañado por José Luis Pinós, que se encargaba de plasmar con más realismo en sus fotografías lo que yo reflejaba en letra impresa. En esa serie no podían faltar las dos fiestas de Huete por antonomasia como lo eran las de los juanistas y los quiterios, entendiendo la entrañable rivalidad existente en la población. Era la primera vez que visitaba Huete en ese año de 1978, pues la única visión que tenía de la ciudad optense era la de verla a través de la ventanilla del tren, de tantos viajes hasta Tarancón y desde allí coger la “catalana” que iba a Belmonte, con parada en Puebla de Almenara. Durante unos minutos te daba tiempo a ver la panorámica de Huete con su corazón de Jesús en el cerro.

Diario de Cuenca, 9 de mayo 1978.
Diario de Cuenca, 9 de mayo 1978.

-Pero aquella primera vez si os dio tiempo a conocer la ya famosa fiestas de los juanistas, ¿qué sensaciones os dio?

-Era un día hermoso aquel domingo 7 de mayo de hace 39 años y se celebraba el día de San Juanillo. Por la mañana temprano hubo diana floreada y después se realizó el popular  “pasacalles de bajada de la justicia”, como hemos escuchado decir a Telesforo Serrano Almonacid, más conocido por “Foro”, al son de la dulzaina y el tamboril que ejecutaban con no poca gracia un matrimonio de Loranca del Campo conocido como “Los Pochos”. Lo que más me impresionó fue el galopeo que no conocía y cómo la gente no dejaba de mover las manos hacia arriba, gritando con fervor ¡Viva San Juan! y de manera un tanto sorprendente cómo la banda militar de turno, se imbuía de ese espíritu festivo, y más que militar en el sentido estricto de la palabra, las notas musicales de coplas como “la Dolores” o el “Viva España”.

Una fiesta singular arropada por esos sonidos festivos de la Banda Militar y la dulzaina y el tamboril, que la hecen muy diferente a otras de la provincia.

-Claro, porque además el visitante o el forastero percibe que no es la fiesta típica de todo el pueblo, sino que en este caso el del Barrio de Atienza optense, que es el verdadera protagonista junto a la imagen tan venerada de San Juan, en tanto que otros tantos vecinos de Huete, los del Barrio de San Gil, los quiterios, asistente como espectadores desde las aceras, observando las evoluciones de sus vecinos rivales y amigos, aunque queda siempre el prurito de a ver quien lo hace mejor y si la banda “de este año” supera a la del otro barrio. Recuerdo que tras la misa oficiada por el entonces sacerdote Pedro Heras, comenzó lo que se conoce “como la subida de la justicia” con pasacalles y galopeo al son de la banda militar, que no dejaba de tocar y era como un “alegre estruendo musical popular”, contrastando los uniformes de los músicos militares cono los de los juanistas de pañuelos azules, que antaño también lucían en sus medias.

El Día, 12 mayo 1991.
El Día, 12 mayo 1991.

-No cabe duda de que las fiestas juanistas son de las más antiguas de la provincia de Cuenca.

-El origen de estas fiestas se remonta a siglos pasados cuando las tres culturas convivían en España, y muy concreto en Cuenca y Huete, la ciudad de la media luna. Además de sus galopeos, me llamó la atención la monunmetalidad de los edificios de Huete. Los datos más conocidos se remontan al año 1512, de ahí que hace cinco años se celebrase el quinientos aniversario. Huete es una ciudad con mucha historia y sus fiestas juanistas y quiterias no podían ser menos. Tengo que decir, que en aquella visita a Huete con José Luis Pinós, que hizo un gran reportaje gráfico, tuve la suerte de poder recibir la pertinente información de dos colaboradores del periódico como lo eran José Luis Esteban, ya fallecido, y el incombustible Jesús Calle Cañas, ambos juanistas, pero cuando tenían que informar de las fiestas de Santa Quiteria lo hacían casi con el mismo entusiasmo. Casi con el mismo entusiasmo que otro cronista de principios del siglo XX, que firmaba como Cayo Aél.

El Día, 1991.
El Día, 1991.

-Qué escribía o contaba este personaje de Huete en aquellos primeros años del siglo XX?

– Pues tras un amplio panegírico a San Juan Evangelista, en el que señalaba a los juanistas “vosotros, hijos del ilustre barrio de Atienza”, optenses todos, regocijaos de tener un tan valioso intercesor”,  Cayó Aél se hacía eco “El Correo Católico” de que en el año 1902 los juanistas “no se han dado ni un punto de reposo para celebrar sus fiestas”, que fueron solemnes, con “misa a toda orquesta”, oficiada por el coadjutor Nicomedes García, y acompañada por la Banda Provincial de Cuenca. El oficiante pronunció “elocuentes párrafos sobre la virtud del Apóstol, cautivando a la multitud de fieles que llenaban el suntuoso templo, que contó con la presencia del gobernador civil, señor Guerra.

Las fiestas de San Juan de 1903 tuvieron mayor lustre, ya que se celebró “una corrida de toros”, muy animadísima, y un concierto extraordinario a cargo de la Banda de Música de Cuenca, dirigida por el maestro Casimiro Rubio que, entre otras piezas, interpretó la sinfonía Juana de Arco y Poeta y Aldeano. La misa en la iglesia de San Juan de Medina fue cantada por Jesús Cid, Calixto de Vellisca y Alejandro Romeral, “quedando a la altura de su justa reputación”.

Danza del Diablo. Foto José Luis Pinós.
Danza del Diablo. Foto José Luis Pinós.

La danza del diablo es otra de las tradiciones ancestrales, que viene a significar el “ahorcamiento del diablo”. Así lo contaba Petri Serrano, que en 1978 era la Diabla Mayor:

(Sonido Petri Serrano en el enlace de Ser Cuenca)

Se cuenta que esta danza representa simbólicamenmte el ahorcamiento del diablo Lucifer por los devotos de San Juan Evangelista, que triunfan sobre aquel, apresándolo con cadenas que van entrelazando para quedar el diablo amarrado como vil villano, al son de la dulzaina o gaita pastoril.

SANTA QUITERIA

De San Juan a Santa Quiteria, del barrio de Atienza al barrio de San Gil, en breve espacio de tiempo.

-Estas dos fiestas optenses, declaradas de interés turístico regional se celebran en la segunda semana de mayo y en la última, pero en aquel año de 1978 tenía lugar en su fiesta de San Juan ante portam latinan, patrón por cierto de la imprenta, que ha sido el 6 de mayo, y el 21 de mayo que es Santa Quiteria. Pero por mor de los tiempos y para que vuelvan los optenses emigrantes se buscaron los fines de semana. En 1978, por ejemplo, las fiestas quiterias empezaron en domingo, del 21 al 24 de mayo, con el añadido del Corpus Christi, que entonces se celebraba el jueves como festivo nacional. Una copla popular se escuchaba en las calles, además de la “Blanca paloma”: “Alegraos muchachos / que pronto llega, / el 22 de mayo / Santa Quiteria”.

Diario de Cuenca, 24 de mayo de 1978.
Diario de Cuenca, 24 de mayo de 1978.

Bueno José, y qué sensación o impresión os causaron las fiestas de los quiterios, tanto a ti como a Pinós, con su cámara en ristre…

-Nos parecieron un tanto similares, aunque hubo un condicionante atmosférico que la deslució un tanto, como lo fue la lluvia. Si por San Juan el tiempo fue luminoso, por Santa Quiteria el agua necesaria en los campos se hizo notar, para gozo de los agricultores y cierto amargor para los quiterios, que tuvieron que habilitar el edificio de la Merced para bailar las danzas. Pero las ganas que tenían de fiesta los quiterios superaban a la fina lluvia que quería estar presente en la fiesta, de la que nos hablaba entonces Antonio Picón Ortega, uno de los miembros de la Comisión.  Además de la lluvia no faltó alguna anécdota con la Banda de música militar. El presupuesto de la Banda es alto, pero lo pagamos a gusto porque da mucha fiesta, nos decía Picón.

-Sabemos que las bandas de música militares han sido esenciales en ambas fiestas casi siempre, pero ¿qué pasó en las fiestas quiterias de 1978?

-La Comisión de Fiestas había contratado ese año a la Banda de Música del Regimiento de San Fernando número 11 de Alicante, que tenía que llegar un día más tarde al coincidir con otras fiestas en Altea. Ello obligó a los organizadores a contratar, por un día, a la Banda de Música de Horcajo de Santiago, que participó en los galopeos del domingo 21, que era el primer día. Los músicos militares de Alicante llegaron a las dos de la mañana del lunes 22, que era Santa Quiteria, y los quiterios, que les estaban esperando, ni cortos ni perezosos, comenzaron un galopeo que duró hasta las cuatro de la madrugada, por una sencilla razón: el recibimiento a la Banda de Música no se puede suspender, sea cual fuera la hora que marque el reloj. En 1991 también llegó tarde una Banda Militar desde Pamplona y le pasó lo mismo: a tocar y a galopear.

-En ambas fiestas no faltan las danzas y las loas, en este caso a Santa Quiteria.

-Me contaba entonces Alejandro de la Cruz, otro optense fallecido, compañero en las tareas informativas, que era quiterio, una coplilla que se enseña a los chavalines para que no pierdan su esencia quiteria: “Cuando yo era chiquito / mi abuela me enseñó a mí / a decir ¡Viva Santa Quiteria ¡ la del barrio de San Gil”. Su padre, Alejandro de la Cruz Armuña, que fue diputado provincial, nos invitó al obligado trago de limonada, magdalenas, rosquillas, mantecados y queso. Los sonidos de la dulzaina y el tamboril resonaba aún más en el local  cerrado, mientras los quiterios danzaban y galopeaban con las manos hacia abajo. El alcalde, Manuel Cruces Santiago, era quiterio y allí estaba danzando, aunque con los juanistas iba con la justicia, claro.

-Es curioso observar ese movimiento de las manos al danza y galopear, que distingue a una y otra fiesta…

-Nos lo explicaba Antonio Picón Ortega, que lucía un gorro que él decía que era moro y pañuelo al cuello. Portaba una batuta y a su son danzaban y bailaban los quiterios ante nuestra mirada e incluso nos invitaban a salir a danzar. Me decía Picón que “en el otro barrio” no pueden bailar nuestras danzas, porque nosotros lo hacemos con las manos hacía abajo y tocando las castañuelas. La comparsa llega al Parque de la Chopera y los quiteros llevan un cuadro de la Santa. Dos músicos de Palomares del Campo y Valparaíso tocan la dulzaina y el tamboril, mientras Antonio Corpa, otro quiterio amante de la historia, nos habla igualmente de los orígenes, también de siglos, pues ambas fiestas tienen un recorrido muy similar en el tiempo, siendo la danza de “La Lila” una de las más peculiares. “Aunque llueva, no dejaremos de galopear”, decía Corpa.

Rodolfo Llopis escribió muchos artículos de Cuenca en "El Sol"
Rodolfo Llopis escribió muchos artículos de Cuenca en “El Sol”

Hemos comentado al inicio que Rodolfo Llopis conoció ambas fiestas y dejó testimonio escrito en el diario “El Sol”

– Creo que es un dato muy relevante y a tener en cuenta, por la categoría del personaje, que forma parte de nuestra historia. Rodolfo Llopis era catedrático de Geografía en la Escuela Normal de Magisterio de Cuenca, director general de Primera Enseñanza en la República y ministro de Instrucción  Pública y presidente de la República en el exilio, y der UGT, amén de otros cargos. En 1925 tenía 30 años y además de profesor en la Escuela de Magisterio era corresponsal del diario “El Sol” de Madrid, uno de los periódicos más influyentes de la época. Como cronista de este periódico Rodolfo Llopis escribió sendas crónicas sobre las fiestas de San Juan y de Santa Quiteria en Huete, con los títulos de “El galopeo” y “Los Quiterios”, en los día 10 y 30 de mayo de 1925, de las que haremos un esbozo, si te parece, Paco.

 

GALOPEO (Rodolfo Llopis, 10 mayo 1925)

“Hemos estado en Huete. La ciudad, tantas veces famosa en la Historia, cuyo suelo fue escenario de importantes hazañas guerreras que nos hacen pensar en Alvar Fáñez y en la turbulenta minoridad de Alfonso VIII, descansa hoy, añorando las riquezas y el esplendor de su pasado, al pie de un cerro pelado y feo, que domina las ruinas de un castillo.

Ahora hemos podido percibir mejor que nunca que en Huete hay dos ciudades; cada ciudad es un barrio, y cada barrio tiene su devoción: San Juan y Santa Quiteria…  Un pequeño accidente geográfico –un arroyo, un barranco– separaba a los dos barrios. Una creencia profundamente arraigada, una tradición mantenida, incluso violentamente, separaba a los “juanistas ” y a los “quiterios”.

Hoy, afortunadamente, no; los quiterios y los juanistas ya no se odian; se guardan mutuamente las fiestas, y hasta intervienen en todos los festejos. Es decir, en todos no; en todos menos uno. Hay un festejo que puede considerarse como la esencia de la tradición; en él no caben mezclas, confusiones ni ambigüedades: ese festejo es el célebre “galopeo”. Galopeo tienen los juanistas y galopeo tienen los quiterios; pero son completamente distintos, inconfundibles.

El galopeo consiste en una procesión. En la de los juanistas, sacan a San Juan Evangelista. Al Santo le precede un cirio  enorme, colosal, que llevan en andas. Es el cirio que, según la leyenda, permaneció encendido en la vieja iglesia de Atienza siglos y siglos  mientras estuvo en poder de los árabes.

Hay un grupo de juanistas que cubren sus cabezas con unos grotescos gorros de dos puntas, con inscripciones absurdas; son los “tunos”, los estudiantes … Y todos corren, saltan, van y vienen, bailando siempre, sin descansar. A veces, llegan hasta cerca del Santo; se paran; uno de ellos, encarándose con San Juan, le dirige una serie de vítores que los del grupo corean secamente.

–¡Viva el querubín científico!…

–¡Viva el que remontó el águila!…

–¡Viva el teólogo misterioso!…

–¡Viva el que fundó las siete iglesias de Asia!…

–¡ Viva el de los ojos de lucero!…

–¡Viva el testamentario del Señor!…

 El espectáculo no puede ser más pintoresco: los curas que acompañan a San Juan, cansados ya de tanto caminar, se han hecho llevar una silla y se sientan cómodamente junto al Santo; los “tunos” corren y saltan bárbaramente; unas pobres viejas, casi centenarias, llegan hasta San Juan, y, bailando, con los brazos en alto, con un temblor nervioso en las manos, lanzan sus piropos y se retiran bailando siempre, satisfechas de haber cumplido un año màs con su Santo…

Quien haya asistido a algún galopeo no podrá olvidar el espectáculo que tuvo ante sus ojos. Aquella fiesta semi-pagana, semi-religiosa, irreverente a fuerza de ser fanática, le hará pensar en las fiestas primitivas y en las fiestas de la Edad Media.

 Los galopeos no  han sido estudiados seriamente. El día que eso se haga, encontrarán en ellos tal cantidad de supervivencias, que podrán considerarlos como verdaderos casos de “paleontología social”

LOS “QUITERIOS” (Rodolfo Llopis, 30 mayo 1925, El Sol)

No hace muchos días que en estas mismas columnas nos ocupábamos de una fiesta original y extraña que presenciamos en Huete. Era el “galopeo” de los juanistas; esa procesión, mitad pagana, mitad religiosa, que los vecinos del barrio de Atienza dedican todos los años a su Patrono, San Juan Evangelista.

 El día estaba desapacible, tormentoso. Había llovido durante las primeras horas de la mañana. De cuando en cuando caían fuerte chubascos. Por un momento creímos que se suspendería el galopeo. ¡Suspender el galopeo!… ¡Eso, nunca! ¡Sería romper la tradición, dar gusto a los juanistas! ¡Eso, nunca, jamás!

Allí estaban los quiterios, frente a la ermita, en la plaza de San Gil, esperando que sacasen a Santa Quiteria. Era una abigarrada multitud donde se mezclaban los pobres y los ricos, los niños y los viejos, los hombres y las mujeres.  Ese día no hay clases sociales; ese día no cabe más que una distinción: o se es juanista o se es quiterio. Y los quiterios estaban allí, desafiando al tiempo, resistiendo la lluvia…

El galopeo de los quiterios es distinto del de los juanistas. Bailan en grupos; unos, cogidos de la mano, formando ruedas; otros, sueltos, tocando las castañuelas, y todos, gritando, saltando,  dando vivas, aproximándose y alejándose tumultuariamente de la Santa. Y, por encima de esas voces y de ese barullo, resuenan los vítores que dedican a Santa Quiteria. No son vítores secos, cortados, como los vitores de los juanistas; son, por el contrario, vítores largos, interminables…  ¡Viva la hija de Catelio…!

¡Viva esa pura doncella…!

¡Viva la Angélica española…!

¡Viva la hija de Casia…!

 ¡Viva la rosa de Jericó…!

¡Viva la iluminada del cielo…!

Desde la ermita de San Gil marcha la procesión a la iglesia del Cristo; desde aquí, a “la chopera”, y desde “la chopera” vuelve, otra vez, a San Gil. El galopeo ha seguido el mismo itinerario de siempre, el de toda la vida. En las bocacalles se agolpan los juanistas, no tanto por presenciar la fiesta como por acordonar el trayecto y tener la seguridad de que no se salen de su “jurisdicción”.

Llegan, por último, a la plazoleta de San Gil, y llegan después de haber corrido durante cuatro horas por aquellas calles enlodadas, sufriendo, a ratos, la lluvia, bailando siempre y roncos de tanto gritar… La Santa va a entrar en la ermita; las campanas han comenzado a repicar; la banda de música se dispone a tocar la Marcha Real…

¡Entrar a la Santa ! La muchedumbre, ebria de fanático entusiasmo, bailando desesperadamente, se apelotona delante de la puerta y obliga a que Santa Quiteria dé una nueva vuelta por la plazoleta…  Y cuando parece que ya va a entrar, otra vez aquella ola humana la separa de la puerta y hace que repita el paseo…

Y así una vez, y otra, y otra…, hasta que, ¡por fin!, comienza la Marcha Real, que resulta interminable. Porque ya, desde ese momento, la imagen no puede retroceder; pero puede no avanzar. Y así sucede. La muchedumbre tapona la puerta ; le arrojan palomas que, asustadas, van a acurrucarse junto a la Santa ; la inundan con anises; las mujeres lloran; todos galopean, frenéticamente, como en una zarabanda infernal…

La imagen entró en la ermita . Cuando creímos que ya no quedaría nadie en el santuario, entramos nosotros. Allí estaban unos viejos, con sus pequeños, tocando las castañuelas y cantando “loas” quejumbrosas a Santa Quiteria. Eran los últimos… ¡Como el año pasado!…

 

 

Un comentario en “San Juan y Santa Quiteria, las dos fiestas ancestrales de Huete de entrañable rivalidad

  1. QUIZÁS CONVENGA DECIR QUE SI BIEN “LOS JUANISTAS” Y “QUITERIOS”, NO PUEDEN NINGUNO DE ELLOS BAILAR EN EL GALOPEO DEL OTRO, A LOS FORASTEROS, EN CAMBIO, SE LES/NOS PERMITE BAILAR EN AMBOS. UN SALUDO
    JULIO

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