El Goliat y el Sansón de Zafra; el Hércules de Minglanilla y la Mujer de Hierro de Cenizate

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 17 DE MAYO DE 2017 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2017/05/16/ser_cuenca/1494950695_540411.html

 “Los gigantones madre, el día del Señor, como son tan grandones llegan hasta los balcones, bailando al son… de la pita y del tambor…”, dice la canción popular de dulzaina y tamboril, aunque en este martes del mediado florido mes de mayo no vamos a hablar de estos personajes de gigantes y cabezudos muy presentes en nuestras fiestas costumbristas, sino de otros gigantes que tuvieron fama en la provincia de Cuenca y en muchos lugares de España, muy semejantes a aquellos personajes míticos y bíblicos como Sansón, Goliat o Hércules, que son los más conocidos por las historias que nos han contado. Este martes, en Páginas de mi Desván, José Vicente Ávila nos trae a curiosos personajes conquenses que fueron leyenda, a los que se les conoció con esos nombres mitológicos, en un programa que titula “El Goliat y el Sansón de Zafra; el Hércules de Minglanilla y la Mujer de Hierro de Cenizate”.

Vamos, para no perdérselo, porque estamos muy expectantes por conocer las hazañas o batallitas de estos hercúleos famosos a los que no se les ponía nada por delante.

Zafra de Záncara. / turismodecastillalamancha.es
Zafra de Záncara. / turismodecastillalamancha.es

Empezamos por Zafra de Záncara, que tiene en su historia local, que traspasó fronteras, a dos curiosos personajes que debieron dar mucho que hablar en su tiempo.

-Cierto es. Por ello, el escritor conquense Raúl Torres, en su libro “La Vuelta a Cuenca en Ochenta pueblos” dedica un capítulo a Zafra de Záncara, bajo el título de “tierra de gigantes”, aunque pasa de puntillas. Sobre la toponimia de Zafra de Záncara, de la que existen varias versiones, el historiador Muñoz y Soliva cita al moro Zafra, arráez de esta villa judicial de Belmonte, calificado como una especie de Goliat de fuerzas hercúleas y descomunal estatura, que tenía un palmo de distancia de ojo a ojo. Zafra de Záncara fue sitiada en 1179 por el conde Pedro Manrique de Lara en nombre de Alfonso VIII.

-¿Y qué dice la leyenda sobre esa conquista, realizada dos años después de la de Cuenca?

-Tomando nota en este caso de la “Toponimia Conquense” que publicó Heliodoro Cordente Martínez, con prólogo de Joaquín Saúl Marchante, tipifica a Zafra como Sajra (piedra), lugar asentado sobre un farallón rocoso, y de Záncara por lógica alusión al río del mismo nombre. Muñoz y Soliva en su primer tomo sobre la Historia de Cuenca dice que el nombre de la villa de Zafra es palabra arábiga que significa tributo, pecho, carga… El referido Pedro Manrique de Lara, antepasado de Jorge Manrique, segundo conde de Molina, se presentó ante las puertas de la fortaleza zafreña, y según relatan los distintos historiadores, el fabuloso episodio describe al “Moro Zafra” como un descomunal gigante, al que venció Pedro Manrique en singular combate, en una lucha similar a la de David y Goliat, que quedó inscrita por los monjes del monasterio de Huerta con una leyenda que resumimos: “Aquí yace el conde D. Pedro Manrique que nos dio la Torre de Zafra, que es término de Alarcón, con su presa, molinos, batán, casa de la heredad y capilla de Santiago, cerca de Albaladejo del Cuende. Este valeroso conde mató al moro Zafra que era muy descomunal, que tenía de ojo a ojo un palmo, y no había hombre que con él pelease y no lo matase, pero Manrique de Lara logró la hazaña y conquistó Zafra, fortaleza que pasó a pertenecer al Marquesado de Villena.

Un gigante similar al Sansón de Zafra. / flickr.com

Del Goliat de Zafra, derrotado por Manrique de Lara, pasamos al Sansón de Zafra, un personaje que se remonta ya al siglo XIX, y por el que tenemos igualmente gran curiosidad de conocer sus hazañas.

– Volvemos a citar una vez más a Muñoz y Soliva y su Historia de Cuenca en la que refiere “otro caso de gigantomaquia que, siendo cierto en el fondo, podía ser interpretado, andando los tiempos, como quimera o creación exagerada”, avisando con ello de la fantasía del relato que hace, recogido igualmente por Torres Mena en “Noticias Conquenses”, quien apunta que “es verdaderamente reparable la fenomenal coincidencia entre aquel Goliat y este Sansón que retrata Muñoz y Soliva”. Y dado que interesa conocer ese relato de Trifón Muñoz, vamos a compartir unas líneas para hacerlo más ameno, teniendo en  cuenta la fecha de su publicación en 1866:

“Por el año de 1828 llamó mucho la atención de esta ciudad de Cuenca el Sansón de Zafra. Era un joven como de 22 años, de unos cinco pies de estatura, algo fornido y de aspecto agreste y selvático. Nada indicaba en él las prodigiosas fuerzas de que estaba dotado. En la Carretería, delante de un numeroso concurso, arrastró un  carromato, cargado de melones, tirando de una soga que se ató a los genitales.

En el puerto de Canales, recoge Muñoz y Soliva, le ví arrastrar del mismo modo a tres hombres tendidos a la larga en el suelo, por largo espacio. Quebraba los guijarros a puñetazos y lo que me causó tal miedo que no pude menos de cerrar los ojos y temblar por él, fue verle andar y correr todo el borde del puente de San Pablo por la parte que da frente al molino de San Martín.

Fotgrama pelicula "Cuenca", de Saura.
Fotograma pelicula “Cuenca”, de Saura.

Al legar sobre el río, se inclinó hacia él y llamó a unas mujeres que estaban lavando y que, creyendo que se iba a precipitar, prorrumpieron en alaridos. De allí siguió hasta el extremo del puente del ante atrio del exconvento. Sabedor de este caso el señor corregidor, Basilio Manrique, le amenazó con multa y prisión, si volvá a recorrer el borde del puente.

También se tendía boca arriba en el suelo, le colocaban una gran piedra en el pecho y servía de yunque hasta que la hacían trozos con machos y almadanas. Pasó a Madrid y díjose que detuvo el coche del rey y que dejó asombrados, levantando pesos enormes, a los más robustos gallegos.

Desde la corte de España se trasladó a la de Francia y dejó admirados a los franceses de sus fuerzas pasmosas y de la resistencia de su escroto y de sus cordones espermáticos. (Ya en Carretería hizo gala de su fuerza varonil tirando de un carro de melones….)

Por 1836, concluye Muñoz y Soliva, le ví otra vez en esta ciudad y estaba demacrado y arrojaba una baba asquerosa. Díjose que en Francia, sus vencidos competidores le dieron veneno en el vino, al que era muy aficionado”.

-No deja de ser curioso este relato que hizo Trifón Muñoz en sus Noticias Conquenses, pero, ¿hay constancia de algún artículo publicado en prensa sobre este Sansón de Zafra?

Noticia en la prensa salmantina de 1842.
Noticia en la prensa salmantina de 1842.

-He tenido la fortuna de encontrar algún testimonio sobre este personaje, e incluso su apellido, que además también es bíblico: Adán. En “La Lira de Tormes” de abril de 1842, periódico que se publicaba en Salamanca, se refiere lo siguiente: “El día 15 del corriente se presentó en la Plaza Mayor de esta capital Gregorio Adán, natural de Zafra, provincia de Cuenca, llamado el segundo Sansón por sus prodigiosas fuerzas, seguido de una gran concurrencia. Ya le habíamos visto poner de corte una navaja sobre su pecho desnudo y romper encima de ella algunos guijarros con sus puños, quedando sin lesión alguna; y sabemos de positivo que antes de llegar a Salamanca había llevado atados a las piernas enormes pesos. Pero este día trataba nada menos que arrastrar por toda la plaza una galera, en la cual se pusieron tantos hombres, que calculamos su peso de 300 a 400 arrobas.

-Sigue contando José, que nos tienes en ascuas, con la hazaña en Salamanca de Gregorio Adán El Sansón de Zafra, turbando la paz de su paisano Fray Luis de León… lejos del mundanal ruido.

– Relata La Lira de Tormes que “después de un largo rato de preparativos, el Sansón ató la lanza del carruaje a su muslo derecho, y asiéndola con los brazos la movió precipitadamente unas dos varas. Mas inclinándose a un lado por verle los que estaban en la galera y por la mala posición de ésta, se tronchó la tijereta y cayeron todos sobre el malhadado Adán. Al momento recordamos el fin de Nazareno Sansón del Dr. Pérez de Montalbán. “Aquí morirá Sansón  / Y todos los filisteos, etc… El resultado ha sido, que el Sansón está en el hospital civil bastante mal parado de una pierna, jurando, no obstante esto, volver á darnos mayores pruebas de fuerzas». Inasequible al desaliento, vamos.

Monumento en forja dedicado a Benitón en Minglanilla. / R. Pardo
Monumento en forja dedicado a Benitón en Minglanilla. / R. Pardo

DON BENITÓN, EL HÉRCULES DE MINGLANILLA

Seguimos con estos gigantones de la leyenda conquense, en este caso con “El Hércules de Minglanilla”, que recoge la escritora María Luisa Vallejo en sus “Glorias Conquenses”.

–Se trata de Benito Martínez “Don Benitón”, conocido también como el “Hércules conquense”, según María Luisa Vallejo, escritora a la que por cierto conocí, pues me llamaba a su casa para corregirle galeradas de sus leyendas. Benito murió en Minglanilla en 1848, el mismo año en el que el minglanillero padre Fernando Sánchez fundase en la isla de Cebú (Filipinas) la ciudad de Minglanilla.

Dedicatoria de Maria Luisa Vallejo al autor.
Dedicatoria de Maria Luisa Vallejo al autor.

Don Benitón fue un formidable atleta. Militar en África, cayó prisionero de los moros y logró escapar. Logró varios ascensos en la milicia por méritos de guerra. En el libro Glorias Conquenses II, de 1980, María Luisa Vallejo hace una semblanza de la que vamos a resumir algunas líneas para conocer a este personaje del siglo XIX.

En una pobre casa de jornaleros de Minglanilla nació este titán, que al tener ya desde chico una talla gigantesca y recia musculatura, le mandaron a realizar tareas en el campo y en las cercanas salinas, en lugar de ir a la escuela, dado que sus padres eran muy pobres. Empezaron a llamarle don Benitón pues iba al monte a por leña que luego vendía, y además de cargar al burro con haces de leña, también llevaba otra carga sobre sus espaldas, más grandes que la del resto de leñadores. Vendía cada carga a tres reales y un buen trozo de pan.

Dada su musculatura y poderío, nadie se metía con él cuando ya era buen mozo, pero en una ocasión trabajando en las salinas de Minglanilla empezaron a cuestionar su fuerza y como no quería enfrentamientos les dijo a los mozos que estaban con él que le echasen costales de sal sobre sus hombros y los de sus competidores, a ver quién aguantaba más. Colocaron sobre sus espaldas hasta cuarenta y dos arrobas de sal, o sea, 483 kilos, aclaraba la escritora. Subió un escalón con la pesada carga y se comió una libra de pan ante el asombro de los asistentes.

Calle Don Benito en Minglanilla. / R. Pardo.
Calle Don Benito en Minglanilla. / R. Pardo.

Dicen que cuando tenía 18 años su estatura era de cinco pies y ocho pulgadas y que su corpulencia era proporcionada a su estatura de verdadero gigante. Comentaban que era similar al Moisés de Miguel Angel, que mide 2,35 metros. En Minglanilla no se le tenía miedo a Benitón porque según cuentan era tan grande como tan buenazo.

Cuando le tocó marcharse al Ejército su coronel le nombró cabo de gastadores y visto su comportamiento le hizo doblar la ración de comida al comprobar que aquel gigantón no podría vivir con la ración ordinaria de soldado. Cuentan que en la guerra de la Independencia la primera ver que su batallón entró en combate su pelotón fue arrollado por el superior número de soldados franceses, cayendo herido su coronel. Don Benitón, que se hallaba más alejado, corrió a socorrer a sus compañeros y al coronel, derribando enemigos a mamporrazos con el fusil consiguiendo que no fuesen apresados, y huyendo de los franceses.

Benitón fue nombrado cabo, y en otra ocasión, sitiada Tarragona, los franceses se hicieron fuertes en una posición fortificada llamada “El Olivo”, que era importante por su posición estratégica. El genera español dispuso que esa misma noche se tomase el Fuerte del Olivo y todas las fuerzas de granaderos salieron con sus respectivas compañías. El cabo Benitón fue uno de los primeros en asaltar el fuerte y ante la fuerza del soldado de Minglanilla los franceses huían despavoridos, pues ya conocían al gigante conquense. Dada su heroicidad y eficacia fue nombrado sargento segundo.

En esos años de guerra con los franceses, Benitón recibió once balazos y heridas de las que se fue recuperando, siendo ascendido a capitán. Terminada la guerra, Benitón pasó a la guarnición de Melilla, donde se aburría ante la falta de actividad. En uno de sus paseos, con otro compañero, se fue alejando de la ciudad melillense, sufriendo una emboscada. Don Benitón quería pelear ante los cuarenta moros que les rodeaban con sus espingardas, pero su compañero le comentó que mejor era entregarse. Hechos prisioneros fueron trasladados a un poblado. Los marroquíes quisieron que don Benitón les ayudase, renegando a su religión y abrazando la mahometana, o le pondrían a trabajar en la labranza uncido a un buey.

En este libro figura la leyenda del Hércules Conquense.
En este libro figura la leyenda del Hércules Conquense.

 Y así estuvo haciendo el trabajo durante cierto tiempo, hasta que una noche de gran tormenta y relámpagos, estando en la cuadra donde dormía junto a los bueyes, se presentó la ocasión de poder huir, pues el fragor de los truenos y relámpagos eran como un milagro. Entró el guardián a ver cómo estaba Benitón y éste con sus enormes manos le ahogó y tras coger las llaves de la cuadra-presidio huyó campo a través entre la lluvia y el viento huracanado, llegando hasta las líneas españolas medio muerto.

El oficial que le acompañaba también fue rescatado en una rápida acción de los soldados españoles. Cumplidos cinco años como soldado, Benitón volvió a la Península y su primera parada fue Murcia donde vio a un cochero en carrera desenfrenada con sus caballos desbocados y agarrándose a una de las ruedas logró que los caballos finalmente quedasen parados.

En Valencia, estando en una pensión, su patrona le pidió a un vendedor que le subiese unos kilos de naranjas de las que llevaba en unos serones sobre el lomo de un burro. Le dijo el naranjero que no podía subir con las naranjas, no sea que le quiten el burro y el resto de la carga. Benitón escuchó la conversación, bajo a la calle, cogió el asno y su carga y lo llevó hasta la pensión. Benitón le dijo a la patrona que cogiese las que quisiera y bajó de nuevo al pollino a la calle.

Minglanilla vista por Escobar
Minglanilla retratada por Escobar.

Eran muchas las hazañas que se contaban sobre Benitón, que además era campeón de la barra castellana y los bolos. En el año 1825 el forzudo minglanillero volvió a su pueblo, donde vivió con su mujer e hijos, y los domingos se ponía su traje militar con sus condecoraciones para ir a misa y dar gracias por todo lo que había conseguido. En su pueblo, unos mozos le retaron para ver si seguía con fuerza, y aunque él no era partidario de entrar en liza les propuso ir a la plaza con todos los vecinos delante. “Atadme una soga a cada muñeca y tirais de ella, poniendo yo los brazos en cruz, con un vaso de vino en cada mano haber si evitáis que me los beba. Entre cuatro mozos tirando de las sogas, dos en cada mano, no pudieron evitar que Benitón se bebiese los dos vasos de tinto y tirase a los mozos en la arena de la plaza, ante el jolgorio general.

-¿Y cuál fue el final de este Hércules minglanillero de poderosa fuerza?

-Aún tuvo que intervenir en Cuenca ante el reto de “El Chato”, que era un pendenciero, pero Don Benitón le acalló con una somanta de palos que le dejaron para el arrastre. Estando en Minglanilla llegó una partida del cabecilla Sampere, según relata la Vallejo, y al entrar en una posada intentaron arrestar a vecinos minglanilleros, obstruyendo la puerta que no tenía cerrojo el propio Benitón con su fuerza. Los soldados hicieron cinco disparos con los trabucos y se encontraron a Benitón en el suelo, comprendiendo entonces que él solo los había tenido en jaque. Lo curaron, le quedó una paga de seis reales, pero una de las heridas le dio gangrena que originó su fallecimiento en 1848. Toda Minglanilla despidió a su Hércules, tan fuerte como bonachón.

“LINDA BAKER, LA MUJER DE HIERRO”

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Nos queda la Mujer de Hierro para concluir este curioso programa. Parece que aún vive y era natural de Cenizate, en la provincia de Albacete.

-Según las últimas noticias reside en Aldaya y tiene 87 años. Se llama Angelita Villar, conocida en su tiempo de fama como “Linda Baker, la mujer de hierro”. Nació en la albaceteña población de Cenizate, localidad que antes perteneció a la provincia de Cuenca, pues no podemos olvidar que en el año 1834 fueron segregados 27 pueblos conquenses a la provincia de Albacete, entre ellos el citado Cenizate, La Roda, Munera, Tarazona o Fuentealbilla, de donde es natural el futbolista azulgrana Andrés Iniesta. Volviendo a Linda Baker, la mujer de hierro, y según recogía el diario “Las Provincias”, como varios periódicos de Albacete, con ocasión de una Exposición que se hizo en 2013 en el Teatro Circo albaceteño sobre esta mujer tan popular, Angelita se marchó a vivir a Quart de Pobley y allí se casó con Paco Blay, que era novillero: ella se hizo rejoneadora, actuando de manera especial en plazas de toros de Valencia, Albacete y Cuenca.

-¿Cómo surge que siendo rejoneadora Angelita Villa pase a ser la mujer de hierro.

– Según contaba Vicente Lladró en “Las Provincias”, las cualidades de fuerza de Angelita las descubrió, por casualidad en un chalet, el forzudo Sebastián, “El Sansón del siglo XX”, hoy que hablamos de estos fenómenos, un atleta que ya se dedicaba por entonces al espectáculo. Angelita vio que se había dejado a la puerta unas pesas valiosas y las entró al jardín como si tal cosa para evitar que se las llevara algún extraño. El nuevo Sansón se dio cuenta y habló con ella y su marido, que era empresario, y así fue cómo se convirtió Angelita Villa en Linda Baker, “La Mujer de Hierro”, y pasó a llenar de nuevo las plazas de toros, pero con otra especialidad que fue asombro de todos durante casi tres décadas. Recorrió varias veces toda España y Portugal con gran éxito y actuó incluso embarazada, «hasta los cinco meses”, apunta Vicente Lladró.

Cartel. todocoleccion
Cartel. todocoleccion

-Cuenca fue una de las plazas de toros donde se esperaba con cierta expectación e inquietud a esta mujer que también llamaban la forzuda…

-Mucha expectación por lo que se oía y se hablaba de “la mujer de hierro”, e incluso se divulgó la noticia de que era conquense y tenía un hermano en el Castillo. Creo recordar que vino a la plaza de toros entre 1963 y 1965, y que a los mozalbetes no nos dejaban entrar, pues se veía en la publicidad una grandes piernas y tampoco era aconsejable para la moral ver a una mujer haciendo ostentación de fuerza y con poca ropa. Como bien recoge Lladró, Linda Baker, “con una cuerda que sujetaba con los dientes conseguía tirar de pesados camiones y los arrastraba varios metros entre el delirio del público que llenaba plazas de toros y campos de fútbol. Su espectáculo, entre los años cincuenta y setenta, duraba nada menos que dos horas y consistía en toda clase de exhibiciones de fuerza. Frenaba motos en marcha, levantaba pesas, doblaba gruesas barras metálicas… Parecía increíble tanto poderío en una sola persona, y más siendo mujer. Pero claro, era ¡La Mujer de Hierro!. Increíble, pero cierto, y sigue en su retiro familiar con su edad de hierro, recordando a sus hijos y nietos, que también son artistas, aquellas aventuras de la España… de hierro.

 

 

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