Verano Rural (julio 1986)

ARTÍCULO PUBLICADO EN “GACETA CONQUENSE” (5 al 11 de julio de 1986)

Es verano recién llegado con los calores incluso caniculares que, en la Mancha conquense, se dejan notar con justicia. Pueblos blancos de calles semi desiertas, pues las gentes se afanan en labores de recogida de la lenteja, recolección de cebada y preparativos para la siega del dorado trigo que se mece en los campos con los vientos matinales o diurnos. Los que se quedan en el lugar se aferran al dominó, el botellín, el café, el puro y el cubata, que mola cantidad. Uno pide en el “pub” un pinanjaus, o sea, un gin-tonic, y el camarero, un tanto “mosca” te contesta: “Si es mi padre, el tuyo más”.

El viaje me lleva por los caminos que van a Belmonte, aquellos que hace setenta años se recorrían Grimaldos, Valera y los guardias, para buscar al Cepa –“que-estoy-vivo”—reconstruido por el celuloide. Paradas en Saelices, Puebla de Almenara, Tresjuncos, Osa de la Vega –a dos kilómetros—y en Belmonte, dejando a los lados otros caminos que van a Villamayor o Hinojosos, Fuentelespino de Haro o Almonacid. Castillo de Belmonte para que el visitante recuerde el pasado, por amplios salones, escaleras y paseos por el torreón. Para que van a atacar  y que las trompetas suenan. Era una bandada de golondrinas. Pena de Castillo, sin alfombras, sin doseles, sin nada… Sólo el Castillo se viste para las películas.

Verano rural

Calor tórrido en este trozo de Mancha con molino a media aspa. Calles como digo semivacías en las que aún se aprecia lo que el viento peliculero y taquillero no se llevó: restos de propaganda electoral en paredes y corralones. Son jirones de papeles a todo color, ya amarillentos, que no ha mucho reclamaban el voto “por el buen camino”, “para salir adelante”, etc., etc. La vaga sonrisa de Rupérez y Gervasio aparecen en los carteles, junto a la mirada experta de Zapatero. Sin embargo, en Belmonte el rostro de Suárez era el que dominaba. Y la Colegiata, en obras, cerrada. Quince millones y pico para restaurar algo tan valioso.

De todos modos, las gentes de nuestros pueblos, de tez morena, curtida por el duro trabajo del campo, de sol a sol, hablan más de Butragueño y Espartaco que de los políticos locales y provinciales. A algunos hasta los confunden. Tractores y cosechadoras parten al alba. Con la fresca y el almuerzo se trabaja mejor. Canta el gallo y casi al tiempo se escucha la voz del vendedor de turno con la furgoneta y el altavoz. ¿Dónde los pregoneros?

Aquellas faenas agrícolas de verano. Foto Lunes.
Aquellas faenas agrícolas de verano. Foto Lunes.

Tampoco quedan mulas. La siega ya no es como antaño y la mayoría de las mujeres –algunas de negro riguroso—se quedan en casa porque ya tienen su heroína televisiva con esa Mariana de “Los ricos también lloran”, como en otros tiempos ocurriera con la Lucecita de folletines radiofónicos.

La radio se sintoniza mucho por la zona con Radio Cadena Socuéllamos y Radio Surco F.M. de Tomelloso, que se escucha la mar de bien a más de setenta kilómetros. Un consejo para estos conquenses castellano-manchegos: pongan el dial en las horas de emisión de RNE en Castilla-La Mancha que emite desde Cuenca. Lo agradecerán.

Es verano y, repito, el sol cae con toda justicia. El pito-doble es el rey del café, aunque el tute también priva y entre las cuarenta y las veinte en bastos se escucha la voz del ganador del dominó: “cierro a doses y me quedo con la blanca”. El compañero apostilla: “Picha, mueve la ficha”. La “tele” puede con todo. “¡No me lo puedo creer!”. Y es que la peña de la localidad ha acertado cinco en la primitiva. Poco antes de que el sol justiciero se ponga, las campanas de la parroquia “tocan” a la novena. También en verano. Habrá que seguir con el relato, porque hablar de Tresjuncos, la Osa, Puebla, Saelices y Tarancón, merece la pena. En la próxima.

José Vicente ÁVILA (Gaceta Conquense, 1986)

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