Carolina Marcial, de Nueva York a Cuenca, en un atardecer de oro

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 3 DE OCTUBRE DE 2017 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2017/10/03/ser_cuenca/1507043761_090 317.html

“En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca”…, así comienza su artículo publicado en 1926 y titulado “Atardecer en Cuenca”, Carolina Marcial Dorado, que quizá sea la primera escritora que publica un texto en prensa sobre la ciudad de Cuenca, como hoy nos va a comentar José Vicente Ávila en el programa “Páginas de mi Desván”, que este martes ha titulado como “Carolina Marcial, de Nueva York a Cuenca en un atardecer de oro”.

¡¡Ya hemos estado en Cuenca!! rubrica al final de su crónica Carolina, dedicada a un pintor norteamericano que la había visitado mucho antes y plasmado sus paisajes en unos lienzos que orlaban su casa, y que la propia escritora española, afincada en Nueva York, había visto allí. Desde aquel día, Carolina Marcial, que ya había escrito en 1917 el libro “España pintoresca”, deseaba conocer Cuenca, pues en ese relato hispano su recorrido se había limitado a Madrid, Castilla-La Vieja y Andalucía.

Si te parece, José, vamos a conocer primero quién era Carolina Marcial Dorado, que además nació en Castilla-La Mancha.

– Si hubiera que utilizar un adjetivo habría que señalar que Carolina Marcial fue una mujer excepcional. Cuando se habla de la generación del 98 o de la generación del 27, apenas si se cita el nombre de alguna mujer. Pues bien, podíamos decir que Carolina Marcial, que era doctora en Filosofía y Letras, fue una auténtica embajadora de la cultura española en Estados Unidos, donde vivió prácticamente durante casi toda su corta vida, aunque todos los años viajaba a España.

Nacida en la localidad toledana de Camuñas en 1889, en el seno de una familia protestante, su padre fue José Marcial Palacios, pastor de la iglesia y agente de la Sociedad Bíblica, que se había trasladado en 1880 a esta localidad toledana conocida entonces como la “Ginebra Manchega”, al ser la primera iglesia evangélica en la Mancha. Escribe Pilar Piñón Varela, en su tesis doctoral “Las mujeres como protagonistas del intercambio académico  entre España y los Estados Unidos” (1919-1939), que cuando Carolina tenía ocho años fue llevada a San Sebastián y más tarde a Biarritz y Madrid, por imperativo del trabajo evangélico de su padre, que falleció cuando ella tenía 14 años. Terminó en Madrid el Bachiller que logró en 1907, lo que le permitía poder ir a la Universidad, logro por entonces muy difícil para una mujer. Con 16 años hizo su primer viaje a Estados Unidos para volver luego a Barcelona con sus estudios en la Liga del Instituto Internacional, ligado a la iglesia congregacionista.

Dibujo de Carolina Marcial de su libro “España pintoresca” 1917.
Dibujo de Carolina Marcial de su libro “España pintoresca” 1917.

Estamos por tanto ante una mujer que desde muy joven mostró unas inquietudes que no eran muy frecuentes en aquellos primeros años del siglo veinte por lo que respecta al género femenino, tan poco valorado.

– Estás en lo cierto. Para resumir su amplio historial, pese a que Carolina Marcial falleció en Nueva York el 25 de julio de 1941, con 52 años, tenemos que señalar que fue autora de varios libros de texto en castellano para extranjeros, entre ellos “Primeras lecciones de español”, “Libro tercero de lectura”; “España pintoresca”, de 1917, que ahora cumple cien años, y “Trozos modernos”, de 1922, entre otros de su docena de publicaciones, además de numerosos artículos en revistas norteamericanas y españolas, destacando sobre todos relatos y leyendas como “El alacrán fray Gómez” o “Las mariposas del Alcázar”.

(todo colección)
(todo colección)

Se aprecia que fue una mujer muy trabajadora y emprendedora y que pese a su juventud fue una escritora muy activa….

-Además de escribir y dar clases daba conferencias y era muy buenas relaciones públicas, sobre todo en Estados Unidos, donde su tarea era dar a conocer el idioma castellano y alentaba a los turistas a visitar España. En suma, fue una de las mejores embajadoras de la cultura española en Norteamérica en esos años de los “felices veinte” y ello la llevó a que fuese distinguida con la concesión de la Gran Cruz de Alfonso XII y de la Cruz de Plata del Mérito Civil, única personalidad protestante que las ha recibido, según destaca esta comunidad en las redes sociales. Cuando falleció en 1941,  a consecuencia de un ataque al corazón, el New York Times publicó una amplia necrológica, haciéndose eco de su labor a favor de la cultura española, lo que indica la categoría que tenía en Nueva York.

Foto de Carolina Marcial publicada en el diario 'Abc' el 23 de octubre de 1927. / Archivo 'Abc'
Foto de Carolina Marcial publicada en el diario ‘Abc’ el 23 de octubre de 1927. / Archivo ‘Abc’

Por aquí tenemos una página del diario “Abc” del 23 de octubre de 1927, que se titula “La ilustre doctora española que sólo vive para España”

-Son bastantes las referencias que tanto este periódico, como otras publicaciones, hacen de Carolina Marcial, y fíjate además Paco, que el entonces corresponsal Miguel de Zárraga, que le dedica una página tras la concesión de la Medalla de Plata al Mérito Civil, cuando ella tenía 38 años, a propuesta de la Cámara de Comercio Española de Nueva York y de la propia Embajada, por la propaganda que hacía de España en Estados Unidos, destacaba entre líneas algo que debiera parecer inaudito, muy propio de la época: “Carolina Marcial Dorado, doctora en Filosofía y Letras, en plena y deslumbrante juventud, soltera aún, es profesora de Literatura Española en el prestigioso Barnard College de la Universidad de Columbia”… y otros cargos, entre ellos el de directora de un departamento de publicaciones y fundadora y presidente del Bureau de Información Pro España, patrocinado por la compañía telefónica norteamericana y a su vez por la española…

-¿Cómo surge el viaje de Carolina Marcial Dorado a Cuenca?

-Cuando publicó el que ya es centenario libro de “España pintoresca”, Carolina se quedó con las ganas de haber conocido no sólo Cuenca, sino otros lugares de Castilla y La Mancha, por ser el lugar de su nacimiento. Fue una impenitente viajera, pese a las dificultades de la época, y su conocimiento de la ciudad de Cuenca, como ella misma cuenta en el artículo que escribió tras visitarla en 1926, fue al ver unos cuadros que sobre nuestra ciudad tenía en su casa el pintor Mister Charles Hoffman. Ello viene a indicar que este artista norteamericano estuvo en Cuenca unos años antes, con lo que se abre otra vía de investigación sobre este pintor del cual aún no he encontrado ninguna referencia, que habrá que seguir buscando…

Dibujo de Wifredo Lam. La Ilustración Castellana.
Dibujo de Wifredo Lam. La Ilustración Castellana.

Estos días al descubrir la presencia de Carolina Marcial en Cuenca, con lo que suponía para el turismo con la publicación de sus artículos en Nueva York, me acordé mucho de Florencio Martínez Ruiz, que era todo un experto en presentarnos personajes de otros siglos que pasaron por Cuenca y dejaron su huella. En el repaso a “Cien escritores y Cuenca”, que hizo Martínez Ruiz en 1990 no hay ningún nombre femenino y ello me induce a pensar que Carolina Marcial es la primera mujer que escribe y publica sobre Cuenca en 1926, y ello es una auténtica novedad. Dado que no he encontrado referencias del pintor norteamericano Mister Charles Hoffman, he incluido para este programa unos dibujos del pintor cubano Wifredo Lam, que estuvo en Cuenca en esos años de 1926 y 1927, publicados en “La Ilustración Castellana”, dejando una buena muestra de aquellos paisajes, deslumbraron a la que hoy presentamos como novedosa escritora sobre Cuenca, hasta ahora desconocida en las páginas culturales conquenses, pero que hoy en la Cadena Ser estamos descubriendo.

-¿Cómo llega a Cuenca Carolina Marcial, deseosa de conocer el paisaje que vio en los cuadros de Charles Hoffmann?

-Carolina había participado un mes antes en Nueva York en un homenaje que se le hizo a ella y a Concha Espina, en el que por cierto se pidió el Nobel de Literatura para la escritora santanderina. De su viaje de Madrid a Cuenca, se hizo eco “El Día de Cuenca” con un suelto titulado “Viajeros distinguidos”, en el que se informaba que en automóvil llegaron a Cuenca el subdirector general de la Compañía Telefónica Nacional de España, José Berenguer, acompañado de “la ilustre publicista” señorita Carolina Marcial Dorado, profesora de la Universidad de Columbia, junto a Mis Madge Turner, alumna aprovechada de dicha Universidad.

La Ilustración Castellana, 2 octubre 1927.
La Ilustración Castellana, 2 octubre 1927.

Informaba el periódico que tan distinguidos turistas visitaron la ciudad y sus alrededores, acompañados de don Julián Soria, y hoy –se trataba del 8 de agosto de 1926—saldrán para la Ciudad Encantada y Uña. Terminaba la nota de prensa que “les deseamos una gratísima excursión y un buen recuerdo de esta visita de estudio que realizan”. Al lado aparecía una noticieja en la que se comentaba que en los jardines de la Diputación, alegre sitio de recreo de pequeños y grandes, se han sembrado uno macizos de césped, que nada tienen de artísticos ni de atrayente originalidad. Cualquier pradera les echa la zancadilla en frescura y lozanía”.

Vamos a conocer lo que publicaba Carolina Marcial sobre la impresión que le causó la ciudad de Cuenca, tras su recorrido durante unos días.

-Lo escribió en el mismo hotel y lo dejó para su publicación. El artículo en cuestión se insertó en la edición de “El Día de Cuenca” del 13 de agosto de 1926, bajo el título de “Atardecer en Cuenca”, en la primera página, a dos columnas. Merece la pena que el texto lo demos a conocer, dado que es el primero o uno de los primeros que una mujer dedica a Cuenca en letra impresa, en este caso en la prensa local y posteriormente en folletos turísticos de Nueva York. Así empieza su relato Carolina Marcial Dorado:

“En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca. El automóvil iba dejando tras sí pueblos de rancio abolengo y de interesantes contornos: Tarancón, Alcázar del Rey, Carrascosa del Campo… y otros muchos; pero nosotros sentíamos sin igual ansiedad por llegar a la ciudad vetusta y nos resistíamos a detenernos en el camino o a disminuir la velocidad.

Hacía años que nos sentíamos dominados por el deseo de visitar a Cuenca. En nuestra vida de excursión continua teníamos recorrido las capitales más notables de Europa, las ciudades más bellas de España; pero Cuenca quedaba siempre fuera de nuestro complicado itinerario como si fuese un lugar inascesible (inaccesible), una ciudad encantada…

-“Ciudad Encantada es en verdad” –nos decía con calor el gran pintor norteamericano, Mister Charles Hoffman, que ha decorado su suntuoso hogar en Old Lyme, Comnecticut, con portentosos paisajes de Cuenca.

Cuenca. Aureliano de Beruete. (A Lhardy). Biblioteca Nacional.
Cuenca. Aureliano de Beruete. (A Lhardy). Biblioteca Nacional.

–Fíjese Vd. en este cuadro –nos decía–, representa las “casas nidos”, que se elevan hasta las nubes desde el borde rocoso del abismo. ¡Todos me dicen que es imposible, que no existen tales casas, tales perspectivas, que estos cuadros son el resultado de la fantasía de un pintor exaltado!. Pero, ¡yo no me exalto! ¡Yo soy sajón! ¡Estos cuadros son copias exactas de las hoces de Cuenca, de la belleza atrevida de sus puentes, de la extraordinaria construcción de sus calles y casas!

-Y nos enseñaba cuadros y más cuadros de extraña composición y de evocaciones inauditas.

Y he aquí como la flemática y persuasiva charla del pintor norteamericano despertó en nosotros el deseo irrevocable de visitar a Cuenca.

Por fin nos encontramos frente a la ciudad. La antigua capital parecía una formidable fortaleza gris. Los ríos Júcar y Huécar besan amorosamente sus augustas plantas. En sus aguas tranquilas se reflejan los puentes romanos, los castillos moriscos, los arcos góticos y… las casas gigantes, que parecen salir del seno de la tierra y elevarse a las alturas inconmensurables.

La vista de esta ciudad única y extraña trae a nuestra mente exaltada de recuerdos de su glorioso pasado. En el siglo IX era ya un baluarte morisco. En el XII, tras largo y reñido cerco, Alfonso VIII conquistó la ciudad, haciendo ondear en la almena más alta del castillo llamado Conca, el pabellón cristiano de Castilla. Sus habitantes recibieron, entonces, gozosos, grandes privilegios y se vieron amparados por el famoso Fuero de Cuenca, uno de los más antiguos y notables del reino.

Sinnúmero de hombres ilustres dieron realce a esta ciudad tranquila. A la sombra de frondosos pinares nacieron esclarecidos varones: El privado Don Álvaro de Luna; los hermanos Valdés, honra de la prosa y de la filosofía castellana; el excelso místico Fray Luis de León, cuyos versos límpidos, plenos de sencillo fervor religioso son de un estilo incomparable y encierran una profunda filosofía religiosa y humana.

Casas de la Hoz del Huécar. Wifredo Lam, punte del natural. La Ilustración Castellana 2-10-1927.
Casas de la Hoz del Huécar. Wifredo Lam, punte del natural. La Ilustración Castellana 2-10-1927.

Hoy día es Cuenca una ciudad “apartada del mundanal ruido”, como dijo su místico poeta. El silencio de la ciudad nos impresiona. Toda ella permanece en un letargo intenso. Ya no se oyen allí trompetas guerreras, ni gritos de batalla, ni el cabalgar de briosos corceles: la ciudad duerme…

En la iglesia de San Gil dobla quejumbrosa una lenta campana: unas mujeres que lavan en el río se persignan y rezan devotamente.

El sol se va escondiendo tras los montes azules; sus rayos de fuego y oro iluminan las rocas de formas grotescas que la rodean, y envuelven misteriosamente a la ciudad gloriosa.

En la calma sugestiva del crepúsculo sentimos que pasa por todo nuestro ser un arrobamiento místico. Es la hora del “Ángelus”, el momento propicio para la meditación y para dar gracias al Todopoderoso. Con serena evocación recordamos agradecidos el privilegio que Él nos concediese: somos en el extranjero, en la activa América, el portavoz de las grandezas de nuestra patria.

Gracias al Bureau de Información Pro-España, que fundó y mantiene la hispanófila Sociedad Internacional Telephone and Telegraph, de la cual es afiliada nuestra Compañía Telefónica Nacional, podremos en el futuro ocuparnos de dar debida publicidad a esta ciudad: hacer justicia a la olvidada villa castellana tan rica en bellezas arquitectónicas y tan abundante en deliciosos paisajes y generosa hospitalidad.

Surge también en nuestra alma el ansia invencible de dar al mundo noticias de los nuevos adelantos que en Cuenca se notan hoy por hoy. En ella se construyen modernos edificios; sus habitantes se esfuerzan por acondicionar la ciudad para que sea visitada y admirada por el mundo entero.

En el silencio intenso del atardecer estival, nos vamos dando cuenta de este despertamiento de la ciudad dormida. Parece que al fin despierta a la realización de su propio valer; ya llega a darse cuenta de que tiene el deber de anunciar por todas partes la riqueza inagotable de sus tesoros.

De nuevo nos sentimos dominados por el deseo de poner el Bureau de información Pro-España de la Internacional Telephone and Telegraph a la disposición de nuestros amables y dignos compatriotas de Cuenca. Así lo decimos a nuestros amigos de la ciudad augusta; así lo haremos inmediatamente.

Sí, señor Hoffman, sus cuadros son exactos, no son exaltaciones de pintor fantástico. Nosotros también hemos visto todo eso. ¡¡Ya hemos estado en Cuenca!!

El Júcar se desliza suavemente bajo los altos arcos de los vetustos puentes, y parece ir susurrando canciones heroicas, trovas románticas de esta ciudad que fue en su tiempo centro de poder y de nobleza”.

Muy interesante el artículo de Carolina Marcial, en su visita a Cuenca, tras ver las pinturas del pintor norteamericano Charles Hoffmann…

-Como ves, Paco, cualquier tiempo pasado fue como fue, pero hoy hemos descubierto a una escritora española que residió en Nueva York, y descubrió Cuenca en un atardecer dorado como el apellido de su toledana madre, que vio los rascacielos de San Martín y se acordó de Manhattan e incluso destacó aquella pequeña ciudad de la calle Mayor que entraba en la modernidad de sus notable edificios en construcción como lo eran el Hotel Iberia, el Banco de España o la plaza de toros, que pocos meses más tardes le dieron otro realce a la ciudad que iba creciendo y se daba a conocer. Pero este martes ha sido todo un placer poder hablar de Carolina Marcial Dorado, cuyo nombre debe figurar en el listado de escritores y escritoras que dejaron su huella y su firma en Cuenca.

-¿Es la primera mujer que escribe sobre Cuenca?…

-Ahí queda el interrogante.

 

 

 

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