La morrá del “Ropilla” y las bromas de populares personajes conquenses

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 12 DE DICIEMBRE DE 2017 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, REALIZADO Y PRESENTADO POR PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2017/12/12/ser_cuenca/1513091978_318154.html

Los episodios locales, la intrahistoria, la anécdota e incluso la broma, forman parte de la vida de una ciudad o de un pueblo, que se han ido transmitiendo, bien al calor de la lumbre baja en tiempos de “mari castaña” como se solía decir, o a través de escritos y publicaciones que, como en el caso de Cuenca, realizaron en la década de los cincuenta y los sesenta en la prensa local dos escritores como el Padre Martínez y Mateo López, que dieron vida a personajes con nombres y apellidos, apodos y motes, en sus secciones “de ayer y de hoy” y de “tipos costumbristas conquenses”. Uno de esos personajes populares lo fue el “Ropilla” y otros ciertamente bromistas como Peñalver, Barrenas, “El Anís”, “Garrillas” y “el Tío Ratón”, aunque la lista de estas intrahistorias se haría interminable.

Hoy, en Páginas de mi Desván, comenzamos con José Vicente Ávila recordando a “Ropilla” y su famosa amenaza en un teatro lleno.

El “buen Ropilla”, el moro de la “morrá” como lo definió Mateo López en una de sus crónicas “De ayer y de hoy” en el periódico “Ofensiva” en 1958, es uno de esos personajes que han pasado a la historia local por una frase que dijo en el Teatro Principal, situado en la calle Alonso de Ojeda, que no estaba en el guión, pero que se ha convertido en advertencia cuando se trata de cortar por lo sano una discusión: “¿Sabes lo que dijo el “Ropilla”? Que alguno se va a mamar un guantazo con hache… Es lo que se suele decir, aunque en realidad el Ropilla no mentó lo de alguno se va a llevar una “hos·, sino que dijo, “A alguno le voy a dar una morrá”.

Actual sede del Centro de Discapacitados Intelectuales 'Infantas de España' en la calle Alonso de Ojeda de Cuenca, sede hasta los años 40 del siglo XX del Teatro Principal, antes de la Paz y Liceo. / El Día de Cuenca
Actual sede del Centro ‘Infantas de España’ en la calle Alonso de Ojeda de Cuenca, sede hasta los años 40 del siglo XX del Teatro Principal, antes de la Paz y Liceo. / El Día de Cuenca

-Antes de entrar en detalle de cómo surgió la frase es importante apuntar que se produjo en el Teatro Principal de esa calle que recuerda al conquistador conquense

-Conviene señalar que el “Ropilla”, de cuyo nombre y apellidos sigue siendo desconocido, era vecino muy próximo a esa calle Alonso de Ojeda, conocida con este nombre desde 1881, pues antes se denominaba calle Bronchales y allí también vivió el propio Alonso de Ojeda antes de partir a descubrir el Nuevo Mundo. Nuestro “Ropilla” solía ser llamado como figurante para algunas obras teatrales que allí se representaban y es importante saber que el primer teatro de Cuenca, en 1818, en la calle Alonso de Ojeda, 7, fue el conocido por El Liceo. Hacia 1860, según se recoge en las efemérides de 1863, se cita al ex-Liceo, y ya se conocía con el nombre de Teatro La Paz (citado en El Consultor Conquense de 1894). Pero el 8 de noviembre de 1919, se estrenó con una gran remodelación, con el nombre de Teatro Principal. Es decir, el mismo teatro fue conocido con tres nombres, y años después como Escuela Sindical de Artesanía y actual Centro Infantas de España. Se trataba de un teatro muy recogido y acogedor, en forma de herradura, con un piso de plateas y otro segundo de palcos, además del “gallinero”.

-¿Por qué surgió esa frase que se hizo tan popular del “Ropilla”?, que aún se sigue pronunciando, pues incluso José Luis Lucas Aledón la recordó en su Pregón de ferias de 2015?

-Como bien relataba Mateo López, hacia 1922, y citamos literal, “se celebraba una función en dicho teatro, titulada “Los héroes del Rif”, muy de moda entonces por estar España en guerra con los moros. Hubo que buscar comparsas de entre los de Cuenca para formar los dos ejércitos”. El caso es que cuando se levantó el telón para la función lírica, que llevaba en España un centenar de representaciones, apareció en una cuba grande un moro con su chilaba y un fusil en la mano. Comenzaron los murmullos y los chicos del “gallinero” ya “le tomaron ojeriza al personaje por ser moro”, y los murmullos subieron de tono con alguna carcajada, pues uno de ellos conoció al personaje y dijo, pero si es “Ropillla”. Entonces, señalaba Mateo López, desde varios sitios del llamado “gallinero” empezaron a vocear diciéndole: “¡Ropilla, Ropilla, Ropilla!”…

Y claro, ante aquel tumulto, se levantó el figurante actor que estaba en la cuba de madera y encarándose con los que estaban arriba les gritó a viva voz: “¡A alguno le voy a dar una morrá!”. Vamos, que le iba a partir los morros. El caso es que la función se suspendió por unos minutos hasta que se hiciese el silencio… La representación al final resultó un éxito.

Sección costumbrista de Mateo López en "Ofensiva" (su nombre era Basiliso Martínez Pérez)
Sección costumbrista de Mateo López en “Ofensiva” (su nombre era Basiliso Martínez Pérez)

-Y el “Ropilla” seguro que jurando y perjurando que su amenaza no iba a caer en saco roto…

-Bueno, en otra ocasión el “Ropilla” salió vestido de fantasma y pensó para sus adentros que no le iban a conocer, pero en cuanto el público lo vio con la sábana blanca las risas y los comentarios no tardaron en escucharse con frases en voz baja: “¡Debajo de la sabanilla se encuentra el Ropilla!”. Meses después nuestro personaje, amigo también de los vinos y licores, protagonizó una curiosa anécdota junto a Posada, muy conocido por su embriaguez continuada. En la noche de San Juan se fueron los dos de madrugada a verbenear por la ribera del Júcar, que era lugar de romería hasta la ermita de San Juan de la Ribera el 24 de junio. Se contaba en “El Día” que “aficionados a la fruta en sazón llegaron a una huerta y el bueno de Posada encaramóse a un guindo…

… Acertó a pasar por una senda de las inmediaciones otro amigo. Vio a Posada en el árbol y chocándole verle así, le preguntó:

-¿Qué haces ahí, Posada…?

-Humm..! Aquí estoy echando guindas en aguardiente –contestó rápido, señalando a su amigo “Ropilla” que, con la boca abierta, en el suelo, esperaba coger de la fruta que su amigo le arrojara desde arriba. (Lo que no se sabe es si el amigo les dijo aquello de que como venga el dueño… alguno se va a mamar una morrá… Lo dejamos para la imaginación)

Sección de El Padre Martínez en "Ofensiva", entre 1957 y 1958.
Sección de El Padre Martínez en “Ofensiva”, entre 1957 y 1958.

Del Ropilla pasamos, José, a Peñalver, un comerciante muy conocido por sus continuas bromas…

-Esta historia la contaba “El padre Martínez”, como así firmaba su sección “Cualquier tiempo pasado fue… así (Tipos y costumbres conquenses)”, que mantuvo durante un par de años en el periódico “Ofensiva” de Cuenca, entre 1957 y mitad de 1958. Al hablar de “las bromas de Peñalver”, Martínez ponía en antecedentes que “hace muchos años que Carretería era una plaza de mercado, ocupada por canastas de verduras, zapaterías al aire libre, puestos de baratijas, etc. A ambos lados de las aceras existía una fila de olmos, árboles que si bien daban sombra, también eran cobijo de moscas y otros insectos…” Además la calle no estaba asfaltada y en invierno había barro y polvo en verano, con carros y borricos circulando. Entre los comerciantes estaban los Arrazola, Garay, Baños, Marín, Cuesta, Picazo, Arquero, Alegría, las tres BBB, Emilio Santamaría, el tío Aparicio, Del Mazo, Casa Peña, Antonio Yunta, el tío Berlanga, y sobre todo, Peñalver, el gran bromista, que tenía su tienda de juguetería en el local de la confitería Ruiz, y no había día que no gastase bromas a sus compañeros, que solían decir, “¡ea!, cosas de Peñalver…”

-¿Qué tipos de bromas hacía o gastaba este comerciante de Carretería?

-En una ocasión asistía a un entierro a El Salvador y delante de él iba su compañero comerciante Baños, lo que aprovechó para decirle a una vendedora de uva que se encontró por el camino, que fuese al comercio de Baños con dos kilos de uvas para su mujer, encargadas por su marido pero que tenía que pagar ella; o entraba en algunas casas el día que ponían cocido, que era muy habitual, y se llevaba la carne. Una de las bromas que más irritó a sus vecinos comerciantes fue la de cambiar en una noche los letreros de madera que entonces colgaban en las puertas anunciando el producto. En la carnicería colocó el de barbería; en la zapatería, librería; en la librería, licorería; en la taberna, piensos y pieles; en la barbería, funeraria…y así sucesivamente… Eran bromas de Peñalver, pero ésta no les hizo mucha gracia a sus vecinos.

Carretería con árboles y sus tiendas de toldos.
Carretería con árboles y sus tiendas de toldos.

Que ya estarían hartos de tantas gracias. ¿Cómo reaccionaron?

-Los comerciantes se cansaron de las bromas de Peñalver, que por cierto era muy aprensivo, y un día se pusieron de acuerdo para recetarle de su propia medicina. Antes de abrir las tiendas se juntaban en tertulia en uno de los colmados de Carretería para tomar el café mañanero. Y allí estaba sentado Peñalver, que había estrenado un sombrero, que dejó colgado en un perchero del ropero. Conforme iban llegando sus compañeros, puestos de acuerdo, le iban preguntando. ¿Qué te pasa Peñalver? Parece que tienes la cabeza hinchada. Todos le decían lo mismo, hasta que le entró la aprensión y se puso colorado y casi morado. Uno de los comerciantes cogió el sombrero de Peñalver y se fue a las tres BBB a cambiarlo por otro igual, pero de dos números menos, y lo dejó de nuevo en el perchero. Peñalver, que ya estaba mosqueado, se levantó y cogió el sombrero, viendo que no le entraba en la cabeza… y se asustó.

-Vamos, que se tragó la broma y creía que era verdad lo de la hinchazón…

-Tanto se lo creyó que se fue a la botica de Zomeño, y éste, que ya estaba avisado, le dijo: “Efectivamente, tienes la cabeza algo hinchada, pero no es cosa de cuidado; tómate estas píldoras y no te levantes hasta mañana, doblando la almohada en tu cabeza para que ayude a bajar la hinchazón; verás como te pones bien, Mañana irá a verte”. El primero que fue a verle fue Garay, que vendía gorras, y le llevó el sombrero que le habían cambiado, y enseguida apareció Zomeño, diciéndole: “Quítate la almohada que ha bajado la hinchazón y parece que tienes la cabeza normal; y ponte el sombrero a ver como te queda”. Peñalver asintió que le había entrado mucho mejor y que ya no le dolía la cabeza. En ese momento irrumpieron los amigos y vecinos comerciantes en la alcoba y rieron la gracia, dándose entonces cuenta Peñalver de que todo era una broma y casi le da un verdadero dolor de cabeza. Terminaba su historieta el padre Martínez señalando que “desde entonces Peñalver se guardó muy bien de gastar bromas a nadie”.

-Otro conocido bromista de aquellas calendas era un tal Barrenas, que no se andaba con chiquitas. Cuanto más gordas, mejor, sus “inocentadas” diarias, porque se llamaba Inocente…

-Curioso personaje entre “los tipos y costumbres” del padre Martínez. Efectivamente se llamaba Inocente Barrenas y era dueño de la venta de la Caserna, que estaba situada a unos 30 kilómetros de Cuenca, camino de Valencia. La venta tenía mucha actividad, pues era parada de carros y fonda, y a Inocente, “que era gordo y campechano”, al decir del cronista, le gustaba gastar bromas a los viajeros y visitantes. A quienes hacían parada y fonda les ofrecía un porrón de anisado que era agua de Carabaña y pasado el susto les ofrecía el anisado entre la carcajada. Además criaba y vendía caballos que los tenía en un corralón. Cuando le preguntaba algún viajero si tenía caballos él decía: “Tengo uno que es lo mejor de la provincia. Si lo quieres ver, ahí está en el corral…”

Con la venta de caballos no se permiten bromas, pues ya ves cómo las gastaban en el Oeste americano…

-El visitante que quería ver ese caballo especial recomendado entraba en el corral y allí había, al fondo, un toro de cuatro años, y el confiado comprador tenía que salir corriendo hacia un cercano carro preparado a propósito, hasta que llegaba Barrenas y encerraba al toro, domesticado por él. Otro día invitó a los ingenieros de Montes a cazar el perdigón en el monte de la Caserna. Estos llegaron en la diligencia por la tarde, les preparó cama y mejor cena, y muy temprano los llevó a los puestos. Allí estaban los cazadores sigilosos y cuando empezó a amanecer, el perdigón, a pesar de lo bueno que era, según les había explicado a los ingenieros, no cantaba. Pasado el tiempo de espera y desespera de los cazadores, se acercaron al tanganillo y vieron que dentro de la jaula había una alpargata…

-¿Y no le dieron de su propia medicina, como ocurrió con Peñalver?

-Aún se atrevió Barrena con otra pesada broma: escribió una esquela para que el conductor de la diligencia, que allí paraba, la fuese leyendo a todos los peones camineros que había hasta Minglanilla. La esquela decía lo siguiente: “A las doce asistirán al entierro del capataz  de Villar del Saz”. Todos los caminero siguiendo el aviso de la esquela se pusieron en camino y cuál no sería su sorpresa cuando se encontraron al capataz tan “fresco”. El jefe de los camineros les aclaró lo sucedido e Inocente tuvo que hacer frente a una fuerte y ejemplar multa. De su propia medicina recibió Barrena una “broma” insospechada, ya que “al ir a beber en una bota le salió un brocaño de vino a los ojos, que al final lo dejaría ciego”, remachaba su historia el padre Martínez.

Plaza de Cánovas de Cuenca a mediados del siglo XX con la perrera (a la izquierda) de la que se escapó 'El Ratón', el bromista del que hablamos al final de en este reportaje. / Archivo de José Vicente Ávila
Plaza de Cánovas a mediados del siglo XX con la perrera (a la izquierda) de la que se escapó ‘El Ratón’. / Archivo de JV.  Ávila

-Ahora tenemos no a uno, sino a tres populares bromistas conquenses, en el relato de Mateo López…

-En esta historieta, tan real como la vida misma, Mateo contaba que los tres protagonistas eran “El Anís”, “Garrillas” y “el tío Ratón”. El trío comenzó a divulgar por bares y tabernas que en Royofrío “había un lirón con unos dientes descomunales, que se ponía al sol en unas riscas y que atacaba a los ganados y pastores, pero se podía ver sin peligro alguno desde las riscas de enfrente”. Pronto se corrió la voz por la ciudad y no había otra conversación por Cuenca. Los primeros voluntarios, encabezados por El Anís, Garrillas y el Ratón, armados hasta los dientes, dijeron que lo habían visto, contando más cosas y más grandes sobre la fiera, hasta que el camino se convirtió en una romería. Vamos, como cuando la gente iba a Villalba de la Sierra a ver si la Virgen lloraba…

-Y cómo terminó esta historia del lirón imaginario…

-Viendo cómo se ponía el percal, y ante la ausencia del lirón, los tres embusteros empezaron a decir que ahora salía en la Alameda y atacaba a los hortelanos y sus huertas con unos dientes descomunales y daba grandes alaridos de noche. Pronto se llenó la Alameda, destrozando a los hortelanos sus frutos y llevándoselos. Al final tuvo que bajar la Guardia Civil para poner orden y averiguar que lo del lirón de Royofrío y la Alameda era todo mentira y producto de la broma de estos tres personajillos. Detuvieron al Ratón, que fue el principal inductor de la broma, y le encerraron en la perrera, que era una especie de inspección de tablas que había en la entonces llamada Plaza de Cánovas. La primera noche, el buen y bromista Ratón arrancó una tabla y se escapó dejando un letrero que decía:

“Conquenses y conquensones,

alcaldes y regidores,

tapar bien los agujeros

que se escapan los ratones”.

Para terminar este programa, entre bromas y veras, nos traes José alguna anécdota que tenías por aquí guardada del verano de 1926 en Cuenca, mucho antes de que se construyese la Playa Artificial….

-Pues sí, tengo una nota que puede ser tan pintoresca como curiosa o atrevida, como era el caso de que algunas personas se bañaban desnudas en el “Tablón” del Júcar, sin que aún existiese la Playa Artificial, que se adaptaría como tal casi veinte años después. Los baños en el Júcar, y sobre todo en el paraje conocido como “El Tablón”, eran la “serpiente del verano”. Escribía Eusebio Chuts que “son nuestro baños de un encantador y delicioso sistema paradisíaco, en donde púberes e impúberes y algún que otro que peina canas, como en los mejores tiempos del idilio de Adán y Eva, lucen sus encantos y sus desnudeces, sin menoscabo de la moral ni de las buenas costumbres….

"El Tablón" en el recodo del Júcar.
“El Tablón” en el recodo del Júcar.

El zambullimiento de los cuerpos en el célebre “Tablón” del río Júcar es, a juzgar por los que gozan de su disfrute, de un delicioso bienestar, y el reposo junto a la ribera no menos agradable y reconfortante a juzgar igualmente por los que lo practican, luciendo, como decían en la zarzuela clásica todo lo que Dios les dio”.

Recordaba Chuts que en esa época era muy poca gente la que se bañaba, ni siquiera en casa porque no había duchas y pocos grifos… y terminaba así su comentario al baño “en cueros”: “Triunfe la higiene, la salud y la limpieza, aunque se resienta algo la moral…” Y si tenemos tiempo, Paco, aún puedo hablar de pasada del Recreo Peral, tan cercano al Tablón…

(….)  Aún nos queda…..

-En “El Día” se publicaba que en primavera se había anunciado que el Recreo Peral iba a ser arrendado como “rincón veraniego” y al efecto se presentaron varios industriales, uno de ellos conquense, que prometía hacer obras de consideración en tan pintoresco paraje. Había llegado el verano y nada se había hecho y por ello escribía Basiliso Martínez Pérez: “¡No hay derecho señores, para privar a una ciudad como Cuenca, del goce de las delicias de este paraje bello, ya que fue pródiga con ella al concedérselo! ¡Hay que cortar  de raíz estas desidias!

-Has citado a Basiliso Martínez Pérez, que firmaba como Mateo López en algunas de las historias que hemos escuchado…. ¿verdad?

-Basiliso Martínez Pérez fue un escritor conquense, que defendió su tierra a capa y espada en centenares de artículos y publicó en 1929 el libro “Postales Conquenses”. Dio a conocer a numerosos personajes locales en esas croniquillas que firmaba con el pseudónimo de “Mateo López”. Cuando falleció en 1963, Federico Muelas le dedicó un artículo del que entresacamos este párrafo como corolario al programa de hoy: “¡Adiós cronista honrado de las horas limpias, esas que los demás olvidan y que tú y yo sacábamos de entre las hojas de la memoria, con su color y su aroma, para detener el tiempo haciendo volver hacia atrás sus aguas…!

 ¿Qué serán ya, sin ti, las anécdotas del Miquis y Ropilla, de Juan Pedro el gitano y Malasangre, del tío Plácido y Carlillos, de don Jerónimo Cuesta y Pozuelote, de la Garrancha y la Peliblanca, de Pontiplata y Candilón?

¿Quién volverá a evocar las ingeniosidades de don Antonio Benítez, las salidas de Pepe Moreno, las bromas de Peñalver o las argucias de Victoriano Ballesteros? ¡Cuánta, cuánta vida conquense acabamos de enterrar!”, escribía Federico Muelas, que luego hablaría de otros personajes como Bernabé Aguilar “Pataco”, Adolfo Bravo y “Celes”, el del hospital, o Manolo el de “mi duro y mi manta”, aunque éstas son otras historias… para un día cualquiera.

 

 

 

 

 

Un comentario en “La morrá del “Ropilla” y las bromas de populares personajes conquenses

  1. Dices Jose Vicente, que Federico Muelas habló de “otros personajes” como Bernabé Aguilar “Pataco”, y algún otro. Me gustaría saber, si fue en qué medio fue publicado por tener interés en ello. Gracias
    Julio

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