Coll estrenó en el Xúcar “Otelo, el moro de Valencia” y la película de su infancia

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 9 DE ENERO DE 2018 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, REALIZADO Y PRESENTADO POR LUISJA GARCÍA

http://cadenaser.com/emisora/2018/01/09/ser_cuenca/1515491795_628847.html

El actor "Fortunato" (Luis González) junto a José Luis Coll.
El actor “Fortunato” (Luis González) junto a José Luis Coll. / Col. Gonzalo Pelayo.

Hace 63 años, José Luis Coll, que entonces era un incipiente escritor de un periódico de provincias, estrenaba en Cuenca, un 4 de enero, su primera obra teatral. Nos remontamos al 4 de enero de 1955, fecha a la que nos traslada este martes José Vicente Ávila en Pàginas de mi Desván, bajo el título “Coll estrenó en el Xúcar “Otelo, el moro de Valencia” y la película de su infancia”, en este caso 31 años después, en septiembre de 1986, en ambos casos en el desaparecido Teatro Cine Xúcar.

-La figura de José Luis Coll, tanto a nivel nacional, como a nivel local o provincial por toda la producción que dejó para exaltar a Cuenca, nos daría para varios programas, y el año pasado ya le dedicamos uno más genérico bajo el título de “El Collquensismo”, al cumplirse los diez años de su muerte. Esta vez la idea es resaltar cómo José Luis Coll, tanto cuando empezaba, como cuando estaba en la cresta de la ola artística, eligió a Cuenca, y en concreto al Teatro Cine Xúcar, para el estreno, de su primera obra teatral y para la presentación o estreno de la película “El hermano bastardo de Dios”, basada en la novela del mismo título, en la que venía a relatar su propia infancia. La película fue nominada para el León de Oro en el Festival de Venecia y obtuvo dos nominaciones para los Premios Goya. Entre ambos estrenos pasaron 31 años, pero Cuenca estaba siempre en la agenda de José Luis Coll.

-Vamos con el estreno teatral de esa obra cómica o farsa de “Otelo, el moro de Valencia”…

-Conociendo el talento humorístico de Coll, ya el título nos lleva a pensar en la doble intención y en cualquier enredo, pues como es sabido, la acción de la tragedia teatral del “Otelo” de Shakespeare” es la del moro de Venecia, y la tragicómica farsa de Coll, nos llevaría a la “luna de Valencia”. Cuando José Luis escribió esta obra, estrenada el 4 de enero de 1955 en el Xúcar, el escritor y humorista, que contaba con 23 años, ya destacaba en la prensa local, en este caso en “Ofensiva”, platina y crisol, dicho en lenguaje tipográfico, de tantos escritores y periodistas conquenses de las décadas de los 50 a los 80, tanto por sus ingeniosos artículos como por sus actuaciones teatrales en el Grupo Artístico de Educación y Descanso. Los comienzos de Coll fueron en el teatro aficionado de Cuenca, con actuaciones en obras como “¡Qué hombre tan simpático!” o “La pluma verde”, además de sus colaboraciones periodísticas, pues José Luis trabajaba en la oficina de Abastos.

Grupo Artístico de Educación y Descanso. José Luis Col (x roja) y Luis González (x verde), éste junto a su esposa Marichu. / Col. Gonzalo Pelayo.
Grupo Artístico de Educación y Descanso. José Luis Col (x roja) y Luis González (x verde), éste junto a su esposa Marichu. / Col. Gonzalo Pelayo.

Una obra así contaría con un nutrido grupo de actores, porque has citado el Grupo de teatro de Educación y Descanso.

– El director de este grupo teatral, que tuvo muchas representaciones en Cuenca, tanto en el Teatro Cervantes, como en el Xúcar, ambos desaparecidos, pero formando parte de la historia cultural de Cuenca, era Luis González, que tenía la tienda de ropa “Vistebien”, conocido como “Fortunato”, pues era muy parecido a un actor de aquella época. Pues bien, en este “Otelo, el moro de Valencia”, el grupo artístico lo formaban unas veinte personas, muchas de ellas curtidas en las tablas, aunque en los papeles más importantes el reparto era como sigue: Luis González “Fortunato” en el papel de “Otelo”; Francisco Huerta, “Yago, alférez de Otelo”; Alicia Cañas, “Desdémona, hija de Brabanzio, esposa de Otelo”; Marcial Maeso como “Brabanzio; ”; Santiago García, “Michel Cassio, teniente de Otelo”; José Algarra, “como el caballero Rodrigo”; Ángel de la Torre hacía el papel de camarero; Conchita Benítez en “Emilia”, esposa de Yago; Loly Fuentes, “celosera”, pues la adaptación de Coll era libre. Como apuntador estaba Manolo Velasco y la dirección la llevaban tanto Luis González cuando no hacía de Otelo, como el propio José Luis Coll.

-De cara al público que iba a asistir al estreno o primera representación, qué explicación daba José Luis Coll a su obra, con esa versión propia…

-El entonces novel autor conquense comentaba en una entrevista “peripatética” como así la definía Andrés Gallardo, por el trabajo que le costó localizar a Coll y Fortunato, enfrascados en los ensayos, y sobre todo bastante indignados por la acción de unos gamberros que rompieron el gran cartel preparado para el estreno, y que tanto les había costado hacer, pues además la actuación tenía carácter benéfico. Coll, un tanto nervioso, señalaba que “Otelo, el moro de Valencia” “es una parodia humorística de la conocida obra shakesperiana”; una parodia muy libre.

Luis González y Coll en actuación teatral. / Col. Gonzalo Pelayo.
Luis González y Coll en actuación teatral. / Col. Gonzalo Pelayo.

-¿Qué opinión tenía el director, Luis González “Fortunato”, que además era el principal actor en el personaje de “Otelo”.

-Pues “Fortunato”, que era un genial caricato, no se andaba por las ramas y como tal opinaba en “Ofensiva”: “Creo que el público saldrá contento, porque en Cuenca hay actores muy buenos, y además de los que forman parte del reparto, en estos momentos estoy pensando en Loly Cano, en Pili Guijarro (la madre por cierto del actor Alberto San Juan), Luisa Jiménez, Pili Álvarez, Pili Martínez Cano, Eduardo Palomares, el señor Barrachina, etc. Pero con todo, “Otelo” gustará; es el primer intento de teatro humorístico. Cuenca no conoce aún este género moderno, y es una pena, repito, que habiendo aquí materia prima y preciosa, no se realicen obras de más altura y más empeño que las puestas hasta aquí. El propio Coll ha escrito otra obra teatral, “Agua en el desierto”, en colaboración con el actor Francisco Huerta.

Antiguo Teatro Cine Xúcar. / Foto Pascual.
Antiguo Teatro Cine Xúcar. / Foto Pascual.

Has comentado que el estreno de la obra tuvo carácter benéfico, precisamente en días navideños…

-Comentaba José Luis Coll, cuando se le preguntó por el beneficio de la taquilla, que la recaudación era y cito textual, “para los que más cariño merecen: los niños, los hijos de los obreros parados conquenses, para que no les falte un juguete en el día de Reyes”. Destacaba José Luis que la empresa del Xúcar dejaba gratis el local y que todos los actores actuaban desinteresadamente. Y dado que el cartel anunciador fue objeto de una gamberrada, Coll publicó el siguiente anuncio en “Ofensiva”: “¡Año nuevo, risa nueva! Acuda usted el próximo martes, día 4 de enero, al Teatro Cine Xúcar, de nuestra capital, y carcajéese viendo “Otelo, el moro de Valencia”, una original parodia escrita por José Luis Coll, interpretada por el Cuadro Artístico de “Educación y Descanso”, a beneficio de los hijos de los obreros parados, pro campaña de Reyes. ¡Un Otelo!: “Fortunato”. ¡Unas carcajadas!: Las de ustedes. ¡Unas gracias!: Las de los niños pobres.

-¿Cómo resultó ese estreno y en conjunto la actuación de todo el elenco de actores aficionados de Cuenca en el festival teatral del Xúcar?

-Aquel 4 de enero de 1955, que era martes, y en dos sesiones, el Teatro Cine Xúcar tuvo muy buenas entradas, porque aparte de la obra teatral que se estrenaba, hubo también un fin de fiesta con diversas actuaciones como las de Mary Luz Porral, que interpretó “La leyenda del beso”; María del Rosario López, que cantó “Chulapa mía”; Lolita Poveda con el pasodoble “Serva la Bari”, que era como se conocía a Sevilla, y Carmelita Rubio, con las canciones “Plata y marfil” y “Pena, penita pena”. Además del niño Vicente Alfieri, presentado por Coll, que cantó “Adiós mi España querida”, entre la ovación de sus once hermanos, que estaban en primera fila sentados en el suelo.

Reseña

-¿Qué crítica se hizo o qué se comentaba en la prensa sobre el estreno del “Otelo” valenciano de Coll….

-La reseña la realizó Andrés Gallardo, maestro y periodista al que bien conocí. En el titular del periódico se puede leer: “Constituyó un éxito el “Otelo, Moro de Valencia”, de José Luis Coll, y en un sumario citaba a Francisco Huerta como un magnífico intérprete, que se revela con grandes posibilidades. Apuntaba Gallardo que el joven autor dirigió la representación, que se dividía en dos actos (tres cuadros). La obra tiene gracia y originalidad en muchas de sus partes. El autor, como novel, maneja en cada escena dos personajes principalmente, abandonando a los restantes, y este defecto se atenúa en el primer cuadro del acto, a nuestro juicio el más completo de todos.

-Según la crítica parece que el joven conquense Francisco Huerta destacó como un actor en ciernes…

-Apuntaba Gallardo, que solía ser muy docto en sus opiniones, que Francisco Huerta, Paco para los amigos, en su papel de alférez, fue el intérprete que más brilló y se reveló como un actor de grandes posibilidades de futuro. Destacó también a “Fortunato” en su papel de Otelo, con muchos momentos estupendos y otros de opacidad, resaltando los papeles de Desdémona y Emilia, sobre todo èsta, con momentos muy felices. En suma, terminaba escribiendo Andrés Gallardo, “el género humorístico es difícil para un autor joven en su primera salida, y sin embargo, José Luis Coll no naufragó. El público rió mucho y aplaudió incluso en algunos momentos de la representación, arreciando los aplausos al final de los cuadros y teniendo que salir a saludar el autor en varias ocasiones”. Y fíjate Luisja el pronóstico final de Gallardo: “Se logró el propósito intrascendente de este género teatral, que es el de divertir. Y a esperar un nuevo estreno de este joven autor, que por hoy queda en esperanza fundada en tan difícil arte”.

-Sí, me ha llamado la atención esa cita de Gallardo de que el género humorístico es difícil para un autor joven, como entonces lo era Coll, aunque dejaba la nota final de esperanza fundada en tan difícil arte….

-Aquella esperanza era ya un hecho para José Luis Coll, que pocos meses después partió para Madrid de la mano de Cèsar González Ruano, con quien coincidió en las páginas de “Ofensiva” y en las tertulias del Café Colón, junto a una pléyade de escritores y autores hoy consagrados que siguen en boga como Raúl del Pozo,  Enrique Domínguez Millán, Raúl Torres… y muchos otros ya desaparecidos. Con 25 años, Coll se traslada a Madrid con esa vena teatral y sus primeros pasos los da en el teatro debutando con la obra de Miguel Mihura, “Ninette y un señor de Murcia”, y escribiendo en la revista “Don José”, con ese humor surrealista que ya había destilado en algunos artículos en “Ofensiva” que, vistos hoy, son una auténtica gozada, teniendo en cuenta la censura de la época. En fin, que José Luis Coll pronto haría pareja con Tip, formando uno de los dúos más relevantes del humor español, tanto en televisión como en el teatro, el cine o las galas. Artículos, libros, en fin, José Luis Coll en estado puro, sabiendo distinguir lo que era su actuación al lado de su inseparable Tip y lo que era su trabajo como ocurrente escritor de doble filo y ancho humor, que ya quedó de manifiesto en el programa que le dedicamos bajo el título de “El Collquensismo”.

Gaceta Conquense 1986.
Gaceta Conquense 1986.

ESTRENO DE “EL HERMANO BASTARDO DE DIOS”

-De 1955 a 1986 pasaron 31 años para el segundo estreno de una obra de Coll en Cuenca y en el Cine Xúcar, con la película “El hermano bastardo de Dios”, basada en la novela homónima del siempre recordado escritor conquense.

-Como bien has dicho, José Luis Coll publicó en 1984 la novela “El hermano bastardo de Dios”, de la que se hicieron varias ediciones. El guión de la película, adaptado de la novela de Coll, es de Agustín Cerezales y Benito Rabal, que fue el director del largometraje, rodado totalmente en Cuenca en la primavera de 1985. Un rodaje por cierto que coincidió con la serie de televisión “Clase media”, así que los vecinos del Casco Antiguo, y sobre todo de Zapaterías y El Carmen vivimos con intensidad aquellos “días de cine” e incluso mis hijos aparecen en ambas producciones. El caso es que una vez que la película quedó montada, José Luis Coll convenció a la productora de que el estreno se hiciese en Cuenca.

-Pero creo recordar que antes se proyectó en el Festival de Venecia…

-Fue la segunda película española que se presentó en el 43 Festival de Venecia. Tras su proyección, en “El País” se leía que “en El hermano bastardo de Dios se nos cuenta algo que hemos visto mil veces -la crónica de los años de la guerra civil- pero de una manera distinta, desde un punto de vista que no es el clásico. Aquí la mirada es la de un niño, que convierte en un cuento de hadas, fantástico y terrible a un tiempo, su descubrimiento de lo que es la vida”. En Cuenca se estrenó el 13 de septiembre de 1986, en una sesión a beneficio de la Cruz Roja y con un precio de 1.000 pesetas, y la presencia de varios actores, además de José Luis Coll y el ministro Virgilio Zapatero, a la sazón diputado por Cuenca.

José Luis Coll en el Xúcar. Gaceta Conquense 1986.
José Luis Coll en el Xúcar.
Gaceta Conquense 1986.

-¿Cómo reaccionó el público ante esa película rodada en nuestra ciudad, que venía a mostrar la infancia de Coll durante la guerra civil y en la posguerra?

-El Xúcar se llenó y las grandes expectativas se tornaron al final en disgusto, sobre todo para los responsables de la película, empezando por el director, por un problema con el sonido, que fue como un jarro de agua fría. No extraña por tanto que “Gaceta Conquense” titulase el acontecimiento como “Gloria y polémica de un estreno”. Primero habló José Luis Coll para agradecer que su novela fuese adaptada para la película, alabando el resultado obtenido, y aclarando o pidiendo disculpas por si alguna persona se sentía herida por el contenido de la obra, señalando que “nunca ha sido mi intención”. Alguna insinuación hubo sobre el tratamiento de los diálogos y las acciones de los niños y niñas en su despertar a la adolescencia, que era tal cual, pero visto en la pantalla con el paso del tiempo provocó alguna reacción de provincianismo.

Bueno, quien parece que sí mostró su enfado fue el propio director, Benito Rabal, por el sonido de la película en el estreno…

-Rabal había recibido críticas favorables en su presentación en Venecia, y tanto él, como el equipo, no tuvieron en cuenta la calidad de los aparatos de proyección de un cine que iba a menos como el desaparecido Xúcar. Las palabras de Benito fueron bien elocuentes a los medios informativos de Cuenca: “Lo que habéis visto no es la película. Yo me he salido de la sala porque no he podido resistir el enfado. Todos los miembros del equipo estábamos entusiasmados de recompensar a la gente de Cuenca, que se ha portado excepcionalmente con nosotros, con este estreno y ha sido un desastre”. Rabal lo intentaba explicar diciendo que la película se había pasado a mayor velocidad de la normal porque la proyección había durado quince minutos menos de su duración real y achacaba a esa incidencia el fallo del ruido que se escuchaba: ha podido ser la copia o un fallo en las cabezas de sonido”. De todos modos, y tanto en el cine, como en los pases por televisión, el sonido de la película, en la que la voz en off de Coll recuerda su infancia, siempre ha sido un hándicap, aunque la buena interpretación, el paisaje y la música, nos hablan de una película deliciosa y al tiempo ácida, que José Luis dedicó “a todos aquellos que alguna vez fueron niños, o no lo pudieron ser por prescripción gubernativa”.

-Recientemente, en noviembre pasado, el Consorcio Ciudad de Cuenca aprobó rehabilitar el Mirador sobre el Júcar, que se dedicará a José Luis Coll.

Es una deuda pendiente desde hace diez años, que son los que se han cumplido ya desde su fallecimiento. Cuenca no puede olvidar a José Luis Coll, que tiene calle en el barrio de San Martín junto a Mari Carmen y José Luis Perales. El proyecto del Mirador, que linda con la ermita de San Isidro, ha estado parado durante demasiado tiempo, por unas u otras causas, y parece que este año puede ser realidad, pues el Consorcio aprobó unos 190.000 euros para ese bello lugar que esperamos sea respetado, pues han desaparecido las barandillas de costeros de madera que había. Cuenca debe devolver a Coll todo lo que hizo por la ciudad en sus infinitas apariciones, y que se resume en una frase: “Soy de Cuenca, cosa que muy pocos podemos decir”. Esta vez, y para cerrar el programa, he encontrado un artículo de José Luis Coll, titulado “Cuenca, capricho de la Naturaleza”, que curiosamente yo también titulé en un guión televisivo en 1995, desconociendo este artículo de Coll, publicado en el año 1953, en el periódico Solidaridad Nacional de Barcelona, cuando el escritor tenía 22 años. Si te parece, Luisja, lo damos a conocer a nuestros oyentes:

CUENCA, CAPRICHO DE LA NATURALEZA

De la misma forma que observamos una tienda de anticuario, y en algún apartado rincón detenemos la mirada para observar la vida empolvada que se duerme, y que nos hace resucitar las horas pasadas del conjunto que admiramos, así, España guarda, celosamente, un rincón donde dormitan la historia, la leyenda, la tradición y la poesía.

Es Cuenca, lector, la que pretendo poner ante tu mirada distraída. La Cuenca que aún cobija como huella indeleble, los vestigios de su larga vida, de su historia y sus costumbres, de sus hombres celtibéricos, de su nobleza hidalga que se adivina en cualquier recodo de una calleja o en las bóvedas de las iglesias; esa Cuenca vestida de verde y roca; esa Cuenca, pléyade de arcanos infinitos; esa Cuenca, antigua y nueva como el tiempo, como el aire, como el latido..

Más no quisiera, lector amigo, que por estas palabras, formaras un juicio equívoco y más creyera que se trata exclusivamente de una ciudad monasterio o de un retiro de reposo espiritual únicamente. Nada más lejos de la verdad. Cuenca dispone de ese don mágico que para todos tiene una palabra o un gesto acogedor, una sonrisa de encanto o un ademán de dulce reproche.

Foto Pascual
Foto Pascual

Salta, lector, desde tu nido, y vuela a mi lado con las maravillosas alas de la imaginación por esta ciudad escondida. Te mostraré, allá abajo, desde la cima del Socorro, a la “Bella Durmiente del Bosque” –como la definió Eugenio D’Ors–. Y desde este mismo lugar, verás el trágico Puente de San Pablo sobre una lágrima larga. Contemplaremos los cientos de casas antiguas que desafían al vértigo sobre otros cientos de piedras milenarias.

Y en el atardecer, formando pantalla con nuestras manos, admiraremos las maravillosas combinaciones de luces que juegan sobre la ciudad, sobre la puntiaguda torre de El Salvador y sobre el morisco minarete de la de Mangana.

Foto Luis Pascual
Foto Luis Pascual

Y cuando todavía no hayas podido saciarte de tanta contemplación, iniciaremos un vuelo fugaz desde nuestro Socorro, por encima del pozo de arte sacro, la Catedral. Nos situaremos en la breve torreta con tres campanas diminutas, de la ermita de las Angustias. Allí verás acudir, como un flujo y reflujo de mar, centenares de penitentes descalzos, a dejar una vela o una lágrima bajo el altar de la Madre Angustiada.

Y podrás llenar tus pulmones de aire limpio con olor a chopo, pino y Júcar, desde esta placeta de la ermita, arrullada por el canturreo de sus pájaros y de su fuente escondida entre piedras, con peluca de yedra.

También desde aquí mismo, podré mostrarte el “camino de El Calvario” con sus cruces en la roca bajo el mágico portento de mil piedras caprichosas que se yerguen como titanes en guardia, cual si todavía fuesen soldados de Alfonso VIII.

Y si ya presintiera que tú, compañero de vuelo, acusabas cansancio ante la contemplación de esta vida con apariencia de sueño, te haría fijar en la mirada en otro fondo, la Playa Artificial, donde multitud de puntos negros mueven los remos de las escuálidas piraguas…

donde los bañistas se zambullen alegremente en el verde espejo, o donde los que espectan, degustan con fruición cualquier licor, sentados en la terraza circundada de rosales.

Bajo las Casas Colgadas pacentaban antaño las ovejas.
Bajo las Casas Colgadas apacentaban antaño las ovejas.

Y, lentamente, nos remontaríamos en nuestro extraño vuelo. Te mostraría desde la altura el poético rincón de “San Julián el Tranquilo” escondido en el suave pliegue de la falda de una montaña, con una fuentecilla breve en la que, el Santo Obispo, humedecía los mimbres de sus cestas.

Volaríamos luego hacia la ciudad, pasando por el típico “Recreo Peral” junto a la no menos típica y pintoresca “Fuente del Abanico”, con sus eternos tres caños de agua helada que dan su frescor a los vinos.

De esta forma, amable lector, apreciarías en Cuenca, no solamente la quietud monástica que da paz al espíritu, sino un conjunto de maravillas, hechas por mano divina, que calificarías de “un capricho de la Naturaleza”.

Vuela, pues, ahora, tú, lector, cuando se acerca el verano, y ve por tus propios ojos lo que yo no pude contarte en unas líneas solamente. Y cuando de nuevo tengas que marcharte, notarás la insólita sensación de que algo tuyo, muy tuyo, se queda en este sin par rincón de España”…

Aquí vemos a un Coll más poético, sensible, con su ardor juvenil. Un artículo que bien merecía la pena reflejar en uno de los puntos de ese Mirador al Júcar que ojalá pronto sea una realidad.

 

 

 

 

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