La Calle de la noche en Cuenca tiene nombre propio: Doctor Galíndez, el médico de los pobres

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 20 DE FEBRERO DE 2018 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, REALIZADO Y PRESENTADO POR PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2018/02/20/ser_cuenca/1519152305_667917.html

Jesús Galíndez, en el centro, junto al alcalde José Martìnez y un ujier.
Jesús Galíndez, en el centro, junto al alcalde, José Martìnez, y un ujier.

Durante los últimos años el nombre de la calle Jesús Galíndez ha salido a la palestra debido al bullicio nocturno que se produce, sobre todo los fines de semana, dada la cantidad de locales de ocio que existen en tan poco tramo callejero. La Calle, como tal, adquirió fama a comienzo de la década de los setenta ante la apertura de bares y pubs, convirtiéndose en referente de la noche conquense. Para este martes, José Vicente Ávila saca de su Desván el nombre de Jesús Galíndez con el título “La calle de la noche tiene nombre propio: Doctor Galíndez, el médico de los pobres”. No vamos a hablar de las noches de copas, sino del nombre propio de la calle. ¿Quién era el doctor Galíndez? ¿Tiene que ver algo con el personaje “Galíndez” de la novela de Manuel Vázquez Montalbán con la que el escritor catalán ganó el Premio Nacional de Narrativa en 1990?

-Vamos a conocer, José a este doctor de la famosa calle de Cuenca, con salida y entrada por Calderón de la Barca y Fray Luis de León o calle del Agua… con este fondo musical de un aurresku al acordeón de Mikel Bikondoa en su honor…

-Al pasar por esta calle siempre pensé que se trataba de algún médico de Cuenca. Sin embargo, Jesús Galíndez y Rivero, el doctor Galíndez, nació en la localidad alavesa de Amurrio en 1887, hijo de Fermín Galíndez y Valentina Rivero. Cursó el bachillerato en Bilbao y la carrera de Medicina en Madrid, licenciándose con sobresaliente en la promoción de 1910, llamada histórica. Recién doctorado ante un tribunal presidido por Ramón y Cajal, ingresó como profesor en el Instituto Rubio y tras un concurso-oposición lo hizo en el Instituto Oftálmico Nacional, trabajando junto a los profesores Castresana y García Mansilla y ese año de 1911 se le nombró jefe de los Servicios de Oftalmología del Hospital-Asilo de San Rafael, de Madrid. Perteneció a la Academia Médico-Quirúrgica y a la Sociedad Oftalmológica y publicó varios libros sobre enfermedades de los ojos y su tratamiento. Fue una persona muy solidaria y de gran bondad, lo que le llevó a la concesión  de la Gran Cruz de Beneficencia por solicitud popular.

El Liberal, 1915.
El Liberal, 1915.

-¿Cuándo o cómo empezó la relación del doctor Galíndez con la ciudad de Cuenca?

-Pues hacia 1911 y fueron casi veinte años de presencia en Cuenca en los días señalados de la Semana Santa y de las fiestas de San Julián. En esas fechas se desplazaba a Cuenca con sus ayudantes para operar o pasar consulta, como se puede dar fe en este anuncio del año 1915 en la prensa de Cuenca: “Enfermos de los ojos. Todas las personas que padezcan de la vista, pueden consultar (como en años anteriores), en esta ciudad, con el conocido especialista en enfermedades de los ojos, Doctor Galíndez, médico-oculista, del Instituto Oftálmico Nacional, del Asilo de San Rafael y del Instituto Rubio de Madrid, durante la próxima Semana Santa. Los miopes, los de vista cansada, los operados de cataratas, etc., pueden graduarse sus ojos, por medio de lentes o gafas y ver muy bien. A los de catarata, rija, pestañas metidas en los ojos, etc. etc., les operará. Los ciegos sabrán si tienen remedio. Este distinguido oculista pasará consulta en el Hotel Iberia desde el día 28 de marzo al 8 de abril próximo, de 9 a 12 de la mañana y de 3 a 5 de la tarde.

Asilo Municipal de San Antón, junto a la iglesia. / Foto Otto Wunderlich, Fondo IPCE / Germán Saiz / descubriendo Cuenca.
Asilo Municipal de San Antón, junto a la iglesia. / Foto Otto Wunderlich, Fondo IPCE / Germán Saiz  (Descubriendo Cuenca).

En otros horarios atendía, de manera gratuita, a los enfermos pobres en el Asilo Municipal de San Antón, que estaba situado en el edificio actual de la RACAL, que entonces tenía una planta menos. No sólo venía el doctor Galíndez, sino otros médicos como Gandullo Solsona, Barrrio de Medina o el doctor Mariano López Fontana, que también tiene calle en Cuenca.

Ello quiere decir que nuestra ciudad tenía muchas carencias en el tema sanitario.

-Claro, sólo existía el Hospital de Santiago, que más tarde dirigiría López Fontana, y alguna clínica privada con escasos medios. Por ello, aprovechando los días de la Semana Santa y de las fiestas de San Julián, que venía gente de los pueblos, se desplazaban estos doctores desde Madrid para atender enfermedades de la vista, de los oídos y del aparato urinario preferentemente. En el caso del doctor Galíndez comenzó a pasar sus consultas en el hotel Comercio, que estaba situado en el mismo edificio que el Casino de la Constancia, en el Parque de San Julián. Otros años recibía a los pacientes en una casa que alquiló en la plaza de Santo Domingo, en el hotel Iberia de Carretería; en el número 24 de la calle Andrés de Cabrera y en Calderón de la Barca.

Antigua Casa de Beneficencia. Foto 1945.
Antigua Casa de Beneficencia. Foto 1945.

En el caso de atención a los pobres, de manera altruista, los atendía en el citado Asilo Municipal de San Antón o en la cercana Casa de Beneficencia, donde incluso operaba al contar allí con enfermería. Durante el resto del año él tenía su consulta en Madrid y también se desplazaba a su pueblo, Amurrio, como veremos más adelante.

-No cabe duda de que era una gran labor la de este oculista, que tendría el cariño de las gentes de Cuenca.

-Para darnos una idea de la categoría humana de este oftalmólogo, Santiago Martínez Escribano escribía en “El Día de Cuenca” del 30 de marzo de 1918, bajo el título de “El doctor Galíndez en Cuenca, este texto que extractamos:

“¿Quién desconoce la distinguida y elevada personalidad del ilustre oculista, del eminente oftalmólogo, del sabio y filantrópico doctor D. Jesús Galíndez, siendo en la actualidad una de las figuras cumbres de nuestra clase médica? Pretender ensalzar sus relevantes dotes, describir con acierto y fidelidad la grandeza de sus excepcionales aptitudes (siquiera se procediese en estricta justicia), encomiar su intensa labor con apropiadas frases, prodigar un elogio merecido a su bienhechor influjo sería vano intento.

Vida Manchega, marzo 1919.
Vida Manchega, marzo 1919.

Mi pluma se entorpece y desmaya ante tamaña empresa; únicamente haciéndose eco fidedigno del común sentir, se atreve a trazar estas humildes líneas, como sencilla ofrenda de la más ferviente admiración, al portento innegable de un genio.

Su fama, por doquier propalada y unánimemente reconocida, nunca hubo de cimentar con significados reclamos la sólida base de su consolidación.  Los que se honran con su cordial amistad y conocen al detalle su hidalgo proceder y competencia, no ignoran que el alto puesto que hoy tan dignamente ocupa lo tiene por propios merecimientos.

El carácter extremadamente amable del Sr. Galíndez, su tierna solicitud para con los enfermos, le granjean el cariño y la amistad de todos.

¡Cuántos infortunados llegan en demanda de sus auxilios! ¡Cuántos labios a impulso del agradecimiento se entreabren para bendecir su nombre!

¡Qué satisfacción tan grande debe engendrar en su alma altruista y generosa el hacer el bien por el bien, sin idea de lucro, a esos desheredados de la fortuna que, a falta de otra moneda, le pagan con el llanto emocionante de la gratitud!…

Yo he presenciado, hondamente conmovido, varios casos en que balbuciendo palabras incoherentes y vertiendo lágrimas, el padre, la abuela o el hermano del paciente ante el milagro obrado por la ciencia, no han sabido de qué modo expresar su eterno reconocimiento!

El esfuerzo que tan desinteresadamente realiza el insigne filántropo con los pobres de esta provincia, es altamente laudable.

Termina el articulista aportando datos de las atenciones prestadas durante la feria de San Julián de 1917: número de enfermos nuevos para consultas, 156; número de operaciones, 50; número de asistencias, 75.

Calle Doctor Galíndez desde el otoño de 1919.
Calle Doctor Galíndez desde el otoño de 1919.

Ante este tipo de escritos y observando esa labor tan humanitaria no era de extrañar que se pidiese una calle para el doctor Jesús Galíndez…

-Surgió cuando llevaba unos ocho años desplazándose a Cuenca en esas fechas tan señaladas, y tras las fiestas de San Julián de 1919, en la sesión municipal del lunes 22 de septiembre; según refleja la prensa, el concejal González Espejo tomó la palabra para hacer los honores al doctor Galíndez ante el Pleno, elogiando los méritos contraídos en los nueve años que lleva viniendo a Cuenca y provincia a tratar enfermos de la vista, “dedicando –señalaba el edil— el enorme caudal de sus conocimientos científicos al servicio exclusivo de los enfermos pobres, y por ello cree el concejal que el Ayuntamiento está en el momento oportuno de demostrarle su gratitud, proponiendo que se dé a una calle o plaza de la ciudad, que podía ser la de Santo Domingo, donde ha vivido dicho señor o cualquiera otra que se designe”. Todos los concejales estuvieron conformes con la proposición, que pasó a la Comisión correspondiente.

-No debió haber problemas para darle el nombre de Doctor Galíndez a la calle actual, aunque no en Santo Domingo, como se pedía…

-En la letra impresa se reitera que desde hace bastante tiempo se viene pidiendo al Ayuntamiento que se dedique una calle al citado doctor Galíndez y también a Emilio Sánchez Vera, que había fallecido hacía pocos meses. Semanas más tarde la calle Nueva, que había surgido entre las huertas del puente de Palo, con salida y entrada desde las calles del Agua y Calderón de la Barca, se denominó del Doctor Galíndez y sin embargo hasta febrero de 1921 no se cambió el nombre de Travesía de la Cruz por el de calle E. Sánchez Vera.

1921. Hjo Adoptivo de Cuenca. El doctor Galíndez junto a la Corporación y los ujieres revestido de gala. / Col. JVA
1921. Hjo Adoptivo de Cuenca. El doctor Galíndez junto a la Corporación Municipal  y los ujieres revestido de gala. / Col. JVA

Ese mismo año de 1921, cuando Jesús Galíndez acababa de cumplir 34 años, Cuenca le rindió otro homenaje, un tanto especial…

-Precisamente ese año, aunque no hubo feria de San Julián por la guerra de Africa, el famoso oculista se desplazó para seguir su labor, pues el año anterior había sumado más de 500 consultas. Aunque no hubo fiestas tuvo lugar un acto muy entrañable que pasamos a reseñar. En su edición del 9 de septiembre de 1921, y bajo el título “Entrega de un diploma”, “El Día de Cuenca” se hace eco del acto celebrado en las Casas Consistoriales el jueves día 8, en el que se le hizo entrega del título de Hijo Adoptivo de Cuenca, por parte del alcalde José Martínez Sanz. Se informa que “al doctor Galíndez, afamado oculista, que paso a paso ha alcanzado la justísima nombradía que hoy goza en la especialidad médica a la que con infatigable laboriosidad se dedicó desde que salió de las aulas, se le hizo entrega, en un acto grandioso por su sencillez, un severo pergamino, primorosamente ejecutado por el dibujante señor Sierra, donde se le acredita como hijo adoptivo de la ciudad, al que se hizo acreedor por los incontables servicios de su profesión realizados a los pobres y su acendrado cariño a este rincón conquense”. Además aportamos el documento gráfico de la entrega en el Ayuntamiento con la presencia de alcalde y concejales.

-Fotografía que subiremos a la página web de Ser Cuenca…. donde se puede escuchar el programa…

-Señala el periódico de Cuenca que son incontables las veces que la prensa en general se ha ocupado del trabajo de este experto cirujano y sus sentimientos humanitarios en favor de los ciegos faltos de recursos que “el vecindario unánime y la prensa toda ha loado el buen acierto de los ediles al tributarle tan singular merecimiento en premio a tan relevantes servicios”.

-Con calle a su nombre y el título de Hijo Adoptivo, el doctor Galíndez siguió desplazándose a Cuenca, porque le que le importaba era los pacientes…

-Según se desprende de las informaciones, no era hombre de halagos, sino de estar al pie de los “optotipos” que permiten descubrir la agudeza visual, o sea, las letras y los números. En 1923 se informaba que cada año su clínica en Cuenca se ve más concurrida, hasta el punto que durante los días que ha permanecido en la ciudad ha tenido que trabajar más de doce horas diarias, sin descanso alguno, asistido de sus tres ayudantes y llegando a practicar más de veinte operaciones diarias. “Labor admirable la de este hijo adoptivo de Cuenca, que tantos beneficios hace a los desheredados de la fortuna”, se cita en la prensa local. Pero esta labor no la realiza solamente en nuestra provincia, sino que en su tierra de Amurrio ha sido objeto de un gran homenaje y se le ha nombrado Hijo Predilecto.

No cabía menos, si la labor que hacía en su pueblo natal era similar a la de Cuenca…

-Se informaba que “La Gaceta del Norte” se hace eco de un homenaje que se le rindió al doctor Galíndez en Amurrio, el 18 de septiembre de 1923, entregándole en un artístico pergamino el título de Hijo Predilecto de la Villa, concedido el año anterior, como pago a sus relevantes y caritativos servicios prestados tan desinteresadamente, al igual que en el corriente año, en el Santo Hospital civil de esta villa. El acto se celebró en el Ayuntamiento de Amurrio ante la presencia del alcalde y concejales (el padre del oculista era médico, además de alcalde de Amurrio) que resaltaron la labor del doctor, quien se mostró muy agradecido, recordando a su padre Fermín. Habían sido centenares los enfermos tratados por Jesús Galíndez en el pueblo que le vio nacer.

Esta marcha que estamos escuchando, “Trianerías”, de Amadeo Vives, ahora que estamos en cuaresma, parece que se interpretaba mucho en esos años veinte de constante presencia de Jesús Galíndez en Cuenca en los días de la Semana Santa…

-Pues se estrenó en 1921 y era una de las habituales de la Banda de Música que dirigía el maestro Rubio, y que seguramente escucharía el eminente oculista viendo alguna procesión.  El  24 de abril de 1924, “El Día” publicaba en primera página un amplio artículo titulado “Doctor Galíndez”, firmado por E. Giménez García, en el que comentaba que gracias a la pericia y el talento de este oculista una de sus hijas, que llevaba dos años sin abrir los ojos, ya puede ver. Este señor ni siquiera me conoce, pues fue mi mujer quien llevaba a mi hija a su consulta de la Cava Baja en Madrid para hacerle las curas. Y añadía:

“Los conquenses están de enhorabuena, una vez más; el doctor Galíndez les honrará con su visita en estos días de Semana Santa. La figura de este hombre de ciencia tiene un relieve y una importancia muy grande, porque es sencillamente el médico que ha hecho de su profesión su verdadero sacerdocio, es el “médico de los pobres”…

… a ellos brinda preferentemente su sabiduría, su ciencia prodigiosa, con desinterés digno de todo encomio y lástima es que mundialmente no se conozca esta obra magna que realiza sin bombos ni platillos, en silencio, oscuramente, para que sirviera de estímulo y ejemplo”.

Recuerdo la gestión  de este eminente oculista y la obra humanitaria que viene realizando en Cuenca durante catorce años consecutivos; en las pasadas fiestas de San Julián de septiembre de 1923 operó y prestó su asistencia completamente gratuita a un sinnúmero de enfermos que tenían todas sus esperanzas perdidas, y él trabajando esos días más de diez horas, les devolvió la visión.

Esta Semana Santa de 1924, del 12 al 20 de abril, ha vuelto a Cuenca. El mago oculista ha vuelto a atender a numerosos pacientes. Felicito al hombre de ciencia, pues tanto en Madrid donde ejerce, como en Cuenca cuando viene, pone su ciencia y su trabajo al servicio de los pobres. Todos a una deberíamos pedir para este bienhechor la Gran Cruz de Beneficencia.

La Voz de Cuenca, 1925
La Voz de Cuenca, 1925

El propio periódico, con la firma de Cándido Escalante y Antonio Benítez, publicaba los datos de la labor humanitaria realizada por el doctor Galíndez y sus auxiliares Miguel Olmeda y Teodoro Molina durante ese año en Cuenca: número de enfermos nuevos de consulta: 217; número de operaciones, 107; número de asistencias, 1.235. Informan que en la Diputación Provincial existe un expediente incoado para solicitar del Gobierno la Gran Cruz de Beneficencia y entre los apoyos se encuentra el de diputado y senador José Cobo.

-Además de prestar su asistencia médica, también ofrecía conferencias informativas sobre la higiene ocular y la prevención…

-Podemos citar que el 6 de septiembre de 1925, invitado por la Sociedad Obrera la Aurora, “el eminente oculista de Madrid e hijo adoptivo de esta capital, doctor D. Jesús Galíndez, como rezaba la noticia, incluso en “ABC”, dará una conferencia en Cuenca, en el Teatro Cine “Ideal Artístico”, sobre “La higiene ocular y los accidentes del trabajo en el sentido de la vista”. La conferencia, que fue dada a petición de los obreros de Cuenca, fue sencilla, apartada de todo tecnicismo incomprensible, según la prensa,  y en la cual el doctor les dio consejos para prevenirse contra accidentes que pudieran llevar como consecuencia la pérdida de la visión haciendo de ellos seres inútiles, porque después de todo les decía: “Nuestro capital es vuestra salud y la integridad de vuestros sentidos; todo cuanto haya por conservarla será poco, ya que el nivel de accidentes del trabajo no compensa el triste porvenir que le aguarda al desgraciado obrero que en el cumplimiento de su deber queda impedido para siempre e incapacitado para ganar el sustento de él, y de sus hijos”. Al menos durante veinte años el doctor Galíndez, y su equipo, no dejaron de atender a enfermos en Cuenca, o recibirlos en Madrid.

Novela de Vázquez Montalbán.
Novela galardonada con el Premio Nacional de Narrativa en 1991.

Un epílogo a esta historia, con el sonido de la película “El misterio Galíndez”. Decíamos al comienzo si había relación entre el doctor Galíndez y el nombre de la novela “Galíndez” de Vázquez Montalbán…

– Se trata de su hijo, Jesús. El doctor Galíndez se casó con la madrileña María Suárez y cuando nació su primer hijo, Jesús, su esposa murió a los once días del parto, haciéndose cargo del niño sus abuelos en Amurrio. Luego el joven Galíndez se desplazó a Madrid para estudiar en el Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo. Fue escritor, jurista y profesor, además de destacado miembro del PNV.  Su padre se casó en segundas nupcias y tuvo otro hijo. Nuestro protagonista falleció en Madrid, a los 78 años, el 14 de mayo de 1968, con la gran pena de no saber en qué circunstancias desapareció su hijo Jesús en 1956. Galíndez Suárez, tras la guerra civil, se exilió en la República Dominicana, donde fue muy bien acogido, aunque la población estaba sometida a la férrea dictadura de Trujillo.

-Según las informaciones sobre este caso, en 1946 Jesús de Galíndez se trasladó a Nueva York, sacando toda la documentación que implicaba al dictador dominicano en su férrea opresión…

-Habían sido asesinado algunos opositores. Durante diez años, Galíndez Suárez realizó una gran labor en defensa de Euskadi, pues fue delegado del Gobierno Vasco en Nueva York y mano derecha del lehendakari Agirre durante la dictadura franquista, así como miembro de los servicios vascos de información desde 1942 hasta su muerte en 1956. Una muerte sin aclarar porque fue raptado en Nueva York, participando en ello unas 35 personas, según el FBI, y trasladado a la República Dominicana, donde perdió la vida por orden del propio Trujillo, no apareciendo su cuerpo. Sin pensar en lo que le iba a suceder, Jesús había dejado escrito que si fallecía quería ser enterrado en Amurrio.

Todo un misterio sin duda, que quizá en pocos años se esclarezca cuando se desclasifique la documentación.

-Se han cumplido 62 años de su secuestro, muerte y desaparición. La vida de Jesús de Galíndez, al menos en su faceta vinculada a los servicios secretos americanos, ha sido llevada a novelas tales como Galíndez: la tumba abierta. Guerra, exilio y frustración de Iñaki Bernardo e Iñaki Goiogana; la citada novela Galíndez, de Vázquez Montalbán, que ganó el Premio Nacional de Literatura. Y basada en ella, Gerardo Herrero dirigió en 2003 la película El misterio Galíndez. Un misterio que sigue sin ser resuelto.

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario en “La Calle de la noche en Cuenca tiene nombre propio: Doctor Galíndez, el médico de los pobres

  1. Muy acertada la puesta al alcance de los conquenses la biografía del Dr Galindez tan querido por los conquenses de su época como me recordaban mis mayores.Fue un gran benefactor de los conquenses y aportas muchos datos. Creo que D.Trófimo Álvarez Maribona su ayudante siguió en parte su generosa labor.Recuerdo su consulta llena encima de la relojería Notario cuando pasaba consulta en Cuenca siguió su ejemplo
    Una vez más te felicito.Sigue asi

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