La ‘magna’ asamblea en el Teatro Español, por el ferrocarril directo Madrid-Cuenca-Valencia

25 DE FEBRERO DE 1923

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 27 DE FEBRERO DE 2018 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, REALIZADO Y PRESENTADO POR PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2018/02/27/ser_cuenca/1519742570_282352.html

En las efemérides conquenses figura la fecha del 25 de febrero de 1923, es decir, hace 95 años, en la que el histórico Teatro Español de Madrid fue escenario de lo que se denominó como “magna” asamblea por el ferrocarril directo Madrid-Cuenca-Valencia”, que da título al programa de hoy en Páginas de mi Desván, y en la que se dieron cita las principales autoridades y representaciones de las tres provincias, para pedirle al Gobierno que acelerase la puesta en marcha del servicio ferroviario entre Madrid y Valencia pasando por Cuenca.

Una “asamblea magna” que según las efemérides conquenses se vio precedida por un anterior multitudinario acto celebrado días antes en la Diputación Provincial de Cuenca para  designar a la representación de nuestra provincia en ese acto, compartiendo reivindicaciones con Madrid y Valencia, ciudades que deseaban tener una conexión ferroviaria directa por el trazado más cercano y rápido como era el de la provincia de Cuenca, que estaba sin terminar. De ello hablamos con José Vicente Ávila, que ha sacado de su Desván esta historia, que nos recuerda a otras no muy lejanas.

-La historia del ferrocarril por Cuenca, enlazado en su vía natural entre Madrid y Valencia, bien merece un serio estudio de lo que lucharon y pidieron miles de conquenses a través de los años, para conseguir tener ese acceso directo a la capital de España o al Mediterráneo por Valencia, por lo que ahora llamamos ferrocarril convencional. Si aquellos conquenses de finales del siglo XIX o los del siglo XX que tanto pelearon por tener esa vía de servicio a través del tren, aunque fuese con cuatro horas de trayecto en cada sentido y sus retrasos, viesen el AVE que tenemos ahora se quedarían pasmados, como pasmados quedarían observando el deterioro de ese tren convencional por el que tanto trabajaron. Pero yendo al asunto que nos ocupa, hay que pone en valor cómo aquella Cuenca luchadora del primer cuarto del siglo XX, aunando esfuerzos políticos, fue capaz de alzar su voz en un lugar tan importante como el histórico Teatro Español, junto a Madrid y Valencia, en pro del ferrocarril directo, aquel domingo 25 de febrero de 1923, tras la previa asamblea en la Diputación de Cuenca.

Imagen de la Diputación y el jardín hacia 1925.
Imagen de la Diputación y el jardín hacia 1925.

Podemos entender que esa presencia de Cuenca en Madrid vino precedida por un acto celebrado días antes en nuestra ciudad reivindicando ese ferrocarril directo…

-Naturalmente, y leyendo la prensa de aquellos años, no hay día que no se tratase del ferrocarril directo, amén de otros proyectos de líneas con Teruel y por Alcázar de San Juan para llegar al Sur. Pero si la fecha del 25 de febrero en el Teatro Español de Madrid, con esa “magna asamblea” es digna de recordarse, tenemos otra efeméride cercana, de las que pasan a la historia local (esa intrahistoria a veces del olvido), como lo fue el acto multitudinario celebrado en la Diputación Provincial de Cuenca el jueves 22 de febrero de 1923. Ese día, a las cinco y media de la tarde, y como resaltaba la prensa conquense en general, “se congregó el pueblo de Cuenca en el Palacio Provincial para darle cuenta de la invitación que habían hecho los ayuntamientos de Madrid y Valencia “para asistir con las representaciones de las “fuerzas vivas” de la capital a la asamblea del 25 de febrero en la capital de España, con el fin de pedir a los poderes públicos la concesión del ferrocarril directo Madrid-Valencia”.

Has comentado que fue un acto multitudinario y en la distancia del tiempo imaginamos el salón del Palacio Provincial rebosante de gente, así como los exteriores…

-La ciudadanía estaba muy sensible con el tema del ferrocarril, y además muchos vecinos no conocían el Palacio Provincial, que se terminaría tres años después en su aspecto ornamental interior. Por tanto, era una novedad la visita. Con el salón lleno, así como el exterior de la Diputación con su kiosko de música, incluidos los jardines de la Glorieta, la mesa presidencial la ocuparon el obispo de la diócesis, Cruz Laplana, que fue designado como presidente de la Comisión; el alcalde de Cuenca, Pedro Montero y el presidente de la Diputación, Juan del Olmo, que como estaba en su sede, comenzó diciendo con estas palabras tan directas: “Señores: se ha convocado al pueblo de Cuenca a esta reunión por haber sido invitado para que acuda por medio de sus representantes a la asamblea en Madrid y solicitar a los poderes públicos la pronta realización del ferrocarril directo Madrid-Cuenca-Valencia.

Es éste un asunto de vida o muerte para nuestra capital, constantemente postergada, y necesitamos tomar parte en este acto, en el que hemos  de exigir, con vuestro apoyo, que se convierta en una realidad tangible lo que siempre constituyó la suprema aspiración del pueblo conquense”.

En nombre de la Comisión, “solicita de todos los hijos de Cuenca que su adhesión la exterioricen el día que marche la comisión a Madrid, demostrando así que se halla en absoluto identificado en una cuestión de tan vital interés y dando a la vez una muestra viril de que está dispuesto a no consentir que se malogren sus legítimas aspiraciones”.

También intervinieron el prelado Laplana y el alcalde Montero, que hablaron en el mismo sentido, recordando que hacía diez años que se había creado una Comisión para pedir a los poderes públicos la concesión del complementario Cuenca-Utiel.

Intervinieron igualmente el candidato a diputado, Tomás Sierra, y el concejal socialista Rodolfo Llopis. De aquel acto multitudinario salió una Comisión que acudiría a Madrid para participar en la asamblea de las tres provincias. En el caso del Ayuntamiento se acordó designar a sus representantes en la sesión del pleno municipal…

Trabajo publicado por el autor en "El Día de Cuenca" el 20 de febrero de 2011.
Trabajo publicado por el autor en “El Día de Cuenca” el 20 de febrero de 2011.

Que se celebraría al día siguiente, pues no habría tiempo para poder viajar a Madrid, teniendo en cuenta la lentitud del ferrocarril, que de Cuenca iba hasta Aranjuez… y enlazar para Madrid…

-Naturalmente, el jueves 23 de febrero celebró sesión municipal el Ayuntamiento, que ya había tenido sendas sesiones los días 20 y 21, vamos que se reunía tres veces a la semana. Antes de entrar en el orden del día, el alcalde Montero expone que se nombre una comisión municipal para acudir al acto que se celebrará en Madrid en el Teatro Español en pro del ferrocarril Madrid-Cuenca-Valencia el domingo. La lectura en la prensa de lo que se discute en la sesión, Paco, no tiene desperdicio: “Con tal motivo surge un debate de extraordinaria amplitud en el que se barajan dietas, hospedaje, trajes de etiqueta, etc. Hay quien pide la luna; otros, en cambio exigen cabezas y no calabazas para que Cuenca quede en buen lugar. Se suscita la cuestión de los fajines de los concejales y el edil García dice que él tiene bastante con la faja que lleva…”. Al final se acuerda que vayan el alcalde Montero y el teniente de alcalde Guardia, que deben ahorrar… gastos y gastar… palabras…

Al final… ¿cómo quedaba esa comisión que viajaba a Madrid… que debía ser despedida en la estación, con el apoyo del pueblo…?

-Diríamos que estaba formada por el estrato social de Cuenca, y entre los componentes figuraban, como era lógico, el alcalde y presidente de la Diputación, el obispo como presidente de la Comisión y representantes de la sociedad Obrera La Fraternal, Cámara de Comercio, Comunidad de Labradores, Cámara Maderera, Círculo de La Constancia y representantes de los medios informativos, así como el senador Arturo Ballesteros, con su yerno Ramón Portela, que era concejal. Vamos, que la embajada conquense era casi de cuarenta personas.

Como se había acordado en la sesión de la Diputación, el sábado 24 de febrero hubo cierre general del comercio y de otras actividades, de una a tres de la tarde, con el fin de que la mayoría de conquenses acudiesen a la estación a despedir a la Comisión que viajaría en el tren correo hasta Madrid, con una duración del viaje de cinco horas… si no hay retrasos. “Va hasta el obispo”, decían las gentes agolpadas en el andén de la estación que saludaban a modo de despedida a los comisionados. En Madrid, la embajada conquense fue recogida en diferentes automóviles del Círculo de la Unión Mercantil, que la trasladó al hotel.

El diario ABC dedicó amplia información al acto, así como una fotografía en la sección gráfica. 1923
El diario ABC dedicó amplia información al acto, así como una fotografía en la sección gráfica. 1923

Ya tenemos a la Comisión de Cuenca en Madrid, en la noche sabatina, para estar presente en la cita del domingo en el Teatro Español… para representar el papel de la petición ferroviaria….

-La insólita, como extraordinaria asamblea de representantes de las tres provincias, Madrid, Cuenca y Valencia, se celebró en esa fecha del 25 de febrero de 1923, en el hermoso edificio del Teatro Español de la capital de España, en la calle Príncipe de Vergara, que entonces albergaba a unos 1.200 espectadores. Se trataba de pedir al Gobierno el ferrocarril directo Madrid-Cuenca-Valencia, para lo cual era necesario construir el tramo Utiel-Cuenca, que era el que impedía que los viajeros de Madrid a Valencia, o viceversa, se desplazasen por el camino o la vía más corta, que era la de Cuenca. Reflejaba la prensa conquense que dos horas antes de comenzar el acto, previsto para las doce, “la hermosa sala del clásico coliseo ya estaba abarrotada, con lo que mucha gente quedó en los pasillos y antesala y en la puerta de la calle.

En alguna fotografía de prensa hemos visto una mesa muy abarrotada de personalidades en el propio escenario del Teatro Español.

-Muy nutrida, efectivamente. En la mesa presidencial se situaron el alcalde de Madrid, Joaquín Ruiz Jiménez, que fue cuatro veces primer regidor de la Villa del Oso y el Madroño, además de ministro y padre de Ruiz Giménez, que como defensor del Pueblo inauguró el monumento a la Constitución en la plaza de Mangana; el alcalde de Valencia, Juan Artal, que llevaba pocos días en el cargo; los presidentes de la Diputación de Cuenca y Madrid, Juan del Olmo y Díez Agüero, y cómo no, el obispo de Cuenca, Cruz Laplana, presidente de la Comisión de Cuenca y el presidente de la Unión Mercantil, Sacristán, como organizador del acto, además de parlamentarios de las tres provincias, entre ellos de Utiel y Requena, muy interesados en la construcción del tramo que faltaba.

-De aquella asamblea o mitin, que tendría gran repercusión, ¿qué conclusiones se sacaron?

-Tuvo un gran eco en la prensa nacional, así como en los periódicos de Valencia y Cuenca. Se decía en la prensa de Madrid que el Teatro Español había sido invadido por el público y las “fuerzas vivas” de Madrid, Cuenca y Valencia, en un acto nunca visto. En los palcos del teatro se colocaron franjas en los que se leían los nombres de los pueblos del trayecto de la línea del ferrocarril, además de flores traídas desde Valencia, y el acto duró más de tres horas por la cantidad de discursos, discurriendo con gran entusiasmo y constantes ovaciones. Intervinieron nada menos que 18 oradores e incluso hubo un espontáneo que quiso dar su opinión. La conclusión más llamativa la puso el señor Sacristán, presidente del Círculo Mercantil, organizador del acto: “Los Gobiernos están obligados a construir el ferrocarril y a no hablar de capitales extranjeros, cuando han dejado emigrar los capitales españoles. Si en los dos meses que se concede al Gobierno, éste no ha resuelto favorablemente el asunto, habrá que hacer una revolución a la moderna: no dando dinero los contribuyentes al Estado”.

amigosdeltren
amigosdeltren.

Las conclusiones, resumidas, fueron seis: Primera: que no puede aplazarse por más tiempo, después de los años transcurridos, la construcción del ferrocarril directo. Segunda: Adjudicación de las obras a la empresa que ofrezca mayores garantías. Tercera: Que se incluya en los presupuestos, como para otros gastos no remuneratorios”. Cuarta: El Estado no debe tolerar, y la Asamblea estará pendiente de ello, que haya intereses creados que estorben esta obra. Quinta: La Mesa de la Asamblea se constituye en Comité gestor para visitar a todas las autoridades y al Rey para la construcción del ferrocarril”. Sexta: La Mesa y los oradores persistirán en sus gestiones, y si en el plazo de dos meses no hay noticias se convocaría otra Asamblea en Valencia.

-¿Qué se decía en la prensa de Cuenca sobre esta Asamblea celebrada en Madrid? ¿Qué ánimos había?

-Tanto en La Voz de Cuenca como en “El Día” se hacían amplio eco, sobre todo de los discursos de algunos intervinientes, como el presidente de la Diputación de Valencia, Jiménez Brentosa, que dijo entre otras cosas: “Cuenca, dentro de veinte años, si conseguimos nuestro deseo, sería un emporio de riqueza”. En verdad no pasaron veinte años (con la dictadura de Primo de Rivera y la guerra civil por medio), sino veinticuatro, hasta que no se inauguró en noviembre de 1947 el tramo Cuenca-Utiel para completar la línea directa entre Madrid y Valencia por Cuenca. Pero si algo nos llama la atención, tras el acto celebrado en el Teatro Español, fue el artículo que con el título de “Panoramas españoles”, y el antetítulo “El directo a Valencia”, Luis Martínez Kleiser publicaba en “El Día de Cuenca”, con no poca dureza. Primero  empieza lamentándose de que tiene en sus manos los dos hermosos volúmenes que sobre las catedrales europeas compuso Delfín Fernández y González, que cita en su obra las más “meritorias”, entre ellas las de Toledo, Burgos, León y Salamanca. Y escribe:

“Cuál no sería mi asombro al ver omitida entre las más valiosas la de Cuenca, la catedral museo; aquella que, juntas, ofrece las espiritualidades del estilo gótico y los primorosos encantos del Renacimiento en admirable síntesis; la que por su hermosísima Girola merece codearse con la Primada de la religión y del arte; la del triforio único y típico; la que atesora rejas y tallas de inestimable valía. ¡Lamentable olvido!

El dolor que esta omisión me produjo llevó de la mano mi pensamiento a otros olvidos, a otras pretensiones sufridas por la historia y en otro tiempo importantísima Ciudad del Cáliz y la Estrella; de la mala estrella y el amargo cáliz pudiéramos decir.

Suprimida del mapa real español, su nombre sirvió de befa en las conversaciones humorísticas: ¿Pero existe Cuenca?, se oía preguntar alguna vez. Las tristes ironías asaltaron más tarde nuestra escena como seguro medio de conseguir la hilaridad:

“¿Sois pechero” (es decir, plebeyo o gente de la plebe) “No; soy de Cuenca”, se decía hace algunos años en una obra teatral entre inconscientes carcajadas, ayunas de sentimiento patrio que resonaban en mis oídos como un eco lúgubre.

Todo el olvido era obligada consecuencia de “la distancia enorme” que separa a las bellezas conquenses del resto de la nación. Para ir a Cuenca hay una vía con honores de camino de hierro que arranca perezosamente en Aranjuez y remonta las colinas o desciende a los valles con vergonzoso trazado de primitiva carretera.

Sobre los vetustos raíles, sube fatigado, o se despeña vertiginoso, un sucio y nauseabundo culebrón, tirado por una informe masa de desvencijados hierros y compuesto de inmundos vagones que saltan y dan corcovos al andar, como larga reata de nuevos ternerillos.

El tren llegó a Cuenca por vez primera en 1883.
El tren llegó a Cuenca por vez primera en 1883. Postal.

La máquina, sobre la que el maquinista y el fogonero se resguardan del aire en un cajón de madera, pierde a veces los frenos cuesta abajo o los alientos cuesta arriba; los coches malolientes, trotones asquerosos, desarmados, muelen, magullan, “amasan” al intrépido turista que se aventura a desafiar sus incomodidades y peligros; el tren en conjunto sale a las cinco y media de Madrid; se detiene una hora o dos en Aranjuez y llega a Cuenca con plausible exactitud entre doce de la noche y cuatro de la madrugada.

El sufrido viajero protesta, se indigna, clama, y toda oleada de su pujante indignación rebota impotente contra la inconmovible pena de la Compañía poderosa que, encogida de hombro, sonríe, desprecia, envuelve en su conmiseración a los pobres pigmeos, procaces hasta el punto de atreverse a levantar la débil voz de su complexión entera.

Y pasan los años, y se suceden las representaciones políticas, y se repiten las protestas y, como contestación al estéril lamento, siguen acumulándose todos los materiales de inservible desecho sobre la vía de Cuenca y todo el intolerable y opresivo desdén de la altiva dueña sobre su servicio; ese servicio que nos avergüenza, que nos denigra, que nos incomunica del propio predio hispano…”

…Hubieron de venir los extraños, los ajenos con su esfuerzo personal e intelectual, con su empuje económico a ofrecer la mejora, a fomentar la riqueza, a borrar el baldón, a convertir a Madrid en puerto de mar, a hacer de Valencia rico vergel en la Corte, a situar las bellezas conquenses a la puerta del Mundo….

Pero cuando creí llegado el momento de un desbordamiento nacional de público regocijo, de alentadora esperanza, parece surgir una cruzada secreta y misteriosa, sin fisonomía, sin corpórea figura, anónima o provista de pseudónimo que se mueve en las tinieblas como el espíritu del mal…

Si de lo que se trata es de hacernos asistir a una magna representación de “Los intereses creados”, ¿no se correría el riesgo de que hasta las butacas del improvisado teatro fuesen arrojadas al escenario nacional?, se preguntaba Martínez Kleiser.

En fin, que no pasaron los años, sino los meses, pues tras esa reivindicación al Gobierno del 25 de febrero, con visita incuida al Rey días más tarde, en septiembre de 1923 llegó la dictadura de Primo de Rivera…

-Larga historia la del ferrocarril en nuestra provincia que si nos fijamos en las efemérides se remonta nada menos que hasta 1856…

-Nada menos que a 162 años, pues el 28 de junio de ese año se publicó la Real Orden por la que se concedía el Ferrocarril de Aranjuez a Cuenca, aunque hasta el 12 de julio de 1883, es decir, veintisiete años después, no llegó a Cuenca la primera máquina de tren, entre sonidos de la locomotora y las notas musicales de la Banda de Música que esperaba en la casi destartalada estación. Pero sí quisiera dar a conocer a nuestros oyentes el Bando que desde la Casa Consistorial, y bajo el título de “CONQUENSES”, dictó el Ayuntamiento el 28 de junio de ese año de 1856:

Manifiesto de 1856
Manifiesto de 1856

“El repique de campanas os anunciaba a las seis de esta tarde una fausta noticia que á poco rato conocíais en lo que vá por el Boletín Extraordinario que se publicó con la sentida alocución del dignísimo Gobernador político accidental D. Javier Moya.

El Ayuntamiento no puede permanecer en el terreno de la mera contemplación de lo grande que es la nueva publicada: tiene otro deber que llenar para con el pueblo que rige en su administración.

Debe manifestarle y le manifiesta con la mayor emoción, que se regocija como vosotros en el próspero porvenir de Cuenca.

Sí, esta Ciudad muy subalterna hasta hoy por su situación, y falta de comunicaciones, está llamada á ser en adelante otra de las de más importancia en el interior porque la vía férrea le proporciona relaciones de comercio, de sociedad, y de política con las de primer orden de España, y por conducto de estas con las del extranjero.

Veréis la abundancia del dinero, de los géneros y de los comestibles, aun los desconocidos, ocupar el lugar de la escasez y de las privaciones que hoy tenemos: veréis ensancharse el trato de las gentes, y veréis progresar la afición al sistema de progreso que proporciona tamañas ventajas al país.

Por fin, veréis crecer la civilización con todas sus buenas condiciones en la ciudad conquistada por el rey D. Alfonso, y protegida por el patrono que venera.

Prez y gloria a las Cortes Constituyentes que son el origen de nuestra felicidad futura; y prez y gloria también a S.M. la Reina y su liberal Gobierno que fomenta el bien de todos. Saludemos estos objetos como se merecen, mientras que nosotros celebramos ese bien que hemos alcanzado en inmensa escala.

Salas capitulares de Cuenca, 28 de junio de 1856. José Ferrán, Juan Cerdán, José Laso, Antonio Aguado, Ramón Mochales, Nemesio Piñango, Francisco Gómez, Antonio Pinós, Raimundo Gómez, Francisco Pérez, Jorge López, Claudio Escudero, Valentín Pérez Montero, José Torralba Iranzo. De acuerdo del Ayuntamiento, Lorenzo García González de Santacruz, secretario.

En fin, Paco, nombres y apellidos de antepasados conquenses que laboraron en su tiempo como ediles municipales por el mejor futuro de Cuenca.

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario