La primera Exposición de Arte femenino y la Cuenca que describió Lluisa Serra en catalán

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 6 DE MARZO DE 2018 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, REALIZADO Y PRESENTADO POR PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2018/03/06/ser_cuenca/1520349979_059669.html

 Ante la celebración del Día de la Mujer, y como homenaje a la tantas veces poco reconocida labor, en todas las artes y órdenes de la vida del género femenino, este martes nuestro colaborador José Vicente Ávila nos abre las páginas de su Desván con dos temas que tiene como protagonistas a mujeres: la primera Exposición colectiva femenina de Arte celebrada en Cuenca en 1954, lo que fue todo un aldabonazo en aquella ciudad levítica, y la descripción que hizo de Cuenca y de la Ciudad Encantada la escritora catalana Lluisa Serra, en un sugerente artículo publicado en catalán en el otoño de 1935, en una revista mensual que se editaba en Barcelona.

No ha sido muy frecuente encontrar artículos de escritoras o periodistas en periódicos y revistas, y ya en otro espacio de Páginas de mi Desván nos hicimos eco del texto escrito en 1926 por la escritora española residente en Nueva York, Carolina Marcial Dorado.

Comenzamos, si te parece José, con esa Exposición de Arte que protagonizaron varias pintoras, la mayoría conquenses, en el verano de 1954, cuando en esa época la mayoría de la actividad cultural la protagonizaban nombres muy conocidos.

-Para darnos una idea de lo que supuso esa primera exposición, no hay más que ver la relación de las personas relacionadas con la cultura de Cuenca en aquellos años de comienzo de la década de los cincuenta, que la prensa citaba además, sobre todo en los resúmenes del año, en los que apenas aparecía algún nombre de mujer, como Acacia Uceta, poeta y escritora, casada con Enrique Domínguez Millán, quien siempre presentó a Acacia primero como poeta y claro, “además es mi mujer”, decía. En aquel listado de intelectuales estaban, entre otros, González Ruano, Lorenzo Goñi, Manuel Aristizábal, Nicolas Muller, Monsuarez, Pedro de Lorenzo, Grau Santos y nuestros propios artistas locales como Gustavo Torner, Segundo Manzanet, Luis Roibal, Víctor de la Vega, Pacheco, Cruz Novillo, Óscar Pinar, Raúl del Pozo, Florencio Martínez, Raúl Torres, José Luis Coll, Carlos Briones, Javier Jurado, Andrés Gallardo, Miguel Zapata… y más tarde Antonio Saura, Fernando Zóbel, Gerardo Rueda, Antonio Pérez y Bonifacio, entre otros, y muy poca presencia femenina como Leonor Culebras, Ángeles Gasset, Pilar Carretero y poco más, porque a la mujer entonces apenas si se la valoraba en cualquier arte o profesión, ni tampoco entraba en ese círculo.

Pintura de Leonor Culebras.
Pintura de Leonor Culebras.

Y sin embargo, esas pintoras, la mayoría muy jóvenes, sí existían, pero apenas aparecían en los papeles…

-Si acaso en la revista “Perfil”, que era el órgano informativo del Instituto “Alfonso VIII” y banco de pruebas para futuros escritores, poetas y periodistas. No cabe duda de que aquella Exposición de Arte, con obras sólo de mujeres, que se celebró en la Posada de San José, fue como una bocanada de aire fresco en aquella Cuenca tan cerrada, que tenía sin embargo una puerta abierta a los pintores, poetas y escritores, gracias a intelectuales como Kleiser, Muelas, Ruano y García-Berlanga, entre otros, que fueron capaces de atraer a nuestra ciudad a gentes de la cultura, que originaron una especie de efecto dominó a la hora de instalarse en el Casco Antiguo, y de manera especial en la calle de San Pedro, donde pronto encontraron su segunda residencia, matrimonios como los citados de Enrique Domínguez Millán y Acacia Uceta o Antonio Prieto y la poetisa Mari Paz Viloria, que tuvieron una gran sintonía con la intelectualidad conquense, que tenía su cita literaria en el café Colón. Fidel García Berlanga no sólo abrió la Posada San José en 1953 como residencia hostelera, sino que la convirtió en cita para eventos culturales, y uno de ellos, fue el de habilitar un espacio para exposiciones, pues no podemos olvidar que el edificio perteneció a Juan Bautista del Mazo, yerno de Velázquez. Y así, cuando la Posada cumplía su primer año de vida se preparó una Exposición, con la particularidad de que sólo mostraban sus obras pintoras conquenses o relacionadas con Cuenca.

Vamos a conocer a esas artistas o jóvenes pintoras que mostraron sus obras en esa Exposición de Arte en la Posada.

– Las valientes artistas que unieron sus obras en esta Exposición colectiva, la mayoría de ellas conquenses, fueron la famosa María Ríus, pintora catalana con orígenes de Tarancón; Elena Lumbreras, que hizo mucho por la cultura junto a su hermana Elisa;  María Teresa de la Muela, Leonor Culebras, Elena Hornos, Julita Griñán, Teresa Valdivieso y Victoria de Luz. Todas destacarían por su buen hacer artístico. Aquella Exposición de hace 64 años fue como decía antes un soplo de aire fresco y sobre todo de libertad artística por parte de la mujer conquense, representada en aquellas nueve pintoras. En otra ocasión que traté sobre esta muestra pictórica decía que era la novena sinfonía del arte femenino de Cuenca, lejos de los refajos y las castañuelas, y de rancias canciones de la época, que poco tenían que ver con el folk auténtico tradicional.

-¿Y qué se dijo esos días sobre aquella muestra que reunía a esas nueve pintoras?

-No deja de ser curiosa, en alguno de sus párrafos, vista desde la actual perspectiva, la reseña de la exposición, que firmaba M. B. C., pues da la impresión de que lo que hacía la mujer entonces era arte menor. Escribía el cronista de las siglas, entre otras lindezas: “Hemos visto la Exposición. Unas cosas nos han gustado más que otras. Algunas, menos. Pero tampoco hemos de ser ni exigentes ni rigurosos. No podemos dejar de tener en cuenta que se trata en su mayor parte de firmas noveles. Y ya es mucho que en Cuenca exista el necesario y preciso ambiente de comprensión para esta pléyade de artistas del pincel, que permita acoger con agrado estas manifestaciones e inquietudes artísticas, aun cuando en determinados casos no pasen de balbuceos, pero que tienen el encanto de todo lo que nace en la vida”. ¡Ahí queda eso¡ Y abundaba el citado MBC, que

“El lunes 26 de julio a las ocho de la tarde, “quedó inaugurada la Exposición de Arte que manos femeninas han montado e instalado en la que puede denominarse con carácter bautismal “Sala de los Evangelistas” de la Posada de San José. En el acto inaugural “pronunció un breve discurso el director del Instituto de Enseñanza Media “Alfonso VIII”, don Joaquín Rojas, ante un selecto, ya que no numeroso público”.

En los días siguientes no aparece ni mención ni entrevista alguna de las jóvenes e inquietas artistas, pero cuarenta y dos años después, con ocasión de la Exposición “Marcando silencios”, de Leonor Culebras en Cuenca en 1996, Eduardo Alcalá –seudónimo de Florencio Martínez Ruiz— recordaba en “El Día Cultural” esta exposición femenina:

“Desde los primeros años cincuenta, Leonor incorpora toda la fuerza de la mujer y también toda su delicadeza femenina. Esas manos suyas, que al principio se mezclaron en una muestra primitiva con las de María Ríus, Encarnita Cañas, Elena Lumbreras, Elisa Hornos, Victoria de Luz y Teresa Valdivielso, hicieron la guerra por su cuenta, dibujando del natural, temerosa ante el misterio de la luz”.

Y no sólo se hizo esa Exposición de pintoras, sino que el día 30 de julio se celebró un recital poético de voces femeninas en la terraza de la Posada, en el que intervinieron la entonces famosa poeta Pilar Álvarez, Carmen Payá y Acacia Uceta. Destaca la reseña periodística que concurrió numeroso público, sobre todo mujeres, y que las tres poetas deleitaron a la concurrencia con sus sentidos poemas, finalizando la velada con la intervención de un coro que entonó canciones tradicionales de Cuenca. Una velada literaria en la tarde-noche veraniega que concluyó con una visita a la muestra de las jóvenes pintoras, que repitieron al año siguiente.

Es decir, que en 1955 hubo una segunda edición de Arte femenino, también en la Posada, claro….

-Dado el éxito de la primera muestra, en agosto de 1955 se anunció la II Exposición, siendo inaugurada el domingo 14 de agosto, y organizada de nuevo por la Posada y su impulsor, Fidel García-Berlanga. Esta vez se colgaron 33 obras de las siguientes pintoras, que repitieron, en el caso de María Victoria de Luz, María Teresa de la Muela, Leonor Culebras, Teresina Valdivielso y Elena Lumbreras, a las que se unieron Encarnación Muro y María Luisa Sánchez Vallejo. Señalaba “Ofensiva” que la Exposición había sido todo un éxito. Y ahí quedó, porque ya no hubo una tercera edición.

Cartel de 1968, ganado por Leonor Culebras. Se cumplen 50 años.
Cartel de 1968, ganado por Leonor Culebras. Se cumplen 50 años.

-Has citado entre estas artistas a Leonor Culebras, con ese apunte de Florencio Martínez, pues quizá fue la pintora más conocida posteriormente.

-Además se acaba de cumplir un año de su muerte. Leonor Culebras vivió por y para la pintura. Además de su labor docente se mostró como una pintora que marcó el “estilo culebriano” como lo definió el crítico literario Martínez Ruiz, abundando también en la pintura y escultura de Fausto Culebras, que era primo hermano de su padre. En 2007, Leonor presentó una Exposición retrospectiva con el genérico título “Marcando silencios”, en la que le pude entrevistar, cosa que ya había hecho en otras ocasiones. Me comentaba Leonor,  que esa exposición era “como una retrospectiva para que viesen que al caminar de los años, las décadas que he pasado han sido todo influencias de Cuenca; en cada cuadro, sobre todo en las aguatintas, reflejo el paisaje conquense auténtico. Yo pintaba a Cuenca de memoria de tanto conocerla. Ha sido pasión por Cuenca, me recordaba y remachaba: “Aquí me he presentado con toda mi obra desde el año 1954. Todo ha sido por pura vocación, porque para mí Cuenca es inolvidable en todos los sentidos”.

-Leonor Culebras fue la primera mujer que hizo un Cartel de Semana Santa, ganado además por Concurso.

-Es que no se lo hubiesen encargado, como ocurrió con otros pintores, aunque en esos años la mayoría se hacían por concurso. Leonor Culebras fue cartelista, por méritos propios, en la Semana Santa de los años de 1964 y el de 1968, que ahora cumple cincuenta años. En aquella muestra retrospectiva expuso ambos carteles, y me comentaba que participar en aquellos concursos “fue algo verdaderamente apasionante. El cartel me ha encantado siempre y sobre todo el moderno. Viene gente a la exposición y se queda sorprendida de que sean carteles de los años 60, pues me dicen que parece que son de ahora”, comentaba con cierta satisfacción, pues tampoco podemos olvidar que hizo carteles de las fiestas de San Julián y portadas de algunos libros conquenses.

-En esa relación de pintoras que hemos conocido también figuraba Elena Lumbreras, que tiene calle en Cuenca, al igual que su hermana, Elisa Lumbreras.

-Justo reconocimiento sin duda, porque ambas laboraron por la cultura en general, y la conquense en particular, en años difíciles. Ambas residieron muchos años en Barcelona. A Elisa la conocimos más de cerca porque se vino a Cuenca y se involucró mucho en la cultura de nuestra ciudad y en el asociacionismo hasta su fallecimiento. En el caso que nos ocupa, de Elena, que en su faceta artística figuraba como Helena, con hache, estamos ante un mujer luchadora ejemplar, nacida en Cuenca el 15 de octubre de 1935, hija de Basilio y Elena. Cuando expuso en la Posada tenía 18 años, y tras estudiar Magisterio en Cuenca y ejercer como maestra rural, hizo Bellas Artes en Valencia. Además de la pintura y la literatura, Helena se decantó por el cine, que era su gran pasión, estudiando en la Escuela de Cinematografía y viajando a Italia con una beca, conociendo entonces la gestación de la lucha obrera y significándose como una destacada militante del cine antifranquista.

-Este sonido corresponde al documental “El cuarto poder” del año 1970, que analiza el poder de los medios de comunicación españoles durante el franquismo…

-Helena cuenta en su filmografía con títulos como “Spagna”, “El campo para el hombre”, “O todos o ninguno”, “A la vuelta del gripo” y el citado documental del “cuarto poder”, la mayoría realizados por el Colectivo de Cine de Clase que formaban ella y su pareja, Mariano Lisa. Son películas y documentales. Fue una mujer luchadora, que además financiaba sus películas con el dinero que percibía de su labor docente, y en algunas ocasiones fue detenida. Defendió a través de sus documentales a los trabajadores y campesinos. Esta luchadora conquense falleció el 4 de agosto de 1995, en Barcelona, víctima del cáncer, cuando contaba 58 años de edad, y su muerte vino acompañada de una polémica por el tratamiento recibido, que ocupó las portadas de la prensa. Cuenca recuerda a las hermanas Helena y Elisa Lumbreras, con sendas calles en el polígono de Villa Román.

-¿Qué sabemos de las restantes pintoras que tomaron parte en aquella primera muestra pictórica colectiva…?

–Encarnita Cañas obtuvo la Medalla de plata en la Exposición de Arte celebrada en Madrid y presentó algunas exposiciones en Cuenca, al igual que Julita Griñán; María Ríus continuó su andadura artística en Barcelona, con bastante éxito y reconocimiento, y las restantes pintoras que participaron en aquella rompedora Exposición o en la segunda, como María Teresa de la Muela, Elena Hornos, Teresa Valdivieso, Victoria de Luz, Encarnación Muro y María Luisa Sánchez Vallejo siguieron distintos rumbos por la geografía hispana, dejando en Cuenca el testimonio de haber realizado la primera muestra pictórica colectiva de mujeres, en aquel verano de 1954, en el que la Banda de Música, que dirigía el maestro Jesús Calleja, estrenaba el pasodoble “Mujeres y toros”, así como “In Illo tempore” y “El Valle del Júcar”, obras todas ellas del referido director Calleja. En aquel mes de julio se inauguraba la emisora de onda media de Radio Nacional de España, en la calle Sánchez Vera, y ardía por completo la Real Fábrica de Tapices, junto al río Júcar y puente de San Antón, quedando totalmente destruida.

portada

“CUENCA I LA CIUDAD ENCANTADA” (Revista CLAROR (Claridad), Octubre 1935)

En el titular de este programa nos remite José Vicente Ávila a un artículo sobre Cuenca, escrito por Lluisa Serra en 1935 y publicado en catalán, en una revista de Barcelona. No ha sido frecuente encontrar textos que hablen de nuestra ciudad o provincia, firmados por mujeres, como ya comentamos en su día con el viaje de Nueva York a Cuenca de Carolina Dorado, y éste de Lluisa Serra es una novedad pese al tiempo transcurrido.

-Se trata del artículo titulado “Cuenca i la Ciudad Encantada”, publicado en catalán en la revista “Claror” (Claridad, en castellano), del mes de octubre de 1935, con el antetítulo de “Terres enlla”, que significa “Tierras allá”. En aquellos años residía en Barcelona el escritor conquense Basiliso Martínez Pérez, uno de los impulsores luego de la Casa de Cuenca en la Ciudad Condal, que firmaba artículos con el pseudónimo de Mateo López. Basiliso colaboraba en el semanario “El Heraldo de Cuenca”, y allí publicó el texto que él mismo había traducido del catalán. Basiliso señalaba en la entradilla que “la elegante revista catalana “Claror” “Publicació del I’nstitut de Cultura i Biblioteca popular de la dona”, (o sea, de la mujer) publica un artículo interesantísimo sobre Cuenca, debido a la pluma de la intelectual barcelonesa Lluisa Serra Spieler, ilustrado con varias fotografías del Casco Antiguo de Cuenca y de la Ciudad Encantada.

Apunta que trabajos periodísticos como éste, donde se cantan, de una manera desapasionada, los altos valores naturales de nuestra tierra por personas inteligentes, que nos hacen el honor de visitarnos, han de ser reproducidos en toda la prensa local y conocidos por todos los conquenses sin excepción”. Tenemos que situarnos en el verano de 1935, que es cuando Luisa Serra visita Cuenca, donde por cierto otro catalán, Jaime Serra Aleu, está afincado como pintor. No existía la ronda de Julián Romero y en un sello de una peseta de la República aparecían las Casas Colgadas. Dado que el texto es un tanto amplio vamos a hacer un extracto sin perder la esencia del artículo:

todocoleccion.net
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“Cuenca es una de esas pequeñas capitales de provincia españolas, inmerecidamente abatidas por la adversidad y del todo obscurecidas y olvidadas a causa de una injusta incomunicación. Muchos habitantes de nuestra península tienen de esta ilustre ciudad una idea bastante remota, y a buen seguro, que algunos solamente conocerán Cuenca por los recientes sellos de peseta.

Hoy día que el turismo parece haber tomado pie en nuestra casa y se ha decidido a iniciar un movimiento un poco más serio en favor de las innegables bellezas turísticas de nuestro pequeño mundo peninsular, vale la pena de arrancar del olvido y volver a la vida a estas ciudades provincianas, dormidas, siglos ha, en su trágica soledad sobre el solo recuerdo de un pasado más brillante.

El ferrocarril, hasta hoy, no ha hecho todavía mucho por facilitar al turista el acceso a Cuenca, pero el resurgimiento de la carretera, como vía de comunicación, permite atravesar, bastante cómodamente, las áridas tierras de la alta Castilla para llegar a la típica región kárstica de Cuenca que, con su variado y salvaje aspecto, resarce de la triste monotonía del paisaje sin matices de la Meseta central.

Sello de las Casas Colgadas de la República.
Sello de las Casas Colgadas de la República.

No existe espectáculo tan magnífico como arribar a Cuenca a la puesta de sol. Completamente empotrada sobre un macizo de roca impresionante, vemos tomar forma, poco a poco, a toda una pequeña ciudad y sólo a medida que nos aproximamos, es posible distinguir la piedra levantada por la mano del hombre, de la mole de piedra firme y perenne modelada por la naturaleza.

Bravamente colgada encima de la peña, como un nido de águilas prontas a volar, Cuenca es todavía más inaccesible por los dos salvajes despeñaderos que la tienen aprisionada por un lado y por otro.

Las famosas “Hoz del Júcar” y “Hoz del Huécar” son las que la aíslan y elevan más todavía, acabando por hacer dudar, al maravillado visitante, sobre la naturaleza terrestre de esta incomparable ciudad.

Una sola calle permite el tránsito rodado para comunicar la parte más nueva y más plana de la ciudad con la parte vieja, cuya calle termina en la Plaza Mayor, donde la Catedral corona el verdadero casco antiguo. Aunque el arte de Cuenca radica en su naturaleza, en su situación y en sus magníficos panoramas, no es nada despreciable una visita detenida a la catedral y una vueltecita por los estrechos y tortuosos callejones que guardan unos rinconcitos llenos de paz ideal.

Será del todo aprovechada la visita, si se tiene la suerte de disponer de la compañía del insustituible cicerone don Juan Giménez de Aguilar, erudito cronista de Cuenca y director del Instituto. Este hombre amable, inteligente, de carácter suave y blando, se encuentra del todo compenetrado con su suelo natal y parece totalmente un trocito de aquella bienaventurada tierra que se hubiera desprendido para cantar dulcemente sus excelencias y lamentos, con el mismo tono, que las incalificables barbaridades que, en el terreno artístico, se han cometido y continúan cometiéndose en esta bendita región.

Un detallado opúsculo sobre la Catedral, “ejemplar único en España de la escuela ojival anglonormanda”, también otros pequeños e interesantes trabajos geológicos e históricos, publicados sobre la provincia, son un bello testimonio del amor y abnegada devoción con que este excelente patriota ha tratado su tierra nativa.

El tormo

No lejos de Cuenca se encuentra la famosa Ciudad Encantada, verdadera maravilla geológica. Hace poco tiempo resultaba casi una proeza el acceso a ella; hoy una buena carretera conduce hasta allí, cómodamente, desde Cuenca, cubriendo un recorrido de unos treinta y seis kilómetros. Durante el camino vemos continuamente unas formaciones pétreas extrañas, pero el fenómeno salvaje toma proporciones de magnitud extraordinaria cuando se llega al paraje de la “Ciudad Encantada”…

…¿Quién será el creador de este fenómeno tan sublime? Es el agua que, como escultor pacientísimo, ha ido modelando, durante centenares de siglos, estos gigantes bloques calcáreos según su artístico capricho. Sin hacer trabajar demasiado la imaginación, vemos claramente gran diversidad de figuras, entre las cuales predominan unos hongos gigantes y unos grandes barcos con las quillas simétricamente alineadas.

Vemos también un yunque, un martillo, un elefante, desmesuradas figuras humanas, pórticos de catedral, columnas, puentes atrevidos, una calabaza con dos centinelas de guardia; amplias calles y plazas espaciosas dan todavía más la sensación de que uno se encuentra entre los vestigios de una ciudad ciclópea desaparecida.

Cantidad de pinos decorativos, que crecen al azar en medio de este caos de piedras, aumentan la belleza impresionante de este soberbio lugar, que se extiende en un paraje vastísimo, imposible de ser recorrido todo en un solo día…

Hace ya muchos años que fueron abiertas al turista las Adelsberger Grotiene (las grutas) de Austria de formación semejante, pero subterránea; también en otros países donde se han valuado, enseguida, merecidamente. ¿Cuándo aprenderemos nosotros a explotar, con éxito positivo y de una manera inteligente, las innumerables bellezas naturales de nuestra península ibérica?, terminaba preguntándose Luisa Serra.

Lo que sí me ha llamado la atención entre el artículo de Carolina Dorado de 1925 y el de Luisa Serra es que a las dos les llamó mucho la atención el dorado atardecer de Cuenca.

 

 

 

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