Los primeros contadores de agua y el primer Laboratorio Municipal de Cuenca

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 13 DE MARZO DE 2018 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, REALIZADO Y PRESENTADO POR PACO AUÑÓN

http://cadenaser.com/emisora/2018/03/13/ser_cuenca/1520955858_555443.html

“El problema del agua, por sus relaciones con la higiene y salubridad pública, es de los que con interés primordial ha de resolver toda Corporación que sepa darse cuenta de sus deberes”, se escribía en la prensa de Cuenca en el mes de marzo de 1912, tras el anuncio del Ayuntamiento  de convocar un concurso para regularizar el uso del agua a través de contadores, que es el tema que hoy saca de su Desván José Vicente Avila, en vísperas del Día Mundial del Agua. También nos hablará del primer Laboratorio Municipal que tuvo Cuenca por esas fechas en un edificio antiguo, como lo es el Almudí, que ha albergado a lo largo del tiempo en sus diferentes espacios el antiguo Pósito, academia de música, Museo, sede de la Policía Local, perrera, sala de exposiciones, plan de droga y otros servicios.

Vamos primero con el agua y esa instauración de los contadores de agua en los domicilios en una ciudad en la que los grifos debían escasear en aquellos primeros años del siglo XX.

– “Agua que no has de beber déjala correr”, reza el refranero y agua que no has de beber déjala que se la lleve el Júcar, podíamos decir en Cuenca, pero claro está que el agua no se puede desperdiciar ni malgastar, de ahí que hace más un siglo se llevase a cabo su regularización a través de los contadores en los domicilios, que eran toda una necesidad para una ciudad en la que unos abusaban del líquido elemento y a otros no les llegaba.

Lavanderas en el Huécar. / Zomeño (Olcades. Temas de Cuenca)
Lavanderas en el Huécar. / Zomeño (Olcades. Temas de Cuenca)

En la Cuenca de 1912, con doce mil habitantes, el agua apenas llegaba a las casas, las mujeres tenían que ir a buscarla a las fuentes públicas con cántaros y cubos, e incluso lavaban la ropa en las orillas del Júcar y del Huécar. La canalización no era buena y las huertas del Puente de Palo, de la calle del Agua y los hocinos cercanos a la Puerta de Valencia se llevaban un buen caudal.

Pero es que hace poco más de cincuenta años en muchos pueblos no había agua en las casas y las mujeres, sobre todo ellas, se encargaban de ir a la fuente con los cántaros y a lavar en los lavaderos públicos.

-Imaginamos aquella Cuenca del siglo XX con esa problemática del agua, que afectaba lógicamente a la higiene…

-El problema del agua era uno de los principales en Cuenca,  con un anacrónico alcantarillado, y cada mes de enero, cuando había relevo del alcalde de turno, las promesas de solucionarlo entraban en los discursos. Así, el 19 de febrero de 1912, el Ayuntamiento publicó, en el Boletín Oficial de la Provincia, el Concurso para Contadores de Agua, remarcando que  “al efecto de procurarse un modelo útil y económico, se abre concurso entre los inventores o constructores de aquellos aparatos para que presenten modelos a fin de elegir declarando oficial el que mejores condiciones reúna, obligando a los particulares a su adquisición”. Pocos días después, en el periódico “El Liberal” del 9 de marzo se leía que, efectivamente “el problema del agua, por sus relaciones con la higiene y salubridad pública”, era un problema que tenía que solucionar el Ayuntamiento. Se le recordaba que “en estado de salud y en estado de enfermedad, el agua es absolutamente necesaria como es precisa para garantizarnos del peligro de horribles siniestros y se necesita para las abluciones (baño personal o purificador), la bebida, el riego, el baño, la limpieza, en fin todo lo que contribuye al sostenimiento de la vida en el individuo. Y se añadía a otros extremos:

Calle de las Torres hacia 1915.
Calle de las Torres hacia 1915.

En Cuenca tenemos calles que no se riegan nunca; tenemos barrios en los que un incendio sería desastroso; existen centenares de casas en que es imposible el cumplimiento de las más elementales reglas de higiene, y aun de aquellos preceptos impuestos por las leyes.

Dejar de instalar los contadores en atención a compromisos de índole particular y seguir tolerando que unos vecinos derrochen el agua de que otros carecen, sería justificar el imperio de las castas, distinguiendo entre los privilegiados y los proscritos, sería justificar todas las censuras.

En último término, ¿quién se opone a que se instale el contador? ¿quién se opone al sistema de pagar con arreglo al consumo, que es lo justo, lo racional y lo equitativo?

Sepamos si hay alguien, quien sea, y sepamos si tiene fuerza bastante para imponerse a una Corporación… Dejémonos ya de discusiones tan desatinadas como estériles y vayamos rectos a la entra del asunto.

Hay un hecho que hace inútil toda discusión; este hecho es que a Cuenca llegan en 24 horas 2.480.000 litros y que con ellos hay para cada habitante más de 200 litros. En el depósito entran y del depósito salen; por consiguiente si cada cual gastara la necesaria y no más, sobraría una cantidad enorme.

Hagase una lista de los que tienen fuentes instaladas y pregunteseles si se oponen al contador. Así saldremos de dudas y cada palo aguantará su vela, se decía con cierta contundencia desde la prensa, tras el anuncio de las basdes del concurso de contadores.

-Vamos a conocer, así a vuela pluma, cómo eran esas bases publicadas en el Boletín Oficial de la provincia para el concurso de contadores de agua…

-Pues mira, Paco, el plazo de presentación de modelos era de quince días, a contar de la inserción del anuncio en el BOP y como mínimo se calcula en 150 los contadores que han de establecerse inmediatamente, pudiendo aumentar aquel número a más de ochocientos, calculando por las concesiones hechas a particulares de aprovechamiento de agua.

Teniendo en cuenta que las aguas poseen 30 centímetros por litro de carbonato cálcico, serán preferidos los contadores de aparato de relojería seco. La presentación de modelo no concede derecho alguno, ni puede dar lugar a indemnización devolviéndose los no admitidos.

Terminado el plazo de presentación de modelos se someterán a experimentación por el técnico municipal durante 45 días, y al final de estos el Ayuntamiento otorgará el título de Contador oficial al aparato de mejores condiciones, devolviendo a sus dueños todos los aparatos presentados en el estado en que se encuentren.

No se limitan los tipos de Contadores que puedan concursar. Los interesados tendrán en cuenta que las concesiones de abasto de agua son muy variables, desde la fuente particular que tiene un grifo de cuatro milímetros hasta los aprovechamientos industriales que consumen gran caudal de litros por minuto.

Serán preferidos en igualdad de otras condiciones: los más baratos; los de mayor duración; los que mejor resistan la acción incrustante de las aguas y los que tengan más seguridades para evitar los fraudes ordinarios.

Aguadoras en la fuente de San Antón. / Conde de la Ventosa (Crónica de un tiempo, una ciudad)
Aguadoras en la fuente de San Antón. / Conde de la Ventosa (Crónica de un tiempo, una ciudad)

-¿Cómo resultó ese concurso para los industriales o empresas instaladoras de esos contadores tan necesitados?

-Para no variar en el antes y el ahora, de “la cosa municipal”, aunque haya pasado más de un siglo, un mes y medio después de publicado el anuncio, “El Liberal” mandaba una misiva al Ayuntamiento el 3 de abril bajo el título “Seguimos lo mismo”: “Más de dos años llevamos ya de reproducir sin tregua las quejas fundadísimas que ocasiona la deficiente e irregular distribución del agua potable. Demostrado está con la fuerza de la evidencia que hay casas, calles y aun barrios sin agua, mientras que por otras partes se tira sin provecho alguno una cantidad de exorbitante”.  Se habla de demora y cita el periódico las pocas prisas del Ayuntamiento:

“Tímidamente, modestamente, en dosis pequeñísimas, decidió abordar el asunto sirviéndose de tres o cuatro docenas de contadores, y anunció al efecto  un concurso público, al que acudieron con modelos y proposiciones varias casas constructoras de tales aparatos.

Ni se ha realizado el ensayo de los modelos presentados, ni hay prisa alguna porque se realice demostración plena de la decisión que existe de solucionar el conflicto con su instalación”.

-Suponemos que ante esas acusaciones respondería el Ayuntamiento para calmar los ánimos de los vecinos, que recibirían esas noticias como “jarros de agua fría”…

-Sí, porque además apenas se podían lavar, pues la palabra ducha apenas se utilizaba en aquellas calendas en las que había pocas fuentes y grifos y con una manguera podía bastar. Bueno, pues el 17 de abril,  el alcalde señor Langreo, comunicó que se iban a realizar las pruebas de los contadores presentados… pero se llegó al mes de junio y de nuevo, con el título “el problema del agua”, preguntaba “El Liberal”: “¿Está decidido el Ayuntamiento a que se haga la instalación de contadores? ¿Se han convencido ya los señores concejales de que no hay otro medio para evitar lo que ocurre? (…) No hay razón para que unos tiren, sin provecho, lo que otros necesitan. Concédase un margen de gasto para un precio común y establézcase el contador para los que quieran exceder ese margen: porque no hay justicia más perfecta que aquella que consiste en dar a cada uno lo suyo, sin perjuicio de los demás”. Más claro, agua… amigo Paco.

Plaza del Carmen con la cruz del siglo XX y un urinario. / Crónica de un tiempo, una ciudad
Plaza del Carmen con la cruz del siglo XX y un urinario. / Crónica de un tiempo, una ciudad

–Y llegó el verano, época en la que el agua solía escasear…

-Y con aquellas conducciones tan antiguas. La polémica siguió efectivamente durante el verano, la época de mayor necesidad de agua, en la que el Ayuntamiento estaba inmerso en urbanizar las huertas para retranquear precisamente la calle del Agua, con el fin de presentar el proyecto del nuevo Mercado y en derribar las casas de Andrés de Cabrera para ensanchar la calle de Alfonso VIII. Por fin, nueve meses después, como un parto, a finales de octubre, el Ayuntamiento acordó llevar a cabo las pruebas de los aparatos contadores, entre ellos el de Fermín Romero, “ilustrado y competente director de la Electro-Mecánica Conquense, que ha construido un aparato de su invención, mediante el cual se limita el consumo de agua en cada grifo a la que se pague”. El invento era parecido al “limita-corrientes” que también creó Romero. Por fin, los contadores se fueron colocando muy poco a poco…

-Y todos tan contentos, pagando el agua que gastaban, claro…

-Pues agarraté que viene el turbión por decirlo de alguna manera: El 15 de febrero de 1913 y con el título “La cuestión de las aguas” se lee en “El Liberal”: “Una inspección, ordenada por el alcalde accidental, Bartolomé Rodríguez, y llevada a cabo por funcionarios del Ayuntamiento, está poniendo de relieve que son grandes los abusos que se vienen cometiendo en el consumo de agua potable, y que son cuantiosas las defraudaciones que merman el producto del arbitrio, con daño de los intereses municipales. Se dice que aún hay barrios sin agua y alcantarillas rotas por las que se puerde el líquido elemento y que es incomprensible que los llamados a dar ejemplo sean los primeros que han quedado al descubierto en las investigaciones de la inspección. Se inició una campaña para evitar los abusos y para que la gente pagase el agua. Un siglo después el agua ha sido un problema, como bien conocemos, para regularizar abastecimientos y pagos…

Escaleras del Gallo y Almudi donde estuvo el Laboratorio Municipal. / Foto Zomeño.
Escaleras del Gallo y edificio del Almudi donde estuvo el Laboratorio Municipal. / Foto Zomeño.

Decíamos al comienzo que también en aquellos inicios del Siglo XX se ponía en marcha el primer Laboratorio Municipal de Cuenca en el Almudí, que ha sido un edificio multiusos desde que se construyó en el Siglo XVI. Hablamos José del año 1910, dos años antes del concurso de los contadores de agua que hemos conocido.

-“Ya tiene Cuenca un Laboratorio Municipal, muy modesto en verdad, pero suficiente para llenar su cometido. Afortunadamente los sentimientos humanitarios alcanzan en nuestros días proporciones que nunca pudieron soñarse y la lucha contra los enemigos comunes, enfermedad y muerte, cuenta de minuto en minuto con nuevas y potentes armas”. Así se expresaba la prensa conquense, al dar cuenta de la apertura al público del Laboratorio Municipal, hecho acaecido el 27 de noviembre de 1910, en la planta baja del singular edificio del Almudí, que en el devenir del tiempo ha acogido distintos servicios municipales. Es este un edificio municipal severo, de sillería, que en la actualidad está cerrado en una de sus plantas y la principal la ocupa la Banda de Música.

-Sí, ya sabemos que durante una veintena de años en ese edificio estuvo el Museo Arqueológico y es la sede de los ensayos musicales de nuestra Banda.

-Pero es curioso constatar que ya estuvo allí antes, pues precisamente, en la información que se ofrecía de la inauguración del Laboratorio, en este caso en la planta baja del Almudí, ya tenía su academia en el edificio principal, la Banda de Música, como se desprende del relato de la apertura del laboratorio, que dice así: “En el pabellón inmediato, donde tiene su academia la banda municipal, hallábase ésta amenizando el acto con varias piezas de su vasto repertorio muy bien interpretadas, bajo la dirección del competente maestro señor Rubio. Por tanto, este dato revela que la Banda de Música ya tuvo su sede en el Almudí, tras haber sido el lugar que albergó el Museo Arqueológico de Cuenca como bien has citado, hasta que en 1975 pasó a la Casa del Curato, en la calle Obispo Valero y Plaza de Ronda.

-El tema que nos ocupa es el del Laboratorio Municipal, que ocupó la planta que conocemos junto a las escaleras del Gallo…

– En aquella Cuenca de hace ciento ocho años había una gran preocupación por parte de las autoridades sanitarias respecto a la ingestión de alimentos y sobre todo de las aguas fecales, pues uno de los problemas que tenía la ciudad era el del cauce del río Huécar, foco de enfermedades, hasta que se llevó a cabo la desviación y conducción de sus aguas con el correspondiente alcantarillado. En el acto de inauguración del Laboratorio, con presencia del alcalde-presidente, señor Merchante, se daba cuenta de la importancia de dar a conocer al público las ventajas que suponía el Laboratorio, que iba a estar a cargo de los señores Romero y Benítez en las tareas de dirección. Los inspectores de Sanidad, Higiene Pecuaria y de Carnes, y varios médicos, atendían las explicaciones del veterinario señor Niño, el verdadero propulsor, quien informó que en el año 1904 había presentado una Memoria al Ayuntamiento pidiendo la creación del Laboratorio de Investigaciones de los alimentos.

Prevención ante la escasez de agua de comienzos del siglo XX.
Prevención ante la escasez de agua de comienzos del siglo XX para la higiene.

-Vamos que se tardó seis años en poner en marcha un laboratorio tan necesario, teniendo en cuenta los pocos medios analíticos que había entonces para la sanidad pública.

-Comentaba el veterinario señor Niño que “La misión a llenar por un laboratorio nada tiene de sencilla. Los análisis de las aguas potables, de los alimentos y bebidas, la investigación de fraudes punibles y la comprobación de falsificaciones punibles, es tarea harto pesadísima que requieren una voluntad férrea, una suma de conocimientos generales y una disciplina nada comunes. Añádanse a estos los análisis bacteriológicos de importancia tan decisiva para la declaración o negación de una epidemia, que exigen un caudal de observaciones, paciencia y amor al estudio, copiosísimo”.

-¿Con qué tipo de instrumental partía aquel laboratorio dispuesto a analizar alimentos, aguas, bebidas, etc..

– Para aquella Cuenca de hace un siglo era todo un logro. El Laboratorio del Almudí constaba de un salón con una estufa grande para esterilizar ropas de cama, un alambique para destilar agua, un hornillo con campana de cristales, dos hornillos pequeños y dos tinas para lavado. Otro salón constituía el propio laboratorio en el que “en acristalados armarios” se guardan multitud de objetos de vidrio indispensables para las investigaciones químicas y microbiológicas, algunas de las cuales podemos enumerar:

Morteros, cristalizadores, tubos de seguridad y de desprendimiento, frascos de Wolg (de dos o tres cuellos), digestores, placas de Petri (recipiente redondo de cristal), probetas, tubos de ensayo, pipetas, lámparas de alcohol, porta y cubre-objetos, matraces ordinarios y de Erlenmeyer (frascos de vidrio), hilos de platino fundidos en varillas de cristal, pinzas de Cornet para cubre objetos, copas sencillas…

“En otros espacios, corridos a lo largo de un testero contenidos en frascos de colores diversos y adecuados, están los reactivos. En un pequeño armario se encuentran un magnífico microscopio Krauss, cuyas partes mecánica y óptica nada dejan que desear.

Tiene un buen juego de oculares y objetivos que dan un máximo aumento de 1.500 diámetros; revólver portaobjetivos del microscopio, aparato de condensación de Abbé; diafragma iris y platina movible de Zeis en todas las direcciones, con nimbo graduado….

Un muy sencillo y práctico microtomo Krauss para encastramientos en celoidina. Un hematímetro de Hayem para contar glóbulos, con dos mezcladores de Potain…

Sobre una larga mesa adosada al muro y bajo una estrecha ventana (única por cierto en el Laboratorio) hay colocados una estufa de esterilización de cultivos, modelo Roux pequeño tamaño y dos cajas estufas de aire caliente, con sus correspondientes mecheros de alcohol…

Material de desinfección con lámpara de formalina, un pulverizador de formaldehido y vapor de agua con manguera…”

En suma, una institución higiénica de gran importancia médico-social para Cuenca, como destacaba el subdelegado de Medicina, para prevenir enfermedades, aunque no se pudo evitar la gripe de hace un siglo que tuvo no sólo a Cuenca, sino a toda España de cabeza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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