La Semana Santa de hace un siglo y una procesión contra la gripe

José Vicente ÁVILA (*)

La celebración de la Semana Santa en Cuenca trasciende de la vida cotidiana, forma parte de la esencia de la ciudad, porque la rememoración que se representa se remonta a siglos pasados, no sólo por el Hecho de la Pasión y Muerte de Cristo que se conmemora, sino por la participación ciudadana en su papel cofrade, acompañando a las distintas procesiones que se organizan, bajo la égida de la Junta de Cofradías desde hace 78 años, pero desde las propias hermandades, siglos atrás. Las hermandades se fueron creando a través de los siglos, en la mayoría de los casos a través de los gremios, pero con un sentido familiar, hasta el punto de que los cofrades han ido pasando de abuelos a nietos y de padres a hijos.

En los comienzos del reciente pasado Siglo XX la Semana Santa se reorganizó y amplió sus desfiles, con la reordenación de la procesión en “El Calvario” de 1902, a través de unas Concordia y la novedad de la procesión del Silencio en 1905. A partir de la reconstrucción de 1940 los desfiles fueron aumentando con procesiones el Martes Santo, los dos domingos y aún este 2018 con el novedoso desfile del Sábado Santo, además de la incorporación de varios “pasos”, que ya tienen la pátina del tiempo de al menos un cuarto de siglo.

Para valorar lo que tenemos es interesante bucear en el fondo del tiempo pasado y en este caso nos fijamos en la Semana Santa de hace un siglo, es decir en la de 1918 y alguna pincelada de 1919, años en los que España padeció la gripe y la provincia de Cuenca, así como la capital, no fueron ajenas al grave problema. Una epidemia que puso en riesgo fiestas y procesiones, pues se trataba de evitar contactos y contagios entre las gentes.

San Gil y calle Caballeros.
San Gil y calle Caballeros.

MÉDICOS POR SEMANA SANTA

Amén de la propia epidemia gripal, contra la que había que luchar, era costumbre que tanto en los días de la Semana Santa como en los de la feria de San Julián de septiembre la ciudad de Cuenca se convirtiese en una especie de “ambulatorio”, pues distintos médicos de Madrid se desplazaban esos días para pasar consulta en los pocos hoteles y pensiones que había, e incluso para hacer intervenciones. Los anuncios en la prensa se prodigaban esos días:

“El doctor Leocadio Serrano, del Policlínico María Cristina de Madrid, atenderá enfermedades de estómago, hígado e intestinos en el hotel Iberia”; el ortopédico José Franco atenderá los días 28 y 29; los doctores Gandullo Solsona, Barrio de Medina y Mariano López Fontana, atenderán a sus pacientes en los sitios de costumbre. Pero entre todos ellos destacaba el doctor Jesús Galíndez, que se desplazó a Cuenca durante más de quince años en los días de Semana Santa y de San Julián, desde 1912 hasta 1927. Este era uno de sus anuncios en la prensa de Cuenca:

“Enfermos de los ojos. Todas las personas que padezcan de la vista, pueden consultar (como en años anteriores), en esta ciudad, con el conocido especialista en enfermedades de los ojos, Doctor Galíndez, médico-oculista, del Instituto Oftálmico Nacional, del Asilo de San Rafael y del Instituto Rubio de Madrid, durante la próxima Semana Santa. Los miopes, los de vista cansada, los operados de cataratas, etc., pueden graduarse sus ojos, por medio de lentes o gafas y ver muy bien. A los de catarata, rija, pestañas metidas en los ojos, etc. etc., les operará. Los ciegos sabrán si tienen remedio. La atención es gratuita para los pobres, tanto en el Asilo Municipal de San Antón como en la Casa de Beneficencia. En septiembre de 1919 el Ayuntamiento dedicó una calle al Doctor Galíndez, que fue nombrado Hijo Adoptivo de Cuenca en 1921, en pago por sus generosos servicios.

Exaltación por Alfonso VIII y cruce de Zapaterías
Exaltación por Alfonso VIII y cruce de Zapaterías

LEGÍTIMO ORGULLO NAZARENO

Para darnos una idea de cómo era el ambiente que rodeaba a la celebración de la Semana Santa en aquel año de 1918, recogemos algunas frases del artículo de S. Martínez Escribano, en “El Día de Cuenca”: “Nunca, durante el resto del año, se halla concurrida la capital como en esta época en que se conmemora la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Abigarrada muchedumbre puebla la ciudad que, en tan señalados días, se viste de gala y en cuyo ambiente de paz y de reposo, parece aletear como blanquísima paloma el espíritu del misticismo”.

Al hilo de sus palabras, en las que refiere que “nada más bello y atractivo que la suprema grandiosidad de tan solemnes momentos”, se vive en las calles de Cuenca, entendemos que la celebración de la Semana Santa conquense ya tenía bastante importancia a nivel nacional: “A nuestra amada Cuenca le corresponde legítimamente, el orgullo de haber alcanzado uno de los primeros lugares, en cuanto a tan elevadas manifestaciones externas del sagrado culto se refiere.

Desde muy antiguo, la Semana Santa en Cuenca constituye un interesante, al par que curioso acontecimiento, como lo atestigua la afluencia enorme de personal que, formando grupos pintorescos, discurre por las calles de la vieja ciudad, imprimiéndole más movimiento y lucidez. Más colorido, más vida”.

Puntualiza más adelante Martínez Escribano que “el escrupuloso celo, digno de todo encomio, con que el Rvdmo. Prelado de esta Diócesis, Excmo. Señor Don Wenceslao Sangüesa, cumple con la importante misión que le fuere encomendada, secundado por todo el Cabildo, la perfecta organización de las distintas Hermandades, el extremado entusiasmo que arde como luz inextinguible en el sentimiento popular, elementos son todos que, unidos, contribuyen a realizar espectáculos tan admirables”.

Imaginamos aquellos desfiles de hace un siglo, en palabras de Martínez Escribano: “Graves, solemnes por entre una atenta y religiosa multitud, avanzan las procesiones, causando en todos profundo respeto y sincera admiración; pero cuando el cuadro resulta más atrayente, más fantástico y deslumbrador es en medio de la oscuridad, cuando brillan culebreantes, como cuentas luminosas, las tulipas de los nazarenos que a un lado y a otro escoltan el paso lento de las imágenes orladas de gloriosos resplandores, mientras en la quietud silente de la noche, como piadosos lamentos, resuenan a intervalos las dulces armonías de un canto litúrgico”.

Señala que los fieles visitan los templos con fervorosa unción y en ellos se aprecia “la belleza de la mujer que, recatando su delicado rostro entre los pliegues de la española mantilla, penetra casta y pudorosa en la casa de Dios…”

El Amarrado que se estrenó en 1914.
El Amarrado que se estrenó en 1914.

LAS PROCESIONES

La Semana Santa de 1918 se celebró desde el 24 al 31 de marzo, es decir, un día antes que la de cien años después, la de este 2018, que se inicia el día 25 de marzo. El Domingo de Ramos se celebraba en la Santa Iglesia Catedral Basílica la bendición de palmas y ramos, por parte del obispo Sangüesa, nada menos que a las ¡ocho de la mañana!, con una procesión por el interior de la Catedral con asistencia de las cruces parroquiales y del Excmo. Ayuntamiento. Ese año se cantó la Pasión según San Mateo, llevando la “voz cantante” el deán de la Catedral, Eusebio Hernández Zazo.

La primera procesión se celebraba el Miércoles Santo, y en 1918 se cumplían trece años del primer desfile del “Silencio”, que databa de 1905. El cortejo salía “a las ocho de la noche” de la parroquia de San Esteban, antiguo convento de San Francisco, con los pasos de Jesús Orando en el Huerto, El Beso de Judas, Jesús ante el Pretorio, Arrepentimiento de San Pedro Apóstol, Jesús ultrajado ante Anás y Caifás y Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol y Evangelista. El recorrido era inverso al de ahora, pues desde San Esteban seguía por Mariano Catalina (Carretería) hacia la Plaza Mayor, descendiendo por la Puerta de Valencia y la conocida entonces calle del 15 de julio.

El Jueves Santo de 1918 la denominada “Procesión de Pasión” salía a las cuatro de la tarde. Partía de la ermita de San Antonio Abad (actual Virgen de la Luz) y era costeada por la Archicofradía de Paz y Caridad, en la que formaban seis hermandades, presididas por el Santísimo Cristo de las Misericordias, y los pasos de Jesús Orando en el Huerto, Jesús atado a la Columna, Jesús con la Caña, Santo Ecce-Homo, Jesús Nazareno con el Cirineo y Nuestra Señora de la Soledad.

Jesús Caído y la Verónica de la madrugada.
Jesús Caído y la Verónica de la madrugada.

El recorrido era desde San Antón a la Plaza Mayor por el puente de la Trinidad, para descender por la calle del Peso en dirección a la Puerta de Valencia, Carretería y la ermita de San Antonio Abad.

El Viernes Santo, 29 de marzo de 1918, salieron las tres procesiones. A las seis de la mañana partió de la iglesia de El Salvador la procesión “Camino del Calvario”, con los pasos de Jesús Nazareno, caminando cargado con la Cruz, ayudado por el Cirineo; Jesús Nazareno caído bajo el peso de la Cruz y la Verónica con el Santo Rostro; San Juan Apóstol y Evangelista y Nuestra Señora de la Soledad, con sus respectivas hermandades, realizando el recorrido tradicional, que terminaba antes de las diez en El Salvador. No hay referencia alguna a las turbas, cosa que sí se hace en años anteriores.

LAS TRES PROCESIONES DEL VIERNES SANTO

La Crucifixión abría el cortejo en El Calvario.
La Crucifixión abría el cortejo en El Calvario.

La segunda procesión del día, “En El Calvario”, que tenía el recorrido inverso al actual, salía  las diez de la mañana de El Salvador y ya completa lo hacía a las once desde la iglesia de San Esteban (convento de San Francisco), de ahí que se conociera como “Procesión de las once”. En 1918 el cortejo estaba formado por los pasos de La Crucifixión de Jesús, Exaltación de Jesús Crucificado, Agonía de Jesús, Expiación y Lanzada, Descendimiento y Nuestra Señora de las Angustias (imagen de San Felipe).

A las tres de la tarde del Viernes Santo se hacía el Vía-Crucis con sermón de la Soledad, en El Salvador predicando su párroco (Marcos Herminio Lozano) y en la ermita de las Angustias, con sermón de Valentín Denche García (profesor del Seminario).

La procesión del Santo Entierro se iniciaba a las cinco de la tarde desde la parroquia de El Salvador y sólo desfilaba por el Casco Antiguo, recorriendo en la subida las calles del Espejo (actual Melchor Cano), Santo Domingo, Palafox, Andrés de Cabrera, Alfonso VIII y Plaza Mayor, regresando a la iglesia de partida en el descenso por las calles del Peso y Solera.

El Santo Entierro salía desde El Salvador a la Catedral.
El Santo Entierro salía desde El Salvador a la Catedral.

Se denominaba “Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo”, y a la misma asistían los acogidos de la Casa de Beneficencia provincial, con velas; todas las hermandades, Seminarios, Cabildos Catedral y de Santa Catalina, Ayuntamiento bajo mazas, gobernadores civil y militar y el obispo con el Tribunal eclesiástico.

Formaban parte igualmente de este solemne cortejo los Heraldos de la Fama y de Armas, Niños pasionarios, Marta, la Samaritana, la Verónica y las tres Marías (Magdalena, Salomé y Cleofé), los Caballeros de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Sepulcro, que la costea, que concurrían con los hábitos y distingos capitulares. Los pasos eran el Santo Sepulcro y la Mater Dolorosa.

Se destacaba en la prensa que “a todas las procesiones concurrirán los cofrades vistiendo las túnicas peculiares de cada hermandad y paso, las bandas de música municipal y provincial, y “en todas será cantado el patético, antiquísimo e incomparable miserere procesional conquense”.

En el breve resumen que publicaba el bisemanario “El Liberal” sobre “Las fiestas religiosas”, se resaltaba que “con la esplendidez tradicional en esta población se han celebrado en los días pasados las fiestas religiosas de la Semana Santa. El tiempo ha favorecido a las procesiones, que se celebraron con el mayor orden; la afluencia de forasteros ha sido grande y por todas las calles del trayecto se apiñaba la multitud presenciando el paso de las Cofradías”.

Calle Andrés de Cabrera ante del ensanche.
Calle Andrés de Cabrera antes del ensanche.

INCIDENCIAS

Se destacaba que la ermita de las Angustias había estado concurridísima, como siempre, sobre todo el Viernes Santo, y que el único incidente ocurrió en la tarde del viernes santo en el que el acogido de la Casa de Beneficencia, Pablo Angulo Navarro, de 52 años, natural de Almodóvar del Pinar, que participaba en la procesión del Santo Entierro portando una vela, resbaló frente a los Juzgados (calle Alfonso VIII), cayendo al suelo con tan mala fortuna, que se produjo la fractura de la tibia y peroné derechos, siendo trasladado a la Casa de Socorro y posteriormente a la Casa de Beneficencia.

En otro apartado se indicaba en “El Liberal” que “en la mañana del Viernes Santo, en todos los edificios públicos ondeaba la bandera nacional, con la única excepción del Palacio Provincial. “La excepción fue notada y comentada, sin que nadie encontrara la explicación plausible”. La novillada del Domingo de Gloria fue suspendida por la lluvia.

INDULTO REAL EN VIERNES SANTO

Ese mismo día 29 de marzo, Viernes Santo, llegó a Cuenca por telégrafo la noticia de que el rey Alfonso XIII, usando la prerrogativa para el día de Viernes Santo, firmó entre otros indultos, el del penado conquense Mariano B. H., que había sido sentenciado pocos meses antes por la Audiencia de Cuenca “a la última pena”, por “el terrible asesinato del alcalde de Carrascosa de Haro”, Cesáreo S.A.C. Se publicaba en “El Día” que cuando el director de la Cárcel, señor Calleja, recibió la noticia no esperada del indulto, se lo comunicó al condenado, que se abrazó a él y rompió a llorar…

Desde el centro penitenciario se escuchaban los tambores que acompañaban a la procesión del Entierro, por la Plaza Mayor.

PROCESIÓN CONTRA LA GRIPE

Pocos días después de la Semana, la gripe comenzaba a hacer estragos. Cuenca no se libró de la epidemia que a partir de mayo se fue generalizando durante varios meses, llegándose al año 1919 con los peores temores. Entre los fallecidos en febrero figuraba nada menos que Emilio Sánchez Vera, con 48 años. El mes de marzo fue brutal y se temía por la Semana Santa, que en ese año se celebraba del 13 al 20 de abril.

En “El Liberal” se publicaba un “suelto” que avisaba que “las circunstancias no han permitido la organización de los acostumbrados festejos para la próxima Semana Santa. (Se refería a la celebración de un pasacalles por la Banda de Música, traca, gigantes y cabezudos al toque de dulzaina y tamboril, cucañas, festejo taurino, conciertos, sesión de cinematógrafo y función de fuegos artificiales en el Parque de Canalejas (de San Julián) que se solía hacer entre el sábado y el domingo de Resurrección).

Sin embargo, sí se celebrarían las procesiones de Semana Santa, precedidas unos días antes por una muy especial: una procesión de rogativas contra la gripe, organizada por el propio Ayuntamiento de Cuenca, con la venia de la autoridad eclesiástica. Marzo estaba siendo un mes negro para la ciudad y además de la medicina se pidieron oraciones. Es interesante destacar que la población de la provincia de Cuenca en enero de 1918 era de 284.407 habitantes, muchos más que un siglo después, con poco más de 12.500 en la capital.

Así, el 20 de marzo, y a propuesta del prelado Sangüesa, comenzó en la Catedral un triduo “para impetrar del Altísimo misericordia, y cese el terrible mal que nos invade”, ante la presencia de las imágenes de la Virgen del Sagrario y de San Julián”, informaba “El Día”, que anunciaba, asimismo, que “el Ayuntamiento ha dado orden para que sea trasladada a la Catedral la imagen de San Roque, y se celebre una procesión en la parte alta de la ciudad”. Al mismo tiempo se abrió una cuenta en favor de los “pobres epidemiados”.

Así, el 24 de marzo comenzó en El Salvador “la novena de San Roque y de la Virgen de la Luz”, patrona de Cuenca, costeada por el Ayuntamiento, que debía terminar el 1 de abril con procesión hasta la ermita de San Antón”, pues hubo peticiones para que desfilase además por el centro, “pues también había enfermos de gripe”. El día anunciado para la procesión de rogativas comenzó a llover y tuvo que ser aplazada para la semana siguiente.

Jesús del Puente salió en procesión contra la gripe.
Jesús del Puente salió en procesión contra la gripe.

Así, el día 6 de abril, que era Domingo de Pasión, salió por fin la procesión de rogativas contra la gripe, desde la parroquia de El Salvador, descendiendo por la puerta de Valencia, con las imágenes de San Roque (protector de la peste, que se veneraba en San Antón), Jesús Nazareno del Puente y la Virgen de la Luz. Publicaba “El Liberal” que cuando “apenas habían llegado las imágenes de San Roque, Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Luz, a la calle de Mariano Catalina (Carretería), la lluvia arreció de tal manera que se hizo imposible el ordenado desfile”, que era presidido por el gobernador civil, alcalde y cuatro concejales, que de acuerdo con los sacerdotes, dispusieron que se siguiera el itinerario con la mayor celeridad posible.

A paso rápido siguió el cortejo por Calderón de la Barca hasta la ermita de San Antón, donde a los pocos minutos “entraban las sagradas imágenes, acompañadas de gran número de personas que resistieron el tremendo aguacero sin abandonar la procesión”. Termina la nota que “de haberlo consentido el tiempo, es seguro que toda la población hubiera presenciado la solemne rogativa”.

LA SEMANA SANTA DE 1919

La Semana Santa de 1919 transcurrió con normalidad, con los desfiles habituales, y como escribía el Tío Corujo (Julián de Velasco) en “El Día”, “el buen tiempo ha llegado entre palmas y vítores, y ha borrado las huellas siniestras de la dolencia y de la privación, del pasado azote calamitoso. En la Catedral celebrose, con la acostumbrada solemnidad, la función religiosa, bendiciendo las palmas el reverendísimo prelado doctor Sangüesa, y a la hora del vermout, Carretería estuvo concurridísima, pareciendo una rúa de una capital de primera, con sindicalistas y todo…”

La única diferencia de horarios respecto a 1918 es que la procesión del Silencio salió a las nueve de la  noche de San Francisco y la de la Pasión, el Jueves Santo, a las cinco de la tarde. Pero ésta ya es otra historia.

(*) Reportaje publicado en gran parte,  en “MIserere”, suplemento especial de la Semana Santa, de La Tribuna de Cuenca (marzo 2018)

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “La Semana Santa de hace un siglo y una procesión contra la gripe

  1. Me gustaría que nos comentaras algo acerca de una procesión que se celebró algún año por la hoz del Júcar, creo alentada por Federico Muelas, y que no duró muchos años. ¿ Qué hay de esto?. Un saludo
    Julio

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