Carolina Marcial, de Nueva York a Cuenca, en un atardecer dorado de 1926 (“Contrebia”)

ARTICULO PUBLICADO EN LA REVISTA “CONTREBIA” (NÚMERO 5, 2018)

La revista de cultura e historia de Cuenca, “Contrebia”, que dirige Óscar Martínez Pérez, ha sacado a la luz su número 5, coincidiendo con la reciente celebración de la Feria del Libro. En el sumario aparecen los siguientes trabajos: “Carolina Marcial, de Nueva York a Cuenca”, José Vicente Ávila. “Guillermo Osorio, poeta y bohemio”, Óscar Martínez Pérez. “Miguel Romero, el poeta”, Abdul Hadi Sadoun. “Poesía conquense”, M. Josefina Giménez y Eduardo Laparra. “Daja-Tarto: revisitación del faquir conquense en el treinta aniversario de su muerte”, Mariví Cavero. “Las hermanas Aznárez logran aunar en sus bolsos y complementos artesanos, moda funcionalidad y diseño”. “Sandra Redondo deslumbra con el diseño y distinción de sus joyas”.

“Hemeroteca de Florencio Martínez Ruiz”. “Pedro Páez: de Belmonte a las fuentes del Nilo azul”, Óscar Martínez Pérez. “Una pequeña historia inédita de un gran hombre: Rodolfo Llopis Ferrándiz”, Antonio Fernández Fernández. “En la Biblioteca de… David Culebras”.

Insertamos el artículo de José Vicente Ávila, titulado “Carolina Marcial, de Nueva York a Cuenca”, que ocupa de las páginas 4 a la 7.

"Contrebia", número 5.
“Contrebia”, número 5.

La prestigiosa hispanista, doctora en Filosofía y Letras, puede ser la primera mujer que publicó en prensa un artículo sobre nuestra ciudad

José Vicente Ávila
“En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca”…, así comienza su artículo publicado en 1926 y titulado “Atardecer en Cuenca”, Carolina Marcial Dorado, que quizá sea la primera escritora que publica un texto en prensa sobre la ciudad de Cuenca. “¡¡Ya hemos estado en Cuenca!!” rubrica al final de su crónica Carolina Marcial, dedicada a un pintor norteamericano que la había visitado mucho antes, plasmando sus paisajes en unos lienzos que orlaban su casa, y que la propia escritora española, afincada en Nueva York, había visto allí. Desde aquel día, Carolina Marcial, que había escrito en 1917 el libro “España pintoresca”, deseaba conocer Cuenca, pues en ese relato hispano anterior su recorrido se había limitado a Madrid, Castilla-La Vieja y Andalucía.

¿Quién era Carolina Marcial?, se preguntará el lector. Según los datos que hemos manejado fue una mujer excepcional. Cuando se habla de la generación del 98 o de la del 27, apenas si se cita el nombre de alguna mujer. Podíamos decir que Carolina Marcial, que era doctora en Filosofía y Letras, fue una auténtica embajadora de la cultura española en Estados Unidos, donde vivió prácticamente durante casi toda su corta vida, aunque todos los años viajaba a España.

Nacida en la localidad toledana de Camuñas en 1889, en el seno de una familia protestante, su padre fue José Marcial Palacios, pastor de la iglesia y agente de la Sociedad Bíblica, que se había trasladado en 1880 a esta localidad toledana conocida entonces como la “Ginebra Manchega”, al ser la primera iglesia evangélica en la Mancha. Escribe Pilar Piñón Varela, en su tesis doctoral “Las mujeres como protagonistas del intercambio académico entre España y los Estados Unidos” (1919-1939), que cuando Carolina tenía ocho años fue llevada a San Sebastián y más tarde a Biarritz y Madrid, por imperativo del trabajo evangélico de su padre, que falleció cuando ella tenía 14 años.

Terminó en Madrid el Bachiller que logró en 1907, lo que le permitía poder ir a la Universidad, logro por entonces muy difícil para una mujer. Con 16 años hizo su primer viaje a Estados Unidos para volver luego a Barcelona con sus estudios en la Liga del Instituto Internacional, ligado a la iglesia congregacionista.

Resumiendo su amplio historial, y pese a que Carolina Marcial falleció en Nueva York el 25 de julio de 1941, con 52 años de edad, es obligado señalar que fue autora de varios libros de texto en castellano para extranjeros, entre ellos “Primeras lecciones de español”, “Libro tercero de lectura”; “España pintoresca”, de 1917 y “Trozos modernos”, de 1922, entre otros, de su docena de publicaciones, además de numerosos artículos en revistas norteamericanas y españolas, destacando relatos y leyendas como “El alacrán fray Gómez” o “Las mariposas del Alcázar”.

Además de escribir y dar clases, Carolina Marcial daba conferencias y era una gran ‘relaciones públicas’, sobre todo en Estados Unidos, donde su tarea era dar a conocer el idioma castellano y alentaba a los turistas a visitar España. En suma, fue una de las mejores embajadoras de la cultura española en Norteamérica en esos años de los “felices veinte” y ello la llevó a que fuese distinguida con la concesión de la Gran Cruz de Alfonso XII y de la Cruz de Plata del Mérito Civil, única personalidad protestante que las ha recibido, según destaca esta comunidad en las redes sociales.

Cuando falleció en 1941, a consecuencia de un ataque al corazón, el New York Times publicó una amplia necrológica, haciéndose eco de su labor a favor de la cultura española, lo que indica la categoría que tenía en Nueva York.

Por aportar algún dato relevante, el diario “Abc” le dedicó una página el 23 de octubre de 1927, titulada “La ilustre doctora española que sólo vive para España”. Son bastantes las referencias que tanto este periódico, como otras publicaciones, hacían de Carolina Marcial, que recibió la Medalla de Plata al Mérito Civil, cuando tenía 38 años, a propuesta de la Cámara de Comercio Española de Nueva York y de la propia Embajada, por la propaganda que hacía de España en Estados Unidos.

¿PRIMERA MUJER QUE ESCRIBE SOBRE CUENCA?
Cuando publicó en 1917 el libro “España pintoresca”, Carolina se quedó con las ganas de haber conocido no sólo Cuenca, sino otros lugares de Castilla-La Mancha, por ser el lugar de su nacimiento. Fue una impenitente viajera, pese a las dificultades de la época, y su conocimiento de la ciudad de Cuenca, como ella misma cuenta en el artículo que escribió en 1926, fue al ver unos cuadros que tenía en su casa el pintor Mister Charles Hoffman. Ello viene a indicar que este artista norteamericano estuvo en Cuenca unos años antes, con lo que se abre otra vía de investigación sobre este pintor.

Al descubrir la presencia de Carolina Marcial en Cuenca, con lo que suponía para el turismo con la publicación de sus artículos en Nueva York, me acordé mucho de Florencio Martínez Ruiz, que era todo un experto en presentar en las páginas de su ‘Cultural de Cuenca’, a personajes de otros siglos que pasaron por Cuenca y dejaron su huella.

En el repaso a “Cien escritores y Cuenca”, que hizo Martínez Ruiz en 1990 no aparece ningún nombre femenino y ello me induce a pensar que Carolina Marcial es la primera mujer que escribe y publica sobre Cuenca, y ello es una auténtica novedad.

EL VIAJE A CUENCA
Carolina Marcial había participado en el mes de julio de 1926 en Nueva York en un homenaje que se le hizo a ella y a Concha Espina, en el que por cierto se pidió el Nobel de Literatura para la escritora santanderina. De su viaje de Madrid a Cuenca, se hizo eco “El Día de Cuenca” con un suelto titulado “Viajeros distinguidos”, en el que se informaba que en automóvil llegaron a Cuenca el subdirector general de la Compañía Telefónica Nacional de España, José Berenguer, acompañado de “la ilustre publicista” señorita Carolina Marcial Dorado, profesora de la Universidad de Columbia, junto a Mis Madge Turner, alumna aprovechada de dicha Universidad.

Informaba el periódico que tan distinguidos turistas visitaron la ciudad y sus alrededores, acompañados de don Julián Soria, y hoy –se trataba del 8 de agosto de 1926— saldrán para la Ciudad Encantada y Uña. Terminaba la nota de prensa que “les deseamos una gratísima excursión y un buen recuerdo de esta visita de estudio que realizan”.

Al lado aparecía un “suelto” en el que se comentaba que “en los jardines de la Diputación, alegre sitio de recreo de pequeños y grandes, se han sembrado uno macizos de césped, que nada tienen de artísticos ni de atrayente originalidad. Cualquier pradera les echa la zancadilla en frescura y lozanía”.

carolinaCIUDAD ÚNICA Y EXTRAÑA
Carolina Marcial Dorado aprovechó su estancia en Cuenca. Sus impresiones las escribió en el mismo hotel y las dejó para su publicación. El artículo en cuestión se insertó en la edición de “El Día de Cuenca” del 13 de agosto de 1926, bajo el título de “Atardecer en Cuenca”, en la primera página, a dos columnas. Merece la pena que el texto lo demos a conocer, dado que es el primero o uno de los primeros que una mujer dedica a Cuenca en letra impresa, en este caso en la prensa local y posteriormente en folletos turísticos de Nueva York. Así empieza su relato Carolina Marcial Dorado:

“En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca. El automóvil iba dejando tras sí pueblos de rancio abolengo y de interesantes contornos: Tarancón, Alcázar del Rey, Carrascosa del Campo… y otros muchos; pero nosotros sentíamos sin igual ansiedad por llegar a la ciudad vetusta y nos resistíamos a detenernos en el camino o a disminuir la velocidad.

Hacía años que nos sentíamos dominados por el deseo de visitar a Cuenca. En nuestra vida de excursión continua teníamos recorrido las capitales más notables de Europa, las ciudades más bellas de España; pero Cuenca quedaba siempre fuera de nuestro complicado itinerario como si fuese un lugar inascesible (inaccesible), una ciudad encantada…

-“Ciudad Encantada es en verdad” –nos decía con calor el gran pintor norteamericano, Mister Charles Hoffman, que ha decorado su suntuoso hogar en Old Lyme, Comnecticut, con portentosos paisajes de Cuenca.

–Fíjese Vd. en este cuadro –nos decía–, representa las “casas nidos”, que se elevan hasta las nubes desde el borde rocoso del abismo. ¡Todos me dicen que es imposible, que no existen tales casas, tales perspectivas, que estos cuadros son el resultado de la fantasía de un pintor exaltado! Pero, ¡yo no me exalto! ¡Yo soy sajón! ¡Estos cuadros son copias exactas de las hoces de Cuenca, de la belleza atrevida de sus puentes, de la extraordinaria construcción de sus calles y casas!
-Y nos enseñaba cuadros y más cuadros de extraña composición y de evocaciones inauditas.

Y he aquí como la flemática y persuasiva charla del pintor norteamericano despertó en nosotros el deseo irrevocable de visitar a Cuenca.

II

Por fin nos encontramos frente a la ciudad. La antigua capital parecía una formidable fortaleza gris. Los ríos Júcar y Huécar besan amorosamente sus augustas plantas. En sus aguas tranquilas se reflejan los puentes romanos, los castillos moriscos, los arcos góticos y… las casas gigantes, que parecen salir del seno de la tierra y elevarse a las alturas inconmensurables.

La vista de esta ciudad única y extraña trae a nuestra mente exaltada de recuerdos de su glorioso pasado. En el siglo IX era ya un baluarte morisco. En el XII, tras largo y reñido cerco, Alfonso VIII conquistó la ciudad, haciendo ondear en la almena más alta del castillo llamado Conca, el pabellón cristiano de Castilla. Sus habitantes recibieron, entonces, gozosos, grandes privilegios y se vieron amparados por el famoso Fuero de Cuenca, uno de los más antiguos y notables del reino.

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Sinnúmero de hombres ilustres dieron realce a esta ciudad tranquila. A la sombra de frondosos pinares nacieron esclarecidos varones: El privado Don Álvaro de Luna; los hermanos Valdés, honra de la prosa y de la filosofía castellana; el excelso místico Fray Luis de León, cuyos versos límpidos, plenos de sencillo fervor religioso son de un estilo incomparable y encierran una profunda filosofía religiosa y humana.

Hoy día es Cuenca una ciudad “apartada del mundanal ruido”, como dijo su místico poeta. El silencio de la ciudad nos impresiona. Toda ella permanece en un letargo intenso. Ya no se oyen allí trompetas guerreras, ni gritos de batalla, ni el cabalgar de briosos corceles: la ciudad duerme…

En la iglesia de San Gil dobla quejumbrosa una lenta campana: unas mujeres que lavan en el río se persignan y rezan devotamente.

El sol se va escondiendo tras los montes azules; sus rayos de fuego y oro iluminan las rocas de formas grotescas que la rodean, y envuelven misteriosamente a la ciudad gloriosa.

III

En la calma sugestiva del crepúsculo sentimos que pasa por todo nuestro ser un arrobamiento místico. Es la hora del “Ángelus”, el momento propicio para la meditación y para dar gracias al Todopoderoso. Con serena evocación recordamos agradecidos el privilegio que Él nos concediese: somos en el extranjero, en la activa América, el portavoz de las grandezas de nuestra patria. Gracias al Bureau de Información Pro-España, que fundó y mantiene la hispanófila Sociedad Internacional Telephone and Telegraph, de la cual es afiliada nuestra Compañía Telefónica Nacional, podremos en el futuro ocuparnos de dar debida publicidad a esta ciudad: hacer justicia a la olvidada villa castellana tan rica en bellezas arquitectónicas y tan abundante en deliciosos paisajes y generosa hospitalidad.

Surge también en nuestra alma el ansia invencible de dar al mundo noticias de los nuevos adelantos que en Cuenca se notan hoy por hoy. En ella se construyen modernos edificios; sus habitantes se esfuerzan por acondicionar la ciudad para que sea visitada y admirada por el mundo entero.

En el silencio intenso del atardecer estival, nos vamos dando cuenta de este despertamiento de la ciudad dormida. Parece que al fin despierta a la realización de su propio valer; ya llega a darse cuenta de que tiene el deber de anunciar por todas partes la riqueza inagotable de sus tesoros.

De nuevo nos sentimos dominados por el deseo de poner el Bureau de información Pro-España de la Internacional Telephone and Telegraph a la disposición de nuestros amables y dignos compatriotas de Cuenca. Así lo decimos a nuestros amigos de la ciudad augusta; así lo haremos inmediatamente.

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Sí, señor Hoffman, sus cuadros son exactos, no son exaltaciones de pintor fantástico. Nosotros también hemos visto todo eso. ¡¡Ya hemos estado en Cuenca!!
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El Júcar se desliza suavemente bajo los altos arcos de los vetustos puentes, y parece ir susurrando canciones heroicas, trovas románticas de esta ciudad que fue en su tiempo centro de poder y de nobleza.

Carolina Marcial Dorado
Directora del Bureau de Información Pro-España International Telephone and Telegraph. New York.

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PUBLICACION 92 AÑOS DESPUÉS
Desde 1926 en que se publicó en “El Día de Cuenca”, hasta ahora que se reproduce en esta revista “Contrebia”, han pasado 92 años para poder leer en letra impresa este delicioso artículo, y conocer a su autora, aunque de ello nos hicimos eco en el programa radiofónico “Páginas de mi Desván” de Ser Cuenca.

Creo que hemos descubierto a una escritora española que residió en Nueva York, y descubrió Cuenca en un atardecer dorado como el apellido de su toledana madre, que vio los rascacielos de San Martín y se acordó de Manhattan e incluso destacó aquella pequeña ciudad de la “calle Mayor” que entraba en la modernidad de sus notable edificios en construcción como lo eran el Hotel Iberia, el Banco de España, la plaza de toros, que pocos meses más tarde le dieron otro realce a la ciudad que iba creciendo y se daba a conocer o la ya construida Casa Caballer. Carolina Marcial Dorado debe figurar en el listado de escritores y escritoras que dejaron su huella y su firma en Cuenca, y quizá sea la primera mujer que escribió un artículo literario.

CURIOSIDADES DE AQUEL VERANO DE 1926
Curiosamente, coincidiendo con la llegada de Carolina Marcial a España, desde Nueva York a Cuenca, la prensa nacional había publicado la noticia de la inauguración del servicio de América a España en vapores rápidos, en los cuales iba incluido una visita al interior de España; en el periódico local se pedía a la Diputación, al Ayuntamiento y la Cámara de Comercio incluir en una de esas visitas a la provincia de Cuenca. La idea era que, subvencionando los tres organismos a las empresas de viajes, se pudieran organizar algunos de ellos en los que fuera incluida la estancia en los hoteles, junto al billete del tren y el importe del auto, para poder visitar Villalba de la Sierra, Uña, Ciudad Encantada, Uclés, Alarcón, Belmonte, etc.

Se pedía una junta local de turismo, muy necesaria en Cuenca, y que esos viajes de los integrantes de los buques pudieran ser de tres a cinco días, aprovechado el sábado, domingo y lunes, quedando para más tarde o para Semana Santa la estancia de una semana u ocho días, si el ensayo diese resultado.

Además del artículo de Carolina Marcial, en una nota de prensa, se comentaba en tono jocoso que “algunas personas se bañan desnudas en el “Tablón” del Júcar. Los baños en el Júcar, y sobre todo en el paraje conocido como “El Tablón”, eran la “serpiente del verano”. Escribía Eusebio Chuts que “son nuestro baños de un encantador y delicioso sistema paradisíaco, en donde púberes e impúberes y algún que otro que peina canas, como en los mejores tiempos del idilio de Adán y Eva, lucen sus encantos y sus desnudeces, sin menoscabo de la moral ni de las buenas costumbres….

…El zambullimiento de los cuerpos en el célebre “Tablón” del río Júcar es, a juzgar por los que gozan de su disfrute, de un delicioso bienestar, y el reposo junto a la ribera no menos agradable y reconfortante a juzgar igualmente por los que lo practican, luciendo, como decían en la zarzuela clásica todo lo que Dios les dio”.
Recordaba Chuts que en esa época era muy poca gente la que se bañaba, ni siquiera en casa porque no había duchas y pocos grifos… y terminaba así su comentario al baño “en cueros”: “Triunfe la higiene, la salud y la limpieza, aunque se resienta algo la moral…”
También se publicaba que en primavera se había anunciado que el Recreo Peral iba a ser arrendado como “rincón veraniego” y al efecto se presentaron varios industriales, uno de ellos conquense, que prometía hacer obras de consideración en tan pintoresco paraje. Había llegado el verano y nada se había hecho y por ello escribía Basilio Martínez Pérez: “¡No hay derecho señores, para privar a una ciudad como Cuenca, del goce de las delicias de este paraje bello, ya que fue pródiga con ella al concedérselo! ¡Hay que cortar de raíz de estas desidias!”
Cualquier tiempo pasado fue como fue. Pero esta vez nos quedamos con las palabras de Carolina Marcial Dorado.

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