Pregón de las Fiestas del Solsticio de Verano, en el Casco Antiguo, por José Vicente Ávila

El viernes 22 comenzaron las Fiestas del Solsticio de Verano en el Jardín de Cecilio Albendea, con el Pregón pronunciado por José Vicente Ávila, como vecino del Casco Antiguo. El pregonero fue presentado por Pilar Suárez, componente de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Cuenca, organizadora de estas fiestas del 22 al 24 de junio de 2018.

José Vicente Avila durante el Pregón. / Foto José Luis Pinós.
José Vicente Avila durante el Pregón. / Foto José Luis Pinós.

José VIcente Ávila comenzó asi su Pregón: Buenas tardes/noches). En primer lugar, agradecimiento a la junta directiva de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo por darme la oportunidad, como vecino de nuestra Cuenca Alta, de pregonar las fiestas del Solsticio de Verano, de las que se cumplen veinte años.

“Amanece en el Casco. El sol se asoma por el horizonte, lentamente, iluminando la falda del Cerro del Socorro. El reloj de la torre de Mangana marca la hora de la ciudad. Hasta siete tañidos tras el alba primaveral, prolongado por los trinos de los pajarillos en su despertar por entre las hiedras que cuelgan sobre los muros y balaustradas de la calle Alfonso VIII, antigua Correduría por la que antaño caminaban mulas tirando carros.

Se escucha el contacto de la escoba con el empedrado, pues diligentes trabajadores de la limpieza limpian las calles y la manguera suelta su gran chorro. “La manga riega, que aquí no llega; / si llegaría me mojaría…”. Son recuerdos de la niñez cuando los chavales retábamos a los barrenderos a mojarnos con aquellas negras mangas por las que asomaba una boca de metal que parecía un enorme grifo: ¡Agua va!

Los gatillos, pintados por Lorenzo Goñi, saltaban de teja en tejado, sin obstáculos de antenas, por entre las arracimadas casas del Casco mientras las gentes bajaban diligentes al trabajo; o subían al Ayuntamiento, el edificio singular de nuestra Plaza Mayor, cita obligada del quehacer municipal. La ciudad alta cobraba vida tras la larga noche en la que la barahúnda de trasnochadores habían hecho por fin silencio en la madrugada.

Foto: Ramón P. Tornero.
Foto: Ramón P. Tornero.

Los canónigos acudían a la Catedral para los primeros rezos y cánticos del Cabildo. La ciudad emergía de luz y color en el mediodía, con sus fachadas multicolores, y desde cada balcón, ventanuco o ventana, se divisaba la Hoz, bien la del Huécar por San Martín o la del Júcar por San Miguel.

Las gentes del barrio iban y venían en un ¡hola, cómo estás! y ¡un hasta luego! que se repetía diariamente. Madrugadas había que el silencio era roto por los montones de leña que portaba Julián “El Cojillo”, que se amontonaban en cada puerta. Había que preparar el invierno con carga para la estufa.

Vivir y sentir en el Casco. En cada época. Invierno de copiosas nevadas que hacían más cuestuda la cuesta; primaveras de pasos procesionales de tambores y trompetas en lenta marcha nocturna, de mediodía y tarde nazarena, y madrugada de clarines destemplados y velados tambores.

Veranos de turistas descubriendo la Ciudad Pintoresca que ya es Patrimonio de la Humanidad y otoño de vaquilla de San Mateo en la Reconquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII.

Foto: Ramón P. Tornero.
Foto: Ramón P. Tornero.

El Casco Antiguo, sus vecinos, sienten, aman, sufren, padecen, disfrutan de ese quehacer cotidiano de la vida ciudadana que Mangana marca cada minuto.

Pero hay algo superior a esta estampa bucólica que hace peligrar el futuro vecinal en el Casco: la marabunta de los coches y el tráfico. Fines de semana de locura colectiva al volante, sin sitios donde aparcar, con una “P” que no sabemos si es “Payasada” o “Paciencia”.

El Casco pide vida, respeto, comprensión y, sobre todo, que esos rincones donde ahora se amontonan los coches sean lugares para la poesía, la música, el teatro, o simplemente para pasear. Ojalá que pronto la solución del aparcamiento subterráneo de Mangana venga a devolver a este Casco Antiguo esa calidad de vida que ahora no tiene, junto a la llegada de otros servicios como el gas y el cableado subterráneo para que esta Cuenca Fortificada sea verdadero Patrimonio de la Humanidad. Y de la vecindad.

Foto: Ramón P. Tornero.
Foto: Ramón P. Tornero.

Este texto que acabo de leer, lo publiqué en 2002, es decir hace 16 años, en el Boletín de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo.

Son los mismos años en los que la plaza de Mangana estuvo cerrada, y por ello algunos niños del barrio nunca pudieron jugar allí como tantos chicos y chicas lo hicieron, y ahora, mocetes y mocetas, se han podido dar su primer beso mirando a los ojos de la mora que popularizó el vecino Antonio Saura en sus pinturas.

¡Por fin hemos conocido Mangana!, expresaron los enamorados quinceañeros al pisar por vez primera la plaza. La mitad de años cerrado estuvo el Jardín de los Poetas, donde por los primeros días de septiembre celebrábamos no menos añoradas fiestas de San Gil.

¿Qué ha cambiado en el Casco en todo este tiempo?, me preguntan. Pues que cada vez quedamos menos vecinos y aprovecho el momento para recodar a los que se nos han ido para siempre, como mi madre y Juan de Arce, presidente vecinal, entre otros muchos.

Pero el Casco, como barrio vivo que es, no puede morir por otras circunstancias de todos bien conocidas. Cierto que Cuenca a plena luz le dio lustre a las fachadas envejecidas, hasta que han vuelto algunos desconchones, y el Consorcio cumple su cometido de rehabilitar y mejorar calles, viviendas y monumentos; pero existe el problema nunca solucionado del tráfico, el aparcamiento y el transporte no muy bien organizado en sus días y horas punta o de baja demanda, reducido incluso en verano.

Foto: Ramón P. Tornero.
Foto: Ramón P. Tornero.

Esta Asociación de Vecinos del Casco es una de las más antiguas de Cuenca, constituida el 15 de septiembre de 1980. Sin irnos muy lejos en el tiempo, a 1998, por ejemplo, porque veinte años no son nada, tomaba el toro por los cuernos para mostrar las reivindicaciones de los vecinos, de sus habitantes, que eran más o menos las mismas que cualquier vecino de la ciudad. Porque entre el ICOMOS y cómo hacerlo la problemática del Casco estaba encima de la mesa del Ayuntamiento de turno. Y pasapalabra…

El pregonero y vecino de Zapaterías quiere reconocer el trabajo de todos quienes han trabajado al frente de la Asociación, señalando que hay un antes y un después tras aquella primera junta directiva presidida por Jaime Aranda, que el 30 de junio de 1998 presentó un programa de actuación referido a la regulación del tráfico, el desarrollo de los servicios sociales y la vivienda, con  un objetivo claro: “Dinamizar el Casco Antiguo”, sin olvidar el aspecto lúdico con la “gran fiesta cultural del barrio”, que ese año se programó para el 8 de agosto.

Las fiestas del Casco Antiguo, del Solsticio como las conocemos ahora, se iniciaron en 1999, aunque tuvieron un prólogo un año antes, con el Día del Residente, celebrado el 8 de agosto, a propuesta de la Asociación de Vecinos, que ya pedía lanzaderas para el Casco Antiguo ante la renovación que se iba a hacer del Servicio de Transporte Urbano.

En aquel sábado 8 de agosto de 1998, se consiguió un día sin coches en la Cuenca Alta, con la excepción del servicio urbano de autobuses. Los actos organizados fueron visita guiada a la Catedral con Rodrigo de Luz; tres exposiciones en la calle, un recital poético en homenaje a García Lorca en las ruinas de San Pantaleón y actaciones del grupo de Teatro Bufons.

La Plaza Mayor fue el recinto para presentar las pocas ONGs, que había en Cuenca, y en la Plaza de Mangana, que llegó a contar con una pista polideportiva de madera y césped sintético, se disputó el Trofeo Juvenil de Futbol-sala. (En el recuerdo quedaban aquellos equipos del barrio que competían en los campeonatos locales en la década de los sesenta, con los nombres de “El Vati” y el Mangana).

En el siguiente año, 1999, ya se formalizó la fiesta del Solsticio de Verano, del 24 al 26 de junio. La decisión se tomó en la asamblea general celebrada en el Colegio de El Carmen el 22 de abril, en la que el presidente Jaime Aranda realizaba unas manifestaciones que se pueden suscribir hoy mismo:

“En la Asociación se respetan las reglas de la mayoría, se habla con libertad y cada uno puede expresar su opinión”. Y aunque hacía un mes que se había inaugurado el aparcamiento en el Castillo, apuntaba que “seguimos con el problema del tráfico, que es uno de los más importantes, que no sólo hace que muchos vecinos de marchen de la parte alta, sino también numerosas incomodidades tanto para los turistas que nos visitan como para los propios conquenses que acuden al Casco Antiguo”, dejando claro el presidente que los vecinos del Casco no están en contra del turismo, ni de la hostelería ni del comercio, pues queremos compartir nuestro barrio con todo el mundo”.

El Día, 25 junio 1999.
El Día, 25 junio 1999.

Raúl del Pozo, que prendió la hoguera mágica, fue el primer pregonero  de las fiestas del Solsticio de Verano, que venían un poco a suplir, en el tiempo, las añejas fiestas de San Juan en Cuenca, título al que por cierto Raúl puso en su pregón como “noches de San Juan”. De aquel Pregón de Raúl destaco alguna frase que años después me repetiría en una entrevista: “La mayor riqueza de Cuenca es este Casco que parece un milagro pompeyano, rescatado del olvido y los desmanes de la ignorancia… Cuenca, esta pequeña Atenas de Castilla, debe ser preservada de los bárbaros, y los conquenses deben estar enamorados de ella…”.

Con aquellas primeras fiestas del Solsticio de Verano, por la que han pasado ilustres y queridos pregoneros y pregoneras, cómo no citar a Elisa Lumbreras o Julián Pacheco, la Asociación organizadora venía a rescatar en el tiempo, como he citado antes, a la tradicional fiesta de San Juan que Cuenca celebraba. No podemos olvidar que aquí aún nos queda una muestra de la Torre de la iglesia de San Juan Bautista y la calle del mismo nombre. Desde La Ventilla y desde la Bajada de San Juan, las gentes de Cuenca se acercaban hasta la ermita y explanada de San Juan de la Rivera, junto a la Playa.

La festividad de San Juan Bautista, en el solsticio del verano conquense, se fue perdiendo al socaire de los tiempos, pese a ser una de las más costumbristas de la ciudad, por ser “la primera verbena del verano”, que tenía otras celebraciones estivales como el día de San Pedro en La Ventilla y el día de Santiago en la Estación del Ferrocarril.

Postal San Juan de la Rivera / Eduardo Laparra
Postal San Juan de la Rivera / Eduardo Laparra

La fiesta de merienda y verbena se celebraba en el paraje de San Juan de la Rivera, popularmente conocido como “pradera de San Juan”, donde al menos los jóvenes de hoy acuden en Jueves Lardero o en San Julián de enero si el tiempo acompaña.

En este paraje, debajo de la Huerta de Uña, se encontraba la ermita, situada en la margen izquierda del Júcar. Se le conocía también como Alameda de San Juan y hasta allí llegaba una barca de las cuatro que había en el Recreo Peral, para cruzar el río, por cinco céntimos de peseta. Un   lugar idóneo para un día campestre.

Así, cada 24 de junio, la cita era obligada. Las gentes llegaban por los caminos y laderas del río desde el Puente de San Antón, o bajando la Cuesta de San Juan y por el Recreo Peral. La fiesta de 1860 la recoge Muñoz y Soliva en su “Episcopologio Conquense”:

“El gusto de los conquenses por ir al campo a comer o merendar era grande; pero de ello nos hemos convencido más y más en este año con motivo de ir a celebrar el Santo Sacrificio de la Misa a San Juan de la Ribera, en el día del Bautista. La verbena fue concurridísima; por cualquier parte se oían músicas de bandurria y guitarra y se veían hoguerillas para hacer el chocolate o calentar el desayuno; y saliendo por la tarde a paseo, vimos la ciudad verdaderamente despoblada.

Desde la Plaza Mayor a la salida para Valencia no habría quince casas con moradores; todos estaban a las orillas del Júcar; y a pesar de que fueron masticados en aquel día más de trescientos corderos y de que se les puso en infusión en los estómagos con abundante morapio, no hubo la menor pelazga ni  quimera”.

Julián de Velasco, que firmaba sus ripios como “El Tío Corujo”, describía con sus versos o ripios la actualidad conquense de “los felices veinte”, y al hilo de la fiesta y verbena de San Juan, publicaba el 25 de junio de 1918, en “El Día de Cuenca”, unas coplillas referidas a la fiesta y a la actualidad, en la que no faltaba la “merienda de sobaquillo:

“Ayer, día de San Juan / todos fuimos de verbena, / y a pesar de estar tan caro / eso de las subsistencias, / cada familia llevaba / sus opíparas meriendas, / con cada bota de vino / que cabía una taberna.

Las familias retozaban / por hocinos y alamedas, / y donde no había música / sobraban cantes y juergas / y entre copeo y copeo / al Santo Patrón festejan, / que es San Juan el verbenero, / que ayuda a quitar las penas / dando de lado a cuestiones / que apabullan la mollera.

¡Cómo bailaba el tío Roque / sus seguidillas manchegas, / cumpliendo el refrán que dice:
“Alaba a Dios tripa llena”!

Nada digo de la Antonia, / nada de Paula y de Petra / que son tres mozas de buten / que bailando se las pelan / y que se traen un oscilen / que al más pintao lo marean.

Ayer fue tarde de chupen, / tarde alegre de verbena / y no hubo más incidentes… / que unas cuantas borracheras / de esas que todo su léxico / es decir: ¡Viva la Pepa!”

Programa 2018
Programa 2018

Avanzando un siglo, tenemos estas fiestas del solsticio 2018, con un programa tan sugerente como atractivo, desde el encendido de la hoguera y la cena de sobaquillo, al son de la dulzaina, hasta la suelta de barquitos de vela en el Júcar en la tarde dominguera, pasando por talleres infantiles y de baile, selección musical nocturna, teatro, visita guiada y juegos populares, en todo escenario de la Cuenca Alta Fortificada, Patrimonio de la Humanidad, de la que su mejor patrimonio son sus vecinos, los de Arriba y los de Abajo, que conste en acta.

Termino como he empezado, con una breve visión de la Cuenca Alta de 2018:

Anochece en el Casco. Cámaras de vigilancia retratan las matrículas de los coches, con los ojos de un Gran Hermano, que adivina si subes o bajas, si entras o sales. Durante 30 minutos, el vecino tiene que encontrar un aparcamiento verde (color de naturaleza y vida, ¡fijate!) y el visitante tiene que hacer una contrarreloj para llegar al Castillo, barrio donde hace veinte años un alcalde con visión procuró un aparcamiento. (¿Se puede hacer otro aparcamiento similar en la ladera de enfrente, donde ya se dejan coches? Tome nota, señor alcalde y díganoslo, aunque sea por twitter o facebook.

Marquesina de una parada de "bus" en el Castillo... camino de San Isidro. / JV
Marquesina de una parada de “bus” en el Castillo… camino de San Isidro. / JV

El autobús sube delante o detrás del tren turístico. Si es con el 1 te lleva a la estación del AVE o a la Plaza Mayor, y si es el 2 te sube al Castillo desde la Plaza con el mismo precio que montando desde El Mirador. En el Castillo, camino de San Isidro, tenemos una hermosa parada de marquesina que nadie utiliza y rompe el paisaje, mientras nos derretimos al sol o nos mojamos, en las paradas de la calle de Colón que nos trasladan al Casco. Los sábados, que es el día de más visitas, nos suprimen autobuses, y no digamos en verano. Cuenca del revés, pero mirando “pa Cuenca”.

Mangana se quedó muda hace tiempo, pero vestida de losas grisáceas. Ya le darán sonido al reloj, cuando marque las horas, e incluso a lo mejor subimos hasta la torre. Leo en un periódico de hace más de veinte años que van a comenzar las obras del Jardín de El Salvador, a cargo del Ayuntamiento. Y en un digital de ahora mismo, que en pocos meses se pueden llevar a cabo. Jardín para ser savado de su abandono.

Releo en “El Día de Cuenca” del 13 de mayo de 1999 una especie de milagro de Fátima: “Adjudicada la obra de aparcamiento subterráneo de la Plaza de Mangana. Las 190 plazas están pensadas para los residentes de la zona”. Qué cosas te encuentras repasando la Hemeroteca. ¿Quedan vecinos con plaza?, preguntamos desde la negra boca de entrada…

Exposición proyectos.
Exposición proyectos. /JV

Estos días podemos ver en la Sala de Exposiciones Iberia los proyectos de ascensores de Cuenca In / accesible por naturaleza. Planos y fotos. En unos paneles se remarcan los diferentes once proyectos que se han presentado desde 1940. El alcalde Cano declaraba el 27 de julio de 1952 que “dentro de dos años, Cuenca va a ser perforada de arriba abajo”. Y explicaba: “Y un ascensor, que costará tres millones de pesetas, que saldrá de la calle de los Tintes, que recorrerá en total 508 metros y que tendrá parada en San Felipe, transportará cada media hora cincuenta viajeros hasta la anteplaza”. Cuenca ciudad soñada, dijo un poeta.

El tranvía soñado de 1918, de La Ventilla a la Plaza Mayor. / BIDICAM
El tranvía soñado de 1918, de La Ventilla a la Plaza Mayor. / BIDICAM

Pero aún voy más lejos. En 1918, hace un siglo, la noticia en Cuenca es que se iba a instalar un tranvía urbano desde la Ventilla a la Plaza Mayor, con dos kilómetros de railes. No está este dato ni el plano en la Exposición, pero lo sintetizo en este Pregón. Había dos proyectos, ambos con el mismo coste: 150.000 pesetas. El primero era con dos coches motores con alumbrado y el segundo dos coches “cangrejo” con 16 asientos, llamados “Cattori” del ingeniero italiano del mismo nombre, instalados en Nápoles, que por cierto pude ver y además montar en el teleférico, en esta ciudad italiana, el pasado 29 de enero, y subir además en escaleras mecánicas, situadas junta a otras convencionales de bajada.

Volviendo a la realidad de la calle, observamos los vecinos un coche blanco con cámaras en el techo, que sube, baja, se detiene, hace fotos, y todos pensamos en el vehículo de Google MAP, marcando itinerarios para poder llegar a Cuenca con el navegador. Craso error.

Es el coche de la ORA, repartidor de credenciales bajo pago de 15,50 y repartidor de multas. Ya puestos, que el cochecito leré, que pone multas leré, haga fotos de las cacas de los perros y así cumple una función más acorde y de limpieza.

¿Habéis escuchado los anuncios en la radio del Plan de Acceso al Casco Antiguo… en armonía…?

Sí, en armonía, como estamos aquí ahora. Supongo que a partir de ahora tendremos desfile de peñas y vaquillas en armonía; procesiones y carreras en armonía y cortes de tráfico, al tres por dos en armonía. Y entonaremos, con todos los respetos por el plagio: “Juntos como hermanos, miembros de esta Cuenca, vamos caminando… hasta la Plaza Mayor”…

Un pin de la Asociación para el pregonero.
Un pin de la Asociación para el pregonero.

Bromas aparte, vivamos en armonía, que estas fiestas del Solsticio las disfrutemos y las compartamos, y que todos estos problemas que nos acucian en todo el Casco Antiguo, y alguno más que haya quedado en el teclado, se solucionen con consenso, diálogo y medidas en las que conciliemos nuestro quehacer cotidianos con nuestros vecinos, familiares, amigos y visitantes, dicho en román paladino, o sea, en femenino y masculino.

Amigos, vecinos, ciudadanos, visitantes, vivamos el comienzo de las fiestas del Solsticio de Verano, en auténtica armonía. Que seamos felices.

José Vicente Avila, Cuenca 22 de junio de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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