La fuente luminosa en la Plaza de Cánovas (Plaza de la Constitución)

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Antonio RODRIGUEZ / http://cuencaenelrecuerdo.es/index.php

Saludando y orlando a Cuenca hay numerosas fuentes, antaño lugar de recreo y ágape, sobria meditación y taller de poetas en donde morir de amor y caja donde guardar las penas e hipocondrías. Desde dónde  mirar a la ciudad y llenarse de ella, donde reponer fuerzas en el peregrinar”.  El  recordado amigo y poeta conquense, José Luis Lucas Aledón entre su extensa obra literaria dedicada íntegramente con pasión y amor a la tierra que le vio nacer y donde siempre vivió figura un libro titulado “Viaje lírico por las fuentes de Cuenca” donde he tomado este fragmento.

Hace en él un paseo por el cogollo de la ciudad y alrededores volcando su cariño hacia ellas tantas veces ocupadas en saciar la sed de los ciudadanos y en multitud de ocasiones manantial de leyendas e historias que permanecen en la memoria colectiva cuyos relatos continúan expandiéndose, con más o menos adornos y licencias, producto de la imaginación popular que no decrece e incluso se escenifica.

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No es mi intención ahora hacer una descripción lírica de ellas, algo de por si interesante, material suficiente hay para ello sino traer aquí una fuente singular para recuerdo o conocimiento, que en un tiempo muy lejano, causó impacto en la sociedad conquense: instalación de una fuente luminosa en la conocida como Plaza de Cánovas-aunque entonces se llamaba de Calvo Sotelo-; en la antigüedad Plaza de San Agustín y ahora Plaza de la Constitución.

Sigamos. Era el verano del año 1969 cuando en Cuenca capital se había recibido un anteproyecto solicitado al ingeniero luminotécnico catalán, Carlos Bohigas Sans para su instalación.

Era Bohigas, el Mago de la Luz, autor del anteproyecto, una personalidad de gran prestigio, inventor del diseño (entre otros) de la célebre fuente Mágica de Montjuic y las tres cascadas que aún se exhiben actualmente en la capital catalana. Había sido inaugurada en 1929 en la Exposición Universal celebrada ese año; pese al tiempo transcurrido después de restaurada en alguna ocasión, aun mantiene en gran parte sus mecanismos de origen.

Aceptó el ayuntamiento de Cuenca presidido por Andrés Moya López, el proyecto técnico presentado por Carlos Bohigas para realizar e instalar una fuente luminosa en la céntrica plaza de Cánovas (ese era el nombre por la que se conocía) pese al tiempo transcurrido de su cambio.

Tendría la fuente 6 metros de diámetro, con piedra de granito artificial, ligero, de menor peso y fácil de instalar, con un costo total de 386.237 pesetas, incluyendo la colocación de la misma por parte de la acreditada empresa Anglo Española de Electricidad S.A fundada en 1880 por un noble ingeniero inglés, establecido en Barcelona.

Como suele suceder hubo opiniones encontradas sobre su instalación o no en la ciudad que no llegaba a 35.000 habitantes: a unos les agradaba que, según ellos, se diese a la Plaza cierto aire de modernidad, luminosa y vistosidad en un lugar que iba perdiendo la fisonomía y carácter que tuvo durante siglos, creo que lamentablemente; otros, por el contrario manifestando incluso mediante la prensa, mostraban su desagrado considerando este tipo de fuentes “burdas palanganas donde el agua es condenada a un chapoteo absolutamente gratuito”. Partidarios sí pero “no éstas jofainas giratorias que embarcan a nuestra sociedad de consumo”.

El poeta conquense, transcurridos los años la calificaría de “hortera y cateta”.

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El resultado fue que, la fuente luminosa de Cuenca, se hizo realidad ocupando el mismo espacio que había estado en su segundo emplazamiento de la plaza – llevaba allí dos años – el Monumento al Pastor de las Huesas del Vasallo, obra de Marco Pérez tan conocido  de los conquenses, Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1930) desplazando esta escultura encima de la roca existente en la subida a las Casas Colgadas por ahora su destino, supongo que definitivo:

“El pastor se marchó. En Calvo Sotelo

queda un vacio ya, desde hace días.

Se fue el Pastor por sabe Dios qué vías

y de forma que no se le ve el pelo

¿A dónde te diriges, viejo abuelo?” H.P

Foto: Pascual.
Foto: Pascual.

Solitaria permanecería la fuente luminosa durante años en la plaza emblemática de Cuenca que  durante tiempos anteriores fue: recinto y albergue de posadas, comercios diversos, mercados ambulantes, terrazas, convento, kiosco, lugar de contratación agrícola, jardín, urinarios, salida y llegada de viajeros a la capital y mucho más que hicieron el lugar de más movimiento y trajín de la ciudad; encrucijada de las calles de Calderón de la Barca (antes Juego de Pelota); Fray Luis de León (calle del Agua); Mateo M. Ayllón (en honor de este conquense, alcalde de Madrid y ministro de Hacienda; San Agustín (en recuerdo del convento que allí hubo de Agustinos Calzados) y Carretería (principal arteria de Cuenca). No ha quedado vestigio de nada en esta plaza llena de historia.

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Volviendo a la fuente luminosa, decir que hubo máxima expectación y curiosidad cuando se inauguró e incluso el público quería que se alargase su funcionamiento luminoso, al menos las noches veraniegas, considerando insuficiente que solo se mantuviese iluminada hasta las 10 de la noche.

Debía ser su mantenimiento costoso, a juicio del ayuntamiento y consciente de ello debió restringir el tiempo de exhibición, algo que el periodista, Antonio Hernández Pérez (H.P) supo captar con estos versos, no exentos de sana crítica en el verano de 1971 en su sección de “Cuenca al día y sus percances con métricas de romances” publicado en el “Diario de Cuenca”.

LA FUENTE DE COLORINES

En las noches del estío

y otras, no faltaba más,

se adorna mucho la plaza

de Cánovas, al saltar

esos chorros luminosos

de la fuente que allí está,

y destella, cuando quiere,

colorines que al cambiar

se reflejan en fachadas

y alumbran aquel rodal.

Fuente que fue proyectada

con mimo municipal,

y costó sus pesetejas

–mejor dicho, un dineral—

buscando el nocturno ornato,

cosa encomiable, en verdad.

Por ello, yo no me explico

que teniendo cosa tal,

uso de ella no se haga

y esté allí como si “na”,

sin que se vean sus destellos,

oscura, sin alumbrar.

Claro que tendrá su horario,

pero se debe ampliar

en noches en que la gente

va a  acostar al clarear.

que en las noches de verano

ver el agua salpicar,

es algo reconfortante,

y con luces, mucho más.

 La fuente luminosa, primera y única, que ha tenido Cuenca obra de Bohigas, tuvo su final en febrero de 2002 con motivo de la remodelación de la Plaza e instalación de la escultura del Nazareno, obra del escultor, Javier Barrios encargado por la hoy llamada Venerable Hermandad  y Cofradía de Nazarenos de San Juan Apóstol Evangelista

 

 

 

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