Aparcamiento pionero en el Casco Antiguo: Barrio del Castillo: 17-04-1999

Parquin Castillo red 2Uno de los problemas más acuciantes en el Casco Antiguo de Cuenca es el de la falta de aparcamientos en superficie, dado que la orografía de la Cuenca Alta Fortificada, Patrimonio de la Humanidad, no permite aparcar en toda la subida desde el Puente de la Trinidad hasta el final de la calle de San Pedro, excepción de calles o callejas paralelas. Y eso que desde hace veinte años empezaron las primeras soluciones con aparcamientos en superficie en el Castillo y el Trabuco y los aparcamientos de interiores de Santo Domingo, Caballeros, Mangana y San Pedro.

Veinte años después, y pese a la creación de numerosas plazas en distintos espacios, el problema del aparcamiento en el Casco sigue latente, así como el acceso vigilado ahora con cámaras en lo que se conoce como Plan de Acceso regulado en armonía.

El barrio del Castillo hacia 1915.
El barrio del Castillo hacia 1915.

El primer gran aparcamiento en superficie construido en el Casco Antiguo fue el que se llevó a cabo en el Barrio del Castillo, sin que faltasen entonces las críticas sin más, que nunca faltan en esta ciudad se haga lo que se haga… o lo que no se haga. Es justo reconocer el acierto del alcalde de turno, Manuel Ferreros, que supo convertir un espacio de tierra semi abandonado, en un bien aprovechado y pionero aparcamiento en superficie,  sin dañar el paisaje pintoresco, dos años y medio después de que Cuenca fuese declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Era la hora de la verdad y de mirar hacia el futuro del Casco Antiguo y de la propia ciudad.

Parquin Castillo 2 redCon el slogan de “Un salto hacia el siglo XX”, el 17 de abril de 1999, quince días después de la Semana Santa, se inauguraba el aparcamiento del Castillo, que es el espacio más solicitado por quienes acceden al Casco Antiguo, además de la recuperación de la ladera de la Hoz del  Huécar.

La obra tuvo un coste de poco más de 64 millones de pesetas, con un 70 por ciento aportado por los fondos FEDER y un 30 por ciento del Ayuntamiento. Se ejecutó durante unos cinco meses y ello suponía, en palabras del alcalde Ferreros, “Un paso más en la descongestión del tráfico en el Casco Antiguo”, acción recogida en el Plan Especial.

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El Día de Cuenca, 18-04-1999

Se presentaba el aparcamiento con un número de plazas en torno a 145 vehículos, pues se incluía la calle larga que parte desde el propio Castillo hasta la explanada final. Se habían movido 10.000 metros cúbicos de tierra y construido muros de contención de taludes, sistemas de riego y plantación de especies autóctonas, además de realizar una zona de recreo para los más pequeños.

En el acto de inauguración del aparcamiento en superficie del Castillo en aquel sábado de fuerte viento del 17 de abril de 1999, acompañaron al alcalde Manuel Ferreros los concejales de su partido, Ángel Quintero, Francisco Fernández, Paulino Fernández, Miguel Ángel Vicente y los de la oposición, Luis Esteban Cava y José Luis Chamón, así como personal de la empresa Conrado Jiménez, con su titular al frente, y técnicos municipales.

El Día de Cuenca, 18 de abril 1999.
El Día de Cuenca, 18 de abril 1999.

Manuel Ferreros (que en los días previos de la Semana Santa de 1999 abrió de manera provisional y gratuita el aparcamiento del intercambiador del Huécar) no se conformó con este aparcamiento, sino que días más tarde presentaba los proyectos de los aparcamientos en San Antón (125.000.000 de pesetas)  y el Parque del Huécar (297.694.954) y el aparcamiento de Mangana, que luego sería modificado.

En suma, que aunque poco reconocido en el tiempo, es justo señalar que Manuel Ferreros Lozano, en su etapa de acalde de Cuenca, no se anduvo con discusiones de “galgos y podencos” a la hora de hincarle el diente al problema del aparcamiento en la Cuenca Antigua.

El Castillo, desde el castillo. Foto: Sergio Valverde.
El Barrio del Castillo, desde el castillo. Foto: Sergio Valverde.

Veinte años después del comienzo de aquellas obras en el Castillo no sería nada desdeñable, y muy necesario, que en la ladera enfrente de este aparcamiento se construyese otro aparcamiento. Al menos muchos coches ya se dejan en ese lugar cuando no hay otro remedio.

Y lo más importante de todo. El aparcamiento del Castillo hizo que un barrio que agonizaba se recuperase con la rehabilitación de un buen número de viviendas y con la apertura de bares y restaurantes. Nada menos que seis restaurantes existen en el Castillo, cosa que parecía improbable hace treinta años cuando sólo existía el bar El Caserío de Antonio Ventura, cerrado en su día por jubilación.

 

 

 

 

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