El nieto del “sacristán” y María Magdalena

Este domingo 22 de julio de 2018, la V.H. del Santísimo Cristo de la Luz (Vulgo de los Espejos), celebró la solemnidad de Santa María Magdalena, imagen de la Hermandad que desfila en la procesión del Martes Santo. Una misa solemne que ofició el consiliario de la Hermandad y párroco de El Salvador, Gonzalo Marín, que evocó en la plática la figura de María Magdalena, la arrepentida mujer que fue la primera en acudir al Sepulcro. Eucaristía cercana en la palabra y el buen acompañamiento musical desde el coro.

Mientras hablaba el oficiante de la brevedad del Evangelio del día (según San Marcos, en el que Jesús se fue con los apóstoles en la barca a un sitio tranquilo, aunque al llegar “les esperaba una multitud que andaba como oveja sin pastor), un niño rubiete iba caminando entre las capillas de la iglesia (Jesús de las Seis, San Juan Evangelista…), a su aire, andando y retozando, con su padre detrás vigilante, como el pastor con su ovejita más querida,,, (“Dejad que los niños se acerquen a mí”).

María Magdalena en el altar mayor. / Josevi
María Magdalena en el altar mayor. / Josevi

Uno de los abuelos del niño, Rafa Redondo, herrero de la Pasión y pregonero de la Semana Santa 2016), ayudaba en la misa, como casi todos los domingos, incensando, tocando las campanillas en la Elevación, junto a dos impolutos monaguillos. El niño, cercano a los dos años, despierto y despabilado, buen conocedor “del terreno”, pues se llama Juan, –y en El Salvador hay dos capillas que le “suenan”: San Juan Bautista y San Juan Evangelista–, seguía sus pasos observando las imágenes de la “samana santa”.

En el final de la Función solemne, la escena no podía ser más tierna cuando el párroco Gonzalo se levantaba para poner el corolario eucarístico de “feliz domingo, poder ir en paz”, ya que a su lado estaba sentado el abuelo “sacristán” Redondo con su nieto Juan en brazos, como el buen pastor con su ovejita. (Nada que ver con “El milagro del sacristán”, película rodada en Cuenca allá por 1954).

María Magdalena, vestida con elegancia por su camarera Aurora –de morado y amarillo–, con su esenciero en la mano derecha, parecía que sonreía viendo la escena del abuelo y el nieto, digna de una estampa. Al otro abuelo, Armero, como al resto de la familia, la emoción les embargaba. Y yo sin hacer la foto tan enternecedora. Al menos queda escrito. (Por cierto, apuntaros a la Excursión a Roma de la parroquia de El Salvador, del 24 al 28 de septiembre, pues estuve allí en enero y fue una inolvidable experiencia).

José Vicente AVILA

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