San Jerónimo y las Angustias (de Arriba), antiguas ermitas entre los hocinos

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 7 DE MAYO DE 2019 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, PRESENTADO POR LUISJA GARCÍA

https://cadenaser.com/emisora/2019/05/06/ser_cuenca/1557164335_697522.html

Según el Diccionario Estadístico Histórico de Pascual Madoz, la ciudad de Cuenca, con cerca de siete mil habitantes en 1850,  contaba con trece parroquias, otros trece conventos, siete de frailes y seis de monjas y siete ermitas, amén de otras ya desaparecidas por distintas causas, la mayoría en el Casco Antiguo o extramuros. Ciudad levítica la definieron algunos escritores o Episcópolis como en la novela de González Blanco. De dos de los recintos ermitaños ya desaparecidos, aunque quedan restos de uno de ellos en la Ruta Pintoresca que se inicia en el Castillo, hablamos con José Vicente Ávila en “Páginas de mi Desván”, bajo el título de “San Jerónimo y las Angustias (de Arriba), antiguas ermitas entre los hocinos”.

Por el camino verde que va a la ermita, que canta Antonio Molina, nos vamos por el Camino de los Jerónimos o de San Jerónimo en busca de una de esas antiguas ermitas, cuya silueta se asoma por la Hoz del Huécar…

Vista de los restos de la ermita de San Jerónimo. / Olcades, 1981.
Vista de los restos de la ermita de San Jerónimo. / Olcades, 1981.

-La definición correcta es la del camino de San Jerónimo, aunque la mayoría de las veces se suele decir camino de los Jerónimos entendiendo que en las ruinas existentes hubo un convento de esa orden en lugar de una ermita. Pero no sólo la voz de la calle, sino que en publicaciones del propio Ayuntamiento o de carreras deportivas o de lista de senderos aparece la denominación de camino de los Jerónimos en lugar de San Jerónimo. Ocurre lo propio con el Arco de Bezudo, como así figura en la placa, en lugar del correcto nombre de Arco de los Hermanos Bezudo, o mejor dicho, los Rodríguez Bezudo.

El camino de San Jerónimo, que era senda de carros, borricos y mulas, comenzó a tomar fama al ser más transitado una vez que fue asfaltado para ser convertido en Ruta Pintoresca, que hoy llamamos Turística. La Ruta Pintoresca, desde el Castillo hasta la Cueva del Fraile, que enlaza con la carretera de Palomera, dirección Buenache y Cuenca, fue inaugurada por los entonces Príncipes de España, Juan Carlos y Sofía, el jueves santo 26 de marzo de 1970. A esa ruta siguió luego la del Camino de San Isidro a Valdecabras y Villalba de la Sierra.

Aún podemos ver desde la carretera de Palomera las ruinas de aquella ermita o viajando por la ruta turística…

-Si nos situamos al final del barrio del Castillo, junto al aparcamiento, se inicia el Camino, o mejor dicho carretera asfaltada, que nos lleva a poder ver la silueta o restos de lo que fue la ermita de San Jerónimo, que perteneció a la parroquia de San Pedro. Admirando la profunda hoz a través del ondulado camino, primero vemos la cuesta empinada que nos lleva hasta el Cerro de San Cristóbal, conocido por el de las antenas, y poco más adelante, también a la izquierda, se observa una residencia particular, junto a los restos de lo que fue ermita, y a la derecha tenemos unos miradores de la impresionante Hoz. Allí estaba esa ermita que precisamente en el Diccionario de Madoz de 1850 se cita así: “La de San Gerónimo, situada encima de la Hoz del Huécar, inmediata a los Hocinos, es muy reducida, pero está bien arreglada”. En estas tierras fragosas de la Hoz, cerca de San Jerónimo, entre los hocinos del barrio del Castillo, se encontraba también la desaparecida ermita de Nuestra Señora de los Dolores y Angustias, dependiente de la iglesia de San Nicolás, y de la que hablaremos más adelante.

La ermita de San Jerónimo, vista desde la Hoz. / Olcades 1981. Foto José Luis Pinós.
La ermita de San Jerónimo, vista desde la Hoz. / Olcades 1981. Foto José Luis Pinós.

-¿Podemos saber la fecha más o menos exacta de construcción de la ermita de San Jerónimo?

-La construcción de esta ermita, a extramuros de la ciudad, como se solía conocer a aquellos edificios construidos fuera del casco urbano, nos lleva nada menos que hasta 1691, pues figura como día de su consagración el del 30 de septiembre de 1692, festividad de San Jerónimo, fecha que serviría para hacer cada año la función de la fiesta, que era muy celebrada en la parte alta de Cuenca.

Es obligado citar el amplio trabajo periodístico y de investigación que hizo en su día el canónigo archivero taranconero, Dimas Pérez Ramírez, bajó el título de Los Jerónimos en Cuenca. El Convento que no existió”, publicado en “Olcades-Temas de Cuenca” en 1981, una revista con mucho rigor en sus contenidos. El trabajo de Dimas Pérez sirvió incluso de base –en el caso de la de Cuenca– para el libro “Ermitas dedicadas a San Jerónimo en España”, de David Rodríguez Luna, del Seminario Mayor de Toledo.

-¿Por qué se dedicó a San Jerónimo esta ermita de la Hoz del Huécar?

-Pues por la sencilla razón de que el matrimonio formado por Jerónimo Enríquez y María López, que no tuvieron hijos, fueron los impulsores de la construcción del sagrado recinto rural, dado que Jerónimo vino de Italia con dinero y acrecentó su fortuna en Cuenca. Jerónimo Enríquez, que había nacido en la ciudad italiana de Lodi, llegó a Cuenca hacia 1670, como despensero del obispo Alonso Antonio de San Martín, que por cierto era hijo bastardo de Felipe IV. Este prelado, que venía del Obispado de Oviedo, y que fue el 49 en la silla de San Julián, concedió la licencia para la ermita en septiembre de 1691 y fue el que la consagró un año después, pues estuvo 24 años en la Diócesis de Cuenca y junto a él, Gerónimo Enríquez hasta su fallecimiento.

Serie puertas y portales de la ciudad. / Diario de Cuenca, 1972.
Serie puertas y portales de la ciudad. / Diario de Cuenca, 1972.

Quedaba claro que no se trataba de un monasterio de los Jerónimos, sino de una ermita dedicada al santo por una persona que tenía ese nombre, aunque las dudas seguían latentes con el paso del tiempo

-No cabe duda de que la publicación de Pérez Ramírez en “Olcades”, surgida a raíz de una construcción privada junto a las ruinas, venía a dar luz para desmentir la creencia popular de que los jerónimos habían estado en Cuenca, cuando además historiadores como Madoz, Mateo López, Muñoz y Soliva o Larrañaga, habían citado a San Jerónimo como ermita y casa adjunta. Apuntaba Dimas Pérez: “Siempre me llamaron la atención las ruinas de San Jerónimo, casi olvidadas, en lugar tan pintoresco y tan bello, sobre la Hoz del Huécar. Como la información, transmitida de boca en boca, era la de que aquellos paredones caídos y aquella iglesia desmantelada correspondían a una extinguida comunidad de monjes jerónimos, yo también pensé muchas veces en esa posibilidad”, pero dados esos datos citados, nada encontró el investigador en los archivos, y fue en el comienzo de las obras para una residencia privada cuando apareció la lápida sepulcral de los fundadores, lo que permitía a Dimas Pérez en reconstruir lo que él llamaba “pequeñas historias de Cuenca”.

-¿Qué tipo de leyenda contenía esa lápida que apareció al realizar esas obras?

-Todo ello en letras mayúsculas, sin ceñirnos al contenido completo, venía a decir que la sepultura hallada entre los restos de la ermita era de “Gerónimo Enríquez y Antonia López, su mujer, vecinos de esta ciudad, fundadores de esta ermita y dotadores de ella para gloria de Dios y de San Gerónimo. Hízose el año de 1693”. Con esta lápida quedaba esclarecido el origen de la ermita y su construcción, señalaba Dimas, quien en sus labor de búsqueda encontró la fecha de la muerte de Jerónimo Enriquez, el 7 de septiembre de 1700, celebrándose sus honras fúnebres en la parroquia de San Pedro, a la que pertenecía “su” ermita, y donando sus bienes a la capellanía de San Jerónimo, fundada el día que otorgó testamento. Su esposa Antonia, hija del pastelero Simón, que tenía el horno de “pan cocer” en la plazuela de Santo Domingo, falleció en 1725. Ambos estaban enterrados en la ermita que habían construido.

Puerta de la ermita de San Jerónimo, en un lateral de la iglesia de San Felipe., en el Callejón de los Artículos. / Josevi
Puerta de la ermita de San Jerónimo, en un lateral de la iglesia de San Felipe., en el Callejón de los Artículos. / Josevi

-¿Cómo era esa ermita de la que quedaron esas paredes semicaídas…?

-En el trabajo publicado en “Olcades” aparece un dibujo de Santos Saiz, sobre cómo podía haber sido el conjunto ermitaño. Dimás Pérez viene a decir que por los restos que quedaban podía ser una pequeña y graciosa construcción, con su cúpula de media naranja sobre la cabecera, apoyada en pechinas, y con una reducida nave a los pies, cubierta de bóveda de arista, unida a la cabecera, mediante un corto espacio que cobijaba dos arcos paralelos de medio punto. Apuntaba el sacerdote investigador que la portada era adintelada, con cornisa y jambas de piedra labrada. Este dato es muy fidedigno, pues esa portada, una vez derruida la ermita, fue colocada en el edificio de la iglesia de San Felipe, que da al Callejón de los Artículos y allí se puede contemplar. Una de las campanas, con el nombre de Enríquez y la fecha de 1793, que fue tirada a las huertas y guardada por un labrador, fue colocada, tras la guerra civil, en uno de los huecos del campanario del Convento de Carmelitas, que fueron desmontadas para colocarlas en el convento carmelitano del camino de Nohales en 1982.

Campanario de Carmelitas, con una de las campanas de San Jerónimo. / Olcades 1981.
Campanario de Carmelitas, con una de las campanas de San Jerónimo. / Olcades 1981.

-Comentabas que la fiesta anual en la ermita se celebraba el 30 de septiembre, fiesta de San Gerónimo.

-Se trataba de una romería que contaba con la presencia popular no sólo de los vecinos del Castillo, sus hoces y hocinos con casas diseminadas, sino de toda la ciudad. A pesar de la distancia, se hacía una procesión desde la ermita de ese camino de San Jerónimo hasta la plaza del Trabuco y vuelta a la ermita, con la imagen del titular, que presidía el retablo. Por la tarde, las hortelanas y hortelanos de la Hoz colocaban sus tenderetes entre el camino y las riscas y allí vendían las frutas otoñales: membrillos, nueces, girasoles y cómo no, los hermosos tomates, además de uva “moravia” y los típicos dulces de la arqueta de turroneros y la zurra. Se cantaba y bailaba y hasta algún año se soltó una vaquilla de las que venían de Buenache para San Mateo. En su trabajo en “Olcades”, Dimas recogía las impresiones de un veterano vecino del Castillo, como lo fue Cipriano Patón, que sería santero de la ermita de San Isidro, quien señalaba que “la ermita de San Jerónimo era de las más hermosas de Cuenca”.

Campanario de Carmelitas/Fundación Antonio Pérez, sin las campanas. Foto Josevi.
Campanario de Carmelitas/Fundación Antonio Pérez, sin las campanas. Foto Josevi.

Además de la fiesta de septiembre, también se celebraba la fiesta de la Invención de la Santa Cruz el 3 der mayo, con misa, procesión y bendición de campos en la Cruz del Gallo. La ermita, que ya había sufrido los embates de las guerras de la Independencia y carlistas, lo que obligó a restauraciones, terminó sus días con la guerra civil. Sus pétreos restos y silueta nos recuerdan en el Camino de San Jerónimo que allí hubo una ermita con muchas historias, que le dieron un carácter especial.

-Comentabas que también en las proximidades del Castillo existía una ermita dedicada a las Angustias denominada (de Arriba)…

-Efectivamente existió en Cuenca la Hermandad de los siervos o esclavos de Nuestra Señora de los Dolores y Angustias, imagen que se veneraba en su ermita extramuros de la ciudad de Cuenca, en concreto en el barrio del Castillo, en lugar cercano a los hocinos, y  cuyas primeras constituciones nos llevan hasta el 6 de junio de 1690, según se puede recoger de las Constituciones reformadas y publicadas en 1780, tras haberse aprobado en la junta de diputados del 16 de mayo de 1779. De su aprobación se encargaron Agustín Machado y Fresco, arcediano de Alarcón; Antonio Mazo de la Vega, prebendado de la santa iglesia y Antonio Joseph López, cura de la parroquial de San Nicolás, a la que pertenecía la ermita de la Virgen de los Dolores y Angustias.

Constituciones de la Hermandad de la Virgen de los Dolores y Angustias (de Arriba). 1870.
Constituciones de la Hermandad de la Virgen de los Dolores y Angustias (de Arriba). 1870.

-También debería tener su fiesta principal, como solía ser costumbre…

-La fiesta más señalada de la Hermandad era la del 15 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de los Dolores y su advocación de las Angustias, en la que se celebraban diversos actos, junto a los que también tenían lugar en la ermita más antigua de las Angustias (de abajo), dado que la Congregación de Esclavos del Santuario del mismo nombre, en la Hoz del Júcar, se remonta nada menos que al 13 de abril de 1597. En esta ermita de arriba, en el Castillo, se celebraba desde el 1 de noviembre y hasta el miércoles de ceniza, la Corona de los Dolores a las cuatro de la tarde.

También tenían lugar actos solemnes el 2 de agosto, en honor de la Virgen de los Ángeles y el 15 de agosto, en el día de la Asunción. Además no había distingo entre hermanos como ocurría con otras hermandades. Recoge en sus Constituciones: “Ricos y pobres, todos igualmente, necesitamos el Patrocinio de María Santísima; y así, el número de los que se hayan de alistar en esta Hermandad no tendrán tasa, así en hombres como en mujeres, quedando abierta la puerta al consuelo de todos, y que ninguno tenga excusa para no lograr la augusta divisa de Hijo y humilde esclavo”.

-Dos ermitas que fueron historia sobre la Hoz del Huécar, y dos ermitas asomadas a la Hoz del Júcar que mantienen su antigüedad y pujanza…

-¡Qué vamos a decir de la ermita de las Angustias!, la más antigua y la más visitada, con sus más de 422 años de historia. Solo este pasado Viernes Santo, pese a la lluvia y el tiempo frío, se repartieron 7.000 estampas, en la que aparece una imagen muy íntima del interior de la ermita, captada por el fotografiador mejicano, James Key en 1995, fallecido hace unos años, que dejó su singular arte gráfico en Cuenca. Tenemos arriba, asomada a la Hoz, la ermita de San Isidro Labrador, con sus cementerios, que data de 1727, y curiosamente en las obras realizadas hace dos años en la cubierta por parte del Consorcio, se pudo comprobar que la campana, quizá procedente de otra ermita desaparecida, tiene la inscripción de 1676. Su fiesta anual es la del 15 de mayo, con romería y vísperas con el canto del “mayo” en la tarde-noche del 14.

Y bajo San Isidro, en la ribera de San Juan, junto a la llamada Huerta de Uña, existió otra ermita en “tierra fragosa” como lo fue la de San Juan, cuya fiesta principal de romería se celebraba el 24 de junio, siempre con numerosa asistencia, con misa, bailes y meriendas. Desapareció la ermita y la propia fiesta sanjuanera tras la incruenta guerra civil. No todo han sido desapariciones, pues en el recién siglo pasado se erigió en Tiradores Altos la ermita de la Virgen de Fátima. Pero ésta ya es otra historia…

 

 

 

 

 

 

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