«Tiradores Altos, cogollo piramidal de la Cuenca vertical, coronado por el MUPA»

PREGÓN FIESTAS DE FÁTIMA – TIRADORES ALTOS, 17 mayo 2019

– Por José Vicente ÁVILA MARTÍNEZ

Buenas tardes-noches, es un placer y un honor estar aquí hoy entre vosotros. Mis saludos para la junta directiva de la Asociación de Vecinos, autoridades, vecinos y amigos, y muy especialmente para Marina Palacios, Reina juvenil y su Dama, Ángela Delgado; y las reinas infantiles, Vega Muñoz y Carla González.

LAS PRIMERAS REINAS

Vaya mi admiración y recuerdo a cuantas jóvenes que han ostentado la representación de la mujer de Tiradores en las fiestas de Fátima y por ende, en las fiestas de Cuenca. Y es que cuando por San Julián se elegían la Reina y damas de las fiestas primaban los apellidos en lugar de la representación de los barrios, con bailes en la Diputación.

Por ello quiero citar a las primeras Reinas de Tiradores Altos, que vienen a representar a todas: a Lucia Rubio Moya, Reina en 1978. María Emilia Rodrigo Abad, que por cierto fue la Reina de la Feria y Fiestas de San Julián de 1979. María del Carmen Romero, en 1981; María del Mar Rodrigo Roda, Reina de Fátima en 1983; Lourdes Angulo del Rey, María Sagrario Piqueras Ovejero y María Consuelo Rustarazo San José, reinas de 1984 a 1986, respectivamente. Rocío Mena Ortiz, en 1992 que repitió en 1993 y así hasta nuestra Marina y sus compañeras que aquí nos acompañan.

En las fiestas de mayo de 1975 entrevisté a la Reina de las Fiestas de Tiradores Bajos, María del Carmen Fernández, que por entonces tenía 16 años y toda la ilusión del mundo; quería que arreglasen todo el barrio de Tiradores, los Bajos y los Altos, y titulé con una frase que 44 años después, y por desgracia, sigue vigente: “A Cuenca le faltan puestos de trabajo, especialmente para los jóvenes”. Le pregunté entonces a aquella juvenil María del Carmen si había rivalidad entre Tiradores Altos y Bajos? Y así respondió: “No. Todos somos los mismos. Nosotros vamos a los de Arriba y ellos vienen Abajo. O sea, que todos participamos de las respectivas fiestas”.

Foto facebook dario dolz
Foto Facebook Dario Dolz

En 1990 tuve también el honor de pregonar las fiestas de Tiradores Bajos, en la parroquia del Cristo del Amparo, y entonces dije que “Tiradores tiene el brillo popular de sus rascasuelos que se miran en vertical a la Cuenca de sus casas colgadas, sobre el abismo de la Hoz, al que Pedro de Lorenzo denominó como rascainfiernos. Piedra y roca, greda y barro, para conservar un barrio que se abre en ascensión al Cerro del Socorro, donde la cuesta y el escalón se dan la mano para que los vecinos sigan luchando por un problema que ayer fue de carros y carretas y hoy es de coches y camiones…”, palabras que recogió en su libro el cura popular de Tiradores, Francisco Bermejo Bustos.

Cuando me llamó Nuria, una de las cuatro hijas de Carmen “la de Basi”, para que esté aquí con vosotros, debí plantear alguna duda porque San Isidro el de Arriba, me tenía ocupado, aunque me convenció con una interrogante, “¿o sea, que has pregonado en el Cristo del Amparo y no vas a venir a Fátima?…

“Sí o sí”, aunque quizá Nuria no sepa que conocí a su padre, Basiliso antes que nacieran ella y sus hermanas Mari Carmen, Gloria y Laura, cuando como albañil fetén hacía las escaleras de la Casa de Beneficencia y nos explicaba a los chavales el arte de bien combinar la masa con los ladrillos y la espátula, además de   que yo subía muchas veces a Fátima a llevar a mi hijo Diego que por entonces estaba en una escuela-taller de jardinería en el incipiente parque que hoy es hermoso jardín.

LA MATAZÓN EN  TIRADORES ALTOS

Mi primera visión de los Tiradores Altos fue allá por 1962. Un matrimonio de Altarejos, la Elio y Severo, radicado en la barriada, con el que teníamos lazos familiares, nos invitó a la matazón. Dado que estaba internado, apenas conocía Carretería, el Vivero, el Parque y los aledaños de San Antón. Había bajado a Las Quinientas, recién inauguradas, que era la nueva barriada integrada por todos los barrios de Cuenca, incluidos los Tiradores.

También conocía el Castillo, así que no se me hizo penoso subir por primera vez la cuesta de los Tiradores por la calle Real, que me parecía un nombre importante, como el del Real Madrid o la Real Sociedad, aunque para mí lo más tangible no era la palabra Real, sino los dos reales que te daban para comprar pipas o garbanzos de Priego. Mientras subía la cuesta, oliendo el humo de las chimeneas de casas con estufa y alguna lumbre baja con paja, mi madre me explicaba que al lado estaban los Tiradores Bajos y en lo más alto los de Arriba. Olía a campo, como en mi Puebla de Almenara cuando iba alguna vez, y hasta se escuchaban el co-clo-clo de las gallinas y el canto del gallo.

“¿Carmen te subo el pan?, preguntaba una vecina… “Sí, y un poco de aceite, pues huevos ya tengo. ¡Ah, y una bayeta!”.  Realmente sublime… La tienda de comestibles o ultramarinos de Amparo Fernández López, estaba en Tiradores Altos A, 17. Lo mismo vendían chocolate Matías López o Hueso, que salchichón, fuelles o pimentón. “Mi hermana de leche”, Isabel, hija de la parrillana Petra, regentaba una tienda de comestibles junto a su marido Paco hasta hace pocos años…

¿Tiradores? Yo imaginaba a los chavales de mi edad, de pantalones remendados de parches (ahora los pantalones los venden con agujeros) con los tiradores en las manos, o sea, los gomeros, buscando cantarines pajarillos para comérselos fritos… o una bombilla, porque farolas no había. El hambre agudizaban el ingenio y la puntería. Entonces saboreábamos el paloduz, que era como el regaliz campero, y buscábamos las arzollas y las collejas. (Y alguna colleja de mano airada nos llevábamos al descuido).

La matazón, dibujo de Vitejo.
La matazón, dibujo de Vitejo.

Con todo este relato aún no han matado al gorrino. Llegamos a casa de Severo y la Elio, hermana de “mi tía Valentina”, a la sazón novia de mi tío Gerásimo, que vivían en lo más alto, junto a Benedicta, hermana de Severo, casada con “el canastero”. Tambièn Eva y Felix, que montaron el bar Las Brasas, Paco, Agueda,  Cirilo, la Mari y Jesús. “La Valen” me aclara que aunque son los de arriba, se les llama Tiradores Altos. Y tan altos me parecen, y desde allí descubro la imagen del Corazón de Jesús, cuya talla en piedra era refulgente entonces.

En un hermoso gallinero mataron al cerdo, que gruñía oliéndose la “tostá” y no sólo porque hubiese lumbre y aliagas. El matarife le clavó el largo cuchillo en el gualguero, y la sangre que brotaba y caía a una lebrilla la movía la Maxi para que no hiciese “madeja”. Luego chuscarraban la piel con las aliagas, y yo cerca del fuego por el frío mañanero de aquellos días de diciembre, cercanos a la Navidad, observando lo nunca visto. Miraba a la barriada y me parecía un belén. (El pintor Emilio Morales ha sido de los pocos que han dibujado chritsmas de los Tiradores, con las casitas arracimadas a la roca y el cerro, y sus lucecitas amarillas).

Las mujeres se afanaban en lavar las tripas con anís y limón y los hombres se bebían el anís y comían el somarro a las ascuas, que era el primer presente del sabroso cerdo. En la olla grande de lumbre baja las judías viudas se iban cociendo entre hervores, mientras de nuevo las mujeres picaban la carne y la iban embutiendo en las tripas y preparaban la sangre para las morcillas. ¿Y los hombres? Desde mis ojos de niño sólo veía trabajar a las señoras con sus mandiles y pañuelos a la cabeza, y los hombres que habían realizado el primer esfuerzo de sujetar al “marrano”, estaban con la bota de vino trago va y viene, jugando a la brisca y fumando ideales. El matarife había cortado la canal con el afilado cuchillo sin que le temblase la mano ni se le cayese una pavisa de ceniza del cigarro que tenía en la comisura de los labios. ¡Intramuscular!

Acabada la ingente labor de atar chorizos y colgarlos en los palos, empezaba la música. Julián “El cojillo” tocaba el acordeón y allí empezaba el baile con los sonidos a ritmo de pasodoble con “Amparito Roca”, “Cuenca, que bonita eres”…y hasta algún espontáneo de viva voz cantaba el “Camino verde que va a la ermita…”, que se me quedó grabado. “¿José, no bailas?,” me decía “la Valen”, bien agarrada a mi tío Gerásimo cuando tocaban aquello de “están clavadas dos cruces en el monte del olvido…”

¿Cuál era el monte del olvido, entre el cercano Cerro del Socorro o el Cerro de la Majestad que veía diariamente desde la calle Colón? “¿José no bailas?”, repetía mi tía Luisa, que había venido desde Vallecas hasta los Tiradores Altos con Bernardo en una moto Lube para la matazón de Severo y la Elio. “Pero si no sé bailar”. Me llevó de la mano junto a “la José”, prima lejana, hija del “Pajarito”, que tenía 16 añazos, y ella me enseñó a bailar tan lentamente que casi me derrito. Cuando bajaba de Los Tiradores junto a mi madre, sólo le daba vueltas a la tonadilla… “y nos quisimos tú y yo, con un amor sin pecado…”. Algunos días duró aquel sueño con una pregunta obligada a mi madre: “¿Cuándo vamos otra vez de matazón?”

Foto facebook Luz Moya
Foto Facebook Luz Moya

EL BARRIO DE CALLES DE ABECEDARIO

Volví de nuevo a los Tiradores Altos, a casa de Jacinto Huerta, tío de José Julián, linotipista de la Imprenta Provincial, que se había marchado a un periódico de Barcelona y me dejó la misión de llevarle alguna vez el Boletín Oficial de la Provincia. Vivía en la calle de San Rafael y aquella cuesta me hizo pensar que una y no más, Santo Tomás. El tío Jacinto, obrero municipal, leía el periódico y su esposa Venancia, más buena que el pan recién hecho, no me dejaba marchar sin el bocadillo; yo le decía que no, porque mi madre me enseñó a no pedir, pero no me podía negar. Aquellos bocadillos con chorizos de la orza me sabían a gloria. Me dice Jacinto que le mande el Boletín por correo con el fajero, y así me evita el viaje; pero yo le dije: “No se preocupe, que yo se lo llevo no sea que lo pierda el cartero”.

Y así, mientras subía a los Tiradores  Altos, al olor de la orza, iba sabiendo que existían calles con una letra: la A, la B, la C, la D… y así hasta la H. ¿Tan pobres son estas gentes que no tienen nombres en las calles y sólo una letra? Con la de personajes que había en el álbum del chocolate “Hueso” para darles un nombre, por ejemplo el de Edmund Hillary, que si había subido al Everest, porque no iba a “subir” a Tiradores Altos. Claro que eso era más difícil que conseguir el “111”, el cromo con el que te daban un balón.

En la Guía de Cuenca del año 1948 la ciudad estaba dividida en once distritos urbanos y secciones, modificada una docena de años después con la construcción de las Quinientas, las Doscientas, o el camino de Cañete. El Distrito Diputación tenía cuatro secciones, de la octava a la undécima. La número 8 era por tanto Tiradores, que abarcaba la calle A de Tiradores Altos y las calles B a la G, y Tiradores Bajos calles de la A a la H.

La cosa no se quedaba ahí, pues en la Sección Novena, llamada de la Glorieta, también aparecían Los Tiradores Altos, en este caso con la calle A y sus números pares, compartiendo callejero con la subida al Cerro Molina, y calles adyacentes. Vamos, toda una lección de gramática y matemáticas para explicar que Tiradores Altos pertenecía al Distrito de la Diputación en dos secciones distintas.

Con el paso del tiempo –mucho tiempo, por cierto–, aquellas calles del abecedario, que llegaba hasta la H, ahora tienen nombres de oficios antiguos o desaparecidos: Curtidores, Pañeros, Teñidores, Bataneros, Esquiladores, De la Trashumancia o Cordoneros. Pero falta una calle para el nombre más genérico del barrio: la calle de los Albañiles, que quiero reflejar en Basiliso Romero, uno de los moradores más antiguos de este querido Tiradores, que se ha ganado el pan con el sudor de su frente y siempre he visto a “Basi” como un “san Luis”… claro, cuidado por cinco mujeres en casa.

Aerea3AÑO 1966: EL NIÑO QUE SE PERDIÓ Y LAS MISIONES

Aquellos recuerdos de la década de los sesenta, me llevan al año 1966, que tiene historia de sombras y luces en Tiradores. En el mes de marzo un suceso sobrecogió a toda la barriada y a Cuenca en general, con todas las miradas puestas en el Cerro del Socorro, pues el día 14 desapareció o se perdió el niño de cinco años Antonio Vergara Recuenco. La ciudad se mantuvo en vilo de preocupación durante siete días. Según informaba la prensa, a mediodía de ese lunes se produjo un incendio en una casa de Tiradores Bajos, letra D, que quedó prácticamente destruida. Una mujer alertó a las familias de que los niños estaban cerca de la casa y en peligro, entre ellos Antonio.

Pasado un tiempo se dieron cuenta de que Vergara no estaba ni aparecía entre el vecindario y se dio la llamada de auxilio. Durante todo el día y los siguientes, decenas de personas buscaron por todo el entorno de Tiradores y del cerro del Socorro al pequeño desaparecido. Una semana duró la búsqueda del niño, cuyo cadáver fue encontrado por unos pastores, tapado entre unos arbustos. Se dijo que el niño había andado unos tres kilómetros y medio por cadena montañosa….  Aquello fue para los que éramos unos críos todo un trauma, pues nos parecía que el cerro del Socorro se había tragado a un niño…pidiendo socorro.”

Dos meses después, del 8 al 22 de mayo, se celebran unas Misiones Populares en Cuenca, dirigidas por padre paúles, a los que yo conocía de ir a San Pablo, entre ellos al padre Rábanos, tan querido en Tiradores. Al centro denominado “La Milagrosa”, situado en lo más alto de Tiradores Altos, al final de la calle Diego Ramirez de Fuenleal, luego corregida por el Ayuntamiento en 1992 como Diego Ramírez de Villaescusa, llegaron dos padres dominicos, Marcial Martínez, natural de Palomera, y Wenceslao Vázquez, prior del convento de Valencia.

Un amplio local que era un criadero de pollos de Julio Sevilla, conocido como “El pollero”, fue habilitado y al efecto las mujeres colocaron sabanas y los vecinos rellenaron el suelo con tierra, según recordaba el padre Bermejo Bustos. Contaba que su capacidad era de 300 personas, pero que al tercer día iban 700, por lo que hubo que pedir una gigantesca tienda de campaña de los campamentos.

El éxito fue tan grande que el 17 de mayo, un día como hoy, la Virgen de las Angustias, que apenas sale de su ermita, fue llevada hasta allí y acompañada durante toda la noche. Aquel éxito fue tan grande que los vecinos pidieron que se hiciese una ermita o capilla, ya que la parroquia les quedaba lejos. Así, el 22 de mayo de 1966 se puso la primera piedra en los terrenos donados por Lorenzo Patiño, quedando allí la Cruz misional mientras se hacían las obras.

CENTRO SOCIAL EN EL ANTIGUO CEMENTERIO

Entre estas fechas señaladas en la historia de la barriada de Tiradores en general figura la del 19 de julio del referido año de 1966. Ese día se celebró un Pleno Municipal en el que el Ayuntamiento de Cuenca aceptaba el ofrecimiento del Cabildo de Santa Catalina de cesión gratuita de terrenos para la construcción del Centro Asistencial de Tiradores. Ahí estaba la mano de don Francisco, entre teja, viga y ladrillo, preparando papeles para el futuro hogar residencial, pues el Cabildo de Sacerdotes de Santa Catalina, con fecha 17 de mayo –también tal día como hoy— manifestaba al Ayuntamiento su deseo de ceder los 135 y cinco metros cuadrados que se le solicitaron para construcción de un Club de Ancianos en Tiradores, junto a la iglesia del Cristo del Amparo en la parte del antiguo cementerio. Cesión gratuita con el exclusivo fin de que sea un centro asistencial.

Inauguración de la capilla en 1967. / Publicación.
Inauguración de la capilla en 1967. / Publicación.

EL “MILAGRO DE FÁTIMA” EN TIRADORES

Las obras de la capilla seguían adelante sin descanso, sólo para decir la misa el domingo, y allí estaban todos: mujeres y hombres, albañiles y carpinteros, electricistas y pintores, codo con codo, levantando la capilla para la Madre. La Virgen de Fátima se apareció en Cova de Iría, pero las gentes sencillas de Tiradores, con su fe y entusiasmo, le hicieron un hueco en su barrio, abriendo sus corazones. Si Bardem hizo con “Calle Mayor” en Cuenca, una de sus mejores películas, si hubiese pasado por Tiradores hubiera tenido el mejor guión. Berlanga hubiese convertido “Los jueves milagro” en “El milagro de Tiradores Altos” con ladrillos de todos los vecinos para colocar el suelo. Creo que en ningún sitio del mundo hay un mosaico tan solidario, tan querido, tan bien llevado. No lo cambien nunca, apreciado párroco Declán. No es el mosaico romano de Noeda, pero es toda una lección de fe y caridad la que refleja el muestrario de ladrillos.

Por fin el 7 de octubre de ese mágico 1966, las campanas en las que figuran nombres de sus promotores tocaban a gloria el domingo del Rosario. En cuatro meses y medio se había levantado la ermita de Fátima en Tiradores Altos. Todo un récord Guinnes no sólo de tiempo, sino de material y mano de obra. Una historia preciosa con guión cinematográfico, que recordó El Liberal de Castilla en su Cincuentenario, con un buen relato.

Faltaba la advocación y si el Cerro del Socorro no viene aquí, vamos allí, en simil de la montaña y Mahoma, pero los vecinos de Tiradores se fueron más lejos, nada menos que hasta Fátima en tres autobuses. Y se trajeron a la Virgen blanca, la que iba dar nombre a la capilla y a la barriada.

Mi director Ángel Ríos se hacía eco de la noticia del viaje a Portugal y de la gran peregrinación mariana que iba a tener lugar en Tiradores con la llegada de la nueva imagen, adquirida en el año del Cincuentenario de las Apariciones de Fátima. El 15 de mayo de 1967, tras una procesión por la ciudad y ascenso por la barriada engalanada, con la Banda de Música y gran gentío, fue bendecida la capilla y la imagen de Fátima. Afloraron emociones y lágrimas contenidas de mayor emoción aún, y alguna voz decía en justa reivindicación, entre vivas a la Virgen de Fátima (cuyo milagro quedó reflejado en el fresco pintado por Paco Carrascosa en la capilla)… ¡Vivan los obreros, vivan los albañiles! Impresionante. Han pasado 52 años de aquel milagro de Tiradores.

Vista de Cuenca desde Tiradores. 1920
Vista de Cuenca desde Tiradores. 1920

1996: LLEGA EL AUTOBÚS URBANO

Cambiamos de tercio. Otra fecha que en principio era un hito histórico para el Barrio de Tiradores Altos fue la del 12 de septiembre de 1996. Ese día, jueves, se ponía por fin marcha el servicio de autobús, y en concreto la línea número 7, que acercaba a los vecinos de Cuenca a los Tiradores y viceversa. Habían sido muchos meses demandando este servicio por parte de los la vecindad e incluso, se tuvo que celebrar en el Ayuntamiento una reunión entre al alcalde y los presidentes de las Asociaciones de Vecinos de Tiradores Altos y Bajos.

La noticia en la que se recogía la satisfacción en Tiradores Altos y Bajos, por enlazar con otros barrios y calles, decía así: “El primer servicio partirá a las ocho de la mañana de Tiradores Bajos (quería referirse el redactor a Tiradores Altos), concretamente del paraje de “La tiná de Patiño”, continuará por la carretera de circunvalación de Villa Román hasta llegar a la plaza del Instituto Grisolía; volverá por la calle del Sándalo a Hermanos Becerril y hasta el Hipermercado Jumbo (Alcampo, vamos)… y así en  sentido contrario.

Aquel maravilloso camino de rosas conseguido, de tener conexión con la ciudad través del autobús urbano, comenzó a tener espinas, pues tres años después el titular de prensa es bien claro: “Los vecinos de Tiradores se quejan del servicio de autobuses” y el colmo de los colmos es que la marquesina se colocó en un sitio y la parada real del autobús número 7 en otro”, dejando a los vecinos en la parada con un palmo de narices.

Para entonces la línea 7 tenía salida y llegada de Tiradores Altos, y en el otro extremo la Universidad, con trayectos de una hora en autobús Iveco-Európolis de nueve metros de longitud, mientras que la línea 2, partía del Auditorio hasta el Castillo y viceversa, con paradas en la Puerta de Valencia y calle de las Torres, dando con ello servicio a Tiradores Bajos. Pero lo bueno suele durar poco…

La 2 cambió de rumbo y desde hace unos años ya sabemos que la línea 7 se ha plantado como en el juego de naipes de las siete y media, y que la línea 6 Barrio Tiradores-Mirador-Fuente del Oro es como una especie de circular, que circula cada 35 minutos o más, y una hora los fines de semana, e incluso en verano recortan, quizá para que estéis más tiempo en la piscina de Tiradores Altos. El recorte es general.

Al menos, en ese secular abandono que ha tenido Tiradores Altos, como otros barrios más alejados del centro, que en otros tiempos denominaron como arrabales, se construyeron hace unas décadas la piscina municipal y el campo de deportes de rugby, fútbol y lo que sea menester, el primero de Cuenca con hierba artificial. En las laderas los niños de Tiradores Altos plantaron 400 árboles en mayo de 1997, como preámbulo de la Semana Cultural organizada por la Asociación de Vecinos.

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Tiradores y sobre el cerro, el Mupa desde 2015 y antes, desde 2010, Ars Natura.

TIRADORES, COGOLLO PIRAMIDAL DE CUENCA

Decía que la piscina municipal venía a dar servicio no sólo a esta amplia barriada, sino a los barrios cercanos, pues Tiradores Altos que lustros atrás fue barrio extramuro o del arrabal con eras cercanas de cebada o de pan trillar, se ha convertido en una especie de vaso comunicante entre barriadas nuevas y antiguas. Si Unamuno dejó escrito que Cuenca era el cogollo de España, Tiradores Altos es el cogollo piramidal de la Cuenca vertical, coronado por el Museo Paleontológico. La Cuenca alta se mira en el espejo de los Altos Tiradores, y los Tiradores Altos se miran a través de una especie de espejo curvo para observar ese paisaje del Casco Antiguo como si fuera una imagen en 3 D.

Apenas hay fotos antiguas de Tiradores, pero sí hay viejas estampas y postales con la vista de Cuenca desde Tiradores Altos, como aquellas vistas que en la Edad Media realizaban los pintores. Yo todos los días veo desde mi ventana o balcón la vista de Tiradores Altos, con sus tejados ascendiendo de peldaño en peldaño, y sus casas agarradas a la roca y al Cerro Molina o el Cerro del Socorro, donde reina el Sagrado Corazón de Jesús y antaño la ermita del Socorro. Y veo ese edificio singular que da carácter de modernidad al barrio, que primero se llamó Ars Natura, y ahora Museo Paleontológico, el MUPA. Y veo esos dinosaurios que se transfiguran en Tiradores Altos como fieles exponentes de un tiempo pasado ahora recuperado.

Sí, cogollo de Cuenca es Tiradores Altos, que tiene su cordón umbilical con su hermano Tiradores Bajos, Santa Teresa y Pozo de las Nieves. Que enlaza con Villa-Román y la Cuenca nueva que fue creciendo entre Parque Sol y las eras de Cañamón-San Fernando.

Fijaros qué dato, ahora que estamos en campaña electoral. En el año 1982, el censo electoral de la capital de Cuenca estaba en 28.802. Pues bien,  con respecto a los dos colegios electorales que había en la barriada: 754 estaban censados en Tiradores Altos y 587 en Tiradores Bajos, es decir, 1.341 votos.

Gracias al deporte, a las distintas competiciones, y a la excelente idea de construir el Complejo Deportivo de Tiradores, la barriada se ha dado a conocer a quienes vienen a competir de otras ciudades y pueblo y a los espectadores, que no sólo miran a Cuenca desde Tiradores, sino que contemplan el acontecer cotidiano de un barrio tan sencillo como solidario, y al mismo tiempo con esa belleza de la arquitectura popular, que juega entre el vértigo y la plomada.

No ha sido Tiradores un lugar o barrio cantado por los escritores y poetas que pasaron por Cuenca, que muy a la ligera, y salvo algunas referencias del siempre recordado Lucas Aledón y de los pregoneros que me han antecedido, con muchos más mérito, os hablaron del barrio, de vuestras cosas y de vuestras gentes. No obstante permitidme que os lea estos breves párrafos:

125.-Barrio de los Tiradores
Tiradores sobre la Cueva del Tío Serafín o cueva de la bruja.

Mayo de 2005: “Tiradores Bajos, arracimado a Tiradores Altos, asciende hasta el Cerro del Socorro donde en su falda se divisan muy cerca grúas y grúas de esta nueva Cuenca que, desde el Quinto con sus almendros, va a darse la mano con Villa Román y las eras del Tío Cañamón”.

3 de mayo de 2010: “El día 30 de abril se inauguraba el Centro de la Naturaleza “Ars Natura” en el Cerro de Molina, en las puertas de Tiradores Altos, desde cuyos “rascasuelos” elevados se tiene a la vista más cercana toda la Cuenca Antigua, formando un conjunto tan monumental como pintoresco (como un gran lienzo que hubiera pintado Da Vinci, como bien me decía un día el pintor Benjamín Palencia), visto desde un barrio trazado de peldaño en peldaño, y escalinata atrevida, como lo es el de Tiradores Altos, donde los albañiles hicieron el milagro del yeso, la madera y la teja, con la plomada del equilibrio, bajo el Cerro del Socorro”.

LA MAGIA

Bueno, pues son textos de quien les habla que escribió en las columnas de “El Día de Cuenca”. Pero no quiero pasar por alto, la estancia de un artista importante, aunque olvidado, como lo fue el catalán Jaime Serra, que vivió en Tiradores Altos, entre 1920 hasta su muerte en 1948.

Aerea4Escribía Elisa Ruiz en su crónica de Arte: “Recientemente –se refiere a los años veinte– pasó una temporada entre nosotros el conocido pintor Sr. Vázquez Díaz, y a su visita debemos un descubrimiento: el de que en Cuenca existe un señor que en pintura es un verdadero maestro: Jaime Serra, que tenía su estudio en el barrio de Tiradores, digno de una novela, pues resalta que “en el más sórdido caserón de los Tiradores Altos guarda su obra este moderno Pigmalión”. Llegada a la puerta del estudio de Serra, tras una subida penosa, relata la escritora:

“Allí estaba El ritmo del hogar, de composición admirable: una anciana se deja morir dulcemente con la radiosa tranquilidad del deber cumplido, mientras a su lado un niño hermoso sonríe; y en el oro de sus cabellos rizados y en la seda finísima de su carne transparente, el sublime poema divinamente misterioso de la vida, llena su sonrisa de inefables sentimientos. Serra Aleu, que tuvo un cuadro en la Exposición Internacional de París de 1931, había vivido la mitad de su vida en Cuenca, y en Tiradores Altos, cuyo panorama y tipos raciales representó de manera personal en multitud de obras.

Y claro, hablando de pintores, de artistas de la sencillez, sin alharacas, tenemos en el barrio a Enrique Fernández Atienza, persona querida por muchísimas razones, que ha sabido reflejar en sus pinturas esa belleza rural de un barrio capitalino que tiene enfrente el embrujo de la Cuenca Antigua, y sin embargo, forma parte de su propio paisaje. Y si magia hay en la pintura de Enrique Fernández magia la hay en su hijo Albert, el mago de Tiradores que triunfa en España.

Termino aludiendo a la magia que tiene este barrio alto, que tiene que seguir reivindicando su historia y sobre todo la solución  a las necesidades que tiene al ser una barriada donde las dificultades orográficas hacen que sus problemas se acentúen y deben encontrar la respuesta más pronta y eficaz”.

Viva la Virgen de Fátima y Viva la barriado de Tiradores y decrilo bien alto. ¡Viva!. Disfrutad de las fiestas.

Cuenca, 17 de mayo de 2019. José Vicente Ávila Martínez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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