Alfonso del Real, actor: “Cuenca tiene una poesía y un encanto únicos”

Una de las entrevistas de las que tengo un grato recuerdo fue la que le hice al actor Alfonso del Real, cuyo nombre completo era el de Alfonso Suárez del Real (27 de diciembre 1916 / 16 de enero 2002). Un actor como la copa de un pino, que a lo largo de sus setenta años como intérprete, sumó más de 500 actuaciones entre películas, obras de teatro y series de televisión, en la mayoría de los casos con papeles secundarios, muy apropiados a su anatomía y estatura. Un “todo terreno” de la interpretación. Le conocí en el año 1974, cuando el actor que nació en un buque camino de La Habana, como bien me explicaba, actuaba en el teatro-cine Xúcar con su compañía y la obra “Te casas a los sesenta… ¿y qué?”, de la que era el protagonista.

Mientras Alfonso del Real actuaba en el Teatro Xúcar, en esas fechas se celebraba en Cuenca la I Semana de Teatro, del 14 al 20 de junio, con actuaciones de diferentes grupos españoles en la Casa de Cultura. Actuaron “La Cuadra”, de Sevilla; “Tábano”, de Madrid (en este caso en el Polideportivo) y “Bogiganga”, de Madrid, con diversas representaciones, amén de conferencias-coloquio.

En ese año de 1974 Alfonso del Real tenía 58 años y ya había participado en medio centenar de películas y en más de un centenar de series de televisión y de teatro, pues había iniciado su andadura como actor de cierta relevancia a comienzos de los sesenta, tras sus inicios en la revista en los años cuarenta y formando su compañía teatral en la década de los cincuenta, quedando en la ruina, hasta el punto que durante unos años dejó la escena fue administrador de los negocios de su amigo el actor Manolo Morán.

A mediados de octubre del citado años de 1974 llegó a Cuenca con su compañía, para actuar en el Teatro Xúcar, y allí en un camerino, que nos dejó el gerente Carlos Martínez, pude conversar un buen rato con él. Recuerdo que llevaba un bolso de mano del que sacó un paquete de puros y me ofreció uno. Encendió el habano mientras respondía a mis preguntas, con exquisita amabilidad y cierto humor. “No somos muy altos, pero somos muy grandes”, me dijo con gracejo de madrileño de Lavapiés, pese a su nacimiento allende nuestros mares.

Le pregunté si era la primera vez que actuaba en nuestra ciudad y así me respondía: “He venido muchas veces a Cuenca. Hace muchos años actué con zarzuelas, revista, Festivales de España, con Garisa el año pasado y esta vez con mi propia Compañía”.

Yo contaba con 24 años y Alfonso tenía 58 y le hablaba de usted y él me contestaba igual, lo que ciertamente me sorprendió. Le conocía de verlo por la pequeña pantalla,  sobre todo en los Estudio 1 teatrales y en papel de Lotario de la serie «Plinio», la obra de García Pavón, a quien había entrevistado pocos años antes. Por ello le pregunté de qué actuaciones en televisión guardaba mejor recuerdo:

-“El Padre Pitillo”; es una obra a la que le tengo mucho cariño. También al Sancho Panza que hice en la novela “La Insula Barataria”, que era de diez capítulos. En televisión he hecho cosas francamente buenas para mí como “Antología lírica”, “Divertido siglo”, etc., “Plinio”, con Antonio Casal, que en paz descanse. Pero, repito. “El Padre Pitillo” es lo mejor que he hecho.

También le agradaba actuar para el público infantil y citaba el papel de “Don Mandolio” con los Chiripitifláuticos. ¿Cuándo inició Alfonso del Real su vida artística?

Hace cuarenta y dos años.

(Si estábamos en 1974, se remontaba hasta 1932). Y apuntaba:

“Bueno, le diré que yo nací en el barco “Alfonso XIII”, camino de La Habana. Es decir, soy naonato, pero de un barco español. Así que soy de la capital de la nación, sin haber nacido en Madrid y sin conocerlo hasta los quince años en que vine. Estudié en La Habana en las Escuelas Cristianas y cuando vine a España lo hice en Burgos con los Maristas. Como usted sabrá, en los Colegios de frailes hay cuadros artísticos en él trabajaba yo. Por cierto, que tengo una anécdota muy cariñosa de cuando estudiaba en Burgos. Una vez les dije a los frailes que quería ser salesiano y ellos me decían: “¡Tú salesiano! ¡Pero si vas para cómico¡”. Yo pensaba así porque en mi familia no había nadie del teatro.

Entrevista en «Diario de Cuenca», 16 octubrre 1974. Sección: Personajes en DC

-Aunque su destino era el de cómico, por ser actor tuvo que ponerse algunas veces la sotana…

Muchas veces, majo, y no me sentaba mal. En teatro hice el papel de “fray Papilla” en Marcelino Pan y Vino, y en el cine en varios papeles, además del Padre Pitillo que dije antes. En la película “Un curita cañón” hice de sacristán.

En aquella época Alfonso había actuado en películas con Carmen Sevilla, Antonio Garisa, Alfredo Landa, López Vázquez, etc., aunque se quejaba de que hacía poco cine, dado que le llamaban para papeles cortos. Ante ello le comenté que un actor debe valer para todo:

-Pues sí. Pienso que los actores no debemos encasillarnos. No quiere decirse que siempre está uno bien, pero prefiero diferenciarme en lo que hago.

Como estábamos en Cuenca, y estaba al frente de su compañía, con una gira por España, le pregunté por el futuro más inmediato:

Ahora terminamos la gira que vengo haciendo con la Compañía desde hace seis meses. Quiero hacerme un chequeo, como hacen los americanos, porque últimamente no ando bien del todo de salud. Nunca me lo he hecho, pero creo que es conveniente hacerlo. Luego no sé si volveremos a organizar otra tournée.

Le pregunte mientras vamos apurando el purito habano (“fuma, fuma sin miedo”, me decía, mientras soltaba el humo de una bocanada, cosa que yo no sabía hacer) que cómo se había desarrollado la gira:

Artísticamente fenomenal. En términos taurinos diría que ha sido triunfal, con salida a hombros. Pero económicamente, sobre todo los tres primeros meses, tuvimos una época bastante mala y arrastramos un déficit grande. Luego, en el Norte fue muy bien y también en Extremadura. Además de representar la obra “Te casas a los sesenta… ¿y qué?”, tenemos otra titulada “Un paleto con talento”, en la que hago de aragonés de setenta años muy gracioso.

Al comentar que habían perdido dinero, le dije al actor que si no creía que había influido que esa misma obra de “Te casas a los sesenta… ¿y qué?, se estaba representando al mismo tiempo en el teatro Eslava de Madrid, con Paco Martínez Soria como protagonista, y si la gente iba a verla yo no iba a ver a Alfonso del Real, ante lo cual contestó sin más:

-Hombre, pues no había caído yo en ese detalle. Cada día se aprende una cosa y usted acaba de enseñármela. Ha dado usted en el clavo, le felicito.

De la charla teatral pasamos al cine. ¿Quisiera usted llegar lejos a pesar de la falta de oportunidades que tiene?

Claro que quisiera. Todos en la vida intentamos superarnos y yo pienso que en el cine tengo condiciones para ello. Ahora, creo que el formar esta Compañía quizá me ha perjudicado. El cine es como todo, una rueda que se cierra y en la que hay que entrar. Yo había tenido la suerte de que había entrado un poco en ella, pero al irme de gira me he apartado un poco.

-Al hablar de “la rueda” del cine le comento a Alfonso del Real que para el gran público parece que sólo existen Landa y López Vázquez… Parece    que los papeles importantes sólo están reservados para ellos… La respuesta del actor me pareció muy respetuosa y con talento…

Alfredo Landa y José Luis López Vázquez son dos actores extraordinarios a los que personalmente aprecio y quiero mucho. Son dos personas maravillosas. Por ejemplo Alfredo, que he convivido mucho con él, es increíble su sencillez en un hombre que está situado a una altura económica y artísticamente muy buena. Es un gran compañero y un cumplidor de su trabajo. Es el primero que está en todos los rodajes. Y en cuanto a actores cómicos, claro que los hay, y muy buenos.

Despedimos la entrevista con un “¿algo más para el público de Cuenca que suponemos le admirará?

Un saludo muy cariñoso para el público de Cuenca. De esta Cuenca tan magnífica y maravillosa que tiene esas casitas colgantes que hoy tengo la desgracia de no poder verlas, ya que salimos para Castellón. Siempre que vengo me doy una vuelta por la noche porque tiene una poesía y un encanto único… que es de Cuenca, claro.

Con el último apuro del puro le pregunto mientras estrechamos la mano en cordial saludo. ¿Le gustaría rodar una película en nuestra ciudad?

-Hombre, claro, yo soy muy español. Y además me agradará mucho.

Once años después, en 1985, se rodó en Cuenca (y la turolense Mirambel) la serie de televisión “Clase media”, de ocho capítulos, y allí estaba Alfonso del Real, en las cocinas del “hospital” del Convento de San Pablo. El encanto de Cuenca. que para él era poesía, le volvió a embargar, en aquellos días de rodaje en nuestra ciudad.

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