75 aniversario de la muerte del pintor Benito López Chuts

PUBLICACIÓN DE LA REVISTA CONTREBIA NUM. 9

José Vicente ÁVILA

El pintor y catedrático de Dibujo, Benito López Chust (1873-1944), es uno de los personajes conquenses ciertamente olvidados y silenciados, a pesar de la importancia de sus obras (entre ellas, dos de sus grandes pinturas murales se pueden admirar a diario en las amplias paredes que dan a las escaleras de los edificios del Ayuntamiento de Cuenca (*) y de la Diputación Provincial) y de su actividad como profesor del Instituto de Cuenca y de la Escuela de Artes y Oficios, llevada a caballo entre el final del siglo XIX y los primeros cuarenta años del siglo XX. Su nombre no figura en el callejero conquense y  ha sido muy poco mencionado por los cronistas de turno de centurias pasadas.

A Benito López Chust, como a tantas personalidades de la cultura y del pensamiento, le tocó vivir una etapa convulsa cundo ya había cumplido sesenta años de su vida, y la guerra civil vino a truncar el final de su carrera. Además de profesor, López Chust ejerció como presidente de la Cámara de la Propiedad Urbana durante los años de la República.

Ha sido un tanto complejo reunir los datos sobre este singular y peculiar artista, nacido en Cuenca en 1873 y fallecido en Carrascosa del Campo, el 2 de abril de 1944, a los 71 años de edad. Se han cumplido por tanto 75 años de su muerte. La primera noticia que tuve sobre López Chuts era un tanto curiosa, pues aparecía en el semanario “El Correo Católico” de 1899 bajo el título “Atropello de un artista”. Fue el hilo conductor, junto a la información suministrada en su día por José Luis Muñoz Ramírez, especialista en datos biográficos conquenses, para poder descorrer un poco la cortina de la historia y dar luz a un ilustre de Cuenca como lo fue Benito López Chust.

Muy pronto despuntó Benito por su afición al dibujo, pues con 15 años se matriculó en el Instituto de Cuenca, en el curso 1888-89 en la asignatura de Estudios Superiores de Dibujo, logrando la calificación de sobresaliente y más tarde el premio extraordinario. Finalizado el curso, la Diputación Provincial de Cuenca le concedió una pensión para continuar los estudios de Bellas Artes en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. En todos los cursos obtuvo medallas y excelentes calificaciones, finalizando su carrera en 1896.

Durante ese tiempo, y con 21 años,  Benito López hizo para el Ayuntamiento de Cuenca, en 1894, el cuadro “Doña Juana la Loca”, que se encuentra instalado en la pared derecha de inicio de la escalera central del edificio municipal. Se trata de una copia de la obra de Francisco Pradilla, pintor que estuvo pensionado en Roma, que representa a Juana la Loca velando el cadáver de su esposo Felipe El Hermoso a campo raso. En él aparece la figura de la reina erguida de cuerpo, enjuta de rostro, las manos crispadas y la vista vuelta hacia el féretro. Es casi calcado al existente en el Museo del Prado, del citado Pradilla. Quienes acceden al Ayuntamiento pueden detenerse unos minutos para observar el enorme cuadro y el realismo que ofrece.

Dadas su cualidades artísticas, tanto la Diputación Provincial, que ya le había pensionado en sus primeros estudios, como el Ayuntamiento de Cuenca, a raíz de pintar el cuadro de “Juana la Loca”, siguieron becando al artista conquense, que viajó a Roma para ampliar sus estudios. En 1898, en su primer viaje a tierras italianas, y con 25 años de edad, Benito López Chust fue protagonista de un desagradable suceso que dio con sus huesos en la cárcel de la manera más involuntaria, según contaba el semanario “El Correo Conquense” el 14 de enero de 1899, bajo el título “Atropello a un artista conquense”.

UNA NAVAJILLA EN EL ESTUCHE DE PINTURAS

Ya saben nuestros lectores que el aventajado pintor conquense, D. Benito López Chust, pensionado por nuestro Ayuntamiento y por la Diputación Provincial, marchó a Roma a primeros de noviembre con el único y exclusivo objeto de continuar sus estudios artísticos en la Ciudad Eterna”(…) “El señor Chust hizo el viaje por la vía terrestre. Al llegar a Ventimiglia (en la provincia de Palermo y región de Sicilia), primera ciudad italiana de la frontera, fue sometido el equipaje, como es costumbre, al registro aduanero; y precisamente por facilitar y activar este registro, al joven pintor se le ocurrió la idea de cortar con la navaja una cuerda de su cofre, que no se desataba tan deprisa como deseaban los “doganiere”. ¡En mal hora exhibió nuestro paisano la fatal navaja!”.

Según el relato del periódico, ya un tanto asombrado por lo exagerado de la actuación policial, se puede leer: “El delegato de policía creyó ver, sin duda, en aquella española herramienta el arma fatídica que el feroz anarquista destinaba a cortar la vida de no sabemos qué personaje público, o quizá quiso coger por los cabellos la ocasión de ganarse a poca costa la prima con que su Gobierno premia las grandes hazañas policíacas, sin encomendarse a Dios ni al diablo, detuvo al pintor español por el terrible delito de sacar un “objeto prohibido”…

Narra el cronista, que firmaba con la letra N., que Benito fue atado en cuerda de preso, codo con codo con otros delincuentes, atravesando la ciudad de Ventimiglia hasta llegar a la cárcel, donde quedó encerrado y esposado con cadenas. “Nada menos que ¡17 días! del frío noviembre de 1898 permaneció el pintor conquense entre rejas, con esposas y cadenas,  junto a criminales italianos, rusos, franceses, alemanes y de todos los puntos; tendido sobre una cama de munición saturada de inmundicia y de parásitos; y perdiendo a las once del día y a las cinco de la tarde el estómago, ante la bazofia de macarrones y de berza que constituyen la menestra reglamentaria de las cárceles italianas”, señalaba el firmante de “El Correo”.

«Contrebia», revista de Cultura e Historia de Cuenca.

Informaba el semanario conquense que el abogado malagueño Lucio Arnando y Gutiérrez, que residía en Ventimiglia, ayudó cuanto pudo a nuestro paisano. Él le proporcionó alimentos curiosos y nutritivos; él le defendió ante el tribunal correccional y él gestionó la libertad recurriendo al cónsul general de Roma. Así pudo salir de la cárcel tras dos semanas y media, aunque tuvo que quedarse unos días en aquella ciudad para curarse de las fiebres que sufrió y de las heridas de los grilletes en muñecas y brazos. Tras llegar a Roma, interpuso la queja correspondiente en la Embajada”.

Finalizada tan increíble pesadilla, Benito López Chust se matriculó en la Escuela de Pintura de Roma y pudo hacer una breve excursión artística por Viena, Florencia y Nápoles. Fue recibido por el embajador Mazo y el cónsul general, Antonio Zalmit, así como por el franciscano español padre Panadero, “verdadero padre de todos los españoles que van a Roma”, señalaba El Correo Católico. El joven artista conquense regresó a España el 9 de enero de 1899 por consejos de un médico, y tras su recuperación en Cuenca volvió a Roma, en el mes de mayo, hasta regresar de nuevo a su ciudad natal para mejorar su grado de profesor.

Benito López Chust, que ya había conseguido plaza de profesor interino de Dibujo en el Instituto de Enseñanza Media en 1897, antes de ir a Roma, accedió por oposición en 1903 al grado de Catedrático, coincidiendo en el Instituto de Cuenca con Juan Giménez de Aguilar, entre otros profesores.

CUADROS DE CONQUENSES ILUSTRES

Instalado en su ciudad, y ya como catedrático, López Chuts realizó también para el Ayuntamiento hizo los retratos de los destacados conquenses Severo Catalina (el escritor que fue ministro de Marina y de Fomento en breves intervalos de tiempo), y de su sobrino Mariano Catalina, escritor, diputado y senador. Otra de sus obras importantes, que figuran en el amplio muestrario de “Retratos de ministros”, fue la del cuadro del conquense Miguel Mateo Ayllón, que fue titular del Ministerio de Hacienda en dos ocasiones, entre 1843 y 1844.

Respecto al gran cuadro mural existente en la Diputación Provincial, que refleja la Reconquista de Cuenca, por el rey Alfonso VIII hay que señalar que en el año 1905 la Comisión Provincial encargó mediante concurso, un cuadro para rematar la escalera principal del edificio de la Diputación que se estaba terminando de construir.

El concurso lo ganó Benito López Chust con el lema “Mi Patria”, reflejando en el cuadro el episodio histórico de la reconquista de Cuenca por el rey Alfonso VIII. La obra fue entregada ocho meses después de fallado el concurso, en concreto el 1 de diciembre de 1905, con un coste de 1.400 pesetas. La ciudad amurallada sobre las rocas es testigo de la batalla entre las tropas cristianas y sarracenas, en la visión de López Chust.

Este profesor y pintor retratista perteneció a la Asociación Española de Pintores y Escultores, como bien se reconoció en Cuenca hace siete años, con motivo de una Exposición de esta entidad. Incluso fue uno de los miembros de la Junta que se constituyó en Cuenca en 1925 para representar a la provincia de Cuenca en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla de 1929, ocupando la sección de Arte.

Además de su labor de docente en Cuenca, López Chust fue presidente de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana entre 1933 y 1934. Durante la guerra civil no debía estar en Cuenca, pues en 1937 el ministerio ordenó su reincorporación al puesto, cosa que no hizo, nombrándose un sustituto.

En el año 1940 el Ministerio de Educación publicó una Orden de integración de catedráticos, citando en la tercera categoría a Benito López Chuts, como “duplicado”, y con un sueldo de 16.400 pesetas. No hay constancia de que ocupase su cátedra, permaneciendo fuera del Instituto hasta su fallecimiento.

Una esquela en “Ofensiva”, el 6 de abril de 1944, es la única noticia de su muerte, y el 28 de abril, en sesión del Ayuntamiento “se acuerda hacer constar el sentimiento de esta Corporación por el fallecimiento de D. Benito López Chust, que fue pensionado de este Ayuntamiento y autor de los cuadros que hoy existen en el mismo”. Ni un artículo entonces recordando su obra, aunque afortunadamente se puede ver todos los días accediendo a la Diputación o al Ayuntamiento de Cuenca.

(*) Benito López Chust también es autor del cuadro de la Inmaculada Concepción (1900), que se encuentra en el despacho de la Alcaldía del Ayuntamiento de Cuenca, como se recoge en el trabajo de Antonio Rodríguez, publicado en este Blog, al que se puede acceder en este enlace:

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