Marina Dyckhoff, la pintora holandesa que tenía en su mente los colores de Cuenca

Marina Dyckhoff fue una pintora holandesa que se afincó en España, impresionada por la luz de las diferentes regiones, sobre todo el Sur, que tanto le motivó a la hora de pintar sus cuadros, dentro de un arte que ella definía entre cubista y surrealista, rompiendo moldes en aquellos años 60 y 70. Marina expuso en Cuenca, en el hall de la Casa de Cultura, a mediados de marzo de 1975, compartiendo su obra con Óscar Pinar, que presentaba la muestra titulada “De la Alcarria a Levante, gentes y paisajes”, en la Sala del propio centro cultural. Antes de exponer en Cuenca, Marina Dyckhoff ya había presentado su quehacer pictórico en otras ciudades y de manera especial en Madrid, con una notable muestra de óleos en la Galería Ingres, situada en el número 13 de la calle Espalter, en diciembre de 1973.

Cuando entrevistaba a la pintora holandesa, ella ya había visitado los cuadros de Óscar Pinar, en los que destacaba el color. Su muestra era otro contraste diferente, de ahí que le preguntase cómo se definiría en el variado mundo artístico. Y así respondía Marina:

Mi obra es muy variada y no se puede decir  que es cubismo o surrealismo… Yo trato  de encontrar un juego entre la composición y el color. Pero también quiero tener en mis pinturas un equilibrio, una tensión, un movimiento y una unidad en el conjunto. Mi obra parece a primera vista muy variada, pero esto es porque reúne todo lo que he dicho del equilibrio y el movimiento, pero sobre todo tiene emoción. Por eso, mi obra les gusta a algunos, nunca a todos. Y esto es debido al carácter de cada uno”.

«Diario de Cuenca», marzo 1975

Marina insistía en señalar que su temática estaba enmarcada entre el cubismo y el realismo, y cuando le preguntaba cómo en uno de sus cuadros aparecía una guitarra, instrumento menos conocido en Holanda señalaba: “Soy holandesa, pero me considero ya como española, a pesar de mi mal acento. Llevo casi diez años en España y mis niños han crecido aquí y mi marido trabaja también en este país. Tengo amigos españoles que me españolizaron. Me encanta España, tanto por sus tierras como por sus gentes. Desde que estoy en España mi pintura ha cambiado, se ha puesto más alegre y los colores son más limpios. En Holanda mis colores eran más sobrios. Aquí en España hay mucha luz».

Me comentaba que antes de exponer ya había estado en Cuenca en otra ocasión, y dado que ya la  conocía, le pregunté si le sugería algo la ciudad para reflejarla en sus obras…

“Sí. He estado ayer en la Ciudad Encantada y he cogido trozos de un árbol que tiene todos los colores de Cuenca, que son el marrón, beige y un verde un poco pasado. Todos esos colores los tengo en mi mente y pienso hacer un cuadro con planos el uno sobre el otro. No pinto las Casas Colgadas porque este paisaje resulta mejor en fotografía. Lo que quiero hacer es una impresión de los colores y la forma de Cuenca.

¿Quizá hacer cubismo de una roca?

Exactamente. Quiero hacer la Ciudad Encantada sobre planos a mi forma de ver.

-Ya me ha hablado del color de Cuenca. ¿Y la luz?

Tiene una luz muy limpia, pero el cielo –quizá por la temporada—es más gris que en Madrid y que en el Sur de España. Yo creo que en el otoño será más bonita, sobre todo me imagino un amarillo muy fuerte y todas las gamas del marrón.

La Exposición de Marina fue un éxito y en ese mes que pasó en Cuenca no dejó de tomar apuntes, pues su ideal era llegar en el futuro a que “la gente comprenda lo que quiero decir. No pretendo nada, sólo quiero que mis cuadros sean alegres y que la gente vea una composición perfecta de colorido y de forma”. También apuntaba algo tan socorrido que ella, como holandesa, aprendió en España: “Se ha dicho muchas veces que sobre gustos no hay nada escrito”.

Marina Dyckhoff falleció en La Ribalta (Marbella) el 28 de febrero de 1997. Sus hijos Michael, Pieter Paul y Jacqueline le dedicaron esta emotiva frase de despedida: “Abrió puertas en nuestros pensamientos que hubieran quedado cerradas”.

Aquí queda el recuerdo de esta pintora holandesa (Marina Ickx Dyckhoff) que disfrutó de la luz de Cuenca y de la obra del Museo de Arte Abstracto, y de manera especial de La Ribata marbellí en la que vivió.

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