Belenes

En un christma navideño de hace medio siglo el pintor y grabador Manuel Aristizábal pintaba un Nacimiento sobre una cueva entre las rocas bajo las Casas Colgadas, y por la subida que vigila el Pastor de las Huesas, de Marco Pérez, subían los Reyes Magos. Nazarenos de la orilla del Huécar, como si fueran pastores del Belén, adoraban “al Niño que ha nacido ya”, como reza el villancico. Toda una postal conquense, como aquellas que pintó José María Cañas con sus pastores, reyes Magos y el Misterio, por el puente de San Pablo y las Casas Colgadas. Cuenca ofrece las mejores perspectivas de su paisaje para reconvertirlo en belén, y en escenario de la Pasión con su excepcional Semana Santa, que nunca se confunde con otra, como bien escribiese González Ruano.

La ciudad se asemeja a un gigantesco Nacimiento, como lo puede ser el ejemplo que tenemos en el salón de la Diputación, con ese Belén napolitano tan concurrido, que puede ser récord de visitas. Mucho y buen trabajo se hace cada año por la Asociación de Belenistas de Cuenca, capaz de montar uno de los mejores Nacimientos de España. Desde el Cerro de la Majestad, la estrella bien de los Magos, bien del escudo de Cuenca, porque un 6 de enero se inició la conquista de la ciudad por Alfonso VIII, marca las pautas de la Navidad, con  figuras de forja en las rocas que ofrecen otra estampa navideña, de la mano de José Luis Martínez, artista por derecho propio del barrio de San Antón.

Precisamente es el barrio del Perchel que baña el Júcar, ahora con paseo fluvial bajo las casas que cuelgan desde la Puerta de San Juan y Mangana, en ese lugar del Remedio, se dan todas las circunstancia para montar un belén viviente o imaginario. Recuerdo de niño que en las aguas del Júcar se montaba un “belén flotante” que tanto gustaba a Federico Muelas, el autor de tantos villancicos y de recitales sobre la Navidad, algunos de tanta duración, que el poeta Manolo Alcántara llegó a escribir, “en el portal de belén habló Federico Muelas, y cuando ya terminó las pastoras eran abuelas.  Belén fluvial hubo en el Júcar y Belén chabola en la antigua Plaza de Cánovas, aunque el belén que da carácter a Cuenca, por tantos años de montaje, es el de la Plaza de la Hispanidad, junto a la parada de taxis, que se va conociendo por generaciones.

Belén fluval en el Júcar de los años 1962 y 1963. Foto: Pascual

En esta ciudad de fríos nocturnos, amaneceres de escarcha y de soleados mediodías, la afición del montaje de belenes tiene identidad propia. En San Esteban hemos podido admirar un sencillo Nacimiento hecho por los matrimonios de la parroquia, con una impresionante Plaza de la Merced como escenario del Misterio. El Belén de las Camelias, en la Puerta de Valencia, es otra pieza artística netamente conquense, que recupera incluso la antigua fachada de la Catedral.

Y así podíamos ir citando belenes y nacimientos que ofrece la ciudad, en iglesias, escaparates o al aire libre, a los que se han unido las cofradías nazarenas, de manera especial el de la sede de la Virgen de la Amargura con San Juan, donde se cuidan  hasta los más mínimos detalles. La Catedral de Cuenca, por ejemplo, tiene en su interior muestras diversas del arte navideño, que en estas fechas se podrían exponer, o al menos hacerlas visitables con algún tipo de itinerario o recomendación. Cuenca, en suma, es un buen lugar para hacer florecer un arte tan popular como el que genera la Navidad, y sus calles y paisaje son un buen ejemplo de ello, aunque en el fin de semana de Nochebuena y Navidad se haya notado menos ambiente del esperado por la céntrica Carretería, por la que unos entusiastas cantaban villancicos en la tarde sabatina de la mitad del comercio cerrado. Felices pascuas.

EL DIA, 25 de diciembre de 2011. (www.eldiadigital.es (blogs)

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