Retablo navideño de costumbres y tradiciones conquenses

Conferencia de José Vicente Ávila en la Asociación de Amas de Casa Luzán / 4 de diciembre de 2019

Los días navideños evocan recuerdos y tradiciones en la memoria colectiva, que van pasando de generación en generación, con especial incidencia en la añoranza infantil de un tiempo pasado, que fue feliz por ese acento de las “felices pascuas” y el tiempo vacacional, pero que no volverá, como dice el añejo villancico de “la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos, y no volveremos más”.

La Matazón. / Dibujo Vitejo.

En mis recuerdos infantiles la Navidad empezaba en los primeros días de diciembre, tras la matazón del cerdo –“por San Andrés mata tu res”, como rezaba el aforismo popular— y mi madre me llevaba a su pueblo, Puebla de Almenara, y me acercaba al horno. Allí estaba el hornero con su pala sacando el pan ya horneado y metiendo bandejas de galletas y dulces, hechos con moldes de estrellas, rombos, rosetas y corazones, que se parecían a las figuras del juego de póker…

Me admiraba cómo las mujeres movían la masa en la mesa y espolvoreaban la harina, y cómo moldeaban las tortas de chicharrones, los mantecados, los rollos redondeados… Afuera hacía frío e incluso nevaba, pero en el horno se estaba muy bien y las señoras de pañuelos en la cabeza, trenzados con un lazo, y mandiles blanqueados por la harina, no dejaban de hablar, y hasta alguna preguntaba en voz baja,  “¿quién es ese chico? “El hijo de la Peque”, oía yo… mientras comía un mantecado de hojaldre recién hecho, y daba las gracias al hornero con un “Dios se lo pague”…

Me asombraba ver a esas mujeres con grandes cántaros para llevar el agua. Luego, en cestas tapadas con manteles de cuadros, guardaban las galletas, mantecados y tortas. Era costumbre ofrecer las bandejas repletas de dulces azucarados en los días navideños.

Recuerdo también el día de Nochebuena en Cuenca, en aquellos años 50-60, en los que aún no había semáforos y ver a los guardias municipales, con casco blanco, dirigiendo el tráfico y los conductores paraban el “600” o la vespa y les dejaban paquetes de regalos.

Los críos por las calles tocando zambombas y panderetas y rascando una botella de anís, pedíamos el aguinaldo cantando el “ande, ande, ande, la marimorena…, mientras el cartero, el sereno y trabajadores de otros oficios pedían el aguinaldo con una tarjeta, manteniendo la costumbre.

Precisamente una gran tradición en todo lo que concierne a las fiestas navideñas la tenemos en el villancico de la “marimorena”, que tiene reminiscencias de esta ciudad, en la que “la María Moreno” armaba mucho ruido en la misa del Gallo, como se refleja en la Guía Turística que se editó en la década de los 70, siendo José Luis Lucas Aledón presidente del Centro Juvenil de Iniciativas Turísticas.

De ahí la palabra “marimonera” en el dicho popular, entonada en los villancicos, aunque para la Real Academia la palabra es sinónimo de riña o pendencia. Otra palabra que se utilizaba mucho en Cuenca, en Nochebuena, era la de “las parrandas”, de las que hablaremos cuando tratemos de los villancicos.

En San Antón, Miguel “el cojete” con sus amigos, se pasaron un año toda la tarde de Nochebuena pidiendo el aguinaldo y cantando el estribillo de este pasodoble de Manolo Escobar: “A ella su familia le ha dicho que nones y quieren casarla con uno que dice que tiene millones…” Salió don Amadeo tras la misa del Gallo, y les dijo que “o pares o nones” tenían  que repartir alimentos a los vecinos…

POSTALES NAVIDEÑAS, EL CHRISTMA

Y es que amigas, Cuenca es como un Belén Viviente permanente, de todo el año. Navidad y Pasión se representan en el Casco Antiguo a través de un paisaje tan singular como natural y, al mismo tiempo, pintoresco. Dejó un grabado Manuel Aristizábal de un Misterio bajo las mismas Casas Colgadas y las rocas que parecen sujetar toda la pared rocosa asomada al abismo entre hiedras y jardineras, con los nazarenos en hileras adorando al Niño Jesús.

La postal de Cuenca es ya de por sí como un christmas navideño… con la nieve invernal, con los oros del otoño o el verdor de la primavera o el estío. La verdad es que se mire por donde se mire, la ciudad ofrece la panorámica propia de un belén.

Christma de José María Cañas, 1988.

El paisaje ha servido para que pintores y dibujantes, fotógrafos y diseñadores, hayan llevado su idea navideña a la postal o el christma, destacando sobremanera la colección de dibujos navideños conquenses que hizo en la década de los 80, José María Cañas. Y no sólo la ciudad en sí, sino las pinturas del Museo Diocesano han servido y siguen siendo utilizadas para la felicitación navideña.

Décimo con el Nacimiento de Juan de Borgoña de la Catedral de Cuenca.

Destaca el Nacimiento del pintor flamenco Juan de Borgoña, que figuró en los billetes de la Lotería de Navidad de 1998. En los últimos años han circulado por la red montajes navideños con paisajes conquenses y hasta hemos tenido noticia de que la Embajada de España en Lisboa felicitó hace cinco años la Navidad con una fotografía paisajística de las Casas Colgadas y la Hoz del Huécar, del joven conquense Alejandro Almarcha.

LOS BELENES

Cuenca es como un gigantesco Belén desde cualquier parte; las casitas de hortelanos de la Hoz, con el humo de sus chimeneas, y algún jamelgo pastando que aún queda, y el Huécar que baña las huertas, nos muestran esas estampas que vamos viendo en las distintas muestras belenísticas, que tenían su mejor representación en el Gran Belén de Diputación que se expuso durante 25 años y que este año, va a tener otro escenario inédito en el Casco Antiguo en la Bajada de Santa Catalina, con ese Belén napolitano, más reducido, que será permanente. Tenemos por ejemplo en San Clemente el Museo de los Belenes, que recomendamos visitar.

El propio paisaje de toda Cuenca es como un Belén gigantesco. Si miramos la ciudad desde el Cerro del Socorro todo el Casco Antiguo es como un Belén que se desparrama, con  los barrios de Tiradores y San Antón formando parte de ese formato belenístico, con las torres de El Salvador, San Felipe o la Virgen de la Luz y el Seminario a modo de palacio.

Belén fluvial. / Pascual

Precisamente en San Antón, en el barrio del Perchel, se dan todas las circunstancias para montar un belén viviente o imaginario, que por cierto se monta el día 24 en el Paseo del Júcar. Recuerdo que en la década de los sesenta se montaba un “belén flotante” en las aguas del río Júcar, que se podía contemplar desde el Puente de San Antón, con el fondo de la Cuenca Alta y la Torre de Mangana reflejada en sus aguas. Figuras gigantescas también las hubo en el Cerro del Socorro, donde un villancico conquense canta que el “Niño Jesús juega con las estrella al corro…”

Algunos años se instaló también el “Belén chabola” en la antigua Plaza de Cánovas, hoy Plaza de la Constitución. Desde el propio Cerro de la Majestad la estrella de los Reyes Magos ha marcado las pautas de la Navidad de Cuenca en los últimos años.

Pero quizá el lugar más singular de la Cuenca navideña es el Jardinillo de la Plaza de la Hispanidad. En ese Jardín, junto al monumento de los Caídos de África, de Luis Marco Pérez, se instala cada Navidad un Belén desde hace 58 años. Fue en 1961 la primera vez que se instaló, como bien me recordaba uno de sus impulsores, Evelio Seligrat, en una entrevista que le hice en 1975 para“Diario de Cuenca”; me decía que el primer portal se hizo con costeros y sólo contaba con el Niño, la Virgen y San José, el Misterio y cuatro figuras más.

Ese año de 1975 el Belén aumentó el número de elementos con “el castillo, un molino de viento, la tinada o paridera, un nuevo portal, dos figuras más para hacer conjunto con el molino, cuatro ovejitas y la estrella.

Belén de Las Camelias. / Josevi.

El clima es uno de los elementos primordiales de la estampa navideña. Cuenca a veces es de Navidades Blancas. En esta ciudad de fríos nocturnos, amaneceres de escarcha y de soleados mediodías, la afición del montaje de belenes tiene identidad propia. El Belén de las Camelias, en la Puerta de Valencia, es una pieza artística netamente conquense, que recupera incluso la antigua fachada de la Catedral y el puente de piedra de San Pablo. En él se refleja la mejor postal navideña o christma conquense.

Hay belenes que mantienen la tradición en lugares emblemáticos como el Hospital de Santiago, precioso por cierto, el Asilo de Ancianos, las iglesias conventuales y las parroquias de los nuevos barrios de la ciudad. Pero no podemos dejar de citar la Ruta de los Belenes de la Junta de Cofradías, en el que participan varias Hermandades, en los últimos años, o el más reciente ejemplo de la ermita-cementerio de San Isidro, por tercer año consecutivo.

Parranda con zambombas del «Orfeón Benéfico». / Josevi

LAS ZAMBOMBAS

Se hacían con cubas de madera sujetas por herraje, en las que traían víveres para la Casa de Beneficencia e incluso alguna se donaba para la Subasta de Navidad de Radio Peninsular de Cuenca

Vicente Ferrer, que es experto en artesanía de muebles antiguos, recordaba aquellas parrandas en un reportaje que le hice en la prensa y explicaba cómo se preparaban las zambombas, que en su opinión “eran las mejores de España porque tenían un sonido muy especial y se hacían con verdadera artesanía”. Comentaba Ferrer que “en aquellos años había en la calle de Colón unos almacenes de pieles y allí las comprábamos por dos reales o una peseta. Se utilizaba generalmente una piel de conejo, a la que se envolvía durante dos días con ceniza.

Después la pellica se dejaba una noche en un recipiente con agua caliente y al día siguiente ya se podía pelar con facilidad. Una vez limpia la piel, se le colocaba en medio el palo, al que se le hacía un agujero con un alambre al rojo vivo, para así atarlo con bramante; una vez dispuesto el palo de la zambomba, se estiraba la piel sobre la cuba en la que iba a ir colocada y se le frotaba ajo para que quedase tensa y bien templada. Para que quedase sujeta se le colocaba orillo de paño de forma circular claveteado”.

“Una vez tensada la piel, se colocaban media docena de cañas de las antiguas escobas, a cada lado, que se recortaban con una navaja para atarlas juntas con bramante, y sonase mejor el instrumento navideño. Al palo de la zambomba se le echaba cera de una vela de arriba abajo, y se preparaba una badana de paño, lo más prieta posible para que al introducirla por el palo pudiese hacer tocar mejor la zambomba, con un sonido más ronco”, apuntaba. Las parrandas se formaban con un bombo, platillos, la caja, cinco o seis zambombas, el triangulo, castañuelas de palo largo y hasta una botella de anís. “El sonido era espectacular y la gente nos aplaudía por Carretería”, recordaba Vicente Ferrer.

LOS VILLANCICOS

Cuenca es también tierra de villancicos propios. Desde los Villancicos de la Catedral, hasta los más populares de la “marimorena”, con el protagonismo de la llamada María Moreno, que como hemos dicho antes armaba la marimorena en la Misa del Gallo; Misa del Gallo por cierto, que brilla con luz propia en San Julián El Tranquilo, pese a los rigores de las bajas temperaturas, con más de 200 personas cantando villancicos.

Uno de los artífices del villancico conquense lo fue Federico Muelas, a quien Gerardo Diego definió como Federico en el Portal en el prólogo de los Villancicos Conquenses que Muelas escribió en sus plieguecillos:

“Echadle aceite al candil, / que el Niño vendrá a las doce, / que a las doce ha de venir. / Virgencita de la Presa, / pide aceite a los vecinos / que a las doce en punto llega. / Que espere, que espere el río. / A la mar siempre se llega /y esta noche nace el Niño. / Decidle a don Amadeo (ahora a don Ángel)  / que pida aceite prestado, / que él está mirando el Cielo. / Que está la Virgen del Puente / con el candil en la mano… / y el candil no tiene aceite”.

Dibujo Pedro Mercedes

Sigue el villancico de Federico su plegaria navideña por la plazuela del Escardillo y el barrio de Tiradores, otro lugar entrañable como San Antón, con sus casitas nevadas para la postal navideña. Por cierto, que tanto gustaba a Federico Muelas hablar en sus recitales sobre la Navidad, que el poeta Manuel Alcántara llegó a escribir, “en el portal de belén habló Federico Muelas, y cuando por fin terminó las pastoras eran abuelas.” (Espero que a mi no me ocurra)

Recuerdo un reportaje navideño que hice con Pedro Mercedes, nuestro recordado alfarero de San Antón, que hizo un dibujó con el Niño jugando entre cacharros, en tanto que el alfarero en el torno modelaba el barro entre sus dedos. Y escribió bajo el enternecedor grabado completado con lumbre baja y toricos:

“En el portal de Belén / Adorando al Niño estaban / El Herrero, el Zapatero / Y el Carpintero. / Como no estaba el Alfarero, / El Niño hizo pucheros. / Aquí en mi alfar estoy / Haciéndote pa Ti Niño Jesús / Mi primer botijillo, el primero / Para que juegues con él / Y bebas lo mucho que te quiero”.

Villancicos, como los que se hicieron populares en la década de los 70, compuestos por Agapito Salamanca desde Villamayor de Santiago, con ese soniquete de los peces en el río:  «El Niño Dios ha nacido /en la Torre de Mangana /y los conquenses han ido / allí a cantarle una nana… (que luego cantaremos)

Melodías que algunas agrupaciones conquenses suelen cantar en el belén del jardinillo de la Plaza de la Hispanidad. Antaño era el “Orfeón” de la Casa de Beneficencia el que desfilaba por Carretería pidiendo el aguinaldo con su parranda de grandes zambombas, bombo, platillos y castañuelas y otros instrumentos de la Banda Provincial. Las parrandas en la antigua Casa de Beneficencia, actual Residencia “Sagrado Corazón de Jesús”, fueron muy populares en los días navideños. La “casa” como se le solía conocer, podía albergar en la década de los cincuenta a los setenta, a unos 500 acogidos.

Parranda 1949. / Luis Pascual.

Los componentes de las parrandas lucían unas chaquetillas blancas con botones dorados, una gorra de plato y pantalones de rayas, y el maestro lucía un fraz de color verde o negro y sombrero de copa.

Cuando se aproximaban los días navideños no sólo se montaba varios belenes, sobre todo uno monumental en el amplio comedor, con fuerte olor a musgo y toza, sino que se organizaban las “Parrandas” de pequeños, medianos y mayores que, con diversos instrumentos, cantaban los villancicos en las distintas dependencias del viejo caserón y por las calles de Cuenca, pues era costumbre que el “Orfeón” o “la murga benéfica”, desfilase por Carretería cuando sus componentes iban a felicitar las pascuas al presidente de la Diputación y al gobernador civil. Hemos rescatado este villancico con Herminio Carrillo en un programa de la cadena “Ser Cuenca”:

Al señor gobernador / de esta noble ciudad / con permiso de ustedes / le vamos a cantar. / Le pedimos perdón, / que nos perdonará / por si alguna molestia / le vamos a causar. / Somos todos acogidos, / queremos felicitar / al señor gobernador / el día de Navidad. / Y darle la enhorabuena / por ser nuestro gobernante, / que Dios le guarde la vida / para seguir adelante.

El más popular era el “arre borriquillo” con la letra de “Los vecinos de Cuenca / quieren al Niño, quieren al Niño… , que cantaremos también al final.

Luego serían Ismael Martínez y su rondalla los que mantuvieron la tradición de los villancicos en la calle, además de otros grupos ocasionales, y cómo no, “Tiruraina” con Herminio Carrillo a la cabeza, con vestimentas pastoriles manteniendo la tradición del villancico en la calle y los “Rondadores” y otros grupos que van apareciendo, tanto para cantar los villancicos como los mayos y otras canciones de ronda, en el Hospital, Asilo y otros centros asistenciales.

LAS DOCE UVAS

Siempre nos hemos preguntado porqué no ha sido tradición subir a Mangana a celebrar la llegada del año con los sonidos del reloj a lo largo del tiempo. Las bajas temperaturas y el hecho de que haya estado cerrada la plaza tantos años han sido la primera causa. Pero se está implantando que algunas gentes suban a Mangana tanto en la noche del 30 como el 31 de diciembre.

Dibujo Pedro Yunta.

Como soy vecino de la Torre, sí puedo decir que algunas noches venían decenas de personas a comerse las uvas a los acordes del Reloj, y tras brindar por el Nuevo Año se iban a seguir la fiesta por los locales de ocio del Casco Antiguo. El pasado año acudieron unas 200 personas, y este año se espera que lo hagan más, ahora que funciona el carillón y la torre ya tiene su iluminación…

Podemos recordar cómo se celebraba la Nochevieja en la Cuenca de 1930, conocida entonces como la “nochebuena de Año Nuevo”.  He recogido esta interesante gacetilla publicada en “La Voz de Cuenca” del 5 de enero de 1931: “Al dar el reloj las doce y a los acordes del Himno Nacional, se tomaron las clásicas uvas que los dueños del bar tuvieron la galantería de ofrecer a los concurrentes, servidas en unos platitos de cristal con unas tiritas de papel en las que se leía: “Feliz entrada de año nuevo

LOS REYES MAGOS

El escudo de Cuenca tiene parte de su simbología ligada a la Estrella de los Reyes Magos y varias son las interpretaciones heráldicas de los historiadores. Cabe señalar que, curiosamente, el 6 de enero de 1177 comenzó el asedio que se prolongó hasta el 21 de septiembre.

Sobre la Estrella de Cuenca y los Reyes Magos, escribió un pregoncillo navideño el escritor extremeño Pedro de Lorenzo, titulado “La Estrella de Cuenca”; fue un pregón navideño en nuestra ciudad, propiciado por Federico Muelas, con ocasión de la colocación de un belén sobre el Cerro del Socorro, de grandes figuras.

El  año pasado se cumplieron los cien años de la primera Cabalgata de Reyes, que organizó en el año 1918 la Asociación Cultural el Ateneo Conquense, con el fin de llevar juguetes a la Casa de Beneficencia. La Cabalgata, que transcurrió por Carretería hasta la calle de Colón, tuvo mucho éxito, así como la iniciativa de llevar regalos a los pobres, que sumaron nada menos que 690 juguetes, si tenemos en cuenta que la ciudad no pasaba de los quince mil habitantes.

Algún año la Cabalgata salió desde el Auditorio debido a las obras en algunas calles, y en aquella ocasión recorrió la Puerta de Valencia por la calle de las Torres hasta llegar a la Plaza de la Hispanidad, Carretería y la Plaza de España. En el año 1996, la Cabalgata salió por vez primera de Las Quinientas. Cabe decir que en 1997, y con motivo de celebrar que Cuenca había sido declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad, la Cabalgata iba a salir de la Plaza Mayor, pero una gran nevada lo impidió y quedó suspendida. La ciudad eso sí, quedó blanquísima y navideña. En 1998 la Cabalgata de los Reyes Magos salió de San Antón, a las seis de la tarde, con siete carrozas. Habitualmente desfila desde el Recinto de la Hípica.

¿Qué pedían los niños conquenses de principios del siglo pasado a los Reyes Magos? Nos vamos hasta el siglo pasado en 1919:

Desde hace más de setenta años las figuras de los Reyes Magos de cartón-piedra se instalaban en la que fue Casa Santiago, en la Casa Caballer, en una esquina de Carretería,y en la actualidad en la tienda de Heras, en la calle José Cobo, para que los niños depositen sus cartas, llenas de ilusiones y anécdotas.

Foto Josevi.

Unos años antes existió en Cuenca el Bazar Garay, en la calle Calderón de la Barca, donde su propietario, Rufino M. Garay, instalaba un buzón para que la grey infantil entregase sus misivas, que eran publicadas en la prensa. Recogemos algunas:

«Queridos Reyes Magos. Como son Us. mu buenos y quieren mucho a los niños haran el favor de ponernos en casa de mi abuelita Pilar y de mi abuela Emilia dos cabás y dos costureros para la Pili y para mí y dos cunas ó dos muñecas y otra que suene para la Carmencita, pero que esta sea inrompinble porque es muy mala y las rompe». (Emilia León Meler).

«Mi mas estimados relles Menchor, Gaspar y Baltasar: aran ustedes el favor de mandarme una bicicleta; no quiero na mas que una bicicleta, ya no quiero más gugetes, los gugetes no me dan de comer y quiero un rollete, una onza de chocolate, un paquete de almendras, pero la bicicleta que no falte». (Cirilo Gallego).

«Queridos Reyes Magos quiero que agan el favor de dejarme un trenbia y un paquete de caramelos de los Alpes, un cordero y un juego de jugar al blanco». (Elvira Arquero y Civera).

«Queridos Reyes desearía que me pusieran un tren de masti. Unos zapatos y unos lapiceros de color buenos y si me pusieran algo más me pondría tan contento. Para mi hermano algo bonito, y a mi hermana una cadenita de oro y unos zapatos, y un lazo bonito, y si quieren dejar juguetes». (Enrique O´Kelly).

«Queridos Reyes Magos: Este año os voy á molestar muy poco, pues no necesito más que una o dos cosas. 1.º Un cine que no sea tan malo como el del Teatro Principal, pero que no tenga linterna, que sea de las máquinas modernas y 2.º Un auto que sea bastante grande, creo que no me desairán». (Federico Picazo).

Dibujo José María Cañas.

«Cuenca, 3- enero -1920. Mis queridos Reyes Magos: No quiero que este año paseis sin hecharme nada, y aunque soy muy malo les prometo ser bueno y estudiar mucho. Quiero que me traigan 20 soldados andando, uno con corneta y los sables en la mano puestos para arriba, otros 20 montados a caballo, uno con corneta y los demás con los sables para arriba, y que se puedan bajar del caballo. Si no tienen de esto me traen un castillo. (Miguelito López).

«Señores Relles Melchor, Gaspar y Baltasar: Les encargo le traigan a la Teresita una muñeca, un lazo y una Perla del Hogar. También mi hermano Paquito desea que le traigan un auto lleno de caramelos y un caballo como el de Pajarón. Mi hermano Enriquito desea que le traigan un balón y un caballito de cartón. También desearía me traigan ustedes a mí una caja de pintura y caramelos. También se me olvidaba deciros que le traigan una peluca y un paquete de horquillas para sujetarla y una caja de betún a mi criada». (Pepito Pérez).

Foto Josevi

«Ha sus Majestades Reyes magos Melchor, Gaspar y Baltasar como somos ya tan mayores no queremos juguetes; me parece que no pido mucho, lo que pido es esto: un reclinatorio y unas castañuelas y si quieren echarme alguna cosa más, un paquete de pastillas de café con leche». (Carmen).

«Queridos Reyes deseo me echeis media gruesa de bolillos para el encaje y un sujetador que sea bueno y unos caramelos. (Isabel Sánchez).

«Queridos Reyes deseo mecheis un Rompecabezas, un portalibros, una serie de cuentos y unos caramelillos. (Emiliano Hontecillas).

«La niña Angustias Cuenca desea le traigan un libro de Gazapito y Gazapete y una serie de cuentos. Y mi hermana Ascensión un Rompecabezas y un paquete de bombones». (Angustias y Asunción Cuenca).

«Queridos Reyes: Deseo me traigan un libro de Pezuñita y Roenueces y una serie de cuentos pequeños y lo que más les guste». (Pilar Jarabo Alcázar).

«Queridos Reyes Magos pedimos una loteria de 80 céntimos y un diábolo de goma, dos pesetas y otro diábolo de goma y dos pesetas». (Ramón Chust, Vicente Chust y Amelia Chust).

(Concluida la charla navideña, las asistentes entonaron dos villancicos conquenses, tras un previo pequeño ensayo, y el reparto de las cuartillas con las letras de ambos, que figuran al final de este recuadro.) Se ponía así el broche a una tarde de recuerdos navideños, compartida en sus años jóvenes por la mayoría de las asociadas presentes.

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