El cerramiento del Atrio de los Descalzos

Bello paraje… Poético solar… Misterio… Tradición… Quietud… Silencio… ¡Así es este lugar!”     (Postales Conquenses B.M.P. 1929)

Por Antonio RODRÍGUEZ (http://cuencaenelrecuerdo.es/)

Desde muy joven he sido coleccionista de tarjetas postales de temática o asunto conquense. Esta afición me llevó durante años, cuando el tiempo y la economía lo permitían, a recorrer rastros, librerías de viejo, mercadillos…., y aquellos lugares donde consideraba probable encontrar postales, dibujos, grabados, fotografía, libros relacionados con Cuenca, sin olvidar los hallazgos en amigos y conocidos. Sin duda consideraba – ahora también- que las tarjetas postales y fotografías antiguas son una fuente documental de primer orden para conocer mejor nuestro pasado, más o menos, lejano.

Fue, en su momento, la postal, especialmente durante el siglo XX, una opción importante a la habitual carta, en muchos casos, porque agilizaba y facilitaba prontitud de noticias y mensajes con limitada extensión; su tarifa de envío era más reducida, empero tenía el inconveniente de su ausencia en la privacidad del texto contenido en ella.

Mis postales y fotografías permanecen activas y avivadas, presentes ante mi vista. Son frecuentemente repasadas y vueltas a ver atentamente, ora para mis trabajos, ora por el simple placer de la contemplación y deleitación.

De todas ellas, voy a referirme a una que suscita la curiosidad, con más interés que de costumbre, motivo por el que hayan sido varias las personas que me preguntan un dato concreto sobre esta postal. Me estoy refiriendo a la titulada “Atrio de los Descalzos”, de autor desconocido, espacio de propiedad particular perteneciente en su origen al convento de Franciscanos Descalzos, con la advocación de San Lorenzo Mártir, hasta 1836, que a causa de la Desamortización de Mendizábal fue desalojado. Según Antonio Ponz (S.XVIII) poseía interesantes imágenes religiosas del escultor vallisoletano Luis Salvador Carmona.

Convento y atrio situado en unos de los rincones más emotivos y bellos en los alrededores de Cuenca.

Sería el convento durante bastantes años y hasta su fallecimiento (8-4-1957) residencia vacacional del polémico y controvertido cardenal Pedro Segura y Saenz, quién – según se cuenta – siendo obispo de Coria (Cáceres) quedó impresionado de las bellezas de la ciudad del Júcar y Huécar en una visita realizada.

En el Archivo Histórico Provincial de Cuenca se conserva el expediente de comprobación de esta finca (julio 1926) realizado por el Servicio de Catastro de la Riqueza Urbana, situado en el Cuartel del Norte de la capital, extrarradio. En él figura como propietario Vidal Segura Sáenz (hermano del cardenal) que según datos conocidos era propietario de un comercio de ultramarinos en la capital de España, casado con Josefa Ferns Carreras, fallecida en el convento de los Descalzos de Cuenca, en septiembre de 1930, según recogía la prensa nacional y provincial con esquela aparecida en “La Opinión” (14-3-1930), órgano de la Unión Patriótica y enterrada en el Santuario de la Virgen de las Angustias, junto al altar de San José, en el lado del evangelio. En la actualidad está oculta la sepultura a consecuencia de estar cubierta por un renovado suelo desde hace años. Sobre el matrimonio Segura-Ferns se han publicado diversos trabajos cuya descripción creo que no interesa para el fin de este artículo.

El convento y atrio de los Descalzos fue comprado por el hermano del cardenal Segura al canónigo magistral de la catedral de Cuenca, José Cerdá Escandell, natural de Pinoso (Alicante) con motivo de su traslado a Murcia de cuya catedral sería arcipreste.

En concreto y ciñéndome al asunto principal causante de estas líneas, por interés y curiosidad manifestada de ¿CUANDO SE CERRÓ Y MODIFICÓ EL ATRIO DEL CONVENTO DE LOS DESCALZOS EN CUYO RECINTO SE ENCUENTRA LA CRUZ?

Según fotografías y postales del primer cuarto de siglo XX se accedía al atrio abierto por una cómoda escalera con una decena de peldaños, en su parte principal, en cuyo centro estaba la cruz, igual que ahora, con algunas modificaciones, producto de actos vandálicos y falta notoria de educación que ferozmente atacan, a veces, nuestros monumentos y sentimientos.

A lo largo del tiempo se ha conocido con distintos nombres: “La Cruz de Lucifer”, “Cruz del Convertido”, “Cruz de los Descalzos”, “Cruz del Convento”. En cualquier caso sabemos a qué se refiere. Es la insignia y señal del cristiano. Cruz de piedra, con populares leyendas y símbolos grabados en sus brazos que nos remiten a visiones fantásticas y regreso a la fe perdida. Leyendas muy conocidas que, por ello, me eximen de su reiterada narración.

Fue, sin duda y contesto a la pregunta en otoño del año 1923 cuando según recogía un periódico conquense de la época “El propietario de “los descalzos” ha cerrado con dos puertas aquel típico rincón que guarda la Cruz legendaria, motivo que recogían todos los turistas que visitaban Cuenca.

Obras realizadas con protestas para que se paralizaran de un grupo de concejales conquenses que si bien no se distinguían por su catolicismo si lo eran por su interés ante los problemas, historia y tradición de la ciudad.

Se acusaba y culpaba del cerramiento personalmente a un concejal de distinto signo político al de ellos, por cierto el regidor de la capital que más tiempo ha ostentado ese cargo, al menos, en el siglo XX. Se decía que “autorizó las obras – acaso sin licencia, ni pagar arbitrio – y que prometió en el ayuntamiento, públicamente, que no se cercaría, pues las obras se hacía para embellecer aquel paraje”.

No hubo paralización de las obras de cerramiento como pedían algunos ediles y el espacio quedó como vemos en la actualidad. Año de 1923, por otra parte, muy agitado y convulso en el consistorio conquense, creo que recordar que fueron cuatro los alcaldes que ostentaron el bastón de mando en esa fecha cuando Cuenca tenía un censo de 13.461 habitantes.

Nada de ello refiere la Guía de Cuenca (1923) que yo bauticé hace años de “un gran esfuerzo colectivo e intelectual” con textos de Pio Baroja, Odón de Buen, Juan Jiménez Aguilar, Rodolfo Llopis y fotos de Mariano Zomeño. El motivo es muy sencillo, la Guía apareció dos meses antes de realizarse la obra, pero sí uno de sus autores, Jiménez Aguilar recordaría un años después, “… nos cerraron el bello rincón de los Descalzos convirtiéndolo en un mamarracho…” en un artículo publicado en “La Lucha” (28-2-1924) con el título “Hortus conclusus o el Jardín de los Frailes”

Con lo anteriormente expuesto, espero al menos, ese es mi deseo, haber satisfecho la curiosidad de algunos de mis lectores, al menos en parte.

En la actualidad el Atrio de los Descalzos ofrece un panorama de triste abandono, donde la espesura de la maleza invade el recinto. Si no se limpia y cuida la famosa Cruz desaparecerá de la vista, como puede observarse en las fotografías. No valdrán aquellos versos de hace 90 años:

 “En el centro del atrio singular / sobre la yerbecilla /  se levanta, mohosa original / una cruz muy sencilla. / Las gentes, por doquier / según la tradición / siempre la llaman / La Cruz de Lucifer”. (B.M.P.)

En la muy prestigiosa revista gráfica de información general “La Esfera” –era la mejor de su tiempo–, se publicó (20-11-1915, nº 99, pág. 33) el artículo “Las Cruces del Camino», de Emilio Carrere Moreno, cronista oficial de la Villa de Madrid, junto a una fotografía del Atrio de los Descalzos obra del alemán Paul Sollmann, pintor y fotógrafo. Me permito reproducir esta página.

En este Blog: La Cruz de los Descalzos entra en su propia leyenda (7-12-2012)

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