Caulín, pirograbador: «Cualquier rincón de Cuenca es motivo para reflejarlo en un cuadro»

ENTREVISTA PUBLICADA EN «DIARIO DE CUENCA» EL 21-03-1974, CON MOTIVO DE SU PRIMERA EXPOSICIÓN EN CUENCA, EN LA CASA DE CULTURA

Antonio Caulín, pintor de Albacete, se inclinó por el arte del pirograbado en la década de los 70, en su afán de recuperar y sobre todo renovar una modalidad que iba quedando en desuso ante las nuevas corrientes del arte abstracto, que en Cuenca tenían, y tienen,  su punto de partida en el Museo de Arte Moderno de las Casas Colgadas. A Caulín le conocí en la recién estrenada primavera de 1974, con motivo de su primera Exposición de Pirograbados en la Casa de Cultura, que despertó bastante expectación, pues esta modalidad artística no era demasiado conocida en una ciudad como Cuenca, que apostaba por ofrecer varias exposiciones mensuales en distintas salas. Muy meritorio.

Caulín presentaba en Cuenca una treintena de cuadros, algunos de considerable tamaño, e incluso cuatro obras no pudieron colgarse al no contar con más espacio en la sala de la Casa de Cultura. El artista de Albacete explicaba que los pirograbados se realizaban sobre la base de un buen dibujo, con un pirograbador que era el instrumento que utilizaban los alumnos en los centros de Bellas Artes “como un medio de dibujo para ver los errores que pueden tener”, trabajando con unos hierros de diferentes formas para ir dando el detalle que se quiere realizar en la madera quemada.

Cuadro del Quijote. /todo colección.

Antonio Caulín tenía su propio taller en Albacete y manifestaba que cada obra le llevaba mucho tiempo, porque “es un arte antiquísimo que se perdió. Yo ahora lo he renovado de otra forma”, señalaba con cierta satisfacción. Comentaba que llevaba catorce años trabajando con esta especialidad artística porque además ese tipo de obra de pirograbado le iba muy bien al mobiliario de estilo castellano que en aquellos años setenta del siglo XX eran muy demandados.

«Diario de Cuenca», Usted Dirá, 21-03-1974.

En las obras que presentaba en la Casa de Cultura, Caulín presentaba personajes tan conocidos como Juan XXIII, Picasso, el rostro de Cristo, Don Quijote, el Cristo de Dalí y otros cuadros clásicos. Le pregunté si había incluido a su natal Albacete en los pirograbados, y así se expresaba:

“El mismo Albacete no, porque al contrario que Cuenca, allí no hay nada de tipismo; es una ciudad más moderna, pero muy monótona. Son bloques de casas, calles rectas y asfalto. En Cuenca sucede lo contrario y cualquier lugar o rincón es motivo para reflejarlo en un cuadro”.

En la exposición presentaba un pirograbado del alfarero Luis del Castillo, “muy buen amigo mío”, comentaba que aprovechando su estancia en Cuenca realizaría algún paisaje. En otras exposiciones presentó obras de Cuenca e incluso algunos cuadros de Albacete, de algunos de sus edificios más singulares.

Durante la segunda quincena de marzo de 1974 los conquenses pudieron admirar en la Casa de Cultura  los pirograbados de Antonio Caulín, que siguió su camino por esta modalidad artística, en la que con paciencia e ilusión creativa fue dejando un amplio repertorio artístico.

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