Lorenzo Goñi captó la Semana Santa de Cuenca en sus recios trazos, entre silencios y emociones contenidas

ARTICULO PUBLICADO EN “CUENCA NAZARENA” 2020

Por José Vicente ÁVILA

“Cuenca me ha descubierto un mundo nuevo. Un mundo que tiene con el mío una rara afinidad, con algo que llevo dentro y no lo puedo explicar”. Esta frase de Lorenzo Goñi, en un amplio reportaje de cuatro páginas en “ABC”, que le hizo el periodista conquense Leandro de la Vega Gil, en 1962, revela la influencia que la ciudad de las Casas Colgadas tuvo para un genial artista que suplía de alguna manera con su mirada la sordera que padecía. Lorenzo Goñi Suárez del Árbol (Jaén, 25-01-1911 / Suiza, 28-02-1992) fue sin duda alguna uno de los mejores ilustradores españoles del Siglo XX, en su faceta de dibujante, pintor y grabador. Incluso se destacó en la esfera artística su afinidad con Goya, tanto por su pintura como por la incapacidad auditiva de ambos. En 2013, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando lo demostró con una Exposición titulada “Lorenzo Goñi y Francisco de Goya: dos genios singulares”.

«Cuenca Nazarena», 2020

Si Cuenca le descubrió a Lorenzo Goñi un mundo nuevo, con esa mirada diaria sobre la Hoz del Huécar, la Semana Santa le cautivó, le entró por esos ojos que eran su oído, transmitido en la mirada y en los labios de su esposa Conchita, su lazarillo auditivo. Observando los dibujos de Goñi, de trazos recios en los apuntes del Yacente o Cristo en su Agonía, y el lápiz suave de la Virgen de todas las esperanzas con la torre de Mangana como fiel vigía o ese San Juan Evangelista que sigue en su “paso a paso” los versos de su compadre Federico Muelas (“¿Dónde por la Serranía / tan de mañana San Juan? / –Buscando mis ojos van / lo que mirar no quería…”) al redoble del tambor del barbudo hebreo que le acompaña en el primer plano del dibujo, como ocurría en las calendas nazarenas de los cincuenta, la década en la que Goñi vino a Cuenca de la mano de Nicolás Muller y de Federico Muelas.

Cuando Lorenzo Goñi llegó a Cuenca a comienzos de esa década, ya era uno de los más importantes ilustradores de España, no sólo en revistas y periódicos, sino para decenas de libros que luego serían centenares, entre ellos el de “Marcelino pan y vino”. En su primera visita vino acompañado del fotógrafo húngaro, Nicolás Muller, en calidad de ayudante, por encargo del Ayuntamiento, pues ya en 1950 el propio Muller, Manuel de Aristizabal y Martínez Novillo habían realizado una exposición en la Diputación en los días abrileños de Semana Santa, repitiendo Muller en junio, con sus fotografías de la Pasión de Cuenca, ya tan conocidas, y aprovechando la coronación de la Virgen de la Luz para ampliar su legado gráfico mariano-nazareno-conquense.

Lorenzo Goñi en su estudio, 1980. / Foto José Luis Pinós.

La llegada “oficial” de Goñi a Cuenca se produce en enero de 1955, siendo invitado durante cuatro días por el Ayuntamiento, de ahí que en la portada de “Ofensiva” del 3 de febrero aparezca un dibujo suyo de las Casas Colgadas con una bruja volando sobre una escoba, con el título de “Goñi en Cuenca”, y un amplio comentario sobre este periodista gráfico “que mayores dotes de imaginación reúne, aproximándose con su trazo ingenioso y fantástico al Goya de los aguafuertes”.

En una entrevista que le hizo Delia Vindel en “Gaceta Conquense” en 1988, apuntaba Goñi que “posteriormente Federico Muelas me hizo ver algunas cosas”. Y “alguna de esas cosas” fue la Semana Santa, acompañado en su primera visión por Muller, Camilo José Cela, Federico y Aristizabal. Curiosamente, el cartel de la Semana Santa de 1951 fue una fotografía de Muller, con un nazareno en primer plano y los rascacielos de San Martín como fondo. Su “ayudante” Goñi dibujaría dos nazarenos con el marco de las casas arracimadas de abajo arriba, y de arriba abajo, que Raúl del Pozo, también amigo de Goñi, escribiría que los rascacielos de Cuenca eran más antiguos que los de Manhattan.

«Cuenca Nazarena», 2020.

Goñi, en su silencio interior, quedaba fascinado, admirado de Cuenca y su Semana Santa. De las imágenes de Marco Pérez, al que admiraba. Impagable ese dibujo de grueso trazo de la Virgen de las Angustias con su Hijo en brazos, con el fondo de las Casas Colgadas en su verticalidad, los leñosos árboles de la incipiente primavera, y el puentecillo de San Pablo, convento entonces de los Paúles que aparece junto al Rostro de Jesús coronado de espinas. Jesús de las Seis con su Cirineo, entre dos árboles huesudos y la torre de la Virgen de la Luz. Dibujos que nos hablan de un Lorenzo Goñi conteniendo sus emociones, porque la Semana Santa es silencio, respeto, dolor, misterio, sentimiento… y esperanza.

Y así la capta en esos apuntes que Miguel María de la Hoz, director de “Ofensiva”, fue publicando en los especiales de Semana Santa en esos años entre 1955 y 1958, compartiendo los apuntes de Goñi con los dibujos de Luis Roibal (¡qué gran cartel el suyo de la Semana Santa de 1957!), Segundo Manzanet y Alfonso Cabañas, ya entonces consumado cartelista nazareno. Dibujos de Goñi y Roibal que ilustran el folleto editado del Pregón de la Semana Santa de 1957 de Enrique Domínguez Millán, el escritor conquense amigo y vecino de Goñi en la calle de San Pedro. Dibujos que se repiten en folletos y revistas, gracias a los clichés de línea en la impresión de tipografía.

Raúl Torres es también amigo de Goñi y le acompaña por las callejuelas de Cuenca en los días de la Semana Santa, compartiendo potaje, rosquillas, torrijas y resoli, aunque Lorenzo no bebe, dibuja. Sus pupilas no dejan de sorprenderse ante el paso de las imágenes y las filas de nazarenos de capuces verticales, cuyas sombras se aprecian en las paredes. (Raúl Torres editó en 2001 un Cuaderno titulado “La Semana Santa de Lorenzo Goñi” con varios dibujos de aquella etapa). Conchita y Raúl intenta explicarle el significado de la procesión “Camino del Calvario” con las tumultuosas turbas. Colores de madrugada, caras y gestos, con sonidos que no escucha, pero que percibe.

«La ventana de Goñi» en ABC, 1979.

Por ello cabe destacar su visión de la “Procesión de las Turbas en Cuenca”, como así tituló el impactante dibujo en color que publicó en su sección “La ventana de Goñi” en el suplemento dominical de “ABC” del 8 de abril de 1979. Pese a su sordera, parecía trasladar Lorenzo Goñi, en su impagable aguafuerte, los sonidos del Amanecer del Viernes Santo, con la luna en su rosicler del alba apareciendo entre nubarrones y las rocas de la Cuenca vertical –como nazarenos invisibles de la orilla del Júcar–, y la turba vociferante delante del Jesús. ¿Percibiría Goñi ese ronco sonido de tambores velados y clarines desafinados que tocaban los turbos, algunos de ellos con el capuz recogido sobre la cabeza? (En 1903 ya el canónigo Regueira escribía en “El Correo Católico” sobre esta procesión mañanera que sobrecogía a Goñi «con los ruidos de sus tambores destemplados y atiplados clarines que lo anunciaban»).

La ilustración del suplemento semanal del “ABC”  (Domingo de Ramos de 1979) ofrece esa imagen soñada de Cuenca por Lorenzo Goñi, esa ciudad onírica que en la madrugada del Viernes Santo sobrecoge con la turba delante del Jesús, y que el pintor que se sintió conquense, y amante de su Semana Santa, llevó al lienzo del papel de prensa, en ventana al mundo. La ventana de Goñi con su Procesión de las Turbas de Cuenca, bien merecedora de un hueco en el Museo de la Semana Santa de Cuenca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.