La imagen de la Virgen de la Luz en su cueva junto al Júcar

Antonio RODRÍGUEZ SAIZ

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El poeta conquense Federico Muelas decía con alguna frecuencia que “la Virgen de la Luz es la leyenda; la del Sagrario, la historia; la Virgen de las Angustias es, sencillamente la devoción”. Unía así las tres advocaciones o títulos marianos más reconocidos en la ciudad. Recordando la leyenda y tradición histórica transmitida a través de los tiempos, de generación en generación en Cuenca, columbramos como las tropas cristianas del rey Alfonso VIII el Noble advirtieron, fijando su atención una noche durante el asedio y rodeada la plaza, una extraña y sorprendente luz destellante con ráfagas intensas y breves visibles en la ladera del cerro de la Majestad que junto con el de San Cristóbal y del Socorro, circundan a la Cuenca Antigua, al tiempo que titilaban en las verdes y cercanas aguas del Júcar.

Este hecho, siguiendo siempre la tradición fue repitiéndose en jornadas sucesivas, llegando a despertar el interés del joven monarca castellano que deseó indagar e inquirir la verdad del sorprendente suceso y, al aproximarse al espacio donde cada noche resplandecía la constante lucecilla, la Virgen se le apareció al rey Alfonso, infundiéndole ánimo y aliento para proseguir el cerco que, según las crónicas, puso fin el 21 de septiembre de 1177, festividad del evangelista San Mateo, con la toma de Cuenca por las tropas cristianas.

No es el motivo de este artículo referir hechos históricos relacionados con la conquista, más o menos documentados, reales o fantásticos, sino algo más sencillo como es narrar de forma fundada y así satisfacer la presunta curiosidad de quienes apoyados o no en el pretil del puente de San Antón, con el rumor continuado de la presa del Júcar observan en su margen derecha una cavidad en la roca que alberga una imagen de la Virgen de la Luz y el Niño, que sujeta en su brazo izquierdo.

Todo ello se inicia el día 2 de julio de 1956 cuando el Ayuntamiento de Cuenca, presidido por Jesús Moya nombra una comisión para la erección de un grupo escultórico con la patrona de la ciudad. Esta comisión estaba formada por el concejal delegado de cultura; sacerdote encargado de los servicios religiosos de la iglesia de San Antonio Abad, Amadeo Martínez Patiño, cuando aún no era parroquia y del arquitecto municipal, Eduardo Torallas. Sus reuniones se celebraban normalmente en la sacristía de la iglesia.

El primer acuerdo que tomaron los tres componentes habilitados para este cometido fueron los siguientes:

  • Que el tamaño del grupo escultórico fuera de dos metros.
  • El material para su realización sería piedra de Torrubia (Cuenca) donde existían, según el diccionario de Madoz de antiguo varias canteras de alabastro y de piedra parecidas a las acreditadas de Colmenar.
  • La conveniencia de que el escultor entregase una maqueta o dibujo del grupo a realizar.
  • Realización en la cueva de las obras que fuese necesario para la adaptación y configuración al fin que se pretendía.

En principio se solicitó presupuesto al escultor motillano, José Navarro Gabaldón, profesor de Modelado y Dibujo por la Escuela Superior de San Fernando, que envió a la comisión, fechado en Motilla del Palancar, su lugar de nacimiento.

En el mismo se ofrecía para ejecutar el trabajo por un importe de 60.000 pesetas; el material a emplear seria piedra dura de Colmenar o Torrubia del Campo; tendría el grupo de la Virgen y el Niño una altura de 2 metros sin peana; el plazo de ejecución y entrega se realizaría en 19 meses desde el momento de la firma del acuerdo firmado por ambas partes y los gastos de transporte a Cuenca correrían a cargo del escultor.

Visto lo ofertado por el escultor Navarro Gabaldón, la comisión formada por los miembros antedichos remitió informe a la Permanente del ayuntamiento presidida por el alcalde para que tomase la decisión que considerase oportuna y ésta estimó “que no es preciso que el citado Grupo sea de verdadera calidad artística ya que solo será contemplado de lejos” y, por unanimidad de sus miembros decide, “desestimar la oferta del señor Navarro, que la obra se realice por algún marmolista de ciudad”, consignando para ello 20.000 pesetas con cargo al presupuesto ordinario del ejercicio siguiente e invitando a José Navarro para que estudiase un busto en bronce del general Moscardó, con indicación del posible coste”.

Efectivamente como he escrito en alguna ocasión este busto al general que entro con sus tropas en Cuenca al final de la Guerra Civil (20-3-1939) se realizó por el escultor motillano y estuvo expuesto durante años frente a la fachada del hoy edificio de la Delegación Provincial de Cultura, aunque en un principio iba a estar colocado en el jardín de la Virgen de la Luz, junto al puente de la Trinidad. Su coste fue de 189.132,64 pesetas.

La talla de piedra, preparada para ser bajada a la cueva.

Después de esta disgresión anterior y siguiendo con el acuerdo de la Comisión Municipal Permanente se solicitaron presupuestos a los escultores marmolistas, Enrique Bieto y Martínez hermanos, dos empresas que tenían su sede en Cuenca.

El primero de ellos, Bieto Masip tenía el taller en la calle Diego Jiménez 26 y realizó una oferta (2-1-1957) por importe de 16.000 pesetas, con la salvedad que la colocación del grupo escultórico en la cueva, junto a la presa del rio Júcar, acondicionamiento de la misma, andamios, herramientas, materiales…etc. no entraban en el presupuesto.

Por su parte Martínez hermanos con domicilio en Alférez Rubianes 8 (en la actualidad poeta Diego Jesús Jiménez) ofertaba (8-1-1957) su realización en 26.500 pesetas. Esta propuesta era con el firme compromiso, según firmó en las Casas Consistoriales (2-3-1957) de “dar la imagen completamente colocada, siendo de su cuenta y riesgo el andamiaje con su colocación, obras de reforma en la cueva para adaptación de la imagen y demás gastos que pudieran originarse con tal motivo”.

Dos días después la empresa Martínez hermanos (o F. Martínez y Hno.), sería la adjudicataria en las condiciones anteriormente indicadas según la comparecencia del proponente “por ser a juicio del Ayuntamiento la mejor para los intereses del municipio”. Al estar destinado un gasto de 20.000 pesetas para su realización se tuvo que habilitar por parte del Consistorio, ese año, un complemento de 6.500 pesetas para su completo pago. Igualmente, se exigió a la empresa adjudicataria en el plazo de 8 días, efectuase el ingreso en las Arcas Municipales de 1.060 pesetas de fianza, importe del 4% del precio de adjudicación.

Al final del mes de marzo se firmó el contrato por el alcalde, Jesús Moya, secretario accidental, Antonio Andrés Perona en representación del ayuntamiento y de Juan José Martínez Ramiro que lo hizo en su nombre y en el de su hermano Fortunato, ambos industriales marmolistas, comprometiéndose a su ejecución en un plazo de 6 meses a contar desde el día 25 de marzo de 1957, fecha de la firma.

Una foto para el recuerdo de los protagonistas de la obra: Felipe Simarro, Feliciano, Antonio Poyatos y Heliodoro.

El taller de Martínez hermanos, gozó en Cuenca de un prestigio reconocido como antes lo tuvo su padre de nombre Jesús, por la ejecución de sus trabajos y seriedad durante el pasado siglo. Cuando le fue adjudicado la realización del grupo, estaban dedicados principalmente a las labores de reconstrucción de la catedral a consecuencia del derrumbamiento de la torre del Giraldo, el infausto 13 de abril de 1902 y de la inacabada edificación de la fachada neogótica que contemplamos y que supongo, seguirán viendo así las generaciones futuras.

El grupo formado por la imagen de la Patrona y Alcaldesa de Honor de la ciudad con su Hijo en brazos está formada por dos piezas de piedra “Almoquí” de Novelda (Alicante) extraídas de esas famosas canteras. Se optó por este tipo de material al no poder conseguir el adjudicatario en el plazo fijado, después de intensas gestiones, la piedra de Torrubia del Campo (según contrato) por ser medidas extraordinaria y rematante de la cantera de esta localidad conquense no daba fecha de entrega. Todo ello, una vez expuestas las circunstancias imprevistas al ayuntamiento, quien comprendió las razones y era conocedor de la piedra Almoquí por estar trabajando con este material, por aquel tiempo, en las obras de la catedral de Cuenca a satisfacción.

En la parte anterior de las imágenes se observan adornos que guardan una proporción y disposición armónica en cuanto a su colocación, distancias y formas, rematando en su parte inferior del manto de la Virgen, con la cabeza de un ángel, apoyado en la media luna y la inscripción MARTINEZ CUENCA.

En la parte posterior del grupo, no visible a los ojos del espectador, no existe detalle ni adorno. Todo ello pude comprobarlo a inicios del verano de 2016 gracias a la ayuda y amabilidad, que agradezco de José Luis Martínez, presidente de la Asociación de Vecinos de San Antón, siempre cuidadoso con su barrio y en pleno ascenso artístico, doblegando y acariciando en hierro con maestría hasta conseguir interesantes figuras.

Tuve la suerte al inicio del referido verano, también de conocer, según su propio testimonio, a la persona que hizo el grupo motivo de este articulo, que en la actualidad contemplamos en la gruta que tiene a sus pies el rumor de las verdes aguas del Júcar, agudizado por la presa, junto al antiguo puente de San Antón.

Primer plano de la imagen pétrea de la Virgen de la Luz en su cueva.

Inicio el trabajo un tallador de origen valenciano pero al poco tiempo de iniciar el mismo, uno de los hermanos marmolistas, Juan José Martínez, buen conocedor del oficio, se dio cuenta que aquel no era persona diestra y capacitada en el manejo del cincel, punteros, gradinas. Martillinas, bujardas y todas aquellas herramientas necesarias para un feliz acabado de la obra encargada por el ayuntamiento de Cuenca.

A consecuencia de ello, los escultores marmolistas, hermanos Fortunato y Juan José Martínez de encargar la materialización del trabajo, siempre según el afirma, a Francisco Pareja San Marco, Conservador y Restaurador del Patrimonio Artístico Nacional que se encontraba en la Catedral Basílica realizando delicados trabajos de cantería, donde Martínez hermanos llevaban a cabo una intensa y permanente labor constructiva y restauradora.

Pareja San Marco, que en la actualidad tiene 88 años y una excelente memoria, es hijo de madre italiana y esta de un ingeniero de ferrocarriles que vino a Cuenca a trabajar en la línea Aranjuez-Cuenca. Su padre también fue cantero en Cuenca desde el 28 de septiembre de 1910 (festividad de San Wenceslao, onomástica del Obispo)  que se puso la primera piedra de la nueva fachada de la Catedral, aunque la primera vez que estuvo en la Catedral fue como sargento del Regimiento de Zapadores Minadores, que a los pocos días de la catástrofe (1902) llegaron en numero de 75 a Cuenca al mando del capitán Hernández.

Una vez superados los primeros inconvenientes, la empresa ejecutora  inició el  trabajo y comunicó su finalización al ayuntamiento el 15 de diciembre de 1958 (donde se lee: “Que habiéndose terminado la construcción e instalación del Grupo escultórico de la Virgen de la Luz y el Niño, en los primeros días del mes de abril del año en curso en el Puente de San Antón y márgenes del rio Júcar, ruego a V.I tenga a bien ordenar se lleve a efecto el acto de recepción definitiva del mismo.”.

Además se habían realizado tareas de limpieza, ensanchamiento de la cueva y la instalación en la misma que exigió un trabajo añadido, como se puede apreciar en las fotografías de Ana Martínez, nieta del escultor marmolista Juan José Martínez.

Quienes figuran en las fotografías encargadas del descenso del grupo para su colocación definitiva, según me cuenta Pareja San Marco y Ángel Poyatos, de izquierda a derecha, según se ve, son:

  • Felipe Simarro, pulidor. (El juego de bolos del Recreo Peral está dedicado a él por su dedicación y entrega a este recinto y juego popular.
  • Feliciano, carpintero que fabricó el andamiaje. Tenía el taller de carpintería debajo del arco de Rodríguez Bezudo, en las proximidades del Castillo.
  • Antonio Poyatos Gómez, excelente cantero.
  • Heliodoro, peón.

Todo este proyecto llevado a cabo e iniciado en 1956 no concluiría definitivamente hasta el día 10 de febrero de 1959, cuando tuvo efecto la recepción definitiva con la firma por parte del Ayuntamiento de su alcalde Bernardino Moreno Cañadas, asistido por Valentín Lozoya Valdés, secretario general y el arquitecto municipal, Francisco León Meler y por parte de la empresa adjudicataria, Martínez hermanos, estampo su firma Fortunato Martínez Ramiro, después que todos ellos hubiesen realizado una detenida inspección sin observarse ningún defecto y escuchado al arquitecto León Meler: “Ha sido realizada de conformidad como se proyectó y demás prescripciones técnicas, por lo que no ve inconveniente alguno en que se reciba”. Aun tendría que pasar algún tiempo para que la Comisión Municipal Permanente (1-4-1959) por unanimidad de sus componentes acordase la aprobación de la devolución.

Gacetilla aparecida en «Ofensiva», 19-05-1957.

Estos datos tomados fielmente del Archivo Municipal de Cuenca (legajo 5.126, exp. 192) son prueba fehaciente de todo lo expuesto y de creíble fiabilidad pero, al mismo tiempo, y es lo raro, tengo ante mí el periódico “Ofensiva” de 19 de mayo de 1957, pagina 5, que como puede observarse en breve nota titula “Una imagen de la Virgen de la Luz fue anoche instalada bajo el Puente de San Antón” y prácticamente, excepto la asistencia de destacadas autoridades, sin mencionar sus nombres y el encendido de la instalación eléctrica, nada más aporta.

El lector que hasta aquí haya tenido la paciencia de seguir este relato, podrá deducir o no lo inverosímil de esta noticia de prensa que frontalmente colisiona con lo documentado, aunque lo verdaderamente importante es que la imagen de nuestra Patrona está ahí para recuerdo de la conquista de Cuenca y testimonio de fe para los creyentes a quien Federico Muelas dedicó estos sentidos versos a modo de villancico:

(A la Virgen de la Luz en su Gruta

 junto a la presa del Júcar)

Echadle aceite al candil,

que el Niño vendrá a las doce,

que a las doce en punto llega.

Virgencilla de la Presa,

pide aceite a los vecinos

que a las doce llega.

No vendrá, no, por las aguas…

(Los ángeles en el aire

están trenzando la escala.)

Que espere, que espere el rio.

A la mar siempre se llega

Y esta noche nace el Niño.

Decidle a don Amadeo

que pida aceite prestado,

que le está mirando el Cielo.

Que esta la Virgen del Puente

con el candil en la mano…

Y el candil no tiene aceite.

3 comentarios en “La imagen de la Virgen de la Luz en su cueva junto al Júcar

  1. Me alegro que el parón se haya debido «sólo» a meros problemas técnicos. Estábamos preocupados. Un saludo
    Julio

  2. Gracias, Julio por tu ánimo y a Antonio Rodríguez por sus envíos. El tiempo de parón se ha debido, amigo mío, a que el ordenador dijo «hasta aqui he llegado» y ha habido que reordenarlo casi al 90 por ciento, cuestión que ha llevado prácticamente un mes.

  3. Interesante como siempre tu jugoso artículo. Ya teníamos ganas de que apareciera algo después de este tiempo de parón o digresión en el blog. Un saludo
    Julio

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