Capilla de San Bartolomé: «el patito feo» de la Catedral

CONTRAPORTADA DE “EL DÍA DE CUENCA”  DEL 28 DE MAYO DE 1995

«ES LA ÚNICA QUE SE HA QUEDADO FUERA DEL PROGRAMA DE LAS NUEVAS VIDRIERAS», se destacaba en el sumario

José Vicente ÁVILA

Los filtros verdes, rojos, acaramelados, rosáceos y violetas, que desprenden las vidrieras de Gerardo Rueda desde el Triforio, le dan un tono refulgente a la entrada del templo catedralicio, una vez que el visitante ha entrado en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Cuenca. El trascoro no permite la amplia visión columnaria y por ello la primera vista es el hermoso Triforio del cual se desparraman filtros multicolores que van desde el suelo a las columnas, desde las cancelas a las paredes, en el mediodía o el atardecer, según la fuerza del sol.

La visita a la Catedral ofrece otra visión distinta desde la instalación de las vidrieras de Gustavo Torner, Henri Dechanet, Bonifacio Alfonso y Gerardo Rueda. Sin entrar en valoraciones artísticas, y aunque ya en otras ocasiones nos hemos manifestado de forma favorable hacia esta sinfonía de luz y color, que le da esplendor al primer templo conquense (al que dedica todo su celo el canónigo obrero, Miguel García Langa, siempre pendiente de que las obras interminables vayan concluyendo y de que el mantenimiento sea eficaz), aún quedan algunos puntos oscuros en los que la luz clara y diáfana debe entrar, bien por los amplios ventanales o aún mejor, por una bien seleccionada iluminación de aquellas capillas que, por falta de luz, pasan desapercibidas para el visitante y con ello las grandes obras artísticas que guardan.

Contraportada de «El Día de Cuenca», 28 de mayo 1995.

Una de esas capillas, que permanece prácticamente a oscuras, es la de San Bartolomé, situada en la nave de la Piedad, entre la de San Mateo, recientemente restaurada y el retablo de la Virgen de las Nieves. Las ojivas de la nave están orladas por vidrieras de Bonifacio, y con la excepcionalidad de la vidriera de la capilla de San Mateo, en la que se venera el Retablo del Apóstol Evangelista y San Lorenzo, la capilla de San Bartolomé ha sido la única que se ha quedado sin entrar en el programa de vidrieras, quizá para dar testimonio de lo que había,  y lo que hay. Parece que fue un pequeño olvido que en su día será corregido, pero de momento, se ha convertido en el “patito feo” de la Catedral, con esa pequeña ventana de sucio cristal y un interior semioscuro.

Como bien dejó escrito el canónigo Jesús Bermejo, en su libro de “La Catedral de Cuenca”, “es una d las más antiguas capillas de esta Catedral”, que resultó “terriblemente afectada en su bella arquitectura gótica por el hundimiento de la torre catedralicia en 1902, y sin que le haya llegado aún la hora de su restauración (el libro es de 1976), no atrae –como es lógico—la atención de los visitantes de la Catedral”.

Si esto lo escribía Jesús Bermejo hace diecinueve años, las cosas han cambiado poco, y si ya el hundimiento de la Torre del Giraldo le afectó a la capilla, ahora la instalación de las vidrieras le ha vuelto a afectar, con este pequeño “olvido” para esta capilla de San Bartolomé, que necesita salir de ese ostracismo en que se encuentra y para ello confiamos en los buenos oficios de Miguel García Langa y del propio Cabildo.

Jesús Bermejo aún añadía en su descripción de la capilla un dato revelador de lo que comentamos sobre la necesidad de rescatarla de la oscuridad: “Sin embargo, con sólo el retablo central que la preside, bastaría para llevarse las miradas mejores de cualquier mediano observador. Está dedicado a San Bartolomé, titular de la capilla, y formado  en su cuerpo principal por  cuatro bellísimas columnas platerescas, sostén del entablamento superior, y otras dos más pequeñas, bajo el arco de medio punto que da contorno a la figura del Santo, que destaca en la hornacina central”.

El “patito feo de la Catedral” mira con cierta tristeza a las ojivas multicolores que refulgen las columnas catedralicias. San “Bartolo” espera que suene la flauta…

Nota de Redacción del Blog. El pasado 18 de julio de 2020, en el muro de Facebook de la Catedral de Cuenca se informaba que “la capilla de San Bartolomé, sufrió daños como consecuencia del derrumbe de la Torre del Giraldo en 1902. Se cerró hace 35 años y pronto volveremos a recuperar este maravilloso espacio. Hemos podido recuperar sus dos arcosolios en los que ahora hemos situado otras piezas que pronto os describiremos y, entre ambos, otras piezas singulares”.

Esta recuperación será todo un hito y de ello debemos dar gracias al director de la Catedral, Miguel Ángel Albares por su constante tarea de rehabilitación de espacios y de obras en el templo catedralicio.

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