Las pinturas de Benito López Chust en la Diputación y el Ayuntamiento

A pesar de que algunas de sus pinturas se pueden admirar a diario en las paredes que dan a las escaleras de los edificios de la Diputación y del Ayuntamiento, el pintor y catedrático de Dibujo, Benito López Chuts es uno de los personajes de Cuenca ciertamente olvidados y silenciados, a pesar de su actividad llevada a caballo entre el final del siglo XIX y los primeros cuarenta años del siglo XX. Su nombre no figura en el callejero conquense y  ha sido muy poco mencionado por los cronistas de turno de centurias pasadas que hacían recuento de los nombres de la cultura conquense.

BENITO LÓPEZ CHUST (Cuenca, 1873 / Carrascosa del Campo, 1944)

Ha sido complejo reunir los datos que ofrecemos para que al menos quienes contemplen sus obras sepan algunos aspectos de la vida del artista que las pinto. Con los datos que teníamos a raíz de encontrar la noticia “atropello de un artista” y otras indagaciones, y los que nos ha suministrado José Luis Muñoz Ramírez, especialista en datos biográfico conquenses, podemos hoy descorrer un poco la cortina de la historia para recordar a un ilustre de Cuenca como lo fue Benito López Chust, nacido en nuestra ciudad en 1873 y fallecido en Carrascosa del Campo, el 2 de abril de 1944, a los 71 años de edad.

Muy pronto despuntó Benito por su afición al dibujo, pues con 15 años se matriculó en el Instituto de Cuenca, en el curso 1888-89 en la asignatura de Estudios Superiores de Dibujo, logrando la calificación de sobresaliente y más tarde el premio ordinario. Finalizado el curso la Diputación Provincial de Cuenca le concedió una pensión para continuar los estudios de Bellas Artes en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, señala Muñoz Ramírez. En todos los cursos obtuvo medallas y excelentes calificaciones, finalizando en 1896.

Cuadro “Juana la Loca”, de López Chust, en las escaleras del Ayuntamiento

“DOÑA JUANA LA LOCA” PARA EL AYUNTAMIENTO

Durante ese tiempo hizo para el Ayuntamiento, en 1894, el cuadro “Doña Juana la Loca”, que se encuentra instalado en la pared derecha de inicio de la escalera central del edificio municipal. Se trata de una copia de la obra de Pradilla, pintor que estuvo pensionado en Roma, que representa a Juana la Loca velando el cadáver de su esposo Felipe El Hermoso a campo raso. Es casi calcado al existente en el Museo del Prado.

Dadas su cualidades artísticas las instituciones conquenses siguieron becando al artista, que viajó a Roma para ampliar sus estudios. En 1898, en su primer viaje a tierras italianas, el pintor conquense fue protagonista de un desagradable suceso que dio con sus huesos en la cárcel de la manera más involuntaria.

“ATROPELLO A UN ARTISTA” (La navaja que le llevó a la cárcel)

Lo contaba el semanario “El Correo Conquense” el 14 de enero de 1899, bajo el título “Atropello a un artista conquense”. Comenzaba así la información: “Ya saben nuestros lectores que el aventajado pintor conquense, D. Benito López Chust, pensionado por nuestro Ayuntamiento y por la Diputación Provincial, marchó a Roma a primeros de noviembre con el único y exclusivo objeto de continuar sus estudios artísticos en la Ciudad Eterna”.

“El señor Chust –informaba El Correo—hizo el viaje por la vía terrestre. Al llegar a Ventimiglia (en la provincia de Palermo y región de Sicilia), primera ciudad italiana de la frontera, fue sometido el equipaje, como es costumbre, al registro aduanero; y precisamente por facilitar y activar este registro, al joven pintor se le ocurrió la idea de cortar con la navaja una cuerda de su cofre,       que no se desataba tan deprisa como deseaban los “doganiere”. ¡En mal hora exhibió nuestro paisano la fatal navaja!”

“El delegato de policía creyó ver, sin duda, en aquella española herramienta el arma fatídica” de algún feroz anarquista. Narra el periódico que Benito fue atado en cuerda de preso con otros delincuentes atravesando la ciudad de Ventimiglia hasta llegar a cárcel, donde quedó encerrado y esposado con cadenas. Nada menos que ¡17 días! Permaneció el pintor en la cárcel junto a criminales italianos, rusos, franceses, alemanes y de todos los puntos; macarrones y berza fueron su comida a las once de la mañana y las cinco de la tarde, en una fría celda de los días de noviembre.

Gracias a la gestión del cónsul de España pudo salir de la cárcel tras dos semanas y media, aunque tuvo que quedarse unos días en aquella ciudad para curarse de las fiebres que sufrió y de las heridas de los grilletes en muñecas y brazos. Tras llegar a Roma, interpuso la queja correspondiente en la Embajada. López Chust se matriculó en la Escuela de Pintura de Roma y pudo hacer una breve excursión artística por Viena, Florencia y Nápoles. Fue recibido por el embajador Mazo y el cónsul general, Antonio Zalmit, así como por el franciscano español padre Panadero, “verdadero padre de todos los españoles que van a Roma”, señala El Correo. Regresó a España el 9 de enero de 1899 por consejos de un médico, y tras su recuperación en Cuenca volvió a Roma en el mes de mayo.

Benito López Chust, que había conseguido plaza de profesor interino de Dibujo en el Instituto de Enseñanza Media en 1897, accedió por oposición en 1903 al grado de Catedrático, coincidiendo en el Instituto con Giménez de Aguilar, entre otros profesores.

RETRATOS DE ILUSTRES CONQUENSES

Pensionado por la Diputación para continuar con los estudios de Bellas Artes en Roma, Benito López Chust fue dejando diversos cuadros al organismo provincial y también al Ayuntamiento, al que entregó en 1894 la obra “Doña Juana la Loca”, copia de un cuadro que Pradilla hizo en Roma, y que se puede admirar en una pared de las escaleras del Consistorio. Igualmente para el Ayuntamiento hizo los retratos de los destacados conquenses Severo Catalina y Mariano Catalina, tío y sobrino. Otra de sus obras importantes, que figuran en el amplio muestrario de “Retratos de ministros”, fue la del cuadro del conquense Miguel Mateo Ayllón, que fue titular del Ministerio de Hacienda en dos ocasiones, entre 1843 y 1844.

Cuadro pintado en 1905 por Benito López Chust. Diputación de Cuenca.

“LA CONQUISTA DE CUENCA” PARA LA DIPUTACIÓN

En el año 1905 la Comisión Provincial encargó mediante concurso, un cuadro para rematar la escalera principal del edificio de la Diputación que se estaba terminando de construir. Lo ganó Benito López Chust con el lema “Mi Patria”, reflejando en el cuadro el episodio histórico de la segunda conquista de Cuenca por el rey Alfonso VIII. La obra fue entregada ocho meses después de fallado el concurso, en concreto el 1 de diciembre de 1905, con un coste de 1.400 pesetas. La ciudad amurallada sobre las rocas es testigo de la batalla entre las tropas cristianas y sarracenas, en la visión de López Chust.

Además de su labor de docente en Cuenca, López Chust fue presidente de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana entre 1933 y 1934. Durante la guerra civil no debía estar en Cuenca, pues en 1937 el ministerio ordenó su reincorporación al puesto, cosa que no hizo, nombrándose un sustituto. Después de la guerra, en 1940, el Ministerio de Educación publica una Orden de integración de catedráticos y de corrida de escalas, citando en la tercera categoría a Benito López Chuts, como duplicado, y con un sueldo de 16.400 pesetas. No hay constancia de que ocupase su cátedra permaneciendo fuera del Instituto hasta su fallecimiento en 1944.

Una esquela en “Ofensiva”, el 6 de abril de 1944, es la única noticia de su muerte y el 28 de abril, en sesión del Ayuntamiento “se acuerda hacer constar el sentimiento de esta Corporación por el fallecimiento de D. Benito López Chust, que fue pensionado de este Ayuntamiento y autor de los cuadros que hoy existen en los mismos”.

INTRAHISTORIA CONQUENSE. (“El Día de Cuenca”, 22 de enero de 2012)

Fuentes consultadas: “El Correo Católico” (Colección particular) y Centro de Estudios de Castilla-La Mancha. Prensa digital.

Un comentario en “Las pinturas de Benito López Chust en la Diputación y el Ayuntamiento

  1. podias decirme las medidas de la copia del cuadro de Juana la LOca y si se encunetra alli donde tu dices, o desaparecio
    gracias r vega

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