Damián Guerra, ejemplo de trabajo sufrido, fue un buen conocedor de la ciudad y sus gentes

Damián Guerra Viejobueno ha sido uno de tantos personajes conquenses anónimos para el mundillo mediático de la propia ciudad, pero todo un referente para sus amigos y vecinos, y conquenses en general, pues la mayor parte de su vida la pasó detrás de la barra de un bar, lo que posibilita conocer a infinidad de personas, y cuando le llegó la hora de la jubilación (largo jubileo, por fortuna) sus paseos por Carretería o por la zona de su barrio le permitían hablar de toros (su gran afición), de ciclismo (el deporte que practicó) y de Cuenca, ciudad a la que amaba, pero de la que siempre opinaba que estaba como parada en el tiempo «y tiene que cambiar».

Damián Guerra. / Foto del muro de Jesús Guerra.

Damián Guerra se nos ha ido en estos primeros días de marzo cuando los almendros lucen sus flores y la pandemia nos tiene sobrecogidos, un año después de su extensión. Cuando nos encontrábamos, ahora en los últimos años, casi siempre en el mediodía de Carretería, enseguida hablaba de toros, pues presumía con razón de ser un exigente entendido. Acertaba en sus reflexiones sobre la Tauromaquia del pasado siglo XX y del actual.

Damián junto a Chicuelo II en el Bar Torremocha.

Y cómo no, solía citar a Chicuelo II, el torero de Iniesta que algunas veces acudió al Bar Torremocha, en el que él trabajaba como camarero junto a Pepe y su hermano, y donde tenía su sede la Peña Taurina “Chicuelo II”. Me enseñaba fotografías de toros y ciclismo para hacer copias.

Damián pertenecía a esa generación que vivió la guerra civil en su infancia. Ya en la posguerra, en años difíciles, y siendo un mozalbete, empezó a trabajar en el Bar Miami, de la calle José Cobo, y dado su buen hacer pasó al Bar Torremocha, famoso por sus sesos rebozados, callos, calamares, zarajos, manitas de cerdo y tantos etcéteras…, y cómo no cangrejos con su amigo y compañero Alejandro del Bar El Sotanillo, con el que solía polemizar de toros y toreros…

Foto del muro de facebook de Jesús Guerra (facilitada por Justo Carrasco)

Años más tarde se estableció en el kiosco de obra situado junto al Estadio de La Fuensanta y la Residencia Sanitaria (Hospital Virgen de la Luz), si bien gran parte de su vida hasta su jubilación, estuvo al frente del Bar Guerra en la calle Segóbriga del Pozo de las Nieves. Todo un profesional, aunque a veces su seriedad diese la impresión de distanciamiento. Ni mucho menos. Su sobrino Jesús valoraba tras el óbito de su tío el gran  trabajo que tuvo que hacer Damián junto a sus tres hermanos en los difíciles años de la posguerra. Todo un ejemplo de trabajo sufrido en tiempos difíciles, aunque su laboriosa labor tras la barra del bar le permitió conocer más de cerca a «las gentes de Cuenca (y como él solia decir), y a la de los pueblos»

Prueba ciclista de los años 40. El tercero por la izquierda es Damián Guerra, que me facilitó la foto.

Descansa en paz, amigo Damián, buen conocedor de tantos entresijos por edad y sapiencia hostelera. Me quedo con tu gesto siempre afable y las historias que me contabas de tus periplos ciclistas con los hermanos García y “el Instruido”, entre otros, y tus recuerdos taurinos, siempre aleccionadores.

1 comentario en “Damián Guerra, ejemplo de trabajo sufrido, fue un buen conocedor de la ciudad y sus gentes

  1. Insisto en lo que tantas veces digo y escribo. Cuando alguien, aunque no familiar, pero sí querido, como es el caso, se va, me sume en gran tristeza. Comparto lo que dices, Jose Vicente, de lo frecuente que era verlo en los últimos años por carretería. También en la Casa de Cultura y en el Centro Cultural Aguirre, leyendo. No pasaba día en que al encontrármelo no me preguntara por mi madre, vecina que es de su hermano Domingo. Y es que, cuando alguien quiere a los tuyos, como le pasaba a Damián conmigo, ya te ha ganado. D.E P.
    Julio

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