Santiago Rusiñol pintó y escribió en Cuenca

Hace poco más de un mes la galería “Sotheby’s subastó en Londres obras de Mariano Fortuny, Santiago Rusiñol, Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga. Una de las pinturas de Rusiñol incluidas en la subasta era “Casas Colgantes, Cuenca”, cuyo precio de salida se estimó entre 80.500 y 115.000 euros, siendo subastado el cuadro por 97.662 euros. Se trata de una de las siete obras que Rusiñol pintó en el entorno de Cuenca en el verano de 1916. La subasta procedía de una colección privada y hacía casi un siglo que esta obra no aparecía en público, informaban las agencias.

Efectivamente, el pintor catalán Santiago Rusiñol (1850-1931) estuvo pintando en Cuenca en la segunda quincena del mes de junio de 1916, trasladándose en tren desde Aranjuez, junto a su esposa. Le acompañaban el ilustrador Luis Bagaria  (1882-1940), uno de los mejores caricaturistas del primer tercio del siglo XX, que ilustraba sus dibujos en “El Sol”, “España” y “La Vanguardia”, entre otros, que era “dulce, bonachón, bohemio y republicano”, y el literato Luis García Bilbao, que financió la revista “España” que fundó Ortega y Gasset.

Cuadro “Casas Colgantes”, de Rusiñol

Otros pintores jóvenes se acercaron hasta Cuenca para poder tomar nota del trabajo de Rusiñol, que además de pintar escribió en la ciudad de las Casas Colgadas la novela “La niña Gorda”, que vería la luz en 1917.

CUENCA, ENSUEÑO Y ASCETISMO
La presencia en Cuenca de Santiago Rusiñol era todo un acontecimiento en aquellos días de junio de 1916. Si en 1910 había sido Aureliano de Beruete, quien plasmó el paisaje de Cuenca en sus lienzos, ahora se trataba de “el pintor de los jardines”, a quien Cuenca le iba a impresionar. Con el título de “Bien venidos”, el periódico “El Día de Cuenca” publicaba en primera página: “ Ha días que se encuentra entre nosotros en esta ciudad del ensueño y del ascetismo, el ilustre catalán Santiago Rusiñol y su distinguida esposa. D. Santiago, que ha recorrido los más pintorescos rincones de todas nuestras provincias y ha pintado más de dos lustros en Aranjuez, a dos pasos del hierático Mangana, llega hoy animoso, trabajador y remozado a este remanso de paz, donde pasará algunas semanas con sus pinceles y con sus cuartillas”.

Tras hacer una alabanza de la obra pictórica y literaria del artista, señala el director del periódico: “Las “cosas” de D. Santiago llevan un sello de “nueva” originalidad, en la forma, en la facilidad, en la espontaneidad, en la elegancia de su técnica… algo indefinible, un secreto encanto de la idea, una sensación sugestiva y misteriosa… algo que a los espíritus selectos “entenderán” pasada una cuarentena de años”. Y añade: “Pero de sus cuadros por hacer, el que todavía duerme en las sedosas crines de sus pinceles, el que está haciendo de nuestra vieja ciudad desde el puente de San Antón, ese recodo de verdura, de poesía y de misterio”.

EN LAS FRONDAS DE LA RIBERA

El cronista conquense Juan Giménez de Aguilar también celebraba la llegada de Santiago Rusiñol con un amplio artículo titulado “La alegría que pasa”, que hemos extractado en esta página, y que iniciaba así: “Bajo las frondas de la ribera del Júcar y frente a la cuesta de San Juan, un jocundo grupo de artistas pinta, charla y ríe. Su alegría –sutil como el perfume del “paraíso” del cercano jardín– se esparce por el ambiente, salva el profundo tajo, escala los  corroídos murallones y penetra en la ciudad”.

Algunas de sus obras sobre Cuenca son “Sol poniente”, “El Xucar”, “Casas Colgantes” y “Casa de la Bruja”, todas ellas de 1916.

LAS ARQUITECTURAS VEGETALES DE RUSIÑOL
Juan Giménez de Aguilar ponía todo su acento literario: “Es el celebrado, “pintor de los jardines”, el prodigioso Santiago Rusignol, quien capitanea el grupo de pintores que trabaja alegremente copiando aquellos sombríos paredones. De su paleta surgen- como de la caja de un prestidigitador- esas arquitecturas vegetales de la ribera, que miramos indiferentes todos los días y son admiradas con beatitud por los artistas” (…)

“Parece que una varita de hadas reduce y fija sobre el lienzo el paisaje sorprendido con luminosidad espléndida; cuando el sol dora los paramentos encalados, cuando la sombra adquiere delicados tonos violeta, cuando el follaje presenta lujuriosos matices y el río tiene la quietud de un lago.
Y el cuadro evoca el alcázar de orientales galas, sustituido por el Seminario y la casa de los Mendozas, cuyo solar sirve de cimento a un monasterio, que, como el “Alcázar de las perlas” y el palacio de Carlos V a Granada, coronaron a Medina Cuenca.

Joanet vive, y vivirá, encadenado por su cariño a estos riscos esperando el magno viaje, y recordando como legítimo orgullo regional que no solamente en Aranjuez, y / ¡en Pollensa ha pintado Santiago Rusiñol / cosas de flor, de luz y de seda de Sol!”, concluía Giménez de Aguilar.

El Día de Cuenca, 26 de junio de 2011. 

Fuente consultada: Centro de Estudios de Castilla-La Mancha. Prensa digital. Cuenca.

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