Pregón de San Mateo 2012, en Cuenca, por Joaquin Caparrós

Caparrós con Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, del Grupo de Recreación Conca

Día 18 de septiembre de 2012. 17,25 horas desde el Balcón del Ayuntamiento de Cuenca. (Por Joaquín Caparrós Camino, jugador de la U.B. Conquense entre 1977 y 1982; entrenador del Campillo, Motilla y U.B. Conquense, entre otros equipos, además del Recreativo de Huelva, Villarreal, Sevilla, Deportivo de la Coruña, Athletic Club de Bilbao y actualmenten en el Real Mallorca).

Como viene ocurriendo desde 1581, cuando el Corregidor D. Busto y Villegas pidió que todos los años se celebrasen fiestas con suelta de vaquillas en la Ciudad, para conmemorar la Reconquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII, desde el 18 al 21 de septiembre se celebra la fiesta, que este año de 2012 cumple el 835 aniversario de la Conquista por el rey castellano. El pregonero de San Mateo ha sido Joaquín Caparrós, actual entrenador del Real Mallorca, pero muy querido en Cuenca por los veinte años que en nuestra ciudad pasó como futbolista, entrenador y trabajador de una empresa. Sus palabras desde el balcón del Ayuntamiento sintonizaron muy bien con el público que abarrotaba la plaza, tras el desfile de peñas mateas, con más de 5.000 personas. (Pregón en PDF) Prego?n_San_Mateo

Joaquín Caparrós tuvo el acompañamiento de la charanga de la peña  “Enemigos del Agua”, procedente de Castella. El pregonero fue presentado por el anterior, Manuel Moraleja, y estuvo acompañado por el alcalde de Cuenca, Juan Ávila y miembros de la Corporación, así como el periodista deportivo Roberto Gómez, impresionado por el carácter de la fiesta conquense.

Finalizado el pregón, muy celebrado por la concurrencia, Caparrós, que vestía una camiseta carmesí con el nombre de todas las peñas, y un pañuelo morado al cuello, recibió una pieza de cerámica del artista conquense Rubén Navarro. Este es el Pregón de San Mateo 2012, pronunciado por Joaquín Caparrós Camino, entrenador del Real Mallorca.

Así estaba la Plaza minutos antes de comenzar el Pregón.

PREGÓN DE SAN MATEO 2012

Buenas tardes, amigas y amigos todos de esta noble ciudad de Cuenca que llevo en mi corazón, y a la que vuelvo hoy en el comienzo de las fiestas de San Mateo, la popular vaquilla, que tanto prendió en mí cuando llegue a Cuenca para jugar en la Balompédica en el verano de 1978, procedente del Real Madrid Amateur.


Gracias señor alcalde, Juan Ávila, por la confianza depositada en mí para poder pregonar las fiestas de San Mateo, haciendo pequeño alto en el trabajo de la temporada futbolística como entrenador del Real Mallorca, pero en este caso como conquense de especial adopción. Supone para mí una gran ilusión recordar mis días de San Mateo.


Vuelvo a este balcón del Ayuntamiento donde en junio de 1980 me asomaba con mis compañeros del Conquense para celebrar el ascenso de la Balompédica a Tercera, conseguido en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, hasta donde se desplazaron más de 700 aficionados que nos arroparon. Qué bonito fue para la afición conquense volver a Tercera División tras doce años en el fútbol regional. Ese día, asomados a este balcón, los aficionados gritaban ¡Conquense, Conquense! y hasta algunos pedían que saliese la vaquilla de San Mateo, como solía ocurrir en los grandes acontecimientos de esta ciudad.


Vuelvo a mi casa, que es Cuenca, ciudad que a la que nunca dejo de volver, pues aquí crecí como persona, y aunque un famoso tango dice que “veinte años no es nada”, para mí si han dejado huella en mi vida los veinte años vividos en Cuenca, jugando con el Conquense y el Tarancón, entrenando con el San José Obrero, el Campillo y el Motilla, y luego ocupando el banquillo de entrenador de la Balompédica, además de vivir el día a día de la ciudad como un vecino más.


Vengo hoy a hablar de mis recuerdos de  la Vaquilla de San Mateo, a pregonar una fiesta que con mejores argumentos lo han hecho mis predecesores. Ya sabéis que lo mío es el fútbol y aunque muchas veces hablamos en público en ruedas de prensa multitudinarias, hoy yo tengo el “miedo escénico” de hablar ante vosotros desde el balcón del Ayuntamiento, en esta repleta Plaza Mayor, que hoy ofrece este gran colorido, aunque esté acostumbrado a ver llenas las gradas del Estadio del Mallorca, las de San Mamés o el Sánchez Pizjuán de Sevilla, donde tengo grandes recuerdos,  el mismo Nou Camp o el Estadio Bernabéu, donde por cierto nuestro Conquense hizo historia frente al Castilla, ante 70.000 espectadores, en junio de 2005.


Si estar abajo en los banquillos de  esos estadios, llenos de gente infunde respeto, estar esta tarde frente a vosotros supone todo un reto, pero al mismo tiempo una gran ilusión de poder compartir con vosotros el comienzo de unas fiestas que unen a toda la ciudad sin distinción de edades, sexo y religión.


Cuando llegué a Cuenca en 1978 descubrí las fiestas de la Vaquilla, gracias a mis nuevos compañeros de equipo, aunque los entrenamientos no permitían subir todos los días a la Plaza Mayor.  Aquí venía de la mano de Cirilo, el Nene, Miguelito Ortiz, de Chele Lumbreras, del portero Ramón, del gran capitán Félix, Alexis, Fernando Arias, Sepúlveda, Abarca, Arguisuelas, Herraiz y otros compañeros que me fueron enseñando la ciudad, entre ellos Alfredo Hortelano y Villanueva, fallecidos por distintas causas, a los que no puedo olvidar, al igual que al gran Chiqui Luján, que me llevó al Obrero.


Me impresionó todo el bullicio y jolgorio que había en torno a la Vaquilla de San Mateo, pero sobre todo la convivencia que había. Además me contaban que ese año era el primero en el que salían las peñas de San Mateo. Como no podíamos estar cerca de la vaca, para evitar cualquier peligro, nos llevaban por San Miguel para tomar una cerveza y probar las patatas asadas, las sardinas saladas y los tomates de Cuenca, que ya tenían fama. Los aficionados no saludaban y al mismo tiempo me decían: «Capa, tenemos que ganar el domingo”.


Empecé por tanto a conocer la historia de esta fiesta tan antigua de la Vaquilla de San Mateo y me contaban que un año antes de venir yo a Cuenca, en 1977, se habían celebrado cinco días de vaquilla al haberse conmemorado el Ochocientos Aniversario de la Conquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII.


Aquella conquista de la ciudad de Cuenca, del 21 de septiembre de 1177, si la trasladamos a los tiempos de hoy en los que el fútbol une a las gentes de un mismo país, como lo hemos visto con la Selección Española en el Mundial y la Eurocopa, es como si Alfonso VIII y sus tropas hubiesen ganado la Champions de la Cultura y de la Cristiandad, que nos han llevado en el transcurso del tiempo a reconocer a esta querida Cuenca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.


Tanto cuando estaba en Cuenca, jugando, entrenando o trabajando,  como ahora en el Mallorca, tras haber pasado por clubes de la categoría del Recreativo, Sevilla, Deportivo de La Coruña  y Athletic de Bilbao, por citar algunos, siempre mantuve la filosofía de la entrega y del trabajo, de la mentalidad para conseguir los logros, con talento y dedicación, y estas máximas que cito se dan también en estas fiestas mateas en las que se suman la tradición, la entrega y el sacrificio de un pueblo por  mantener viva una costumbre que se ha ido enriqueciendo en el tiempo, pasando de padres a hijos, de abuelos a nietos, en un afán colectivo de pervivencia de las tradiciones que hacen grandes a los pueblos.


Y todo ello enriquecido en los últimos años con las peñas mateas. Porque amigos, la Vaquilla de San Mateo son fiestas genuinamente conquenses que unen a toda una ciudad en la que nadie se siente forastero.


Recuerdo en mis primeras vaquillas en Cuenca aquellos desfiles de las peñas con sus uniformes blancos y pañuelos verdes, rojos o morados, de la Peña del Pelusa, de la Marisol con Miguelín “El Cojete”, de la Peña Korynto con su hermano Herminio García, que acompañó muchas veces a la Selección Española de Fútbol. ¡Qué grande fue Herminio, capaz de todo!  Recuerdo también las Peña Susana y Botes, Comando Loco, La Resaca, El Rodeo, Peña Marín y cómo no al Gorrilla con su mula. Había además una charanga de Sacedón, llamada “Los Magníficos”, con un componente que llamaban “·El Manquillo”·, que tocaba el tambor sin parar y se llevaba a todo el mundo de calle. Un fenómeno, vamos.


Recuerdo que en San Mateo de 1993, siendo yo entrenador de la Balompédica Conquense, jugamos en La Fuensanta frente al Socuéllamos, y las gradas estaban repletas con un gran ambiente festivo y hasta se hicieron algunas calderetas de carne. El partido se nos puso bien y faltando 25 minutos para terminar ganábamos por 3-0, con un gol de Juanjo y dos de Pancorbo, el tercero impresionante desde más de 40 metros, gritando el público ¡torero, torero!


El equipo se relajó con el marcador tan favorable, la charanga tocaba “Paquito el Chocolatero”, con las peñas bailando en la grada,  y en siete minutos casi nos empatan, tras marcar dos goles el Socuéllamos y expulsarnos a Rafa Escobar. Era el minuto 80 y salí escopetado del banquillo diciendo a mis jugadores:  ¡Pero chorra! ¡que nos coge la vaca! Al final ganamos por 3-2 y les dije a los jugadores que podíamos subir a la Plaza Mayor… pero el lunes a entrenar.


Y es que amigos, en el fútbol no vale relajarse. Tampoco podemos relajarnos ante la vaca para evitar la cornada, aunque sabemos que los maromeros intentan evitarlo. De siempre me llamó la atención la forma de correr la vaquilla en Cuenca con maromeros de tanta entrega como Luis “El Tata”, a quien bien conozco, pues no sé si corría más cuando era árbitro que con la maroma de la vaquilla; “El Manazas”, Alvarito Guijarro, los Sorianito y Patola y tantos otros que han dejado su huella con la maroma por el Casco Antiguo, haciendo quites entre árboles, rejas y portales.


Subir a la Plaza era como pasear por Carretería, que te encontrabas con todo el mundo. En la plaza conocí a Acisclo García, personaje singular de Cuenca, con quien llegué a trabajar en la tienda que tenia de antigüedades. Era un caso, porque antes de empezar a trabajar decía que lo primero era el almuerzo. Compartíamos a veces el bocado con Bonifacio, el pintor amigo ya fallecido; el pintor Okano; recuerdo a don Fernando Zóbel, que hizo mucho por Cuenca, y de qué manera llevamos su piano con Acisclo por la calle de Pilares.


Recuerdo a Fermín el del Mangana, a Blaki, a Vicente Biribi y mucha gente de la Plaza, del “Vati” como se le conocía, pues yo vivía en la calle de San Pedro y en El Retiro, donde crecieron mis hijos Darío y Adrián, que en cuando tuvieron edad ya subían a la vaquilla, con sus amigos, para seguir la tradición conquense y se hicieron peñistas.


Gentes de Cuenca, del fútbol, de la vaquilla, de todos los estamentos de la ciudad, porque las fiestas de Cuenca son la Semana Santa, San Julián y sobre todo San Mateo. Tengo que recordar a Tinín el de los quesos, a Pedro Muñoz el de las canadienses, que cada verano conseguía que jóvenes guapísimas de Canadá, que venían a estudiar a Cuenca, animasen el verano. Pepe “Pirulo”, el de la Playa, que fue presidente de la Balompédica.


Carlos Lacort, Julián Cañamares, Juan Ramírez, también presidente del Conquense en mi etapa de entrenador, y amante de las fiestas de San Mateo; José Luis Lucas Aledón, que puso letra al himno del Conquense y hacía versos de la Vaquilla; compañeros y amigos que tuve en Travenol y en las Escuelas Municipales. En fin, muchas alineaciones de amigos y conocidos, que sería prolijo enumerar.


Pero no podía dejar de citar a Pedro Boni, todo un personaje de Cuenca, a quien tuve de ayudante en el banquillo, con aventuras para llenar un libro, incluso de la vaquilla; Antonio Taravilla, con quien me une una gran amistad, a Julián Marín y cronistas de Cuenca como Antonio de Conca, José Vicente Ávila “Chicuelito” y José Luis Pinós, a los que aprecio, pues compartieron mis inicios futbolísticos desde la prensa.


Y mi corazón me dicta un nombre: Rosa. Y su familia, que hace que mi relación hacia Cuenca sea más profunda e intensa.


Son tantas las personas que quisiera citar, pero que recuerdo en la memoria colectiva de mis días en Cuenca durante más de veinte años. Y esos días de la vaquilla que compartíamos, con noches de verbena en la Plaza de Ronda, con todos los conquenses acompañando el Traslado del Pendón del Ayuntamiento a la Catedral, en un acto que siempre me produjo un tremendo respeto porque forma parte de la historia de la ciudad. Y cómo no, escuchando y bailando los pasodobles que tocaba la Banda de Música bajo los arcos del Ayuntamiento. ¡Música, maestro!


Las fiestas de San Mateo, en la Reconquista de Cuenca por Alfonso VIII, han ido creciendo según he podido apreciar, con esa gran presencia de peñas nutrida con mucha gente joven que viene a ser el relevo generacional, y como a todas no las puedo nombrar, las llevo impresas en esta camiseta. ¡Va por vosotros!


A mí, que me ha gustado trabajar con gente joven, a la que he intentado dar su oportunidad para triunfar en el fútbol, me encanta ver a la juventud conquense, a las chicas y chicos de Cuenca, a los que animo a luchar por su futuro, sin caer en el desánimo, sino trabajar en el día a día; pero hoy toca disfrutar de la fiesta y por tanto invito desde aquí a participar, a que os divertáis y hagas compartir con todos esta tradición. Aquí en Cuenca todos somos un equipo y tenemos que ir unidos para conseguir los mejores logros.


Me admira y emociona ver esta plaza tan llena y animada, tras el multicolor desfile de las peñas que hemos vivido, y sólo me falta pediros a todos que compartamos estos días demostrando que las fiestas de San Mateo merecen ser declaradas de Interés Turístico Nacional, como se ha pedido por parte del Ayuntamiento y desde las peñas mateas, que preside una mujer: Maribel Gil.


No quiero cansaros más porque la Banda quiere tocar los pasodobles de Cuenca y la vaca está preparada en  cuanto Julito suelte el cohete. Por tanto, gritar conmigo:


¡Viva San Mateo!

¡Viva Alfonso VIII!

¡Viva Cuenca!

 

 

 

 

 

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