El mar (de Torrevieja) y la gota fría

Tras las fiestas de San Mateo 2012, en el 835 aniversario de la Reconquista de Cuenca, que dejaron el Casco Antiguo un tanto “tocado” de días de vaca y baco, pero resplandeciente enseguida, gracias a la labor de los servicios de limpieza, buscamos el descanso vacacional de los últimos días de septiembre por la costa alicantina, en concreto en Torrevieja. Un viaje en Alvia nos deja en dos horas y media desde Cuenca a Alicante, dejando en el camino Albacete por las vías del AVE y Almansa, Villena y Elda-Petrer por el raíl convencional. Algo impensable hace menos de dos años, pues Cuenca nunca tuvo tren directo con Alicante y con ninguna otra ciudad española que no fueran Madrid y Barcelona, y Castellón y Barcelona en los tiempos del talgo, treinta años atrás.

En Torrevieja compartimos días de asueto familiares y excursiones costeras con Matías y Candi. Con más de 105.000 habitantes, la bella ciudad alicantina, donde el mar hace suave oleaje con sonidos de habaneras, ofrece un amplio abanico de posibilidades para el visitante, no sólo para bañarse en la playa de “los locos”, en la del Cura, el Acequión o de La Mata, sino para poder descubrir su historia en los museos que se prodigan por la ciudad, sus exposiciones como la de fotografías de la historia local en el Casino de techo mudéjar y en toda la actividad cultural que se desarrolla en esta ciudad que destaca por su teatro y auditorio-conservatorio de carácter internacional.

 

Paseo marítimo espectacular, mercado diario en la calle, bancos marmóreos como tresillos y precios muy asequibles en la gastronomía local, que sabe equilibrar la temporada alta como la media y la baja. En un cartel de pizarra leemos en un local callejero que el menú del día cuesta 5,85 euros, con bebida y postre incluidos. La competencia anda ahora entre los menús de 9 y 10 euros bien presentados. Destaca en la plaza del Ayuntamiento la iglesia arciprestal de la Inmaculada, aunque nos llama poderosamente la atención el modernista templo parroquial del Sagrado Corazón de Jesús. No podemos olvidar el Museo de la Semana Santa de Torrevieja que lleva el nombre de Tomás Valcárcel, creado hace 20 años, donde se pueden contemplar la mayoría de los “pasos”, tronos y enseres de las distintas cofradías, de una Semana Santa que en 2006 cumplió veinticinco años de su recuperación.

 

Del mar a la laguna con las famosas salinas de Torrevieja y el Parque Natural, con un envidiable espacio natural. Torrevieja ha sido un descubrimiento muy especial, lugar donde por cierto muchos conquenses suelen acudir con frecuencia, a esta zona de la Marina baja, si bien en la Marina alta alicantina, por los predios de Benidorm, Altea o Calpe, son más numerosos los veraneantes de Cuenca y su provincia, incluyendo los enclaves turísticos de Gandía y Cullera, conocida como la “playa de Cuenca”. A Torrevieja se le conocía como la ciudad de los chalets que regalaba el “Un, dos tres” de TVE, pero en verdad que la quinta localidad alicantina en número de habitantes es más conocida por sus encantos, muchos aún por descubrir.

 

Una escapada a Guadalets, donde todo el mundo quiere ver un castillo en el aire de la montaña, con cementerio incluido, pero lo que se ve realmente es el Museo Municipal “Casa Orduña”, a través de un entramado sistema de flechitas y tres euritos de nada, donde el turista acaba retratado en llaveros, postales o por el wasap. No le dejan ni respirar vía monedero.

Otro día a Murcia, pues el tiempo está un poco loco para darse un baño en la playa de los locos. Autovía y manta… de agua, que en Murcia se convierte en aguacero, durante más de una hora. Reza un letrero en un balcón institucional que “agua para todos”. Pues ¡agua va!, como se suele decir, y la tarde murciana es de sirenas y no precisamente de mar. La plaza del cardenal Belluga de la hermosa como impresionante catedral murciana, se llena de agua que se dispersa por las cercanas callejuelas peatonales.

Atasco en la A-7, en la salida de Murcia, la tarde del viernes 28 de septiembre.

De regreso para la costa alicantina, la A-7 está paralizada. Coches como tortugas. Cruzan rápidos vehículos de la Unidad Militar de Emergencias. La gota fría empieza a pasar factura de su furioso paso por estas tierras del Sureste, y la autovía sufre dos roturas de impresión, una entre Lorca y Puerto Lumbreras y otra en la almeriense Vera. Quienes buscan los caminos de Albacete por esta autovía, para conectar con la A-30, son desviados, pero la cola de coches y camiones sigue a paso lento pasado el nuevo estadio de La Condomina. Torrevieja tampoco se libra de la ferocidad del agua, con cortes de carretera; al fin, tras la vuelta por Guardamar, retornamos a la zona de “Aldea del mar” y vemos cómo el mar se ha vuelto loco en la “playa de los locos” y saltan olas de furia a la carretera. Las noticias nos hablan de una decena de muertos por el temporal del Sureste, con un valiente anónimo que dio su vida por intentar salvar a una niña: Juan Asensio.

 

Pasó la gota fría, con su secuela de víctimas mortales y cuantiosos daños materiales, y en la vuelta a Cuenca la baja temperatura y la cara de los edificios mojados, tras una noche septembrina de viernes pasada por agua, nos por menos esperada, nos llevan a la realidad del otoño y del mes de octubre que comienza con el inicio de la semana. Atrás queda Torrevieja con su sol, sus playas y su música, con la voz de “Risto Damar”, cantado al son que marcan Candi y Matías, en su particular “mira quien baila”, que hubiera firmado Fred Astaire.

www.eldiadigital.es (Blog El Tin-Tan de Mangana). 30 de septiembre de 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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